Capítulo 65
Que Sepa lo que Perdió
Takara revisó su móvil una vez más, suspirando.
En dos semanas, casi no había visto a Kenzo, y las pocas veces
que sí lo había visto, no había logrado pasar de los cinco minutos
con él. Empezaba a preguntarse si no estaría perdiendo el interés.
Claro, él era un chiquillo, y obsesivo además... Seguro se estaba
cansando... Se puso de pie, revisándose el cabello en el espejo
y alborotándoselo más, antes de salir. Mejor era dar una vuelta,
no tenía idea de qué hacer. Por una parte, quería ver a Kenzo,
por otra, se preguntaba si no lo estaba agobiando. Pero si le
daba más espacio aún... sería como si no fueran novios siquiera.
Hayabusa abrió la puerta de la casa y se encontró
con su hijo de frente, bajándose un poco las gafas de sol. – ¿Sales?–
preguntó, había tenido que atender a un cliente a pesar de tener
el día libre.
– Iba a dar una vuelta... Regresaste pronto. – sonrió
un poco al ver a su padre. No había vuelto a tener otra cita personal
luego de lo de Toru. Claro, era de esperarse.
– Sí, sólo era para… – se quedó mirándolo a los
ojos y sonrió. – Acompañarlo a comprar algo – acabó desviando
el tema. Entrando y llevándolo con él. – ¿Sales solo?
Takara asintió, devolviéndole la mirada, y metiéndose
las manos en los bolsillos, algo cohibido de pronto. – ¿Quieres
venir conmigo? O ¿estás muy cansado?
– Sí, deja que me cambie – Entró en su cuarto y
se quitó la camisa, suspirando cansado y cogiendo una camiseta
abierta hasta el abdomen, últimamente no se vestía como normalmente,
le había dado otra crisis después de lo de Toru.
Takara se recostó contra la pared al lado de la
puerta, esperando, pensativo. Ninguno de los dos se veía muy bien.
Podía notarlo, el cambio en su padre, por más que tratase de ocultarlo.
Suspiró, dirigiéndose a su habitación. – ¿Estás seguro? Porque
si estás cansado... podemos... Puedo quedarme aquí un rato.
–No… – sonrió levemente, despeinándose de nuevo
y tratando de no preocuparlo. Sujetándolo por los hombros y llevándolo
con él afuera. –No estoy cansado físicamente…
– Deberías dejas de pensar en eso... – le aconsejó
su hijo, aunque no fuera muy bueno en esas cosas. – ¿Quieres un
helado?
– Bueno… ¿Por qué no?– sonrió pensando en Hideyoshi
sin poder evitarlo, el chico ya era un host bastante bueno. En
realidad, ocupaba el puesto de Kai ahora, quien se dedicaba tan
sólo a la barra del bar y a ayudar a los nuevos. Bajó en el ascensor
con Takara y le acarició el hombro con suavidad, poniéndose las
gafas de sol de nuevo. –No te veo muy contento últimamente…
– Estoy bien... es sólo que... no he visto mucho
a mi novio... – lo miró de pronto, preocupado, inseguro de preguntarle
aquello. – ¿Tú crees que soy obsesivo?
– ¿Por qué?– preguntó extrañado por aquella cuestión
–¿Te lo ha dicho él, eso?
– ¡No! – exclamó, aunque sí se lo había dado a entender.
No de mala manera, claro, Kenzo no haría algo así, pero... – No,
es que ya sé que está ocupado, y que no ha pasado tanto tiempo,
pero siempre quiero verlo.
– Es normal, si lo quieres, deseas estar con él,
el mayor tiempo posible… ¿seguro que eres feliz con ese chico
Takara?... A veces… nos equivocamos… y no se acaba el mundo… La
vida sigue…
– ¿Cómo la tuya? Lo... lo siento, es que no has
vuelto a salir... – se disculpó, desviando la mirada y enrojeciendo
un poco. No quería hacerlo sentir mal. – No, yo creo que tienes
razón, pero... sí soy feliz cuando estoy con él. Lo quiero, me
hace sentir especial...
Hayabusa se quedó callado, no esperaba eso de Takara.
No le hubiera dolido, así hubiera venido del mismo Jesucristo…
pero de su hijo no se esperaba semejante puñalada. – Tú tienes
18 años– sentenció.
– ¿Eso qué quiere decir? – lo miró, preguntándose
si no le estaría diciendo que se encargara de sí mismo.
– Que tienes mucho tiempo para conocer a alguien
aún… aunque lo quieras más que a nadie… Todavía vas a conocer
a mil chicos más, serán mejores que él… algunos, otros peores…
pero tienes toda una vida por delante… para conocer a alguien
especial…
– Pero yo lo amo a él. – le sonrió, con algo de
tristeza. – Y además... yo no soy como tú. Los chicos no se fijan
en mí, o creen que soy extraño... Pero él no...
Hayabusa se rió, aunque no de felicidad precisamente,
y le apoyó la mano en la cabeza. – No te interesan los chicos
que se fijan en ti por tu físico… esos chicos no valen la pena…
– le sujetó los hombros de nuevo, acariciándole un poco la mejilla.
– Alguien creerá que en lugar de ser extraño eres especial… y
pensará como tú… Deseará estar todo el tiempo contigo…
Takara sonrió un poco, aún sin mirarlo, por la vergüenza.
– Pero tú eres mi padre, tienes que decir eso... Igual, yo no
me quiero rendir con él, aún... Creo que puedo comprenderlo.
