Capítulo 76
I Want You, I Need You, I Love You
– ¿Le dijiste a tu hijo que venía hoy? – Tsubasa
se bajó del coche sonriendo. Ya le había dado la noticia a Tatsuya
y no se había alegrado demasiado. Aunque parecía aliviado de que
no se fuera con Murakami.
– Más o menos sí… – lo sujetó de la cintura, llevándolo
al ascensor con él y subiendo hasta su piso. Abriendo la puerta
y avisando por si acaso. –Takara…ven a conocer a Tsubasa-san…
El chico se quitó los audífonos, que igual no llevaba
encendidos y se puso de pie, saliendo de la habitación, desconfiado.
– Hola...
– Mucho gusto, Takara-kun. – extendió su mano el
chico, pensando que parecía un animalito. Aquello era extraño
pero le parecía haberlo visto antes.
– Takara es un poco tímido… – Hayabusa sonrió un
poco, apoyando la mano en la cabeza de su hijo y acercándolo para
besarle la frente, anteponiéndose a que el chico pudiera decir
alguna sutileza. –Hemos traído algunas cosas de Tsubasa… – le
explicó al chico. – ¿Por qué no lo acompañas a mi cuarto mientras
bajo a buscar algo al coche?– le pidió porque había subido sólo
dos maletas.
– ¿No quieres que te ayude? – se ofreció el chico,
incómodo de que lo dejase sólo con la víbora, pero Tsubasa le
rodeó los hombros, casi guiándolo él mismo.
– ¿Qué sucede? ¿No quieres estar solo conmigo? No
como gente... Anda, acompáñame...
Hayabusa se rió, dejándolos irse y bajando a buscar
las otras dos maletas que habían dejado en el coche. Cualquiera
pensaría que Tsubasa iba a romperse una uña si cargaba algo… pero
sinceramente no le importaba tratarlo de ese modo, en realidad
le complacía. Sentía que no le iba a permitir descuidarse, ni
siquiera cuando no estaba con clientes. Todo un reto en realidad.
– ¿Cuántos años tienes? – le preguntó al chico,
observando el cuarto de Shingo ahora. Era bastante cómodo. Le
parecía un lugar en el que podía vivir sin complicaciones. – Puedes
hablarme, vamos a vivir juntos. Y va a ser difícil si no hablas...
– bromeó intentando romper el hielo.
– Dieciocho años, ¿y tú? – el chico lo miró, notando
la cara de ofendido que ponía porque le hubiera preguntado eso.
No comprendía, si era una pregunta normal.
– Veintidós. – mintió el chico, rebajándose un año,
y sentándose en la cama. – Bien, te diré algo para que no me sigas
mirando así. Esto es lo que no me interesa: No me interesa quitarte
a tu padre. No quiero un padre, sino un amante. No me interesa
ser la malvada madrastra que te echa de casa. Mientras me trates
con respeto, te trataré con respeto. Y no me interesa meterme
en tu vida ni decirle todo lo que haces a Shingo. ¿Trato?
– Yo no... Trato... – asintió Takara, enrojeciendo
y mirando hacia fuera nervioso. Bueno, no parecía tan malo, aunque
un poco agresivo. – Y no le hagas daño a mi padre. – sentenció
serio, de pronto.
Tsubasa se rió, negando con la cabeza. – ¿O me matarás?
No pienso hacerle daño, ni nada parecido. Y si eres bueno, puedo
enseñarte algunas cosas útiles...
– No demasiadas a poder ser… – le pidió Hayabusa
que entraba en ese momento y apoyaba las maletas sobre la cama.
– He vaciado esos dos armarios para ti…– le explicó. Sentándose
a su lado y rodeándole la cintura, se sentía bien, desde luego
no era como para sentirse de otro modo. Miró a su hijo y la cara
de vergüenza que tenía. – De hecho, Takara ya tiene un novio…
el novio misterioso… que no puedo ver…– se levantó de nuevo y
le tocó la cabeza a su hijo al pasar. – ¿Quieres algo?– le pregunto
a Tsubasa ya que él iba a necesitar un café.
– No, estoy bien, gracias... – sonrió, mirando al
chico que seguía rojo. – Eres guapo, Takara... igual puedo enseñarte
cosas para que tu novio...
– Ah... no, gracias... Mi novio... ya estamos bien
– se disculpó, casi huyendo tras su padre.
Hayabusa se rió, mirando a su hijo y abrazándolo
mientras ponía el café a calentarse. – “¿No es simpático?”– le
preguntó pensando que ahora se iban a meter con él por partida
doble y cuestionándose si no acabarían por girarse las tornas
siendo él la victima al final.
