Capítulo 72
The Nice Guys
Hideyoshi se asomó afuera, apartándose un poco la
cola, que la llevaba movida y sonriendo. – ¡Koya! Creí que ya
no vendrías...
– Hola… – sonrió levemente, con el cigarro en la
mano, apartándolo para darle un beso en la mejilla. –En realidad,
sólo vine a preguntarte como te va y eso… pero como no tengo dinero…
– se rió pensando que estaba gracioso, aún más en directo. – Estás
guapo…
– Ah, ¿te gusta? – le mostró la cola, jugando. –
Gracias... – le dio un beso en la mejilla a modo de saludo. –
No podría cobrarte de todas maneras. Ya no te veo como un cliente.
– No, igual ya me has perdido… Tengo otro niño rondando
mi cabeza y él ya se ha llevado todo mi dinero sin nada a cambio
encima…– se rió de sí mismo, ya daba aquel dinero por perdido
después de todo.
– ¿Te enamoraste de un ladrón? – bromeó, tocándole
la nariz. – ¿Ves? Te dije que habría alguien para ti. ¿Cómo has
estado?
– No, a él no le gusto yo, en realidad le gusta
un host… Pero bueno, ya estoy acostumbrado, siempre que me gusta
alguien… a él le gusta un host, debe ser una moda entre vosotros…–
se rió, apoyándose contra una valla y sentándose en el borde.
– He estado mal, muy mal la verdad… por Toru… y todo… no sé… ¿Y
tú? ¿Cómo te va con Kenzo?
– Bastante bien, diría yo. Aún se rehúsa a aceptar
que me quiere pero... Creo que voy ganando esa batalla. – se alzó
la cola, sentándose a su lado, observándolo, un poco preocupado.
– ¿Cómo está Toru? Hayabusa-san... me preguntó si sabía algo de
él. Yo ni siquiera sabía que habían roto.
– ¿No?... En realidad fue al día siguiente de que
Hayabusa se confesase y Toru aceptase sus sentimientos… – apoyó
un pie en la valla, dándole una calada y pasándoselo al rubio.
– Gracias... – sonrió, dándole una calada también.
Lo necesitaba, era un poco difícil fumar con calma allí dentro.
Por no decir, imposible. Además, a muchos clientes no les agradaba.
– No lo comprendo, creí que estarían felices...
– Toru… se dio cuenta de que amaba a otro…– murmuró,
esperando que no lo juzgase, porque si lo hacía se iba a alterar.
–Eso puede suceder… De todos modos, Toru también está sufriendo…
Ahora los ha perdido a los dos…
– ¿A los dos? Eso es desafortunado... – suspiró,
dándole otra calada al cigarrillo y devolviéndoselo. – Hayabusa-san
estaba preocupado. Creo que... Sí, realmente le dio fuerte. Me
lo había dicho antes, ¿sabes? Que tenía miedo, aunque no me dijo
que fuera Toru. Sólo lo supuse al verlos juntos.
–Ya… Bueno, de todos modos lo hecho, hecho está…
– le dio otra calada al cigarro, mirando al suelo. – Así que…
no tengo oportunidad contigo ¿eh? Kenzo y tú vais en serio… Yo
pensaba que era un golfo… con esa cara que tiene…
– Lo es, pero ya lo aconducto. – se rió, mirándolo,
pensando que le gustaría conseguirle una pareja. – No, sólo es
su empleo. En realidad, es bastante dulce, aunque él no lo sabe.
– ¿Sí? No lo parece… Bueno, supongo que es normal…
que no lo parezca con ese empleo… – suspiró suavemente, sonriendo
y pasándole el cigarro de nuevo para que se lo terminase. – Estás
muy guapo… con esas piernas al aire… Marrano…
– Eh, también es por el empleo... – se rió, fumando,
y estremeciéndose un poco. – Hace frío aquí afuera... ¿Qué piensas
hacer con ese chico, entonces?
– No lo sé… Me ha prometido una cita a cambio del
dinero que le di… Se estaba prostituyendo pero… era su primera
vez y no tenía ni idea, eso esta claro… No fui capaz de hacerle
nada… y encima le pagué para que viera al tío ese… ¿no soy patético?
– No, eres buena persona. No hubiera esperado otra
cosa de ti. Además, ¿te gustó el chico, no? ¿Qué clase de desgraciado
se aprovecharía así de alguien que le gusta?– Sonrió, tocándole
una mano con la suya. Se suponía que debía estar trabajando, pero
con ese caos que tenían allí dentro, dudaba que se fueran a dar
cuenta de su escapada.
– Sí… Me gustó mucho, era justo me tipo… pero de
todos modos eso da igual, eso no hará que a él le guste yo… Se
estaba prostituyendo para poder pagar a ese…
– Eres baka, ¿lo sabes? No puedes darte por vencido
antes de luchar. – le dio un ligero puñetazo indoloro en un brazo,
sonriendo. – Piensa en Toru... ¿no se dio cuenta de que estaba
enamorado de alguien más? Y también le pagaba a Hayabusa-san de
esa manera, ¿no?
