Capítulo 60
Fallen in Love Yet?
Kenzo se giró en la cama, suspirando con fuerza,
estaba cansado de jugar en la playa. Claro, que no era un cansancio
como el de trabajar. Miró al rubio que seguía dormido con aquella
cara de ángel que seguro encantaba a los clientes. Lo tocó, girándose
más y acariciándole el cabello, bajando un poco las sábanas por
su pecho para rodearlo, subiendo una pierna por su cuerpo. – Hide…kun...
– Mmmm... – protestó el chico, entreabriendo los
ojos y mirándolo. – Estoy durmiendo...
– No…– el pelirrojo se subió sobre él, tumbándolo
y soplándole el cabello. –Yo me voy…
– ¿A dónde vas? – se rió, inconsciente de la hora
y el lugar, tratando de cubrirse de sus soplos.
– A levantarme… y a desayunar…– sonrió levemente,
sentándose sobre él y sujetándole las manos. – Ven… ¿sabes que
por las mañanas siempre estas empalmado un buen rato?... Eres
como un crío de instituto…
– Lo dices sólo para adularme... –se rió, desperezándose
a pesar de que lo sujetaba, y preguntándose si sería cierto. –
¿No me vas a dejar levantarme?
– No… porque no hay quien se meta contigo – se
levantó y lo volteó, chafándole la cabeza contra la almohada y
bajándole un poco los calzoncillos. –Culo blanco… – le dio una
nalgada riéndose.
– Pero te gusta... – contestó, su voz apagada contra
la almohada, riendo un poco, y revolviéndose para soltarse. No
era tan malo, despertar así.
– Deberías ir a un salón de bronceado… ¿Qué si vas
con un cliente y te ve ese culo blanco?... – sonrió, bromeando
y sintiendo que le molestaba su propia broma, disimulando. Se
sentó en la cama y lo miró serio.
– No soy esa clase de host... – sonrió, sentándose
también, y observando ese gesto. – Al que se acueste conmigo,
tiene que gustarle mi culo blanco o se jode...
– Te mataría… – se levantó y le empujó la frente
con dos dedos, acostándolo y paseándose por la casa en calzoncillos
para ir a hacer el desayuno a la cocina. Huyendo sutilmente, pensando
que era un obvio y un infantil. ¿Qué podía hacerle? Estar con
él… le hacía olvidarse de todo…
El rubio se rió, así como estaba, en la cama. No
sabía si estaba ganando, pero al menos lo ponía celoso. Se bajó
de la cama, colocándose una camiseta encima, para seguirlo. –
¿Por qué me vas a matar? ¿Eres mi novio?
– Soy tu mentor… – puso la maquina de café a funcionar
y se giró a mirarlo. –Estoy velando por tu seguridad, tienes que
pedirme permiso antes de ir con un cliente, como si fuera tu padre…
– frunció el ceño, aunque no iba en serio, recogiéndose el cabello
y sentándose en la mesa.
– Mi mentor... – se sentó frente a él, sonriendo.
– ¿Debería llamarte Kenzo-sensei?
– Kenzo senpai… – se rascó el pecho y se sentó frente
a él, sujetándole el brazo – ¿Todavía llevas ese reloj? ¿Aún no
te han regalado uno en condiciones?
– Poco a poco, Kenzo... Además, ¿qué tiene de malo
este? Si dice la hora... – sonrió, tocando el reloj con un dedo.
– Es horrible… y se nota que es de crío… – se lo
quitó y lo dejó sobre la mesa. – Deberías aprender a sugerirles
cosas… como “¿sabéis qué? El otro día pasé por… y vi tal cosa…
era… Me encantó, haría lo que fuera por conseguirlo” Te lo regalarán…
y luego no harás nada…
– Pero eso es engañar, no sirvo para eso... Prefiero
ser yo mismo. – negó con un gesto de su mano, mirando su reloj,
y preguntándose por qué se lo había quitado. ¿Tanto le molestaba?
– Regálame uno tú, si tanto lo odias, pero eso no queda en la
cuenta...
