Capítulo 71
Sweetness
Kenzo se bebió lo que quedaba en la botella de champán
hasta abajo y dejó escapar la respiración en un jadeo, había bebido
tanto que le costaba mantener la vertical. Aquello estaba abarrotado
de clientes a causa de la fiesta y estaba seguro de que muchos
de ellos se iban a hacer clientes habituales, había sido una muy
buena idea… aunque comenzaba a sentirse un tanto exhausto, estaba
deseando que acabase por fin la noche para meterse en la cama.
– “Kenzo...” – lo llamó Takara, sonriendo, pensando
que se veía guapísimo así. Le sentaba aquel disfraz. – “Kenzo,
pide un privado...”
El pelirrojo se giró hacia él, sonriendo, pensando
que por fin había conseguido el dinero. – Sólo espera un momento…–
le besó los labios y le dio un empujoncito suave para que fuera
hacia los privados. Aprovechando que Hideyoshi y Hayabusa estaban
arremolinados en torno a unos clientes. – Entra ahí, ahora voy
cuando hable con mi jefe…– le guiñó un ojo, aún sonriendo.
– Apresúrate... – le pidió, entrando y sentándose,
sintiéndose incómodo en aquel lugar. Pero si era la única manera
de ver a Kenzo, no tenía opción.
El chico entró al poco rato. Llevándole un refresco
y ginebra, no pensaba servirle la ginebra claro. Sólo el refresco,
pero había sido con la excusa de la mezcla que lo había conseguido.
–Toma… – vació la ginebra del vaso en la maceta y le sirvió el
refresco allí. Dejándolo en la mesa y subiéndose sobre él en el
asiento, a horcajadas, besándolo profundamente. Abrazándolo con
fuerza. Pensando de nuevo en todo lo que él había pasado… en el
abandono y la soledad, las dificultas que había tenido que superar…
mientras que Takara vivía tan feliz como si nada. – Te extrañé…–
lo besó de nuevo. Sentándose a su lado por fin. – ¿Te gustó la
foto? Pensé que te iba a fastidiar si sabías que me había vestido
así y no podías verme.
– Eres un maldito. Tuve que... Me costó conseguir
el dinero... – sonrió, nervioso, pensando en lo que le había dicho
Koya. – Me puse celoso...
– ¿Sí…?– se rió, besándole la mejilla. – Baka… No
te la envié para eso, pensé que te gustaría… – le acarició un
muslo y se aproximó un poco más. Desde luego, no hacía falta que
acabase la frase, sabía muy bien cómo había conseguido el dinero.
–El caso es que estás aquí por fin.
– Tenía muchas ganas de verte. No quiero que pienses
que no... Que no me importas. – bajó la mirada, observando sus
labios. – Es que ya no te veo fuera de aquí...
– Lo siento… estoy muy ocupado… – sonrió, en realidad
pensando “no empecemos de nuevo con eso”. Tocándole la mejilla
con un dedo y aproximándolo un poco para besarlo, notando cómo
observaba sus labios.
Takara se dejó besar, con suavidad, cerrando los
ojos. Le parecía un sueño, poder tenerlo allí por todo ese tiempo.
Ya ni le importaba tener que pagar para ver a su novio. – Lo sé...
Sé que no es tu culpa.
Kenzo sonrió, apoyando la cabeza en el respaldo.
– Lo siento… seguro que tengo sabor a alcohol ¿verdad?...
– No me importa, sabe bien... – se rió, sintiéndose
un poco como un crío, meneando la cabeza. Tomó el refresco, bebiendo
como si tuviera mucha sed. En realidad, se ponía nervioso. Ya
no sabía ni por qué.
– ¿En serio? Si quieres puedo traerte una copita
de Champán… pero no mucho… no es bueno… – le advirtió, tocándole
el pecho con un dedo y riéndose por lo borracho que estaba.
– No, no... Necesito ahorrar dinero... para verte
de nuevo. – sonrió, incómodo sólo por decir esas palabras. – Kenzo...
el chico de la foto...
– Baka… iba a invitarte…– le aseguró, sonriendo
también como si nada. – ¿A quien te refieres? Estábamos cuatro.
– Al rubio, Hide... yoshi... – murmuró, sonrojándose,
seguro de que no era nada. Actuaba como un posesivo.
–Hide, sí. ¿Qué pasa? no me digas que te gusta…
– frunció un poco el ceño aunque sabía perfectamente que eso no
era posible.
– ¡Claro que no! Es que vive contigo y... No sé,
en la foto, estaban muy juntos. – continuó, pensando en Koya de
nuevo, las cosas que le había dicho. No podía ser verdad.
