Capítulo 6
Never Let Them Hurt You
Takara se limpió el sueño de los ojos, haciendo
algo de café a pesar de que ya era bastante tarde. Ya sabía lo
que le iba a caer encima, pero con suerte, su padre no se daría
cuenta.
Pero el moreno acababa de girarse en la cama al
escuchar los ruidos y se apoyó en las manos antes de levantarse.
Se cubrió con un yukata negro y se asomó a la puerta de la cocina,
apoyándose con un brazo en el marco y golpeando la madera para
llamar su atención, mirando la hora después. – Son las doce… ¿Qué
haces aquí? ¿Es que no tenías clase?
– Sa... Salimos temprano – Aventuró, nervioso por
la cara que traía, y deseando que colase la mentira. – Te hacía
café... ¿no quieres? – sonrió, enrojeciendo un poco.
–Sí… – Le sonrió levemente, entrando en la cocina
y cerrando la puerta mientras sujetaba el teléfono para llamar
a la escuela.
Takara tomó una taza sirviéndole un poco, sin dejar
de mirarlo. No le gustaba aquello, ¿a dónde tenía que llamar a
esas horas? Se le heló la sangre al escuchar el nombre de su escuela.
– Buenos tardes… Sí, quería preguntar por el señor
Shinohara… Quiero saber… si mi hijo ha ido hoy a clase… – Miró
al chico a los ojos mientras hablaba. –Ah… ya veo… Vale, muchas
gracias…sí…Lo sé, lo siento, gracias… – Colgó, casi incrustando
el aparato de vuelta sin dejar de mirarlo.
Takara se quedó en silencio, empujando un poco la
taza sobre la mesa como si eso fuera a hacer que lo olvidara todo.
– ¿Por qué no has ido?... – Apoyó la mano en la
encimera respirando enfadado y sin apartarse de la puerta.
– Te dije que no me gusta. Y además... – Desvió
la mirada, serio. – Quería pasar algo de tiempo contigo.
El moreno movió un dedo en la encimera sin dejar
de observarlo, aunque aquello le había afectado un poco. – Pues
entonces debiste decírmelo antes de faltar… Además ya que mientes
tan bien… no sé si debería creerte… – Se apartó el cabello de
delante de la cara y este cayó de nuevo sobre sus ojos. – Lo de
que no te gusta, no me sirve, tienes que estudiar… – Siguió hablando
serio a pesar de que inevitablemente ya no podía estar tan enfadado.
Se culpaba…
– ¿Para qué? No soy bueno en nada, y... Quisiera
estudiar en casa de todas maneras... – Protestó, alzando la mirada
ante los ojos de su padre. – ¡Y no mentía! Es tu único día libre...
Y siempre estoy en la escuela.
– Sh… no me grites… – Le apoyó un dedo contra los
labios y siguió mirándolo a los ojos. – Si quieres estudiar en
casa, estudiarás en casa, pero vas a hacerlo y encontrarás algo
en lo que seas bueno, no vas a terminar como yo ¿me oyes? Vas
a estudiar algo… Pero no estoy pagando tus clases para hacerles
un favor a los profesores… Contrataré a un tutor y te examinarás
los finales de año.
– ¿En serio? – Lo miró entusiasmado porque accediera,
no lo había creído posible. Le sujetó la mano, sacudiendo la cabeza.
– Pero no digas eso, que no voy a terminar como tú. ¿Qué tiene
de malo hacer lo que haces?
– Mucho, tiene mucho de malo… pero eso no es algo
que quiera hablar contigo… Lo malo de este empleo… y la parte
oscura… no es algo que quiera hablar con nadie… – Lo miró a los
ojos sintiendo que siempre accedía a todas sus peticiones. –Vístete…
¿quieres ir conmigo?
– Claro, ¿a dónde? – Preguntó luego, notando que
había accedido sin saberlo, y dirigiéndose a su habitación, asumiendo
qué le diría mientras se vestía. Seguía pensando que el empleo
de su padre no tenía nada de malo, no era algo de qué avergonzarse.
– Necesito comprarme un traje para ir a una boda
pasado mañana… y necesito buscar un tutor para mi hijo que no
va a clase… – Se apoyó en el marco de la puerta del chico mientras
se bebía el café, observándolo fijamente. – Takara… nada – Se
giró y se fue hacia su cuarto a vestirse.