– “Está... bien. Bueno, no es tan malo...” – murmuró,
rojo, pensando que lo confundía. Y ahora intrigado por lo que
fuera que tenía pensado decirle sobre su novio.
–“No es nada malo…” – le “riñó”, dándole una nalgada
y besándole la mejilla. – “Voy a volver con él… ¿Vienes o te da
vergüenza?”– le preguntó.
– “No me da vergüenza... pero tengo algo que hacer...”
– murmuró, excusándose, nervioso.
– Vale…– se rió, volviendo a su cuarto y sentándose
en la cama de nuevo, mirando al chico que estaba ocupándose de
su equipaje. Le sujetó una mano, acercándolo a él y tirando de
su muñeca para que se le recostase encima, dejándose caer hacia
atrás en la cama.
– Me agrada tu hijo... – le sonrió, apartando el
cabello de su rostro, observando aquellos ojos violeta que siempre
lo debilitaban un poco. – Sólo necesita más confianza...
– Déjalo ser… es inocente… – sonrió levemente, jugando
con el cabello algo ondulado del rubio y abriéndole dos botones
más de la camisa. Girándose para tumbarlo en la cama y sentándose
de nuevo. Bebiendo un poco de café.
– Creo que cambié de opinión. – se rió el chico,
sentándose y quitándole su taza, bebiendo un poco a pesar de que
estaba algo amargo para su gusto. Le empezó a abrir la camisa
también, deteniéndose de pronto.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Hayabusa
que dejaba la taza de nuevo sobre la mesilla, girándose para mirarlo
a los ojos entonces. – Tan temprano… y ya buscando guerra…– le
tocó debajo de la quijada, haciéndole alzar un poco la cara y
notando la suavidad de su piel. – Víbora…
– ¿Víbora? – sonrió el chico, imitándolo un poco
y colocando dos dedos bajo la línea de su quijada. – Ssssssssssssssss...
El moreno aproximó su rostro al del chico, atraído
por su mirada y sus movimientos, moviendo un poco la cara para
deshacerse de su mano. Le rozó el cuello con los dientes como
si fuera a morderlo y deslizó la cara contra su mejilla simplemente,
hablando a su oído. – Víbora… sí… – deslizó una mano por la abertura
de la camisa, sintiendo las formas de su cuerpo. Apartándose de
nuevo y riéndose.
– Y tú pareces querer encantarme. Te advierto que
no soy fácil de atrapar... – se rió desabrochándose la camisa
por completo y poniéndose de pie. – Aún no termino de desempacar...
– suspiró, como si estuviese más concentrado en eso ahora.
Hayabusa lo miró, sonriendo ampliamente. – Es maravilloso…
estar contigo, Tsubasa…– se levantó y lo sujetó por la cintura
bajo la ropa, estrechándolo contra él y alzándolo por las nalgas
para ponerlo de puntillas y besarlo mejor. Observando su rostro
y después cómo resbalaba la camisa por uno de sus hombros. Besándoselo
y oliendo su piel. – ¿Por qué no dejas que coloque tu ropa mañana
la señora de la limpieza… y… te concentras en lo importante...?
– Lo importante es que tengas una señora de la limpieza.
Menos mal... – bromeó a medias, terminando de desabrocharle la
camisa al moreno, sonriendo y haciéndola resbalar por sus hombros,
observándolo. – Hayabusa Shingo... no tienes idea de lo que te
espera. Esa noche en la playa... estaba un poco ebrio. – sonrió,
jugando en su pecho con un dedo.
– ¿Y?... – sonrió como retándolo, moviendo un poco
la cabeza para apartarse el flequillo de los ojos, abriéndose
los botones de las muñecas y echando la ropa a un lado, quitándole
la camisa a Tsubasa despacio, observando su cuerpo, cómo el chico
tocaba su pecho. Sólo con mirarlo así deseaba hacerle el amor
hasta que no pudiera ni moverse… pero… quería ver cómo le hacía
perder la razón.
– ¿Y?... Hayabusa-san... ¿acaso estás dudando de
mis habilidades? No me ofendas... que no me quieres ver enfadado...
– bromeó continuando con aquel juego, susurrando casi sobre sus
labios. Se inclinó para besarle el pecho, allí en donde lo había
estado tocando, lamiendo y bajando poco a poco, sin rumbo fijo
al parecer.
