Capítulo 64
Back Then, Right Now
Tatsuya suspiró, poniéndose su chaqueta y cerrándosela
casi hasta arriba, a pesar de que no hacía frío. Le daba igual.
No sabía ni cómo estaba trabajando, sólo seguía la rutina, tratando
de no pensar. Pero el lugar... estaba muy silencioso sin Kai,
a pesar del ruido constante. La noche anterior, incluso se había
ido a sentar a un bar, por no regresar a su piso vacío.
Kai se quedó parado en un portal, escondiéndose.
¿Para qué se escondía? ¿Acaso no había ido allí a hablar con él?
No… No podía, tenía miedo de que lo mirase de nuevo de ese modo…
Bajó la vista, sentándose en el borde del escalón y mirándolo,
esperando tembloroso, deseando saber si pasaría de largo o no.
Tatsuya efectivamente pasó de largo, pero no fue
porque no lo notase. En realidad, no notaba nada a su alrededor.
Sin embargo, la imagen captada por el rabillo de su ojo, fue suficiente
para que retrocediera, deteniéndose frente a él. – Kai...
– Tatsuya…– el rubio que había bajado la mirada
se limpió la cara para que no lo viera llorar. – ¿Aún me odias?...
– No te odio, Kai... – el moreno se arrodilló frente
a él, tratando de verle la cara, aunque le rehuía. – Creí que
no te importaba...
El rubio bajó la cara de nuevo. – Sé que fui un
imbécil y que los novios no hacen esas cosas… Yo… No sé en qué
estaba pensando… He intentado estar sin ti… pero no puedo… y aunque
sepa que no te merezco…
– Shhh... Kai... – le sujetó las manos, entristecido.
Nunca lo había visto así antes, estaba llorando incluso. – No
es eso, es que... no sé cómo pudiste... Para mí... No soporto
que hayas tocado a otro hombre de esa manera, no ahora. Fue como
si me dijeras que no me querías.
– Pero no es así para mí…– el rubio le miró las
manos, sujetándole los brazos, preguntándose si podía perdonarlo
en serio y subiéndose un poco sobre él, haciéndolo caerse de culo
en la acera. Sujetándose a él sin moverse de encima. Llorando
y mordiéndose el labio sin hacer sonido alguno, tratando de acallarse.
–No lo haré más… no quiero estar sin ti… Me voy a morir si no
estás conmigo…
– Baka... – le riñó, abrazándolo y sonriendo un
poco, a su pesar. No podía evitarlo. Kai a veces era como un niño.
Pero eso era parte de lo que lo había atraído desde un principio.
– Yo tampoco quiero estar sin ti. Estos días han sido un infierno...
Pero tienes que cambiar... No me importa si para ti no es nada,
para mí lo es... Y no quiero que sigas así.
– No lo haré más… – repitió más sereno, como si
escucharlo hablarle en ese tono de nuevo lo calmase por completo.
Apretándose contra su cuello, refugiándose. Se sacó una llave
del bolsillo y se la puso en la mano, cerrándosela. – “Nuestra
casa… la que más te gustaba…”– no lo miró, por si se enfadaba
de nuevo.
– Kai... no tenías que hacer eso... – protestó,
suspirando, aunque contento, por supuesto. Aún así... – ¿Qué tal
si no te hubiera perdonado, baka? Se supone que la íbamos a pagar
juntos.
–Ya… – susurró apenas, mirándolo a los ojos luego.
– Pero era para ti… pero después pensé que seguro decías que te
la regalaba para que me perdonases… y te enfadabas más aún…
– Eres inteligente... – asintió, pues eso mismo
le habría dicho, que no podía comprar esas cosas con dinero. –
Levántate... no es cómoda la calle. Y me encanta... nuestra casa,
¿vale? – le sonrió, porque lo veía tenso aún. Dios, luego de todo
lo sufrido, perdonarlo era tan fácil...
– Tatsuya…– se levantó y le ayudó con las manos,
percatándose de que lo había tumbado y sacudiéndole las nalgas
con la mano para quitarle el polvo. Le daban ganas de reírse,
pero tenía miedo de reírse y que creyera que no lo tomaba en serio.
– Ya déjame las nalgas... – le riñó el moreno, girándose
y sacudiéndoselas él mismo. – A saber si has estado comiendo lo
que debes y tomando tus píldoras... Y no has venido a trabajar...