– Sí… y los perdió a los dos… vaya ejemplo me pones…
También me dijiste que seguro me daban el trabajo y aún sigo alquilando
mi polla…– se rió porque no se lo decía con mala intención. Negó
con la cabeza, suspirando. – De todos modos… este chico no es
como nosotros… es especial… No quiero que se prostituya… aún si
él no va a verme más que como un imbécil a quien quitarle el dinero…
Al menos sentiré que he hecho algo de provecho en mi vida.
– Por eso te digo que eres un baka... ¿Por qué siempre
piensas así? No soy bueno prediciendo el futuro, pues bien. Eso
no es motivo para rendirte. Y sólo utilicé a Toru de ejemplo para
hacerte saber que no es lo mismo enamorarse de una imagen que
de una persona real. Tal vez ese chico que te gusta, sólo necesita
que alguien le preste atención sin cobrarle, ¿no lo has pensado?
– suspiró, aún intentando alentarlo, aunque se desesperaba un
poco. Le agradaba demasiado como para que se tratase a sí mismo
de esa manera.
– Ya se la voy a prestar… si es que queda conmigo
finalmente… Realmente… lo deseaba ¿sabes? Me costó mucho pedirle
que se detuviese… – se rió con suavidad. – El muy baka… Ni siquiera
sabía cómo hacerlo… Creo que jamás había visto una que no fuera
la suya antes… y se iba de chulito… Me dijo que no quería nada
de sado…– se rió, mirando al rubio. – Qué baka…
– Se nota que te gusta... – se rió el chico, observando
la expresión en su rostro. – Pues no parece tener mucha experiencia...
Eso significa que no lleva mucho tiempo con esto de los hosts...
Creo que aún estás a tiempo.
– No lo sé… dice que son novios desde antes… pero
yo no estoy tan seguro… ¿sabes? Conozco a ese tío de vista y sé
que anda con otro… Y ese sí parece su novio realmente…– suspiró,
mirando al cielo estrellado. Lo cierto es que no quería decirle
nada a Hide para no preocuparlo por algo que le parecía simplemente
“cosas de hosts y clientes.” – Oye… por casualidad… ¿no tendrás
el teléfono del tal Murakami-san, ese?
– No... Creo que no le parecí interesante. Apenas empezaba y...
debo estar un poco verde. –se rió, enrojeciendo un poco, aunque
no era algo que le interesase. – Pero ¿sabes quien debe tenerlo?
Tsubasa-san. ¿Por qué lo quieres?
– Hum… se lo pediré a él… En realidad fue encantador
conmigo un día que tú no estabas…– sonrió levemente, levantándose.
– ¿Por qué? Porque Toru está enamorado de él.
– ¡¿De él?! ¿En serio? – sonrió, meneando la cabeza.
– No lo hubiera imaginado. Así que vas a ayudarlo ¿eh? – se puso
de pie, pensando que él también debía regresar al trabajo. – Y
me reemplazaste con Tsubasa-san, no te lo perdono. Seguro lo pusiste
contento.
– Seguro… pero no le dejé que fuese malo contigo…–
se rió, sujetándose de su brazo para bajar al club. – Me alegro
de ser tu amigo, Hide… – le besó la mejilla, sonriendo levemente
y mirando al suelo. – Bueno… De hecho diría que él también lo
estaba de Toru… Eso sí que es sorprendente… tenía cara de… tiburón…
– Algo así... – se rió, caminando a su lado. Él
también se alegraba de tenerlo como amigo. A pesar de lo que había
sucedido, no le hubiera gustado perderlo. – Me alegro de que vinieras
a visitarme. Koya... ¿Puedo saber por qué lo perdió entonces?
Si ambos se aman...
–Bueno… sucedió algo terrible… Toru acudió a Murakami…
pero luego se fue con Hayabusa… Al día siguiente… cuando fuimos
a buscarlo… ya no estaba. Había vuelto a Tokio… fuimos al aeropuerto…
pero ya no estaba…– negó con la cabeza suavemente. – Pero… yo
no puedo rendirme… si se trata de su felicidad…
– ¿Ves? Te dije que eras una buena persona. Y un
excelente amigo, por cierto. – se detuvo, suspirando. – Yo creo
que haces lo correcto.
– Gracias, Toru… Hide, Hide…– se rió abiertamente.
– Estaba pensando en lo que no era… bueno…– le besó los labios
superficialmente. – Iré con la bicha esa… a ver qué pasa…
– Que hoy sí te vas a encontrar una bicha... – se
rió, desprendiéndose de su brazo y alejándose un poco, no sin
antes recordarle. – ¡No te pierdas de nuevo!...
–No… me pasaré de nuevo… cuando tenga algo bueno
que contar…– sonrió, acercándose a Tsubasa y sonriendo un poco
mientras le tocaba el hombro casualmente.

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