El moreno le pasó la mano por el cabello, guiándolo
por sus abdominales, sintiendo su lengua cálida recorrerlas. Observando
los anillos en sus dedos, entre el cabello castaño y las mechas
doradas del chico, seguramente le hubiera matado si supiese que
aún llevaba aquel anillo. Sonrió, abriéndose el pantalón y aproximando
al chico a su sexo. – No lo sé… Siempre me ha gustado ver cómo
te enfadas…
– ¿Seguro? – Tsubasa alzó la mirada, sonriendo, y empezando a
lamer alrededor del sexo del moreno, sin tocar el mismo directamente.
Claro, no pensaba castigarlo ni nada así, pero no estaba de más
hacer que lo pensara.
– Tsubasa-san… – el moreno sonrió, cerrando los
ojos y dejándose hacer, moviendo los dedos entre su cabello, bajando
la cabeza de nuevo para observarlo, su sexo pulsando e hinchándose
más cuanto más se aproximaba a este a pesar de no haberlo tocado
todavía. –Ten en cuenta que soy muy vengativo…
– Qué mal... pero así durará más el juego, ¿no?
– le sonrió el chico, succionando la punta de su sexo de repente
y besándolo, antes de ponerse de pie. – ¿Aún dudas de mis habilidades?
– ¿Te gusta jugar duro?… – el moreno jadeó, excitado,
mirándolo a los ojos fijamente. Abriéndole el pantalón para desnudarlo
y besándolo, sus manos jugando con las nalgas del chico, apretándolas
y separándolas. Rozó con sus dedos aquella entrada caliente y
tensa en su cuerpo. Se llevó los dedos a los labios, lamiéndolos
y jugando de nuevo con esta, metiendo tan sólo la punta de dos
de ellos, rozando el borde, mirándolo contra su pecho. –Eres encantador,
Tsubasa…
Tsubasa gimió con suavidad, sujetándose de sus brazos,
y mirándolo a los ojos, sintiendo el calor en aquella zona tan
sensible de su cuerpo. – Tú... no te quedas atrás... Shingo...
– sonrió, bajando su mano de nuevo, para sujetar el sexo del moreno
acariciándolo lentamente.
Hayabusa sonrió levemente, empujando de pronto los
dedos, sintiendo la resistencia de su cuerpo y moviendo su mano
con fuerza hasta sentir que los nudillos resbalaban dentro de
él. – Separa las piernas… y levanta los talones Tsubasa… quiero
ver cómo se marcan tus nalgas… como voy a sentirme entre ellas…
– le dio una cachetada con la otra mano, apretándoselas.
– Te vas a sentir estupendo... – le aseguró el chico,
de todas maneras haciendo lo que le pedía, aún acariciando el
sexo de Shingo, ahora con algo más de fuerza, dos de sus dedos
resbalando para acariciar sus testículos también.
El moreno lo volteó contra la pared con suavidad.
Besándole la espalda y apoyando una rodilla en el suelo, sujetando
sus muslos y acercándose, empujando la lengua dentro de su cuerpo
profundamente. Sujetó su propio sexo con la mano, estaba ardiendo
y duro como una piedra. El ano del rubio apretaba su lengua caliente
casi sin permitirle penetrarlo.
Shingo... mhh... – el chico jadeó, con la frente
apoyada en la pared, sus dedos crispados por la pasión. Podía
sentir la lengua cálida del moreno intentando penetrarlo. Finalmente
se lo permitió, sonriendo, y apretando de nuevo, una vez estuvo
dentro. – Oh... Shingo... esto... es el cieloh...
– No… aún no hemos llegado tan alto… – se levantó
a su espalda, sujetándole los hombros y acariciándoselos, haciéndolo
inclinarse sobre sí mismo y sujetarse a sus propias piernas. –
Qué vista… – susurró, inclinándose para lamer sus testículos y
su sexo. Besándolo y volviendo a su sexo de nuevo.
– ¿Te gustah?... – jadeó el chico, su cabello guindando
en un amasijo de castaño y rubio, alrededor de su rostro. – La
mía... no está mal... – sonrió, observando su sexo erguido y relamiéndose.
– … es perfecta, como tú… – sonrió, levantándose
y rozando su sexo contra sus labios mientras lo hacía, sintiendo
un estremecimiento al notar cómo sacaba la lengua un momento.
Jadeó, deslizándolo contra la cara interna de una de sus piernas,
rozando el del rubio y sus testículos con él. Apoyándolo después
contra su entrada y penetrándolo completamente. – Ohh… Tsubasa…
eres el mejor… – su sexo pulsó apretado en el interior del chico,
sus manos se sujetaron en los hombros de este, haciéndolo erguirse
lo suficiente como para apoyarlo en la pared y poder ver su rostro.