¿dónde andabas?
– No sé… por aquí y por allá… – se movió un poco
incómodo, sujetándole una mano con las suyas y haciendo que le
amarrase un brazo. No quería decirle que se había ido de nuevo
a hacer la esquina. –No me las pude tomar… cada vez que quería,
me ponía a llorar… e igual no comí nada…
– Pues ahora vas a comer. Vienes a mi piso y te
hago algo. Tienes las píldoras contigo, ¿verdad? – lo miró, con
algo de sospecha por la cara que traía. – Ya... no volverás a
hacerlo, ¿verdad, Kai?
El rubio negó con la cabeza y lo miró a los ojos.
– Porque si sé que te duele tanto… nunca lo habría hecho… – le
sujetó la mano, entrelazando los dedos con los suyos. – No voy
a trabajar más de host… me quedaré en la barra contigo… donde
no puedan presionarme… – se rió un poco, pensando en lo que les
diría Tatsuya.
– Presionarte... Deberías saber negarte a estas
alturas... – protestó, sin entender cómo es que no comprendía.
– ¿No sientes lo mismo, Kai? Yo no quiero que más nadie me toque,
ni tocar a nadie que no seas tú...
– No quiero que nadie te toque… Seguro… le habría
pegado…– sintió que se le encogía el pecho con tan sólo escuchar
la posibilidad de que Tatsuya simplemente besase a otro o lo tratase
como a él. –No me estaba gustando hacerlo con él… pero para mí
eso es normal… – se disculpó en cierto modo.
– Pero no tiene que serlo. Esos días... Ni siquiera
tenías que hacerlo ahora. ¿Por qué crees que abrí un club de hosts?
La verdadera razón... – se detuvo, sujetándolo por los hombros
para mirarlo al rostro. – ¿Puedes imaginar lo que sentí?
Kai apartó la mirada, no por despecho, si no porque
no podía mirarlo después de lo que había hecho. –Lo siento…– lo
miró apenas un momento y bajó la vista. – ¿Por qué lo abriste?
– Por ti... para sacarte de eso... Porque pensé
que al menos de host... no tendrías que... – enrojeció, desviando
la mirada también, ya que nunca había planeado confesarle aquello.
– También lo hice porque me gusta esto claro, pero...
El rubio lo abrazó con fuerza, sonriendo, quisiera
que no, y aún más por verlo enrojecer así, no podía evitarlo.
–Tatsu… lo siento…– cerró los ojos contra él, serio de nuevo,
deseando no volver a fallarle nunca más. –Te juro que nunca más
te haré llorar…
– La próxima vez... – sonrió abrazado a él. –...
que te portes mal... te voy a dar una colleja. Te amo, Kai.
– Yo a ti… y ya… no me voy a portal mal más… – se
rió, pensando que parecía un cachorro ya con tanto reñirle de
ese modo. – Tatsu… vamos a la casa… cogemos un futón… y pasamos
la noche allí… aunque no haya nada…
– Bien... pero pasemos a buscar algo de comer primero
y tus píldoras... – le recordó, como diciendo que no pensaba olvidarse,
alborotándole el cabello luego. – Y algo dulce que puedas comer...
– Te tengo a ti… – lo abrazó, sonriendo y pegándose
a él. – Te eché mucho de menos… – le besó una mejilla y susurró
a su oído. – ¿Aún guardas el uniforme del Leisure?...
– Claro que sí... fue un momento importante en mi
vida... – alzó una ceja imaginándose lo que planeaba. – ¿Para
qué quieres saber?
– Hum… – se rió y lo apretujó más. – Quiero verte
con eso… cómo te marcaba el culito y los pectorales… Esa mujer
era una pervertida…
– Y tú no... – suspiró, rindiéndose. – Por cierto...
Kaiba te envía saludos...
– Tengo ganas de verlo… para meterme con él… y demostrarle
de cerca que su hermano sí es gay… – se rió y le sujetó la mano
con fuerza, apretándosela un poco, pensando que por poco lo había
perdido y en la suerte que tenía de que lo hubiese perdonado.
Se la apoyó contra el pecho y lo miró de soslayo, besándosela.
– ¿Me quieres?
– Con toda mi alma... – le respondió, sintiéndose
un poco cursi, pero era la verdad.
