Capítulo 61
You Are my Strength
Hayabusa se levantó de la cama por fin. Hacía tiempo
que Toru se había marchado pero no había podido levantarse, se
sentía peor que ayer, un vacío en el estómago. Miró la hora, agradeciendo
que aquel fuera su día libre, hoy no estaba para nadie… Fue hacia
la cocina, a hacerse un café y empujó un poco la puerta del cuarto
de Takara, seguro de que lo habría escuchado todo o al menos,
de que los habría escuchado discutir.
Entró despacio, metiéndose en su cama y abrazándolo
sin querer despertarlo, no tenía fuerzas para enfrentar el día,
pero el chico no dormía.
Luego de lo ocurrido la noche anterior, no había
podido pegar un ojo. No era como que los hubiera espiado pero
habían levantado la voz... Suspiró, odiando ver así a su padre
y odiando a Toru, echándole la culpa de antemano. Se giró, abrazándose
de su padre también.
– Takara… – el moreno siguió con los ojos cerrados,
estrujándolo un poco contra su cuerpo. – ¿No has podido dormir
por mi culpa?
– No es tu culpa y dormí un poco... – técnicamente
no era una mentira, ya que había descansado por un tiempo al menos,
antes de escuchar los gritos.
– Tu padre siempre lo hace mal ¿sabes?... Ya lo
he perdido… con dos días… me ha llegado para perderlo… – le tocó
la mejilla, entreabriendo los ojos para mirar su rostro.
– No es cierto, Toru es un idiota... – lo miró a
los ojos, frunciendo el ceño. No soportaba aquello, que le hicieran
daño. – ¿Qué hiciste mal tú? Yo sé que no fuiste tú...
– No lo sé… dijo que decido las cosas por él y algo
como que lo agobio… Pero tan sólo estuvimos juntos una noche…
y algo más… le busqué un empleo y le compré un traje para que
pudiera ir a trabajar… pero parece que eso le molestó más… Es
igual, sé que ese no es el motivo… – se pasó la mano por el cabello,
echándoselo hacia atrás.
– Tú sólo estabas haciendo cosas buenas por él.
Ya te dije, es un idiota... – lo apretó contra sí, molesto, adolorido.
Podía verlo en su rostro, no había sido sólo otra cita para su
padre. Realmente quería a ese chico.
– Yo también… Lo habían atacado esa noche… en el
parque… pero yo sólo podía pensar… en que había ido con otro y
no conmigo… Se fue con otro ¿sabes? Me pregunto si tan siquiera
me hubiera dicho algo si no lo hubiera llamado…
– Olvídalo... – le sujetó el rostro, con cara de
desesperación por su parte. Aquello de que lo habían atacado,
sonaba mal, pero... su padre lo hubiera ayudado, más que ninguna
otra persona. – Tú no quieres a alguien que esté con otro. Tú
quieres a alguien para ti y sólo para ti.
Hayabusa asintió con la cabeza, cerrando los ojos
de nuevo. No quería que su hijo lo viese débil pero tampoco tenía
fuerzas en aquellos momentos para mucho más. – No te preocupes…
pronto me recuperaré… y volverá a ser como siempre…
– ¡No como siempre! ¡Baka! – le riñó, bajando la
voz luego, pensando que estaba vulnerable y él sólo lo haría sentir
peor así. – Yo... No quiero que estés solo. No puedes rendirte,
solo porque un chiquillo idiota no sabe valorarte.
El moreno se rió con suavidad, mirándolo a los ojos.
– ¿Sabes que Tsubasa… la víbora…– le advirtió por si no recordaba
su nombre ya que a él no se lo había presentado – me advirtió
que saldría todo mal?... Justo antes de que saliera mal…
– Tsubasa... la víbora... – frunció el ceño, aún
sin confiar en ese tampoco. – A lo mejor es que no está tan mal...
– concedió.
–Ya te dije que no hables así de él… – le pidió,
sonriendo levemente de todos modos. No quería ponerle triste por
nada. – Es una persona muy dulce… pese a todo… Sólo… creo que
le han hecho mucho daño… – lo miró a los ojos y le sujetó la mejilla.
– Takara… no dejes que te hagan daño… Si alguna vez lo hacen…
no sé lo que haré…
– No tienes que preocuparte por mí, sé lo que hago...
– le sonrió, pensando en Kenzo por un momento, aún así, fingiendo.
No quería entristecer más a su padre. Por más que fingiera, sabía
que se sentía mal. – Y vale, no hablaré así...