– No te he dicho que te rindas, sólo que no te desesperes
si no sale bien después de todo…– cogió un cigarro del bolsillo
del pantalón, encendiéndolo y mirando arriba antes de sacárselo
de los labios para expulsar el humo. – Te lo digo como hombre,
no como padre…
El chico alzó la mirada por fin, observándolo. Lo
veía distinto ahora. Aunque seguramente eran tonterías suyas por
lo que acababa de decirle. – Papá... ¿vas a intentarlo de nuevo?
Salir con alguien más...
El moreno negó con la cabeza. Llevándose el cigarro
a los labios de nuevo. –De hecho… he estado diciendo que seguimos
juntos hasta la semana pasada… a todo el que me preguntase… Ahora…
simplemente contesto con evasivas… Se acabó…
– ¿Se acabó? No puedes rendirte tampoco. Eres joven,
¿sabes? La mayoría de la gente no puede creer que seas mi padre...
– lo miró, sonriendo un poco, para darle ánimos. – Toru no es
el único chico sobre la tierra...
– No… eso ya lo sé… pero sinceramente, en el círculo
que me muevo…sé que no voy a conocer a nadie diferente… A nadie
le interesa Shingo…– el cigarro colgó de sus labios mientras dejaba
salir el humo, observando a una chica que lo estaba mirando, sentada
en la mesa de una cafetería.
– ¡Shingo!– lo llamó, levantándose un poco, alzando
la mano temerosa. –Takara…
– Esk… – el moreno se bajó las gafas de sol un poco.
No se había dado cuenta de que era ella, se había cortado el cabello…
– ¿Quieres ir, Takara? A hablar con tu madre… me quedaré contigo…
El chico bajó la cabeza, suspirando, tenso. – Supongo
que debería... ¿seguro vienes conmigo?
– Seguro… vas a ver a tu padre trabajar ahora…–
le guiño un ojo, serio. Sonriendo después y aproximándose, sonriendo
y sujetándole un brazo para besarle la mejilla. Sentándose en
la mesa de la cafetería. – Qué cambiada estás… Te ves mejor que
nunca…
La mujer sonrió, sintiéndose halagada y sorprendida
de su amabilidad, también lo veía cambiado, tal vez le iba bien
o algo así. – Gracias… Takara…– lo miró sentándose de nuevo. –
¿Cómo te va? ¿Sigues enfadado?
El chico negó con la cabeza, sonriendo un poco,
aunque más bien era por la forma de comportarse de su padre. –
Siento... haber sido tan duro en esa ocasión...
– No… no te preocupes… – la mujer negó con una mano
sonriendo. – Me alegra que os hayáis acercado… después de todo…
Hayabusa le ordenó al camarero que le trajesen algo
para él y para su hijo. Rodeándole los hombros después al chico.
– ¿Sabes? Mi chico tiene novio… – se colgó las gafas de sol de
la camiseta.
– ¿Novio?– preguntó la mujer un poco sorprendida,
pensando que seguro era influencia de su padre.
– Sí... No... Novio... – se rió, nervioso, preguntándose
para qué le mencionaba eso su padre. – Soy gay...
– Ah…– la chica sonrió, amablemente, aunque no
era algo que le hiciese mucha ilusión claro. – ¿Y tú, Shingo,
estas con aquel chico de la fiesta?– preguntó refiriéndose a Hideyoshi.
Cogiendo un cigarro del bolso, Hayabusa acercándose un poco y
prendiéndoselo. La miró a los ojos, haciéndola enrojecer profundamente.
Se echó atrás en la silla de nuevo. Antes de contestar.
– No… en realidad salgo con otro chico, uno como
tú…– sonrió, deslizándose un dedo por el labio.
Takara lo miró de soslayo, imaginando por qué su
padre mentía. – Mi papá es muy popular, pero claro... él es siempre
quien elige... – suspiró, deseando estarlo ayudando.
– Sí… él siempre ha sido popular…– sonrió, un ligero
destello de celos pasando por su mirada. – Llevas el cabello como
a mí me gusta... ba…– se corrigió en el último momento, pasándole
la mano por el flequillo y tocándole la cara. – No deberías estar
fumando…– le sacó el cigarro de los labios, apagándoselo en el
cenicero a pesar de que ella seguía con el suyo en la mano.
Hayabusa la miro a los ojos sin decir nada, serio,
afectado… sabía que sólo era nostalgia… – ¿Y tu marido?– preguntó
como siempre que le dañaba lo más mínimo.
– Murió…– sonrió levemente, no con felicidad, aunque
sí con algo de alivio.
– Te diría que lo siento… – Hayabusa sonrió levemente.
– Déjalo… no tiene caso…
Takara, se movió en su asiento incómodo. Aquello
era tenso, incluso veía a su padre nervioso. – Bueno... tal vez
debamos irnos, porque yo iba a hacer algo con mi padre... – comentó,
sin siquiera pensar en si se veía insensible o no. Era algo que
no solía pasarle por la mente, hasta después.
– Sí… es cierto… debemos irnos…– Hayabusa se levantó,
sujetándole la mandíbula a Esk y alzándosela, besándole los labios
y poniéndose las gafas de nuevo. Volteándose con su hijo y llevándoselo.
Lejos de ella.
– ¿Estás bien? – le preguntó el chico, nervioso,
mirando hacia atrás fugazmente. Suponía que no era justo, pero
lo ponía tenso su madre.
– Sí, claro… – sonrió y le tocó el cabello. – Que
sepa lo que perdió….

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