Capítulo 57
A Change of Pace
Koya entró en el local. Se sentía más solo que nunca,
ahora ni siquiera tenía a Toru… necesitaba estar con alguien…
Tenía miedo de estar con Hideyoshi… después de haber hecho el
ridículo sin parar en su cita con él… a pesar de que era consciente
que no le interesaba. Se acercó a la barra para hablar con Tatsuya.
–Ya sé que no pedí un privado… pero… ¿puedes hacerme un hueco
con Hideyoshi?.... A la hora que sea… pero hoy… – murmuró evitando
mirarlo y fumando, hoy no estaba ni para aguantar media grosería,
seguro se desmoronaba.
– Hideyoshi no vino hoy... – contestó el moreno,
sin su sonrisa habitual de siempre con el chico. Estaba haciendo
mal y lo sabía, pero no tenía ni ánimos de trabajar. Kai tampoco
se había presentado, tenía ganas de remecerlo, pero eso no hubiera
ayudado en nada. Suspiró, haciendo un intento de sonrisa, y mostrándole
la carta. – Puedes pedir a otro hoy. Estoy seguro de que a Hideyoshi
no le molestaría.
– Oh… bueno… – se sentó y lo miró, notando la expresión
que tenía y que aquel rubio no estaba allí a pesar de que lo había
visto esa misma noche rondando. –¿Un mal día?... – preguntó, mirando
los hosts, temiéndose una mala respuesta, no sabía ni para qué
preguntaba.
– Pésimo... – contestó, antes de poder detenerse
y corrigiéndose inmediatamente. – Pero no para el local... cualquiera
estará feliz de atenderte... Es sólo que Hideyoshi no había tomado
su día libre como tal... ¿A quien prefieres?
– No lo sé… aún estoy mirando… no soy tan rápido…
– lo miró a los ojos, con cara de estar un poco alucinado. – ¿Libran
tres el mismo día?– preguntó extrañado. Pasando las hojas de los
que ni le interesaba la cara.
– No... Hideyoshi quiso... Bueno, es normal que
coincidan dos si te cambian el día libre así. – continuó, no queriendo
delatarlo. Además, seguro no debía estar hablando tanto con un
cliente, pero necesitaba hablar. Y sin Kai allí, no tenía a nadie
más. – Kai simplemente no vino...
–Kai… es ese rubio ¿no?– preguntó mirándolo a los
ojos y luego mirando la foto de Tsubasa, era demasiado guapo para
ignorarlo pese a que le daba miedo.
– Sí... ese rubio. – contestó, casi subrayando las
palabras por la manera en la que lo decía, de nuevo, intentando
cubrirlo. – Bueno, pero no es tu tipo, ¿verdad? No se parece en
nada a Hideyoshi, excepto en que ambos son... – frunció el ceño,
sin poder evitarlo, tratando de centrarse más en el chico nuevo.
– Rubios, y les gusta ayudar, ¿no?
– Hum… no, no me gusta nada… Es sólo que hoy lo
vi… – le mostró luego a Tsubasa. –Seré predecible ahora.
– Bueno, no es de extrañar... – sonrió sinceramente
por fin, tomando la carta de vuelta y pidiéndole a uno de los
chicos que llamase a Tsubasa.
Pocos minutos después, el chico se acercaba, sonriendo,
como triunfante y rodeando los hombros de Koya. – Bienvenido...
– Gracias…– se dejó llevar por el rubio hacia uno
de los privados. –No me gusta el champán –lo predispuso – Y tampoco
estoy forrado… siento decepcionarte…
– Whiskey será... – sonrió, pensando que tendría
que relajarlo. Era obvio que estaba a la defensiva. – No tienes
que ser tan agresivo conmigo. ¿Así es como tratas a Hide-chan?
– Al principio… pero no, quiero vino… tinto… – se
sentó, mirándolo y quitándose la chaqueta gris.
– Bien... – se asomó tras la cortina, pidiendo el
vino para que se los trajeran, y luego sentándose a su lado, colocando
una mano sobre la rodilla del chico. – Pues no tienes que ser
así conmigo, no pienso comerte... Koya-san...
El moreno se rió, pensando que parecía lo contrario.
Al menos, no era tan malo como lo había imaginado. Claro, era
un host… Pero había pensado que lo trataría mal por no ser como
uno de esos hombres trajeados de los que se rodeaba. – Pues qué
pena… igual yo quería que lo hicieras… – bromeó mirando al chico
que traía la botella y les servía.