–Vale… porque de todos modos le dije que si tenía
razón me pondría a sus pies… – se rió pensando que de todos modos,
seguramente le costaría admitir aquello delante de la gente. En
realidad se preguntaba qué iba a decir cuando Tatsuya notase que
Toru no volvía.
– Qué malas promesas haces, papá... Eres un baka.
– le dio suavemente en la cabeza, pensando que al menos estaba
riendo. Eso era algo. – ¿Quieres que pasemos el día juntos?
– ¿Por qué? Si tiene unos pies muy bonitos… – se
rió, negando con la cabeza y mirándolo a los ojos después, sonriendo
levemente, pensando en Toru, en que seguro que también se sentía
mal y si también estaría haciendo todo lo posible por superarlo…
como él. – No te preocupes… es por la tarde, deberías salir con
tu novio secreto…
– No... Bueno, voy a llamarlo, pero... me gusta
estar contigo y es tu día libre. – insistió, pensando en que no
quería admitirlo, pero le preocupaba que Kenzo estuviese ocupado
también ese día. Incluso le daban nervios llamarlo, no lo comprendía.
– Igual puedo estar un rato contigo...
– Bueno… – sonrió levemente, comprendiendo que estaba
preocupado por él y pese a que en parte deseaba estar solo, sabía
que era una tontería. Solo, no haría más que envenenarse y desesperarse.
Se quedó mirando al chico fijamente, su mano extendiéndose hacia
él y sujetando las cruces que colgaban de su cuello. – ¿Y este
collar?– preguntó entre extrañado y golpeado.
– Pues... yo... me lo encontré... – intentó mentir,
sonriendo un poco nervioso, y suspirando luego. – Me lo dio mi
novio... No... tiene nada de malo, ¿verdad?
– Ah… no… – lo miró fijamente, pero no podía ser.
Recordó el momento en el que le habían regalado uno igual, una
clienta, se lo había llevado a casa. – ¿Y cuantos años tiene?
– Hum... es un poco mayor que yo, pero no por mucho.
No sé exactamente cuantos. – le respondió, más abierto ahora que
notaba que no se había molestado.
– ¿Y cómo se llama?... – se apoyó en un codo, sonriendo,
pese a que no estaba para nada con la guardia baja, más bien al
contrario. Hasta se le había olvidado su propio problema.
– Ke... Ke... Kenzo... – contestó por fin, sintiendo
que se daría cuenta si mentía. Después de todo, había muchos Kenzo
en Japón, no tenía por qué pensar que era ese precisamente.
– ¡¿Kenzo?!– preguntó Hayabusa alzándose un poco
de la cama. No, pero no podía ser Kenzo… se lo habría dicho. –
Pero no es el Kenzo que te presenté… ¿no?
– ¡No! ¡Claro que no! Yo no... voy a salir con un
amigo tuyo... – negó rotundamente al ver su reacción, y rogando
porque le creyera. Ahora comprendía por qué Kenzo había insistido
tanto en que no le dijera. – No, hasta... tiene el cabello negro,
¿ves?
– Ah… – el moreno casi suspiró aunque lo veía extraño.
– Ya iba a matarlo… – se dejó caer en la cama, apoyándose las
manos en las sienes y apretándoselas. Eso sí que le había subido
el stress.
– ¿Ves? Por eso no te puedo presentar a mi novio,
lo vas a espantar. – protestó, cruzándose de brazos, como si eso
fuera realmente lo que le preocupara. ¿Cómo demonios iba a convencerlo
de que Kenzo era un buen novio? Bueno, si es que volvía a ver
a Kenzo.
– No es verdad…es sólo que estoy preocupado. Estaría
más tranquilo si fuera alguien de la escuela o algo así… o un
amigo… Y no alguien que conociste de pronto y que no he visto
nunca… porque tú… eres un chico muy inocente…– alzó una mano y
la apoyó en su cabeza, revolviéndole el cabello. – Y eres mi hijo…
No te voy a ceder así como así…
– No soy un inocente... – protestó, enrojeciendo
y frunciendo el ceño. – Y Kenzo... es un buen chico, en serio.
Me quiere mucho... y es amable y dulce. Y...
–Y… un hombre… así que no me fío… – no quería que
su hijo viviese presionado por sus errores, consciente de todo
el mal que podían hacerle, receloso a enamorarse… No, quería que
siguiese siendo ingenuo… que siguiese creyendo en el amor… en
todas esas cosas… que él ya no era capaz de creer en la misma
medida, mucho menos tras lo sucedido con Toru. Ni siquiera con
una persona que le había dicho durante años que lo amaba… había
sido verdad… Sujetó el colgante con la mano, examinando las cruces,
era exactamente igual… Era una joya muy cara, su novio… no podía
ser cualquier cosa, era alguien con dinero, eso le gustaba menos
aún. – ¿Sabes? A mí me regalaron un colgante igual a este hace
años…
– ¿En serio? ¿Quién? – el chico lo miró sorprendido.