– Qué expresión tan dulce…
– Shingo... y tú eres el número uno... – se rió,
entre gemidos y jadeos, refiriéndose a su ranking en el Olimpo,
dejándose mover a su ritmo. Lo cierto es que entre todo aquel
deseo, su corazón también estaba exaltado, casi como si estuviera
aprendiendo a utilizarlo de nuevo. O más bien, a permitirle funcionar
sin restricciones. – Te... – apretó los dientes, aún era demasiado
pronto para decir aquello, por más verdad que fuera.
– Me quieres… lo sé… – el moreno lo miró serio.
Sonriendo y pensando en ser un poco malvado. –Yo te amo… – lo
miró a los ojos, saliendo de él y acostándose en la cama, sujetando
su sexo y deslizando dos dedos por él, alzándolo. – Quiero mirarte
a los ojos…
Tsubasa se apartó el cabello del rostro, observándolo
altivo. – No pongas palabras en mi boca... – sonrió, subiéndose
a la cama a gatas, un poco sobre él. – Aunque sean ciertas...
– lamió su sexo con delicadeza, antes de sentarse completamente
sobre él, dejando que lo penetrara, su espalda arqueada y su boca
entreabierta, dejando escapar los gemidos.
– Tsubasa... – el mayor sujetó sus manos, entrelazando
los dedos con los suyos, observando cómo se movía sobre su sexo,
cómo su cabello se arremolinaba húmedo alrededor de su rostro.
Sus pezones rosados y duros, salpicados por el sudor, el sexo
del chico agitándose cada vez que se movía sobre él. Cerró los
ojos, moviéndose bajo él, echando la cabeza hacia atrás un poco,
jadeando y sujetando las nalgas del chico ahora moviéndolo con
más fuerza y abriendo los ojos para observar sus gestos descuidados
por el placer. Sonrió levemente, nunca lo había visto más hermoso.
– Shingo... – Tsubasa gimió, ya sin sonreír de aquella
manera malévola, dejándose llevar solamente por el placer, estremeciéndose
completamente cada vez que el sexo del moreno lo penetraba completamente.
Deslizó sus manos por el pecho sudoroso de Hayabusa, inclinándose
sobre él para besarlo.
El moreno abrazándolo con fuerza y besándolo también,
arqueando la espalda para reforzar el tacto del sexo del rubio
contra su abdomen, girándose sobre él y arrastrándose contra su
cuerpo sudado sin dejar de besarlo, acariciando su rostro con
la mano. – Te amo… – le repitió como si no hubiera lugar a tener
miedo esta vez.
– Shingo... – el chico colocó su mano sobre la del
moreno, cerrando los ojos como para protegerse. – Yo también...
te amo... – se apretó contra su cuerpo, subiendo las piernas para
abrazarlo con las mismas, gimiendo con más fuerza, entregándose
totalmente a la fuerza del orgasmo.
– Ugh…– los dedos del moreno subieron por el cabello
en su nuca, revolviéndolo mientras se corría, apoyando la quijada
contra sus labios, jadeando fuertemente y besándolo mientras se
iba calmando dentro de él. Lo miró a los ojos, observando su rostro
sudado y cansado. –No dejaré que nadie más vea este rostro…
– No pienso mostrárselo a nadie más... – sonrió,
tocando sus labios con un dedo. – Este rostro... también es sólo
mío.
– Desde luego…– le besó el dedo, echándose a un
lado y abrazándolo, apartándole el cabello de la frente. –Ni siquiera
podré pensar en otros hombres… si te tengo a ti… – le acarició
un hombro con la mano, observando sus ojos. – “Te necesito…”–
susurró contra sus labios aunque no se sintiese orgulloso de reconocer
que necesitaba a alguien.
– Shingo... – susurró el chico, sintiendo sus barreras
destrozadas al escuchar aquello. – “Yo jamás te dejaré...”
– “No lo hagas… o me matarás…” – le besó los labios
de nuevo, profundamente como para reforzar lo que decía. Lo abrazó
de nuevo contra su pecho, rozando la nariz contra su cabello.
Pensando que había sido un estúpido al no percatarse de lo que
Tsubasa sentía. – Tenemos que dormir… un poco al menos… – se rió.
Acariciando su rostro.
– No me despiertes hasta que sea absolutamente necesario
– le advirtió, recuperando un poco su compostura y sonriendo,
aún así, aferrándose a él, sintiendo su olor. No había calculado
cuanto podían cambiar las cosas si la persona que amabas te decía
que sí.
– Ya veremos… tal vez me sea necesario despertarte…
– se rió. Tapándolo con las sábanas cuidadosamente y abrazándolo
de nuevo.

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