Kai sonrió y se paró en la calle, abrazándolo y
sujetándole el rostro para besarlo. Abrazándolo mejor y dejándose
llevar un poco por lo mucho que había deseado estar con él de
nuevo. Nadie lo comprendería, todo lo que habían pasado para estar
juntos… todo el tiempo que había pasado sin que pudieran hacer
otra cosa que mirarse de lejos…
– No me mires así... – sonrió el moreno, algo enrojecido
cuando se rompió el beso. Lo amaba, no podía ni enfadarse con
él por mucho tiempo. – Andando, que no me puedo tomar días libres
a cada rato...
– ¿Qué?... No te miro de ninguna forma… – se rió
por lo responsable que era, sujetándole la mano después y caminando
a su lado. – ¿Así que no te vas a poner el uniforme esta noche?...
jo…
– Yo no dije que no lo haría... – murmuró, aún rojo,
pero sonriendo un poco sin mirarlo, apretando su mano.
Kai se rió, mirándolo y mordiéndose un poco el labio
inferior para no sonreír tan abiertamente como lo deseaba. –Vale…
podemos quedarnos a dormir en tu casa esta noche…– se rió, porque
lo que quería era que se pusiese el uniforme y estaba allí. –
¿Cuándo nos mudamos?
– ¿Qué te parece... pasado mañana? Mañana no...
Vamos a estar cansados.
–Vale… ¿pero vamos a tomar el día libre para eso?
Nos va a llevar tiempo… – sonrió, mirándolo y esperando a que
abriera para subir a su piso. Tenía ganas de acostarse en su cama
de nuevo… volver a estar entre sus sábanas y abrazar su cuerpo
toda la noche… Ya no iba a poder vivir sin eso…
– A ver... Sí, el miércoles era tu día libre de
todas maneras... –sonrió complacido. Ahora sólo esperaba que los
demás no le hicieran lo que Hideyoshi. No, todos habían tomado
su día libre esa semana, así que no tenían quejas. – Igual debería
hacerte trabajar, faltaste mucho... pero les diré que estabas
enfermo. No me lo van a creer... – continuó refunfuñando.
– No seas baka… Tú eres el jefe, les dices que no
me pagaras esos días y que fue porque me voy a poner a trabajar
de camarero… Ya está… – entró en la casa del moreno y se fue hasta
el dormitorio. Tirándose en la cama y sonriendo al sentir el olor
de las sábanas de Tatsuya.
– Todos saben que tuvimos una pelea... – murmuró,
pensando que era un irresponsable como siempre, quitándose la
chaqueta antes de seguirlo. – ¿No tienes hambre?
– No… lo que quiero es que te cambies… – sonrió,
mirándolo y fijándose en su cuerpo. – ¿Tienes hambre tú?
– Voy a cambiarme... – suspiró, pensando que no
tenía remedio. Ya lo haría comer luego. Sacó una bolsa de lavandería
de su armario, sacando el uniforme de ella y dirigiéndose al baño.
El rubio se rió. Sentándose en la cama y desabrochándose
la camisa, esperando por él. Finalmente desnudándose, pensando
que seguro que se ponía nervioso de verlo tan dispuesto. Pero
no podía pensar en algo que no fuera estar dentro de él. Se pasó
la mano por la cara, completamente seria. Había tenido tanto miedo.
– ¿Listo? – preguntó abriendo la puerta y sonrojándose
al verlo así. – ¡Kai! ¿No podías esperar?
–¿Para qué?... – se rió, levantándose al verlo así
vestido con aquel uniforme negro, enseriándose y recordando cuánto
habían cruzado sus miradas en el Leisure, cuando apenas podía
hacer más que saludarlo y meterse con él para poder hablarle.
Le sujetó la nuca, subiendo la mano por su cabello y alborotándoselo
mientras lo besaba, sujetando sus manos para apoyarlas en su cuerpo
desnudo. – Si estaba deseando que me tocases…– susurró, bajando
las manos a sus nalgas apretadas en la tela negra. – Tatsu…
–Kai... – el moreno apretó un poco las manos, sintiendo
su piel, y besándolo él ahora. Todo ese tiempo... viéndolo ir
con otros hombres, tan cercano y tan alejado a la vez. Lo miró
a los ojos. Lanzándose un poco sobre él. – Ahora eres sólo mío...