El chico se quedó observando su puerta, preguntándose
qué le iría a decir, y apresurándose en ponerse la camiseta, y
las zapatillas. – ¿Papá? ¿Qué...? – Le preguntó, observándolo
ahora desde la puerta del cuarto de su padre.
– ¿Qué...? – Le preguntó, observándolo ahora desde
la puerta del cuarto de su padre mientras este se peinaba frente
al espejo.
Fuera a trabajar o no, seguía pareciendo un host.
Claro, que él tampoco podía hacer mucho por evitarlo, odiaba estar
desarreglado cuando salía a la calle. – Nada…– Lo miró de soslayo
y se aproximó a él para peinarlo un poco, alzándole la cara para
verlo bien a los ojos. – Te pareces a tu madre…deberías parecerte
a mí…
– Eso no es culpa mía... – Protestó, frunciendo
el ceño, y enrojeciendo, aunque sospechaba que se estaba metiendo
con él. Esperó a que su padre se girase para espelucarse de nuevo.
El hombre sonrió y lo sujetó por los hombros para
acompañarlo afuera, apoyándose en él mientras se calzaba y peinándolo
de nuevo. – Deja de despeinarte ¿quieres? Seguiré peinándote cada
vez que lo hagas… No seas necio – Se abrió otro botón de la camisa
mientras salían. – ¿Tienes amigos?
– Yo seguiré despeinándome... – Refunfuñó, mirando
hacia otro lado. – No... No me llevo bien con nadie. Aunque...
– Se quedó callado pensando en si debía decirle, o no.
– ¿Aunque qué?– Lo miró mientras bajaban en el ascensor,
arreglándole la camiseta negra. Era ridículo, estaba cada día
con chicos de la edad de su hijo, consiguiendo que se enamorasen
completamente de él, perdidamente, dándoles esperados besos en
los ascensores o jugueteando con ellos… ¿y no sabía tratar a su
hijo? Sólo era un chico como ellos, con las mismas inquietudes…
Tal vez le agradaría que simplemente lo tratase como a los demás,
más o menos…Claro, pero podía ver que se sentía solo, conocía
esa expresión. – Deberías llevarte bien…Estoy seguro de que le
gustas a todo el mundo… – Le sujetó la cara con suavidad, observándolo
a los ojos.
– No, y ellos no me agradan a mí... – Negó, bajando
la mirada igual sintiéndose un tanto espiado y pensando que eran
odiosos. – Pero conocí a alguien que sí me agrada, sólo que no
en la escuela.
–Hum… ¿y es un chico o una chica?– Preguntó, pasándole
el brazo por los hombros al detenerse el ascensor, saliendo con
él afuera y poniéndose unas finas gafas de sol.
– Chico... ¿por qué? – Le preguntó sin separarse
aunque mirándolo de soslayo, algo nervioso.
–Por saber… – Le apoyó la mano colgando del hombro
y lo miró de soslayo también. – ¿Te gustan los chicos?
– Sí... – Contestó, imaginando que eso no le molestaría.
– Pero no dije que me gustara de ese modo...
– Puedo notarlo… – Frunció un poco el ceño, mirando
adelante y pasándose la mano por el cabello engominado, suspirando
levemente. – ¿Me equivoco?
Takara frunció el ceño, pensando en cómo salir de esa y admitiendo
por fin. – Es guapo... y amable...
– ¿Tiene tu edad? ¿Es un estudiante?– Lo acosó un
poco, consiguiendo no verse tan tenso como en realidad estaba.
– No lo sé... No... – Negó, pensando que claro que
no era un estudiante, y suponía que era mayor que él, aunque no
por mucho, pero no iba a decirle nada más a su padre.
– ¿Y cómo os conocisteis?– Se paró delante de un
escaparate de una tienda de ropa de caballero de lujo y se bajó
un poco las gafas para observarlo bien. De hecho, el traje se
lo pagaban… al igual que la asistencia a la boda como acompañante.
– Afuera, en la calle, es que yo estaba paseando
y él... me entregó una volante... porque trabaja los sábados.
– Empezó a elaborar ya que casi se había descubierto, y desvió
la mirada, rogando que no se hubiera dado cuenta.
– ¿Ah sí? ¿Y en qué trabaja?– Se subió las gafas
de nuevo y lo miró sonriendo aunque estaba terriblemente tenso.
– Ya te dije, repartiendo volantes... es todo. –
Exhaló el chico, mirándolo a través del reflejo en el escaparate.
