Capítulo 68
All Kitsune Love Onis
Kenzo suspiró con fuerza, rascándose la nuca y mirando
a Hideyoshi. – ¿Ahora sí estás seguro de no haberte dejado nada
por comprar?– preguntó, haciendo malabares en una mano con un
bote de cera de cabello en la mano.
– Sí... lo tengo todo. ¿Y tú? Mira que no soy el
único distraído... – sonrió, igual revisando la bolsa que llevaba
por si acaso.
–Yo ya tengo lo poco que voy a llevar en casa, sólo
olvidé esto…– dijo refiriéndose a la cera, sin dejar de girarla
en la mano. – Puede que sea divertido… creo que algunos se van
a cambiar en el local… Vergüenza, supongo… yo lo haré en casa…
– Entonces yo también, no me voy a quedar atrás...
– se rió, colocando su mano sobre la cera, deteniéndole el movimiento.
– Me pregunto cómo te verás... con lo poco que vas a llevar...
– ¿Cómo quieres que me vea? Medio desnudo, claro…–
se rió, burlándose y moviendo la mano para girar el bote de nuevo.
– ¿Qué pasa? ¿Te molesta que juegue con esto?– le preguntó por
si podía fastidiarlo al seguir haciéndolo. – ¿Y tú qué vas a ponerte?
¿Me lo piensas decir de una vez?
– No... pero tampoco será mucho... – se rió, ahora
tocándole los labios, jugando y girándose para seguir caminando.
– ¿Para qué lo quieres saber de todas maneras? Así no es tan divertido...
– Me llega con ser el primero en verte…– murmuró
con voz de estar diciendo algo desagradable en lugar de aquello.
–De todos modos, yo veo tus nalgas de nata todas las mañanas cuando
te cambias… No vas a sorprenderme…
– Pues no será con mis nalgas entonces, que por
cierto... – se detuvo, para susurrarle al oído. – ...”sé que te
gustan” – Se alejó, riendo con toda la intención.
El pelirrojo se acercó, tirándole de la trabilla
del pantalón y acercándolo de golpe hacia él, apretándoselas y
pegándole una nalgada. –Ten cuidado, no te las pince de improvisto…
cuando me levanto por las mañanas y tú estás dormido con el culo
en pompa como si fueras un gato en celo…
Hideyoshi se rió de nuevo, mirándolo. – Y a eso
lo llamaría yo despertar de buenas maneras...
– Seguro… un día te despertarás sorprendido… – se
rió entre dientes, jugando con el colgante en su cuello y mirándolo
también. Estirando un poco la mano para sujetarle la nuca y atraerlo,
apretándosela simplemente antes de soltarlo. –Kai me dijo que
él no iba a ponerse nada creepy… que no le sienta… – cambió de
tema.
El rubio lo miró confundido, y un poco desanimado,
quizás. Era como si no se atreviera a besarlo nunca. Se preguntaba
por qué. – No, no le va... Y siempre está sonriendo de esa manera...
– angelical…– completó el pelirrojo, pensando que
Kai, bueno, realmente era imposible llevarse mal con él. – Irá
por ahí desentonando…– se rió, mirándolo de soslayo y notando
su gesto, sin hacer ningún comentario al respecto. Abrió la puerta
del edificio. –Vamos… churry…
– Dime curry que soy picante... – bromeó, negando
con la cabeza. – Pero es gracias a Kai que Tatsuya-san se va a
disfrazar, ¿no? Eso hará valer por el desentone.
– Cierto… Va a ser bizarro, sólo una vez lo he visto
con otra ropa que no sea el uniforme… Una vez, comprando en el
súper mercado con unos jeans y camiseta… Fue tan sorprendente
que no me atreví a saludar, parecía un chavalín…
Hideyoshi se rió, imaginándolo. – Bueno... lo cierto
es que se ve imponente con el uniforme, pero... tiene cara de
niño, ¿no? Tengo ganas de molestar a Kai...
–Y porque pone cara de cabreo… pero en el súper
estaba bostezando como todos los humanos… y despeinado además…
– se rió meneando un poco la cabeza y entrando en el piso. –La
verdad, desde ese día no pude evitar verlo de distinto modo…
– Es lo que pasa cuando ves a la gente de cerca.
Todos somos humanos al final... – suspiró, pensando que era el
jefe más relajado que hubiera visto, con todo y la cara de cabreo.
– Sí… pero a mí me la puso dura… – se rió, dejando
el bote de cera encima de la mesilla. Mirando la hora en el reloj.
–Voy a vestirme ya… si no va a hacerse tarde con tus despistes…
voy al baño… así me ducho antes…
– Vale... pero no pienses en Tatsuya-san... – le
advirtió, ligeramente celoso por ese comentario. Claro, que sabía
que allí no había nada, pero prefería prevenir.
El pelirrojo se rió, entrando en el baño y abriendo
la villa mientras se desnudaba, jadeando desde dentro. –Ah… ¡Tatsuya-san…!