– Sólo tuyo… – sonrió por cómo lo había hecho caerse
en la cama y le sacó la camiseta, apretando las manos en su espalda,
dibujando cada músculo con sus manos. Olió su cuello, alzando
un poco su cuerpo para lamer su pecho, su mano acariciando el
sexo del chico sobre la tela, el propio ya erguido contra él.
–Tatsu… – le sujetó las nalgas con la otra mano pensando que era
el hombre más sexy del planeta.
– Kai... – repitió el chico, jadeando un poco, excitado.
Lo cierto es que el ponerse aquel viejo uniforme le hacía sentir
como si no hubiera pasado el tiempo. Bajó su mano al sexo del
rubio, masajeándolo, mirándolo a los ojos, con aquel rubor en
sus mejillas aún.
– Ojalá me hubiera atrevido a decirte lo que… sentía
entonces – jadeó al sentir su mano, observando el color de sus
ojos. –Ppero yo creía que te gustaba… nuestra estrella… y ahora…
Hayabusa… – se estremeció, su mano abriendo el pantalón del chico,
metiéndose bajo este aún sin quitárselo. Le gustaba verlo con
él. Le apretó las nalgas aún si así era más incómodo para ambos.
Deslizando un dedo dentro de él con suavidad. – Tatsu…
– Baka... sólo me has gustado tú... – sonrió, jadeando,
y masajeando con más ahínco su sexo al sentir cómo lo penetraba
con el dedo. – Desde entonces... hasta ahora... Sólo tú...
– Menos mal… porque si no… me iba a poner celoso
de alguien que apenas recuerdo…– se rió jadeante, deslizando otro
dedo dentro de su cuerpo y pensando que le iba a arruinar la ropa.
–Cuantas veces había imaginado esto… – se giró en la cama y lo
volteó, sujetándole las manos y apoyándoselas en el cabecero de
la cama. Bajándole los pantalones hasta los muslos y lamiendo
dentro de su cuerpo con devoción. – Hacerte mío por completo…
detrás de esa barra de bar…
– Nnh... Kai... No... bakah... – jadeó, enrojeciendo
al pensar en aquello. Si lo hubiera sabido en aquel entonces,
no se hubiera atrevido a moverse siquiera. – Te amo... – se sentía
afiebrado, sus manos sujetándose al borde de la cabecera, su cuerpo,
moviéndose contra las lamidas del rubio.
El rubio enrojeció al escucharlo jadear así y se
tiró en la cama, lamiendo sus testículos y su sexo, succionándolo,
cerrándole las piernas para sentirlas contra su rostro, tan suaves
y tan firmes… Le lamió las ingles, besando sus abdominales suavemente
marcadas y volviendo tras él. –¿No?... cierra los ojos… y dime
que no ves el Leisure… la luz rojiza…– rozó su sexo contra la
entrada del chico, jugando con el glande en ella, haciendo entrar
sólo la punta una y otra vez. – El calor agobiante… las horas
antes del cierre… cuando te quedabas soloh – se empujó dentro
de él, jadeando la última palabra y penetrándolo con fuerza. –Ah…
estoy dentro de ti…
– ¡Kai..! – gimió, con los ojos cerrados, el cabello
cayendo sobre los mismos. Podía verlo, sentirlo, tal como si estuvieran
allí. Aquel lugar tan familiar, como un refugio. Y ese chico rubio,
siempre sonriendo... Se sentía increíble... – Kai... tócame...
Las manos del rubio subieron firmes por sus muslos,
sujetando sus genitales y apretándolos un poco, moviéndolos dentro
de su mano, acariciándolos antes de arrastrarse por su sexo. Estaba
empapado y pringoso, justo como le agradaba. Deslizó la mano por
él, frotándolo y sintiendo los estremecimientos del moreno en
su sexo, cómo su ano lo apretaba aún más, haciéndolo moverse más
fuerte. Sintió cómo las caderas del moreno se movían a los lados
para ayudarlo. Se apoyó en su hombro con la otra mano, para poder
erguirse un poco y moverse mejor dentro de él, apretándolo con
fuerza, rozándole la cara con un dedo. No se estaba conteniendo
para nada, los gemidos de ambos era lo único que podía escuchar
junto al sonido de la cama crujiendo. – Muévete más, Tatsu… más…
– ¡Ahhh... ah...!– el chico moviéndose con más fuerza,
gimiendo, abriendo los ojos por fin, sintiéndolo como un sueño.
