Capítulo 54
One Last Time
El moreno se metió en el coche deportivo que había alquilado mientras
estaba en Okinawa. Mirándose al retrovisor un momento, asegurándose
de que se veía bien luego del repaso que le había metido el host
con el que había estado reunido. Respiró con fuerza. Se había
escapado por poco, trabajar con ellos era difícil… difícil hacerlo
sin pensar con la polla… La línea que los separaba de la prostitución
era muy fina a veces… y no podía negar que aquella era su única
debilidad.
Se sacó el teléfono del bolsillo para llamar a su
asesor y cortó la llamada. Bajándose del coche y sujetando el
brazo del pelirrojo que caminaba con su amigo del brazo. – Toru…
Koya lo miró de arriba abajo. Mirando luego a Toru
por saber si quería que se fuera. – ¿Te espero en el jardín?–
preguntó con sutileza.
– Sí... – le sonrió el chico, girándose para mirar
el moreno. Era extraño que uno de sus clientes lo saludase así
como así, o al menos, uno como él. – Buenas tardes, Murakami-san.
– Vale…– sonrió levemente y se metió un cigarro
entre los labios, prendiéndolo y marchándose con las manos en
los bolsillos, pegándose a la pared como si desease pasar inadvertido
ahora.
– Buenas tardes… qué formal… – el moreno sonrió
levemente. – ¿Estás ocupado?
– No, pero... – suspiró, pensando que era algo difícil
decirle aquello, seguramente porque le agradaba. – No puedo trabajar
más para ti... Verás... sucedió algo y... – se miró la alianza,
pensando en Hayabusa y el rostro que tenía cuando le había pedido
aquello.
– ¿Cómo?... – preguntó como si le hubieran dado
un sopapo o no le hubieran negado antes algo jamás.
– Es que la persona de la que estaba enamorado...
también está enamorado de mí. Él me lo pidió, y yo... no quiero
fallarle de ninguna manera. – sonrió, desviando la mirada.
– Quieres decir Hayabusa-san… ¿Así que has dejado
tu empleo?– preguntó a sabiendas de que había dicho claramente
“no puedo trabajar mas para ti.”
– Sí, Hayabusa-san... Y no, aún no lo dejo. No quiero
ser una carga para él. – lo miró a los ojos, preguntándose si
se había molestado. – No es para tanto, seguro hay muchos chicos
mejores que yo.
El moreno torció una sonrisa en sus labios. –Pero
tú dijiste que te harías cargo… Al menos deberías hacer lo que
prometes… hasta que encuentre a otro que me agrade como tú… Si
hubieras dejado el trabajo sería distinto, ¿pero cual es el capricho
de que no pueda ser conmigo? ¿Es que te he tratado mal?
– Por supuesto que no, al contrario. – negó con
la cabeza. – Creo que es porque te conoce... Tal vez no quiera
que tenga más clientes regulares... – comentó, preguntándose ahora
si sería eso. – No quiero que pierda su confianza en mí.
– ¿Le has dicho que nos veíamos? Eso no es muy discreto…
Toru… – tocó el capó del coche con la mano, golpeando un poco
con los dedos.
– Lo sé, perdona... No lo hice a propósito. Es sólo
que... quería saber si pensaba irse. – sonrió un poco, tocándole
la mano para que no se enfadase. – Además... ¿quien fue el que
me dijo que si querías que algo permaneciera en secreto, no debías
decirlo? O algo así...
–Toru, simplemente no se lo digas… ¿prefieres hacerlo
con cualquiera? Sabes que yo te pago bien y no te hago daño… –
lo miró igual de serio, tocándole después la mejilla con un dedo.
– No, ya lo sé, pero no quiero serle infiel a Hayabusa-san.
Lo amo... – sonrió un poco, ladeando la cabeza, y desviando la
mirada.
–Pero lo serás igual… Si te quiere, querrá que al
menos estés seguro ¿no? ¿Por qué querría hacerte sufrir? – Lo
hizo mirarlo de nuevo, sujetándole la quijada con delicadeza.
– ¿O es que sólo te sientes infiel conmigo?
– Murakami-san... él sólo me pidió que dejase de
verte a ti. Por eso... es como si lo traicionara directamente
– suspiró, intentando hacerlo comprender. Aunque le parecía lógico
lo que decía el moreno. En realidad, prefería hacerlo con él que
con cualquiera de la calle. – Hayabusa-san no desea hacerme sufrir.
–Pues no me hagas sufrir tú a mí… – sonrió levemente
aunque comenzaba a sentirse contrariado de más. – …te pagaré el
doble…
– No se trata del dinero... – sonrió, bajando el
rostro, y negando con la cabeza. – Murakami-san, no vas a sufrir
si no me tienes a mí.
– Te quiero a ti… – insistió el moreno serio, cogiendo
un cigarro y encendiéndolo. – Será suficiente con las manos… No
me hagas seguir insistiendo, Toru… Nunca me habían hecho insistir
tanto como tú… Te gusta contrariarme....
– No es cierto... – se rió, pensando que hacía un
poco de gracia con esa cara de contrariedad. – Murakami-san, ¿por
qué conmigo? Ya te he dicho, hay muchos chicos mejores que yo.
– Nunca he tenido sexo con alguien que no fuera
pagando, sé cómo son… y te quiero a ti…– alzó las cejas una vez
y lo miró igualmente serio. – Una última vez al menos…
Toru permaneció mirándolo sin saber qué hacer, no
parecía querer aceptar un “no”. Con cualquier otro le hubiera
bastado con irse o llamar a Koya si las cosas se ponían difíciles,
pero esto era distinto. Suspiró, resignado. – Está bien, una última
vez no debe hacer daño. Pero luego de esta ya no podré, ¿vale?
– Está bien… – sonrió abriéndole la puerta del coche
para que entrase. –Hagámoslo una última vez…
Toru entró en el coche, acomodándose, y pasándose
una mano por el cabello. Jamás había tenido un cliente como él,
definitivamente.

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