– Ya sé que no me vas a devolver nada, de todos
modos… – susurró en una voz que parecía quejarse, aunque no era
así, le daba igual. Aunque no se lo había dado en un principio…
ahora le daba igual. Se quitó su reloj y se lo colocó en la muñeca,
girándolo un poco. – Toma… – se levantó y le besó los labios antes
de ir a coger el café y las tostadas, dejándolas en la mesa, sentándose
en la silla con un pie apoyado en esta, sujetándose la rodilla
y mirándolo. Seguramente lo odiaría de saber que seguía engañando
a aquel chico y a él… mintiéndole… pero no podía detenerse…
– Sí lo haré, no necesito que me creas... – le aseguró,
sin ningún enfado, tomando una tostada y empezando a comer, sintiéndose
alegre de que le prestase su reloj, aunque sabía que era una tontería.
– Te dejaré que me lo devuelvas cuando te vayas…
– lo miró a los ojos, probándolo.
Hideyoshi alzó la mirada, observándolo serio, con
la mitad de la tostada en una mano. – Entonces, imagino que quieres
que me vaya...
– Capullo… – le dio vueltas al café aunque no se
había puesto azúcar. – Ya te he dicho que seguro que no me lo
devuelves…
– Eso significa que piensas que me voy a quedar
aquí, molestando... – ladeó la cabeza, como estudiándolo. ¿Por
qué tenía que ser tan necio?
– Te vas a quedar aquí conmigo… – se bebió el café
sin dejar de mirarlo. – No me vas a abandonar… haga lo que haga…
– siguió como si se estuviese convenciendo a sí mismo. – Porque
me quieres…
– En realidad... no es “hagas lo que hagas.” No
soy una alfombrilla. – le contestó, muy seguro de sí mismo, bebiendo
un poco de café. – Pero no voy a abandonarte porque cometas un
error, si a eso te refieres. Y no me voy a rendir... – le sonrió,
inclinándose un poco sobre la mesa, en su dirección, y sonriendo
de nuevo. – ¿Y entonces? ¿Ya te enamoraste?
– Idiota… – se levantó a beber agua y se apoyó en
la ventana de la cocina, sujetando la botella en las manos. –
Ya sé que no eres así… y si lo fueras, no querría que te quedaras,
ya lo sabes…
– Pero no me respondiste... – se rió, metiéndose
con él. – Algún día tendrás que hacerlo, te lo preguntaré todos
los días, ¿sabes? – continuó, sintiéndose con derecho luego de
aquella cita. Había salido prefecta, mejor de lo que esperaba
incluso.
Kenzo se golpeó las nalgas con la mano y lo miró
de soslayo, riéndose. –Y yo te contestaré eso.
– Esa es una respuesta atractiva... – se rió de
nuevo, echándole algo de azúcar al café porque empezaba a marearlo
tanta amargura.
El pelirrojo se acercó a él y lo abrazó por detrás,
besándole el cuello y la mejilla. – Hide… ¿crees en el destino?
– No, como regla general, no. Pero estoy empezando
a creer... – contestó, sincero, entrecerrando los ojos, dedicándose
a observar el humo salir de la taza.
– Si algún día te vas… porque no me aguantas más…
¿volverás?... – le sujetó la cara con la mano. Preguntándose que
estaba haciendo.
– Si me enfado, quieres decir... – suspiró, sonriendo
con suavidad. – Porque no podría no aguantarte, con esa personalidad
tan encantadora que tienes... Sí, volveré... si no me has echado
tú.
El pelirrojo le giró la cara de lado y lo besó profundamente,
sujetándolo con suavidad y acariciándole el cuello después. –
Dímelo…
– Te quiero, Kenzo... – casi susurró, cerrando los
ojos. – Te quiero...
–Yo también... – se abrazó más a él, inclinándose
y apoyando los labios en su hombro.
Hideyoshi abrió los ojos, sorprendido, incluso enrojeciendo
un poco, pero sonriendo después. Acallando cualquier broma que
viniera a su mente, sabía que le había costado decir esas palabras,
aunque fueran indirectas.

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