– se rió de nuevo. En realidad pensando en el rubio y esperando
que no se pusiese nada que lo hiciera estar nervioso y pendiente
de que no le fueran a meter mano.
Hideyoshi suspiró fuera de la puerta, asomándose
igual para verlo y sonriendo. – Se lo voy a decir al jefe...
Kenzo abrió la cortina para salir desnudo y se aproximó
a la puerta, inclinándose un poco para mirarlo a los ojos. Soplándole
el agua que resbalaba por sus labios y sujetándole los labios.
–Vístete…
– Tú no eres mi jefe... – protestó, hablando como
podía, y sonriendo cuando lo soltó. – Ya voy, ya voy...
– Largo…– cerró la puerta con pestillo, secándose
y cubriéndose la piel con polvos de nácar rojos. Se subió los
pantalones de cuero rojo por las piernas y se puso las botas,
pensando que iba a llamar un tanto la atención por la calle pero…
eso le divertía. Se pasó las manos por el cabello después de untarse
cera y se lo echó hacia atrás, llenándoselo de nácar rojo también,
poniéndose unos cuernos, reído. Nunca había hecho algo así de
chico.
Mientras tanto, Hide terminaba de colocarse el corto
kimono, aún riéndose un poco por la actitud de Kenzo y porque
una vez más, había conseguido verlo, por supuesto. Se colocó la
cola, que salía por un agujero de la ropa, preguntándose cómo
demonios se iba a sentar. Tendría que estar toda la noche de lado,
pero al menos la ropa interior no era tradicional.
Kenzo salió del baño, ajustándose el cinturón en
las caderas y mirándolo mientras se colocaba los calcetines. –Se
te ve el culo – protestó con cara de pasar de todo, estirando
un dedo y tocándole entre medias. Estaba demasiado bueno así…
no quería ni dejarlo salir de casa, menos ir a trabajar.
– Serás feliz entonces... – le sonrió, prendiéndose
las orejas del cabello, y observándolo. – Y el tuyo se ve muy
bien, por cierto...
– ¿No crees que vas muy insinuante? Vas a dar lugar
a malos entendidos… Te falta como esto de tela…– separó las manos
unos 15 centímetros. No podía ni mirarle las piernas mucho rato.
Alzó la vista a sus ojos, revolviéndole el cabello para darle
un aspecto más “animal”.
– Pero tú me estás ayudando, ¿no? Además, no creas
que te ves muy inocente... – sonrió, acomodándole un poco la ropa,
aunque más parecía que quisiera tocarlo. – Aún no me conoces muy
bien, ¿verdad?
– Tengo tiempo…– el pelirrojo observó cómo le colocaba
el cinturón en la trabilla del pantalón y lo tiró en la cama,
sujetándole las muñecas y besándolo profundamente, subido a cuatro
patas sobre él. Empujando la lengua profundamente en su boca.
Hideyoshi le devolvió el beso de la misma manera,
succionando su lengua, con los ojos entreabiertos para mirarlo.
Había estado deseando aquello por bastante tiempo ya.
Kenzo le tiró de los bordes del kimono, observando
su pecho y mordiéndole los pezones, succionándolos con fuerza,
como si supieran a gloria, la saliva resbalando de sus labios
mientras se separaba para ver su rostro, retrocediendo en el colchón
para agacharse en el suelo, abriéndole las piernas y rozando la
cara contra sus genitales. Lamió sus ingles, jadeando excitado,
rojo por la pasión.
– Kenzo... – el rubio jadeó, deteniendo sus manos
a tiempo para no arruinarle lo que se había puesto en el cabello.
Se sentía terriblemente afiebrado, era como si su cuerpo reaccionase
instantáneamente. – Te quiero, Kenzo...
El pelirrojo le tiró de la ropa interior, sacándosela
y sujetándole las piernas por debajo de las rodillas. Las alzó,
lamiendo su sexo, levantándolo un poco del colchón con los brazos
y succionando aquel miembro duro y pálido. Mordiéndolo, lamiéndolo
de nuevo, respirando contra él y apretando más las manos en sus
muslos. –No tenemos tiempo para esto… – jadeó, lamiéndole los
testículos de todos modos, tan fuerte que se los apretaba contra
la pelvis.
– Entonces... tendrá que ser rápido... – sonrió,
jadeando y alzándose un poco sobre sus codos, para mirarlo. –
No puedo... salir así... – se tocó su sexo, moviéndolo frente
al pelirrojo, excitado.
Kenzo lo miró a los ojos. Ahí sí tenía razón, malditas
las ganas que pudiera tener de que saliese excitado con ese aspecto
y para estar con otros hombres coqueteando. Se levantó, abriéndose
el pantalón y arrodillándose en la cama sobre él, apoyando dos
dedos en su glande para bajarlo hasta la boca del rubio, el líquido
transparente que resbalaba de este mojando su lengua mientras
el pelirrojo jugaba entre sus labios, observándolo excitado.