El sexo del rubio grande y cálido dentro de su cuerpo, su propio
sexo completamente erguido y pulsando. – No dejes... de moverte
así...
– ¡Nhg!– Kai alzó la cara, el flequillo rubio pegado
a su frente, respirando agitado y escuchando cómo sus caderas
restallaban contra las nalgas del moreno cada vez que lo embestía.
Los músculos de su brazo tensándose más al igual que el agarre
de su mano en el hombro del chico. – Me voy a correr…– jadeó moviéndose
más fuerte dentro de él, su mano agitando el candente sexo del
moreno, aguantándose desesperadamente, deseando hacerlo llegar
al clímax antes que él. Quería hacerlo disfrutar de aquel orgasmo
como nunca en su vida lo hubiera hecho.
– ¡Kai... Kai...! – gimió el chico, estremeciéndose,
se sentía en el cielo. Luego de todo aquello... – Kai... yo...
– dejó escapar un gemido algo más fuerte, corriéndose, aún jadeando,
casi desesperado, una de sus manos tocando el muslo del rubio,
apretándolo un poco.
– ¡Tatsu!... – Kai se apretó contra él aún más,
sujetando su sexo con fuerza como si lo necesitase para correrse
él mismo, dejándose ir por completo en su cuerpo, sin poder moverse
siquiera por la intensidad del orgasmo, temblando y apretando
los dedos en su hombro.
Jadeó con fuerza, aflojando su mano poco a poco
y dejándose apoyar con la frente sobre la espalda empapada del
moreno. – Te amo… – susurró extenuado.
–Yo te amo también... – sonrió, jadeante también,
sintiendo su contacto como la mejor sensación del mundo. – Finalmente...
logré llevarte a casa... – bromeó, aún medio perdido en su fantasía.
– La cosa es que ahora ya no me sacas... – sonrió,
acostándolo en la cama, tumbándose a su lado, atrayéndolo contra
su pecho y mirando arriba. –Tatsu… tú eres lo único que me importa
en el mundo…
– Kai.. siempre diciendo esas cosas... – negó con
la cabeza, llevándose una de sus manos a los labios para besarla.
– Entonces, preocúpate por mí, y yo me ocuparé de ti...
–Ya lo hago… pero necesito entrenamiento… – se rió
cansado, tocándole una mejilla con los nudillos de la mano que
sostenía el moreno. – Ya… no volveré a meter la pata… Quiero olvidarme
de que eso sucedió…– se giró y lo abrazó por completo contra él.
–Tengo hambre, Tatsu…
Tatsuya se pasó una mano por el cabello, resignado,
poniéndose de pie, aunque estaba cansado. – Ven... te presto un
yukata y te hago algo de comer... baka... – le sonrió, sin poder
evitarlo. Estaba completamente enamorado, jamás había sido tan
feliz.
– Vale– se levantó, sonriendo y pensando que estaba
cansado. Sujetándose a él y abrazándolo por la espalda tras ponerse
el yukata. – Gracias…
– ¿Por qué? No tienes que agradecerme nada. Esto...
es lo que siempre he querido. – negó con la cabeza, sonriendo
algo rojo, pero compuesto.
– Yo sé que sí tengo… – sonrió suavemente, sintiéndose
realmente agradecido porque lo amase tanto. Besándole la mejilla
y llevándolo con él a la cocina. –Mañana vuelvo a tomar mis pastillas…
– Mañana... debí llevarte a tu piso... Y ya no quiero
que vuelvas a beber... – le riñó, como era su costumbre. Lo hacía
por su bien, después de todo. Por el de ambos.
– Vale… igual, lo tengo aborrecido… pero me gusta
la Pepsi…– se rió, sentándose en la mesa. – Quería estar en este
piso…
– Por el uniforme... – lo miró, haciéndole saber
que se había dado cuenta y sacando una Pepsi de la nevera. – Una
no hará daño... ¿verdad? – le preguntó, antes de soltarla, mirándolo
a los ojos.
– Sí, por eso… – se rió y la abrió. – No me voy
a poner gordo… – abrió la lata, bebiendo y mirándolo igualmente
como si no hubiera otra cosa en la cocina. – Ya quiero mudarnos
juntos…

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