Era una coincidencia muy grande... o no, a lo mejor era una joya
popular. No sabía mucho de eso. – Yo también soy un hombre, ¿lo
sabes, papá? – le sonrió con toda la confianza de un adolescente
que cree sabérselas todas.
– No, tú no eres un hombre, eres un niño… Si fueras
un hombre, tendrías pelos aquí… – le bajó un poco el pantalón,
riéndose. – Anda… pero si tienes unos poquitos…
El rostro de Takara se tornó de un rojo brillante,
mientras le arrancaba el borde del pantalón a su padre de la mano.
– ¡No hagas eso! Padre no baka... ¡y no soy un niño! – exclamó,
empujándolo con una almohada.
Hayabusa se rió, sujetando la almohada y después
a su hijo, estrujándolo y pegándole en las nalgas por jugar con
él. –No me digas eso… yo quiero que seas un niño siempre… – se
quedó un poco más serio y le sujetó la cintura. – Si no te pierdes
nada….
– No me pierdo nada... ¿por qué sigues con eso?
– le preguntó, alzándose un poco para mirarlo, y olvidando el
protestar por unos momentos.
– Porque es verdad… Ojalá pudiera volver a tu edad…
– suspiró y le sonrió después, sujetando el colgante entre los
dedos. –Me lo dio una mujer que estaba enamorada de mí… el collar
que era igual que este… Estaba como una cabra…
– Bueno... pero Kenzo no lo está... Es muy inteligente.
– frunció el ceño, como si eso tuviera que ver en algo. Pero ahora
se preguntaba si Kenzo tendría algún cliente así, algún loco enamorado...
Le preocupaba. – ¿Tú aceptaste el colgante?
– No… – negó con la mano y se apoyó en un brazo.
– Vino a traérmelo a casa, así que me di cuenta de que estaba
vigilándome… Yo nunca les digo a mis clientes donde vivo y mucho
menos los traigo aquí… La verdad es que me asusté…
– Comprensible... – el chico se sentó, tocando disimuladamente
la mano de su padre, ahora más nervioso, en realidad. Ya sabía
todas esas cosas, bastante le había advertido no abrirle la puerta
a extraños, pero... nunca lo había analizado de ese modo. – Bueno...
pero yo no soy un host, así que no tienes que preocuparte. Este
es un regalo de mi legítimo novio.
– Baka… no estoy preocupado por eso, no tiene nada
que ver, sólo es una joya igual, habrá muchas personas que tengan
la misma… Es una marca conocida… y muy cara… – le explicó, ya
que su hijo no estaba muy interesado en esas cosas, por no decir
nada interesado. –He estado preguntándome si no querrías trabajar,
ya que no te gusta estudiar… y si estarías haciéndolo sólo porque
yo lo digo y por como me puse… No es muy justo… puesto que yo
no he estudiado… imponértelo a ti… Pero las cosas ya no son como
antes, ahora hace falta estudiar para todo…
– No, está bien... Era sólo que no me gustaba la
escuela... – le sonrió, preguntándose si le decía eso ahora por
lo que le había dicho Toru. No iba a decepcionarlo. – Yo sé que
lo haces por mi bien... Además, aún no sé qué quiero hacer con
mi vida. Supongo que está bien esto, mientras tanto... Tal vez
incluso te sorprenda y vaya a la universidad. – se rió, intentando
levantarle el ánimo.
– Eso me gustaría mucho… – sonrió levemente, percatándose
de lo que hacía, pero le agradaba que tratase de animarlo. – ¿Por
qué no vamos a dar una vuelta? Te compraré lo que quieras… me
apetece consentirte, me levantará el ánimo…
– Vale... pero te vas a arrepentir... – sonrió un
poco, imaginando que su padre querría llevarlo a una tienda de
ropa o esas cosas, era lo que le gustaba. Pero él prefería ir
a alguna de videojuegos y ese tipo de entretenimientos. – Voy
a vestirme, no tardo.
– No me arrepentiré… ya sé que me vas a arrastrar
a alguna tienda de cosas raras… – se rió, observándolo coger la
ropa. – No me importa… quiero verte feliz…– se giró en la cama
y sonrió levemente. Podría superar cualquier cosa… lo que fuera,
menos perder a su hijo. Lo demás… podía superarlo todo…

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