– Ah… no empieces… es mi mejor amigo. Si no puedes
confiar en mí, entonces mejor olvídalo. – se apoyó en los muslos
con los brazos, mirando al suelo y tocándose un labio después.
– Que... ¿no empiece? – el chico lo observó como
si le hubiera helado la sangre, desviando la mirada de nuevo.
– No... yo confío en ti, Kenzo, es que... me dijeron algo y como
vi esa foto...
– Qué importa lo que te digan ¿eh? ¿Te lo dije yo?
No ¿verdad? Pues ya está. – lo miró de soslayo. Apoyándose en
sus propias manos cruzadas bajo la quijada. –Te mando una foto
porque pienso que te gustará y tú sólo puedes ponerte paranoico.
– No, lo siento... – negó con la cabeza, acercándose
un poco, y deteniéndose antes de tocarlo, avergonzado. ¿De verdad
era tan terrible? Kenzo se iba a cansar de él si seguía así. –
Lo siento... yo sólo...
– Vale… pero deja de celarte hasta del aire que
respiro. Lo que quiero ahora es estar contigo, pero no de este
modo. – se echó atrás en el sofá, recostándose un poco, cerrando
los ojos. La verdad es que tenía un sueño terrible.
– No de este modo... – sonrió el chico, acercándose
ahora sí, acariciándole la frente. – Estás cansado, ¿verdad? Este
trabajo exige mucho.
– Un poco… tengo sueño…pero he bebido demasiado…–
entreabrió los ojos, sonriéndole y recostándose un poco contra
su pecho, besándole la quijada y el cuello. – Dame un beso…
Takara sonrió, bajando el rostro para besarlo de
nuevo, con suavidad, tiernamente. Seguía estando algo celoso del
rubio pero intentaba ignorarlo. No quería perder a Kenzo por ser
demasiado obsesivo.
– Takara…– le tocó la mejilla con la mano, sujetándole
la nuca y besándolo profundamente, jadeando con suavidad. – ¿Me
quieres?...
Claro que sí, lo sabes. No sabes... lo que soy
capaz de hacer por ti – susurró, temiendo que se enojara si le
decía.
– Tú tampoco sabes lo que yo soy capaz de hacer…
– sonrió, riéndose un poco. Sujetándole los hombros y recostándose
sobre él en el sillón. Besándole el cuello y tocando sus nalgas,
de nuevo aquel sentimiento de estar arrebatándole algo a su padre
haciéndole hervir la sangre. –Takara…– se apretó contra él. Besándole
más el cuello y sujetándole la camiseta con los dientes, alzándosela
y haciendo que la sujetase él. Mezclando sus labios con los del
chico.
– Kenzo... – jadeó el moreno contra sus labios,
entrecerrando los ojos, su cuerpo sintiéndose cálido, el corazón
golpeándole en el pecho. – Te amo... Quiero ser tuyo... – le apretó
un hombro, enrojeciendo por haber dicho aquello.
– ¿En serio?– lo miró a los ojos, extrañado. No
tenía mucho sentido ¿no? No esperaba que desease eso de él. Sonrió
levemente, besándole los labios de nuevo. – ¿Ahora?
Takara asintió, completamente rojo. Lo cierto es
que no lo había imaginado así, no en aquel lugar, de esa manera.
Pero... tenía miedo de tener que entregarse a otro antes que a
él.
– ¿Seguro?...– olió su abdomen con fuerza, casi
como si fuese a devorarlo. Mordiéndole los costados y deslizando
la lengua hacia sus axilas, lamiéndoselas al tiempo que le alzaba
la camiseta por encima de la cabeza. – ¿No te asusta?
– Sí, pero... quiero que seas tú... – lo miró, jadeando
un poco, pensando que vestido así y preguntando esas cosas, realmente
parecía un demonio.
– Luego no te dejaré retractarte a medias… – le
advirtió, puesto que se conocía demasiado bien. Abriéndole los
botones de los jeans con los dientes, oliendo su sexo y bajándole
los pantalones con las manos hasta los tobillos. – Es bonita…–
dijo refiriéndose a su sexo, tocándolo con un dedo y bajando la
piel que cubría el hinchado glande rosa.
– Nh... – jadeó el chico, apretando los dientes,
y enrojeciendo aún más si era posible. Era la segunda vez en esa
noche que le veían su sexo. Estaba temblando un poco. – No te
pongas... baka.... – sonrió, con esfuerzo, abriendo un poco las
piernas.
– ¿Por qué?... Podría ser fea…– se la tocó con suavidad,
sintiendo el calor bajo sus dedos y la firmeza de su sexo candente,
notando cómo se estremecía. Se sentó en el sofá, sonriendo. –Siéntate
en mis piernas… de espaldas a mí…
– Vale... – sonrió, subiéndose sobre el pelirrojo
y girándose, mirando de reojo hacia atrás, aunque no conseguía
verlo. Su sexo estaba erguido y podía sentir el de Kenzo tras
él, abultado, rozándolo. Cerró los ojos, tenso pero igual de deseoso.
