Capítulo 63
Killer Kenzo
Takara se pasó las manos por el cabello nervioso.
Al menos era el día libre de su padre, era la única oportunidad
que realmente tenía de verlo así, luego de haber cometido la estupidez
de decirle el nombre de su novio. Aún así estaba nervioso de que
alguien le fuera a chivar. – Kenzo... – lo llamó, colándose entre
los demás clientes y sujetándolo por un brazo. – Kenzo, necesitaba
verte... – sonrió, tan sólo por ver su rostro, lo extrañaba mucho.
– Takara… – el pelirrojo lo llevó a una esquina
velozmente, sólo le faltaba que lo viera Hideyoshi. Luego sonrió,
acariciándole una mejilla. – Baka… ¿Qué haces aquí? Pueden verte…
– Mi padre tiene el día libre y quería estar contigo.
Hace días que no sé de ti... – protestó, sujetándolo por la camisa,
y enrojeciendo. – Y además, hice algo estúpido...
– Venir aquí… – protestó el pelirrojo, mirando a
su alrededor y empujándolo a los baños, encerrándolo en uno de
ellos y trabando la puerta, rogando que Hideyoshi estuviera demasiado
ocupado para echarlo en falta. – ¿Qué has hecho?
– Le dije a mi padre... el nombre de mi novio, no
se me ocurrió como mentirle. Y me tomó por sorpresa... Pero...
le aseguré que no eras tú. ¿Estás enfadado? – lo miró preocupado
porque le gritase.
– Un poco… – meneó la cabeza deseando pegarle una
bofetada en realidad y sentándose en la taza del baño. Seguro
que eso ya le haría pensar en él… Era inevitable.
– Lo siento... pero hay muchos Kenzo en Japón...
aunque eso no suene bien... Le dije que tenías el cabello negro...
– se arrodilló frente a él, aún así, alentado porque no le hubiese
gritado. – No sé... pero algún día vamos a tener que decirle...
– Se lo diremos cuando deje este empleo… – lo miró
a los ojos serio, en realidad estaba poniéndole nervioso ese niño
ya, lo estaba presionando y no soportaba que lo presionasen. –
Es agobiante… hace sólo unos días…
– ¿Sólo unos días? Eso es que no querías verme aún...
– desvió la mirada, preguntándose si de veras lo estaba agobiando.
No quería hacerlo. – Pero es que es un poco difícil... estarme
escondiendo... además...
– Digo que sólo hace unos días que somos novios
y ya me quieres estar presentando a tu padre… y teniendo en cuenta
lo que yo soy… y él… – sonrió levemente, percatándose de que estaba
haciendo mal y sujetándole las manos. –Claro que quería verte…
– lo abrazó con fuerza, besando sus labios con suavidad y subiéndolo
a sus piernas. – ¿Has estado pensando mucho en mí?
– Todo el tiempo... – sonrió, abrazándose a él.
– Te extrañaba, ¿no podemos vernos más? Te estoy... agobiando.
– negó con la cabeza. – Y no lo dije por eso, es mi padre quien
me lo pidió...
– No podemos, ya te lo he dicho, ni siquiera debiste
venir. En un privado sería distinto pero así es peligroso… – le
acarició el cabello y sonrió aún, observando sus ojos y sujetándole
las nalgas, atrayéndolo más cerca para sentir su abrazo. –¿Quieres
que te deje un regalo?...
– ¿Un regalo? ¿Qué regalo?... – sonrió, jugando
con él, y besándolo con suavidad. – Ya sé que jodo, pero es que
te extraño... Así ni podemos ser novios.
– Lo siento… pero si trabajo tanto es para acabar
con esto cuanto antes… – le pasó las manos por la espalda bajo
la camiseta, susurrándole al oído. – “Un regalo de los que te
gustan a ti… de esos que no se compran…algo especial…” – le besó
el cuello, mordiéndoselo un poco y succionando su piel, volviendo
a pasar los dientes por ella.
El chico gimió, sin poder evitarlo, sonriendo. –
“Te amo, Kenzo...”
Kenzo lo apretó más contra sí, su lengua arrastrándose
por su piel con fuerza. De nuevo aquella pasión, aquella fuerza
por hacer algo prohibido ahora aún más, por vengarse… por aquella
inocencia que estaba destrozando… como se la habían destrozado
a él… Sintió que golpeaban la puerta y le tapó la boca con la
mano, siguiendo en su cuello de todos modos y mirando al pestillo,
asegurándose de que estaba cerrado.
– ¿Kenzo-san, estas ahí?– escuchó llamar a Maru.
– Síh… – se separó del cuello del chico, pegándolo
a su pecho.
– Ya llegó tu cliente… sal… Tatsuya-san se está
molestando y ya sabes que está de malas…
–Ya voy…
– ¿Ya? Me celo de tus clientes... – le sonrió el
chico, en cuanto le hubo destapado la boca. Aunque era cierto.
– Baka… no lo disfruto… contigo sí… – le sujetó
la mano y la apoyó sobre su sexo erguido. – ¿Ves?... Además… a
ellos no los beso…
– Pe... pero... te tienen más tiempo... – protestó,
enrojeciendo completamente, sintiendo su sexo erguido y moviendo
un poco los dedos, quisiera que no.
– Pero no así… – lo miró a los ojos, besándolo profundamente
y levantándose, dejando resbalar una mano por su espalda hasta
dejarlo en el suelo. – Espérate aquí un rato… que no te vean conmigo…
– salió afuera, limpiándose la cara para quitarse la calentura.
Mirándolo por el reflejo del espejo y sonriéndole. – Ya no me
acerco de nuevo… o mi cliente creerá que estoy muy contento de
verlo…
El rostro del chico reflejaba su descontento. Hubiera
querido tener el dinero para pagar por su tiempo. Así se hubiera
podido quedar con él y a nadie le hubiera molestado. Se preguntaba
si Kenzo seguiría queriéndolo o si empezaría a verlo como un chiquillo
tonto y obsesivo.
– Tengo que irme, lo siento, mejor que no vengas
si no puedes estar a solas conmigo…Pasaremos un tiempo sin vernos,
lo siento… – se disculpó, besándole los labios de nuevo antes
de salir, acercándose a su cliente, sujetándolo por la cintura,
sonriendo y llevándoselo con él hacia el privado. Takara se asomó,
observándolos ir, cómo lo abrazaba y le sonreía...
No era justo. No quería verlo con otros hombres.
Podía soportarlo si estaba con él luego, pero... casi parecía
que la balanza estaba a favor de sus clientes.

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