– Ese te quedaría bien...
– ¿Volantes de qué?– Le dio con la mano en la cabeza
suavemente como diciéndole que él no iba a ser distraído tan fácilmente
del tema. – ¿Es mayor?
– Un poco... creo. Y no lo sé, porque nos quedamos
hablando... y al final no me la dio. – Mintió de nuevo, con el
ceño fruncido y las mejillas rojas. No debía de haberlo mencionado.
–Ya… – Alzó una ceja porque no se creía mucho de
lo que le estaba contando. – ¿Y qué tanto hablaron? Vamos… esta
tienda no me gusta mucho… – Se lo llevó con él y se quedó mirando
a un hombre que los estaba mirando, bajándose un poco las gafas
para mirarlo a los ojos. Podía notar su gesto de desaprobación,
seguramente pensaba que esta liando a aquel chico, pero era su
hijo… En todo caso… Le sonrió con algo de malicia y se subió las
gafas de nuevo.
Takara lo notó, frunciendo el ceño y continuando
luego como si nada. – No sé, de cosas, de.... cómo son nuestras
vidas y eso...
– Supongo que no eres muy feliz… Te sientes solo…
y no soportas a tu padre… – Lo miró notando que había visto la
mirada de aquel hombre. – Puedo… – Se quedó callado pensando en
ir a cambiarse de ropa pero frunció el ceño. No, no pensaba hacerlo
por nadie
– ¡¿Quién dijo que no te soporto?! – Exclamó, girando
el rostro y mirándolo directamente. – Si lo dices por ese hombre,
a mí no me importa lo que piensen... No pienso igual.
–Ya lo veo…– Se rió alzando un poco la cabeza hacia
atrás y carraspeando ligeramente. –No hacía falta ese volumen…–
Sonrió de todos modos, alzándole la cara para darle un beso en
la mejilla. Lo abrazó contra él con delicadeza. –“Hijo… tú eres
lo único que me importa...”
Takara se abrazó a él con fuerza, casi temblando
por las emociones, y rojo a más no poder. – No digas tonterías...
– Refunfuñó, aunque claramente se veía que lo hacían feliz esas
cosas.
– “No es una tontería… es verdad…si tú no me quieres…”–
Le pasó la mano por el cabello negro, pegándolo un poco más a
su pecho. – “¿Quien va a hacerlo?...”– Sonrió levemente, feliz
de verlo abrazarlo así.
– “Yo te quiero, papá, siempre...” – Susurró, sin
soltarse, aunque seguía rojo. No sabía cómo podía haber pensado
que no lo soportaba.
– “Pensarán que estamos juntos…”– Se rió suavemente,
notando las miradas de desprecio, le daba igual, hacía tiempo
que no le afectaban. Sonrió, acariciándole la nuca con las puntas
de los dedos, los anillos gruesos brillando por la luz del sol
que se reflejaba en el oro. Casi conseguía distraerlo de su “novio.”
– No me importa. Sabes que no me avergüenzo de ti...
– se separó un poco, alzando la mirada. – Lo sabes, ¿verdad?
– Claro… ¿Quién tendría un padre más guapo que el
tuyo? No veo por qué podrías avergonzarte, yo no lo hago…– Le
peinó el cabello con una mano y suspiró levemente, observando
sus ojos fijamente. – No vayas a decepcionarme nunca…
– No quiero... – Murmuró el chico, deseando realmente
no hacerlo. – Pero no te olvides de mí...
– ¿Por qué dices eso? Yo siempre estoy pensando
en ti… – Le acarició la cara con suavidad, alzándosela un poco.
– Es sólo que no sé cómo tratarte… y tampoco tengo mucho tiempo
libre…
– Es que me preocupa... porque siempre estás ocupado
y... – Suspiró, enrojeciendo un poco. – Papá... ¿no te sientes
solo? Nunca te veo... con nadie, no sé...
– Tú no tienes que estarte preocupando por eso…
yo estoy bien…vivo rodeado de gente… – Sonrió levemente al verlo
enrojecer de ese modo. No solía tratar con chicos como su hijo…
No… A él siempre había procurado que nadie pudiera… Sintió como
si de pronto se le viniera el mundo encima ¿acaso no era culpa
suya si su hijo no estaba con nadie? Si no tenía amigos…Permaneció
observándolo serio.
– Pero me preocupo porque no quiero que seas infeliz...