Tsubasa se rió también sin poder evitarlo. Por supuesto
que quería que lo hiciera, esa era la idea. De todos modos, ya
consideraba un triunfo en sí que uno de los clientes del rubio,
lo hubiera elegido a él. Aunque sólo fuera porque no estaba, sería
igual si podía convencerlo de cambiar. Tomó ambas copas, entregándole
la suya al chico, con ademanes estudiados. – Y dime, Koya-san,
¿por qué nunca viniste conmigo antes?
– Me gustó Hide… estaba al final… y pensé que sería
más adecuado para mí… Además… no quiero que me manipulen… y me
dejen sin un duro y tú tienes cara de hacerlo… – dijo sin más,
bebiendo, tan poco educado como siempre. – Bueno… y que Hide era
el más joven…
El ceño de Tsubasa se frunció por apenas unos segundos,
el chico sonriendo de nuevo. – Pero yo no soy tan terrible, Koya-san...
Sólo soy un host, es mi trabajo...
– Lo sé… pero… – se inclinó un poco adelante, mordiéndose
el labio inferior y apagando el cigarro porque le temblaba un
poco la mano. –¿No puedes simplemente hablar conmigo un rato?
Sin fingir simpatía o… lo que sea…
– Por supuesto, pero... ¿qué hago si realmente me
agradas? ¿Finjo que no? – se rió, acercándole el cenicero. – Sólo
sé ser de esta manera, pero si eso es lo que quieres...
Koya sonrió levemente, pensando que se notaba la
diferencia de un host con experiencia a Hideyoshi. –No quiero
que me trates mal… Sólo que no finjas… – se echó atrás contra
el respaldo y lo miró. – He tenido un mal día… uno peor de lo
normal… debería decir…
– No pensaba tratarte mal, no soy una persona tan
horrible, a pesar de lo que puedas pensar... – bebió un poco de
su copa preguntándose si Hideyoshi con esa cara de inocente que
tenía, habría estado hablando mal de él. Cosas más extrañas pasaban
en el mundo. – Cuéntame entonces... ¿por qué tan malo?
– No pienso que seas horrible… Es sólo que… me siento
inferior… supongo… – sonrió levemente, fumando y bebiendo luego
un poco. – Aunque me siento así todo el tiempo… – se tocó las
mechas violetas con un dedo, mezclándolas con el negro. – Es sólo
que me siento más solo de lo normal… y encima Hide no está… y
hoy no era su día libre… No sé… Kenzo tampoco está… y creo que
imagino por qué… eso sólo me hace sentirme peor…
Tsubasa bebió un poco más para no revelar la leve
sonrisa que había asomado a sus labios. Kenzo y Hideyoshi... esos
dos definitivamente eran una pareja. – Bueno... pero estoy yo
para hacerte compañía. ¿Qué tiene de especial ese chico?
– Es gracioso… y es agradable conmigo… incluso para
rechazarme lo fue… Y pese a que hice el ridículo delante de él…
fue agradable… Pero está claro, a él le gusta Kenzo. Supongo que
entre él y yo, la diferencia es demasiada para ni siquiera compararme…
– apagó el cigarro, bebiendo de la botella directamente, echándose
hacia atrás de nuevo y apoyándose en Tsubasa sin ningún reparo,
el chico sonriendo un poco, aunque lo encontraba vulgar en su
forma de actuar.
Le acarició el cabello, contestando. – Pero es lo
que hacen los hosts, no nos pagan para ser desagradables. Sería
mucho más fácil así... Si quieres mi opinión, yo no creo que la
diferencia entre Hideyoshi y tú sea tan grande.
– No seas desagradable… Sé leer entre líneas…¿sabes?–
lo miró de soslayo, molesto porque insultase a Hideyoshi aunque
sin apartarse, no tenía ganas. De todos modos, se sentía bien
ser acariciado así. –¿Por qué le tienes tanta manía?...
– ¿Qué te hace pensar que le tengo manía? – preguntó,
sonriendo de nuevo. – Chico listo... prometo portarme bien.
– Porque eres obvio, sólo querías insultarlo cuando
has dicho que no había diferencia entre ambos… Supongo que insultas
tanto como deseas a tus clientes y ellos hasta se sienten complacidos
porque no comprenden nada… Pero yo no soy como ellos… No soy muy
culto pero no soy estúpido…– le sujetó una mano con suavidad,
jugando con sus dedos y mirando los anillos que llevaba en estos.
– Mi mejor amigo está saliendo con un host de aquí… por eso estoy
más solo aún… Aunque supongo que en parte son celos… y que se
me pasará… ¿Tú saldrías con un cliente? No hablo de mí…
– Sólo si me paga... – respondió aún sonriendo aunque
su mirada era completamente seria. – Deberías agradarte más, ¿sabes?