El pelirrojo lamiéndole la nuca, pasando ambas manos por sus muslos
y sujetando su sexo con la mano, masajeándoselo con gentileza
a pesar de que sus dientes marcaban la nuca del chico de muy diferente
modo.
Se movió un poco bajo él, como si lo estuviese penetrando
aunque sólo se trataba de golpear su sexo duro entre las nalgas
del chico. – ¿Quieres vérmela?– le preguntó al oído.
– “Sí...” – susurró, por controlar su voz, completamente
excitado. – Quiero verla, Kenzo... y tocarla... – se rió, como
si se tratase de una travesura solamente.
– “Vale…”– susurró también, devolviéndole el secretismo
y abriéndose el pantalón tras él, sacando su sexo del pantalón
para colarlo bajo su cuerpo, entre sus piernas, cerrándole los
muslos y sintiendo el calor y la suave presión de ellas. Sabía
que la tenía grande. Bastante, en realidad, Se rió con suavidad,
preguntándose si papá la tendría como él.
– Kenzo... Kenzo... – gimió el chico, sintiendo
que se iba a quemar del calor. En efecto, estaba grande y dura,
cálida. Se estaba volviendo loco sólo de sentirla así.
– Métete la mano entre las piernas Takara… tócamela…
– le susurró al oído de nuevo, lamiéndolo y rozándole el cuello
con los dientes, sentía que le ardía. Le sujetó las nalgas, moviéndolo
sobre él y echándose hacia atrás después, ocupándose de su sexo
con la mano.
– Ah... agh... – gimió el chico, por toda respuesta,
haciendo lo que le decía, tocando el sexo de Kenzo, primero con
los dedos y luego a más profundidad, sintiéndolo pulsar en su
mano, su propio sexo reaccionando en la mano del moreno. Estaba
más excitado que nunca, no quería correrse aún, pero sentía que
lo iba a hacer en cualquier momento.
El pelirrojo le giró la cara, sujetándole el cuello
con una de sus fuertes manos, besándolo profundamente, succionando
su lengua con fuerza y cerrándole más las piernas con la otra
mano, aún más, moviéndose bajo él, sintiendo cómo entraba y salía
entre aquellos muslos tersos, rozándose contra los dedos del chico.
Su propia mano apretando el sexo del moreno, subiendo y bajando
por él. Jadeó con fuerza contra su boca, lamiéndole los labios
y la lengua, apretándole más el cuello.
Takara estremeciéndose y jadeando contra su lengua,
devolviéndole aquel beso salvaje. Ya no sabía si su dificultad
para respirar provenía del hecho de que el pelirrojo estaba sujetando
su cuello o de su propia excitación. Lo único que sabía era que
lo sentía por todos lados, que su sexo ya pulsaba de manera casi
dolorosa.
– “Takara…”– subió la mano desde su cuello, deslizando
dos dedos en su boca, moviéndolos dentro de esta de forma abrupta.
Asustándose por un momento al escuchar el teléfono del chico dentro
del bolsillo del pantalón. – “¿Vas a cogerlo?”– preguntó agitado.
Esperando una respuesta sin retirar los dedos de su lengua donde
se entrelazaban apurados, haciendo verter la saliva del chico
por su mano.
Takara sacó su móvil, maldiciendo internamente.
Asintió, a sabiendas de que si no contestaba, su padre era capaz
de ir hasta el piso a ver si le había sucedido algo. Succionó
los dedos de Kenzo, sonriendo y sacándolos con delicadeza de entre
sus labios, antes de contestar. – Ho... ¿Hola?
– Taka…ra…– el moreno se quedó escuchando la música
de fondo, tal vez era sólo impresión suya por estar ahí. – ¿Dónde
estas? He llamado y no me abres…– mintió de pronto, saliendo solo
de sus labios, sin planificación alguna.
– Estoy... Fui a dar una vuelta... porque no podía
dormir... – le respondió, suspirando y tensándose de inmediato.
– ¿Se te quedaron las llaves? ¿Quieres que vaya para allá? Es
temprano...
– No vuelvas tarde…– le advirtió, no le creía, no
estaba en la calle… estaba en algún lugar cerrado. – ¿Estás con
Kenzo?
– Eh... – lo miró, preguntándose qué podía decirle, y decidiéndose
por contar la verdad. – Sí... yo lo llamé...