Tal vez deberías salir en tus días libres... con alguien – Continuó,
poniéndose más y más nervioso a medida que hablaba y su padre
seguía mirándolo así de serio. Lo cierto es que quería que pasara
más tiempo con él, pero no podía ser egoísta.
– No… No quiero estar con nadie ahora…No tengo tiempo
y pensé que querías pasar tiempo conmigo. – Lo miró a los ojos
como si su voz lo despertase de aquel ensimismamiento. Le dolía
el pecho… – El que debería salir con amigos eres tú… ¿seguro que
quieres dejar el colegio? Tal vez… conozcas a alguien…
– No, no quiero... – Negó con la cabeza enérgicamente,
pensando en los chicos de allí, las cosas que decían de su padre
a veces, no podía decírselo, seguramente lo lastimaría por como
había reaccionado antes. – Estaré bien en casa, además... me falta
poco y hubiera sido la misma gente.
– Bueno… como quieras… – Le dio la mano y empezó
a caminar de nuevo. Tenía que comprar ese traje de todos modos.
Se sentía demasiado serio… pero en ese momento no podía tener
otro gesto, al darse cuenta… de que siempre había estado haciendo
vivir a su hijo a costa de sus errores… aislándolo de todo… lo
que pudiera hacerle daño… Negándole el poder cometer los suyos
propios…
Takara de dejó llevar, serio también y mirándolo de soslayo de
vez en cuando. ¿Se había molestado? No comprendía por qué. Frunció
el ceño un poco más, preguntando de pronto. – Y ahora, ¿qué hice?
– Nada… – Lo miró y sonrió levemente, apretándole
un poco la mano. – Lo que me sucedió a mí con tu madre… no va
a sucederte a ti… Tu vida no es como la mía… deberías… darle una
oportunidad a la gente…
– ¿Mi madre? Pero... yo ni estoy enamorado. Además...
ya te dije que conocí a alguien... – Le aseguró, un poco confundido.
No era su culpa, él no intentaba conscientemente espantar a la
gente, ¿o sí?
Hayabusa lo miró confundido por su respuesta, claro,
¿Qué esperaba? Que le leyese el pensamiento. – Vamos a comprarme
ese traje… mejor no sigamos con esta conversación… es demasiado
tediosa para explicar todo mi razonamiento…
– Vale... – Murmuró el chico, aunque quedándose
confundido, y mirándolo de soslayo igual.
– Es sólo que no quiero que vivas con mis errores
como reseña… – Suspiró y lo miró de soslayo también. –Siempre
te he estado tratando de apartar de cualquier cosa que pudiera
herirte… y creo que eso sólo te ha hecho sentirte solo… e infeliz…–
Se abrió un poco más la camisa, molesto por el sol y por la conversación
tan seria.
– No es tu culpa, yo estoy bien. – Le aseguró, aunque
sí se sentía solo con frecuencia, pero no consideraba que su padre
lo apartase de nada. – Y sé que me cuidas...
– No quiero que te hagan daño… – Lo sujetó por los
hombros de nuevo y lo miró de soslayo. –No dejes que te hagan
daño…Si ves que van a hacerlo…hazlo tú antes…
– Yo no soy así, papá... – Le sonrió un poco, nervioso,
aunque lo comprendía. – No te preocupes, no me harán daño...
– Bueno… pero si alguien te hace daño… yo se lo
haré a él… – Le sonrió y luego se rió suavemente, “bromeando.”
–Se lo puedes decir a tu amigo el de los volantes…
– Se lo diré, vale... – Se rió un poco, pensando
en que mejor que no se enteraba de la realidad. Aunque dudaba
mucho que Kenzo le fuera a hacer daño.
– Vale… – Se rió y le pasó la mano por el cabello.
– Eres un buen chico, Takara… y muy guapo… ten cuidado… tu padre
es un pervertido… quien sabe lo que podría hacerte…– Se metió
con él. Apretándole una nalga.
– ¡No hagas eso! – Protestó el chico cubriéndose
la nalga, rojo. – Eres un necio, papá... Se lo diré a tus clientes...
– Díselo… a ellos les gusta que les toque la nalga…pero
no lo hago…que no sé dónde la tuvieron antes de venir… – Se rió
bromeando de nuevo y pensando que no estaba tan mal… actuar así…
como era, con naturalidad... Era mucho mejor que tratar de controlar
su actitud y no saber cómo comportarse.

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