– sonrió de nuevo, pensando en que esta vez sólo se había referido
a su inexperiencia al venir de la calle. – Dime, Koya-san... ¿saldrías
tú con un host? Que no fuera Hideyoshi...
El moreno se encogió de hombros. – Sí… No creo que
vaya a salir más con Hideyoshi de todos modos… Él sólo quiere
ser mi amigo… y voy a necesitar un tiempo para asimilar eso… supongo…
Pero yo hablaba de una relación, no de tener una cita… Si pretendes
que te paguen por tener una relación… Entonces no eres un host…
eres un gigoló… y eso haría que tú te parecieses a mí mucho más
que Hide… hm…– bebió de la botella de nuevo, riéndose y mirándolo
de soslayo.
– No soy un gigoló... – negó el chico, bastante
más serio, bebiendo otro trago de su copa. Ese chico no tenía
idea. – ¿En serio tendrías una relación con un host? ¿Una relación
seria?
– Sí… ¿Por qué no?
– Porque los hosts no son como Hideyoshi... Incluso
a él, sólo dale algo de tiempo. No lo reconocerás siquiera...
– se encogió de hombros, observándolo. – Y porque ustedes... sólo
quieren alguien que los haga sentir bien. ¿O no viniste a eso?
Alguien, cualquiera...
–No… yo sólo vine a hablar con alguien, porque en
la calle… no puedo acercarme a nadie sin que sepa lo que soy…
y tú sabes cómo es eso… Ellos no nos quieren ni ver cerca, salvo
cuando les hacemos falta…– cogió un cigarro y lo prendió, pensando
que el chico decía que sólo sabía ser host, pero se notaba que
con él no estaba siendo así. –Ya te he dicho… que yo no soy como
los demás clientes, no he venido aquí a que viertan miel sobre
mí…
– No, has venido a hablar de tu día. Pero eso te
hace sentir mejor, ¿no es así? – lo miró de manera sagaz, sonriendo
un poco. – Y tú mismo lo has dicho... “Ellos no nos quieren ver
cerca, salvo cuando les hacemos falta” – lo citó, bebiendo un
poco más. – Por eso, esperaría que no tuvieras una relación con
un host.
– No seas pesado… he venido a hablar, no a hablar
de mí. Eres tú quien me ha preguntado, yo te he preguntado a ti
para que me hables… pero sólo me contestas con evasivas o con
preguntas devueltas… y no me siento mejor, me siento mejor porque
no estoy solo… no por hablar de ello… – lo miró a los ojos entre
el cabello. – Me pregunto qué te han hecho… para que seas así…
– Te dije que no sabía ser de otra manera – casi
refunfuñó, bebiéndose toda la copa finalmente. Ahora todo el mundo
creía saber sobre su vida. – Y ya te respondí antes, no tendría
una relación con un cliente. No me gustan mucho las relaciones
de todas maneras.
– Bueno… No sé por qué tienes tantos clientes, mira
que eres repelente… – se rió abiertamente, pensando que era un
infantil. – Eres un crío, Tsubasa...
El chico bajó la copa, sintiendo que le temblaban
las manos. Tenía ganas de estamparle una bofetada, pero no era
muy profesional eso. Y además, sólo le estaría dando la razón.
Suspiró, pasándose una mano por el cabello, relajándose como mejor
podía. – Mis otros clientes no me piden que no actúe como un host.
Si vienes a un club de hosts, vienes buscando un host. Si quieres
a alguien natural, hablas con cualquiera en la calle.
– No te enfades… – Koya lo miró y sonrió. – La verdad
es que eres bastante cute… seguro que quieres pegarme con algo
¿a que sí? – se apoyó en una mano, haciendo sonar la cadenita
que llevaba en el labio. –¿Ya no me soportas tan rápido? Seguro
que nunca más te pones contento de levantarle los clientes a Hideyoshi…
Pensarás que es una suerte que no te tocaran a ti…
– Calla... – le cubrió los labios con una mano,
sonriendo un poco. – No me digas... ¿que viniste a molestarme
por eso? No me subestimes tanto, Koya-san...
El moreno le lamió la mano y se apartó hacia atrás.
– No, te molesto porque eres mono cuando te molestas… no te subestimo…
Si me lo estoy pasando bien contigo, eres un buen host…
– Eso está claro... Pero nunca me han llamado mono
antes... – se rió de manera un tanto estudiada de todas formas,
quisiera que no. – ¿Serás mi cliente ahora? ¿Porque me enfadé?
– No – se rió cruzando los brazos sobre el pecho.
– Porque das miedo, Tsubasa…
– ¿Yo? No puedo darte miedo a ti, ¿o esa risa es
por los nervios? ¿Aún piensas que te voy a comer, Koya-san? –
se acercó, acercando su rostro al del moreno, observando sus ojos.