– Ah… vale, no me mientas… No pasa nada si estas
con él, mejor si no estás solo…– Suspiró con fuerza. – Voy a salir
con alguien esta noche… así que, probablemente vuelva tarde, te
quiero… confío en ti…– se quedó callado y serio, por la voz de
su hijo. Si tenía que elegir entre que estuvieran por la calle
o que se lo llevara a sabe Dios donde… prefería que fueran a casa.
Pero no lo admitiría ni muerto.
– ¿Tienes una cita? – sonrió, ilusionado, y algo
culpable, por supuesto. – Yo también te quiero, papá. Yo... regreso
a casa pronto.
– Vale, sé bueno. “Es con Tsubasa-san”– susurró
después sonriendo levemente. – Tengo que irme, diviértete… y sé
bueno – le repitió de nuevo, antes de colgar. Sabía que tenía
edad para esas cosas… pero le ponía más que nervioso.
– Tú también... – se despidió, cerrando y bajando
el rostro, pensativo. – No sé... si debería estar haciendo esto...
– ¿El qué? ¿Era tu padre?– preguntó el pelirrojo
al que ya se le había ido el calentón por completo.
– Sí, tiene una cita esta noche. Por eso llamó...
– lo miró, sonriendo un poco. – Es que no quiero... que sea así,
apresurado, a escondidas...
– Está bien… lo comprendo… – se cerró el pantalón,
haciendo un esfuerzo por sonreír y recostándolo sobre él, acariciándole
el pecho y el abdomen. Le había dejado el cuello perdido de marcas
rojas.
– ¿No estás molesto? – preguntó, cerrando los ojos.
Se sentía bien que lo tratase así. Se preguntaba cómo iba a continuar
con aquello.
– No… Tú no tienes la culpa…– se quedó mirando el
foco del techo, sintiendo un vacío en el estómago de pronto. Le
sujetó los genitales con una mano, besándole un hombro.
–¡Ah!... Así no se me quita... – se rió, enrojeciendo
y pegándose más a él. – Te quiero, Kenzo.
–Lo sé… – suspiró, serio, abrazándolo y tocando
su cuerpo medio desnudo, sintiéndolo pequeño y frágil comparado
con él. Lo apretó un poco, sintiendo cierta necesidad de protegerlo
y a la vez de apretarlo sin cesar hasta partirlo en pedazos.
– Kenzo, ¿puedo preguntarte algo? – murmuró, un
poco temeroso, pero sintiéndose protegido en aquel abrazo.
– Prueba, a ver si te respondo…– lo miró, bajándole
la camiseta para que al menos no se notase tanto que estaba desnudo.
– Si yo alguna vez... hago esto con otra persona.
Aunque sea por ti... Eso... ¿te molestaría? ¿Te pondría triste?
– le preguntó, sin atreverse ni a abrir los ojos, pero necesitaba
saberlo.
Kenzo se quedó en silencio, sin saber qué decir, deseando decirle
“haz lo que sea necesario” y a la vez pensando en lo inocente…
lo suave que era… a merced de cualquiera de esos hombres. Entrecerró
los ojos, pensando en su madre en aquella cama, enferma… en sí
mismo en los baños de los jardines… ¿no había perseguido precisamente
eso? No fue capaz de hablar, no tenía ni idea de lo que sentía.
– Kenzo... – susurró el chico, preguntándose por
qué no le contestaba. Tal vez había ido demasiado lejos con preguntarle
aquello. Si hubiera sido al revés, seguro estaría hecho una furia,
lastimado... Alzó el rostro, mirándolo. – No te preocupes, yo
sólo te quiero a ti.
– Sí, ya lo sé. – le apoyó la mano en el cabello.
– Deberías vestirte – le subió un poco el pantalón. Mirándolo
a los ojos sin saber qué hacer aún.
– O.K. le dije a mi padre que iría temprano de todos
modos. – se puso de pie, subiéndose los pantalones y cerrándolos
como al descuido, observando al pelirrojo. – No... estés molesto,
sólo era una pregunta, ¿vale?
– No estoy molesto… – sonrió levemente, cerrándose
el pantalón. – Sólo un poco preocupado… – le sujetó la mano, sin
saber qué decir, levantándose para besarlo profundamente. Sujetando
su brazo con fuerza. – Ve a casa.
– Volveré a conseguir dinero... para verte. De alguna
manera... – sonrió, pensando que ya no podría hacer eso. Tal vez
alguna otra cosa.
– Vale… pero ven a verme… sea como sea… – le dio
una nalgada, respirando con fuerza por sus propios líos internos.
– Te amo, baka. – se giró, besándolo apasionadamente,
antes de salir. Al menos su padre ya se había ido, pero tenía
la sospecha de que no dormiría esa noche tampoco. Una parte de
su mente empezaba a lamentar el haberse detenido.

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