Hideyoshi lamió su sexo, succionando la punta primero
y luego dejándolo entrar aún más, entrecerrando los ojos. Le encantaba
su sabor. Alzó las manos sujetándole la cadera y haciéndolo moverse
un poco.
El pelirrojo se pasó la mano por el pecho y el abdomen,
apoyándola después sobre una de las de Hideyoshi mientras se dejaba
caer hacia delante para penetrar en su boca, follándosela, sujetándole
las mejillas con las manos, ansioso, mientras apoyaba la cara
en las sábanas, mordiéndolas y gruñendo un poco contra ellas Ni
siquiera estaba pensando, el rubio lo succionaba con todas sus
fuerzas, más excitado por la reacción de Kenzo, lamiéndolo con
desesperación, saboreando el líquido que goteaba del sexo.
– … no… espera… – se apartó de él apoyando su sexo
empapado contra su mejilla, rozándose y estremeciéndose un poco.
Tiró de debajo de sus axilas para subirlo por la cama, sujetándole
la cintura con fuerza, mirándolo a los ojos mientras lo penetraba
lentamente. Salió de él con suavidad y lo penetró de golpe, entreabriendo
los labios sin dejar de mirarlo fijamente, moviéndolo contra él
sin cesar, sintiendo cómo su sexo chocaba dentro de su cuerpo.
Observó los ojos aguados del chico y su cabello rubio revuelto
entre las sábanas.
– Kenzoh... – jadeó el chico, mirándolo de aquella
manera, su vista nublada gracias al deseo, a la excitación que
sentía, su espalda arqueándose para ayudarse a sentir el sexo
del pelirrojo en su interior, apretándolo con sus nalgas, su propio
sexo erguido, pulsando con urgencia.
El pelirrojo lo miró a los ojos, apoyando la frente
contra la suya. Los cerró al sentir sus manos cálidas, sus brazos
rodeándole el cuello. Se dejó caer sobre él, acostándose y levantándole
una pierna, rozándose contra su cuerpo, penetrándolo de forma
más intensa. Le sujetó una mano con fuerza, bajándola a sus nalgas
y apretándola allí, recorriendo su brazo de vuelta hasta su hombro,
bajándola por su espalda, arrastrando los dedos por ella.
– Te amo... Kenzoh... – gimió el chico, apretándolo
contra sí con un brazo, su otra mano acariciando la nalga del
pelirrojo y ayudándolo a moverse dentro de su cuerpo, estremeciéndose.
– Me voy... a correr... – jadeó, respirando contra sus labios.
– Noh…– sujetó su sexo, apretándolo con la mano,
moviéndose mas fuerte dentro de él, abriéndole la ropa a las prisas
para que no se manchara. Salió de él, jugando con los sexos de
ambos, apoyándole la mano en la frente y apartándole el cabello
húmedo, besándolo. – ¡Ag!... ah… Hide… – apretó las mandíbulas,
corriéndose junto al rubio y dejándose caer más sobre él mientras
lo hacían, devorando sus labios. El chico gemía dentro de su boca,
deslizando su mano para acariciarle la mejilla, todo su cuerpo
dejándose llevar por la intensidad de esos momentos.
– Hide… – el pelirrojo le revolvió el cabello de
nuevo, tocando una de las orejitas de zorro, soltando sus sexos
y limpiándose en las sábanas. Lo abrazó con fuerza y lo besó otra
vez, imaginando que besarlo así… después de hacerlo… y seguir
haciéndolo… sin parar… significaba que no tenía escapatoria.
– Realmente te amo, Kenzo... – susurró el chico
al romperse el beso, quedándose abrazado a él, como si no tuvieran
que ir a ningún lado. Quería hacerlo sentir la intensidad con
la que lo amaba, aquella sensación desesperada dentro de sí.
– Lo sé…– el pelirrojo respiró cansado, observando
su rostro y pensando que era el chico más hermoso que hubiera
visto jamás. Lo mucho que deseaba hacerlo feliz, cuidar de él
y que él lo protegiese… de todo… de sí mismo incluso… Pero no
podía decirlo… esas palabras… – Sólo… un poco más…
– Un poco... ¿más? – sonrió, tan sólo ligeramente
desanimado, pero preguntándose qué querría decir exactamente con
eso. – Tatsuya-san... se enojará...
– Bueno… pues… le diré por qué nos retrasamos y
se pondrá tan penoso que sólo nos dirá algo como “bueno… iros
ya… a… trabajar…” y nos largará…– sonrió. Levantándose de la cama
y pasándole la camiseta que usaba para dormir para que se limpiase,
pensando que se habían dejado la ropa desastrada.
– Mientras no se te ponga dura de nuevo, pensando
en él... – lo molestó, limpiándose y pensando que mejor buscaba
ropa interior limpia antes de salir.

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