– A lo mejor…– tragó saliva, sonriendo. – Te comerás
mi cartera… y eso es lo que me preocupa… – le tocó la cara con
una mano, apretándole una mejilla con el dedo. – ¿No te pone enfermo?...
hacer eso con alguien que no te agrada…
– ¿Hacer qué? Eres atractivo, Koya-san... ¿no lo
sabes? – sonrió un poco de nuevo, sujetando su mano contra la
mejilla. – Sólo hago mi trabajo... No veo qué tiene de malo.
– Sí lo sé… Si no lo fuera, no me pagarían por acostarse
conmigo… – le acarició la mejilla con suavidad, aproximándolo
un poco. – ¿Puedo besarte?
– No... Eso no es parte del trabajo. Tal vez cuando
te vayas... – sonrió, jugando un poco. – Seguro tú tampoco te
dejas besar, ¿o sí?
– No… – se rió y le empujó la frente con un dedo.
– Pero tampoco soy tan sádico para torturar así a la gente… Me
pregunto si Hayabusa era así con Toru… – lo miró como buscando
una respuesta, Hide nunca había hecho algo así.
– Cada host tiene su estilo. Hayabusa... es un seductor
pero un caballero también... Además, tú querías que fuera natural.
– se echó hacia atrás, observándolo. – ¿Por qué hablas en pasado?
¿Acaso Toru no piensa volver?
– Sería un poco raro… teniendo en cuenta que Hayabusa
se le declaró… y tienen una relación… No sé si debería hablar
de eso… pero supongo que es igual. Tú eres un host, no un cliente…
– se llevó el cigarro a los labios y lo miró.
– Sí, puedes decírmelo. – asintió, enseriándose
un poco. ¿Hayabusa con un cliente? ¿En serio había hecho algo
tan estúpido? – Así que se le declaró a Toru...
– Parece que te interesa, te has puesto serio… –
le señaló como si el chico no fuera a ser consciente. – Le dijo
que estaba enamorado de él.
– No digas tonterías, Hayabusa es... podrías decir
que un maestro para mí. – se cubrió, aunque sí lo había afectado
un poco. No lo comprendía del todo. – Eso no va a durar. A tu
amigo... se le va a pasar, en cuanto lo conozca realmente.
Koya lo miró a los ojos. – ¿Por qué eres tan malo?...
– No soy malo – le recalcó, serio, mirándolo directamente.
– Es la realidad, no somos perfectos allá afuera, ¿sabes? Bueno,
tal vez yo sí lo sea... – se rió, sirviéndose más vino y pasando
de servirle a Koya, se notaba que prefería la botella.
– ¿Y a quien le gustan las personas perfectas?....
– el moreno lo miró, pensando que alguien debía haberle hecho
daño o tal vez continuadamente. –¿Te gustan a ti?
– ¿Las personas perfectas? Aparte de mí no existen...
– sonrió, pensando en Murakami. Ese era tan sincero como él. –
Tal vez haya alguna, quien sabe. Pero creo que sí, me gustarían.
Y a ti te gustan las imperfectas...
– A mí me gustan los adolescentes… – se rió, sintiéndose
un pervertido. –Pero ya se me pasó el arroz… No hay nadie perfecto,
ni siquiera tú…
– No se lo digas a nadie... – le colocó un dedo
contra los labios de nuevo, sonriendo. – Yo no me veo como un
adolescente, será por eso que te gusta Hideyoshi... Pero él tampoco
lo es.
– Él no se ve como un adolescente… No tiene cuerpo
de adolescente, pero es igual, me gusta porque me hace olvidarme
de la mierda que es mi vida y porque me hace reír… Me voy a ir,
Tsubasa… ya ha pasado una hora… y no quiero que me carguen más…
– se levantó poniéndose la chaqueta y agachándose para besarlo
fugazmente. – Te lo regalo… por cute…
– Tonto... – protestó, molesto porque lo tomase
por sorpresa. Eso lo tenía pensado hacer él. – No tengas miedo
de volver...
– No… ahora que sé que eres tan cute… – sonrió,
bajando los dos escalones del privado y sujetando un poco la cortina.
–Tú te ves más joven que él…– se rió, volteándose para irse y
guardándose las manos en los bolsillos. Se iba extrañado… había
pensando que sería distinto… Tsubasa… también era muy dulce.
Tsubasa negó con la cabeza, poniéndose de pie y
mirándose al espejo, acomodándose las mechas rubias entre las
castañas, sonriendo. – Así que me veo más joven, ¿eh? – había
sido algo extraño, pero decididamente, se había divertido con
ese chico.

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