Capítulo 53
Give Me Your Love
Hideyoshi observó al pelirrojo, que seguía dormido,
sonriendo un poco maldito e inclinándose sobre él, para lamerle
la mejilla, a ver si lo sentía.
Kenzo le dio con la mano en la cara frunciendo el
ceño y entreabriendo los ojos al darse cuenta de que había tocado
algo real, llevándose la mano a la cara y tocándose la mejilla.
– Guarro…– protestó limpiándose con la sábana –Si querías lamer
algo abajo tenía algo mejor…
– Quería darte un almohadazo pero decidí ser bueno.
Ya veo que no rindió frutos... – se rió, cubriéndose la nariz,
por el manotazo que le había dado. – Ya levántate, te hice desayuno...
y me debes una cita. No vas a dormir todo el día.
–Hum… – se estiró sonriendo con maldad. – ¿Me has
hecho el desayuno? Creo que me casaré contigo…– se rió. Levantándose
de la cama y tocándose el pecho para colocarse la cruz que colgaba
de su cuello. –Bueno… me ducho luego… – murmuró, buscando algo
tirado que ponerse mientras.
– No te puedes casar conmigo... Soy incasable. –
bromeó, alejándose hacia la cocina, para servirse una taza de
café, y esperarlo. Suponía que comprendía su comentario. Hacían
el amor, y al día siguiente, él le hacía el desayuno. No estaba
intentando atraparlo, ni nada por el estilo. Sólo se sentía alegre.
El pelirrojo le pellizcó el culo, besándole la nuca
y colgando los brazos por sus hombros. –Huele bien…– cogió un
trozo de torta y se lo metió en la boca, bailando contra sus nalgas
lo que tenía puesto el vecino de arriba.
– Baka, siéntate... – se rió el rubio, pensando
que era la primera vez que lo veía así, y girándose para meterle
otro trozo de torta en la boca. – Soy buen cocinero...
–Lo veo… – le besó los labios, sentándose y llevándose
el plato con él. – ¿Dónde quieres ir, Hide-kun?... – enroscó una
torta luego de echarle mermelada y se la metió en la boca, pensando
que estaba de buen humor y mirándolo fijamente.
No lo sé... a divertirnos... – se rió, sentándose
y bebiendo de su café. – Podríamos ir a jugar videojuegos, hace
mucho que no lo hago. Pero no creo que sea tu estilo, ¿o sí? O
podemos dar un romántico paseo por la playa...
–Oye… yo juego muy bien… pero ahora quiero ir a
la playa… A bañarme, no a ser romántico… Yo sólo soy romántico
cuando me pagan… – mojó una torta en el café y la mordió. Supongo…
– lo miró de nuevo y sonrió levemente .– Qué memo eres…
Hide se sacó una moneda del bolsillo, colocándola
frente al pelirrojo. – Ahora serás romántico. – Se rió, guiñándole
un ojo. – Vayamos a la playa entonces, pero primero pasamos a
comprar un traje de baño, no incluiste eso en mi guardarropa de
host. Además, así me debes un viaje a las máquinas de juegos.
El pelirrojo giró la moneda, cogiéndola de nuevo
y mirándolo a los ojos. –Capullín… iremos a las máquinas antes
de ir a la playa si quieres… – se bebió el café, levantándose
mientras lo acababa. –Voy a ducharme… ¿tú te has duchado o has
preferido pasar para poder oler mi sudor en tu piel…? – se burló,
jugando, aunque provocándose un estremecimiento a sí mismo por
llevarse recuerdos de la noche anterior.
– Desgraciadamente, me he duchado... Y prefiero
que me debas otra cita – le sonrió, aún bebiendo y observando
su cuerpo, cómo se marcaban los pliegues de su pantalón.
– Tú no quieres una cita… – cogió unos jeans ajustados
y bastante destrozados y una tank negra del armario, tomando un
bañador de arriba y riéndose. –Te podría dejar un… speedo… pero
prefiero ver cómo te pruebas bañadores… – se metió en el baño,
mirándose al espejo mientras se calentaba el agua y tratando de
ponerse serio. No podía.
– Baka... – murmuró el rubio, mirando hacia el baño,
pensativo, y sonriendo también. No podía evitar imaginárselo.
Se levantó para fregar los trastos, riendo un poco.
El pelirrojo le sujetó una mano al salir del baño.
Llevándolo hacia fuera con él y cerrando la puerta, metiéndose
en el ascensor y mirándolo serio por fin de una vez, aunque empezando
a sonreír y apartando la mirada – ¿Para qué pones esa cara? Haces
gracia…
– ¿Te has visto en el espejo hoy? El de la cara
graciosa eres tú... – se rió poniéndose por delante de su mirada,
para molestar. – Además, esto es una primicia. Kenzo el súper
host, vestido así... Y luego critica cómo me visto yo. – bromeó,
ya que iba vestido con su ropa normal para variar, la cual no
era elegante ni mucho menos.
– ¿Qué? Es ropa de marca… con rotos estratégicos…
Calla… no sabes nada de moda… – se echó adelante para pasarle
el cabello mojado por la cara y salió, pasando por delante de
él y saliendo del edificio. Pensando a dónde llevarlo a comprarse
el bañador y que hubiese una sala de máquinas cerca. –Ven… vamos
por aquí… – le indicó, guardándose las manos en los bolsillos
después.
– Se te ve bien... – murmuró el rubio, sujetándose
de su brazo, y mirándolo de soslayo por ver su reacción.
–Ya sabía que te gustaba… – murmuró el pelirrojo
cogiendo un cigarro del bolsillo y encendiéndolo. – ¿Qué tipo
de bañador usas? Seguro que uno de esos horribles y largos hasta
la rodilla ¿no?... – preguntó mirando un escaparate de una tienda
de surf.
–No, prefiero sentir el agua, pero tampoco creas
que voy a comprarme una tanga, ¿eh? – se rió, quitándole el cigarrillo
y dándole una calada él. En realidad tenía los suyos propios,
pero era divertido molestarlo. Y claro, el día de hoy estaba un
poco hiperactivo.
– No te dejo usar tanga… – murmuró, frunciendo el
ceño porque le quitase su cigarro y sacándoselo de nuevo, pensando
que ni de coña lo dejaba ir en tanga de todos modos. Enrojeció
un poco por verse expuesto y entró en la tienda como si nada,
mirando los bañadores y cogiendo un speedo azul eléctrico con
dibujos en blanco, meneándolo en la mano. –Mira… pone “introducir
el culito de Hide-chan aquí.”
– Lo debe poner en lenguaje de Ken-chan, porque
yo no lo leo... – se rió, tomándolo aún así. – Voy a probármelo,
ya que sé que te pone este...
–Vale… – sonrió de medio lado, sujetando el cigarro
y entrando con él en el probador antes de que lo cerrase, apoyándose
contra la puerta y observándolo, levantándole la camiseta para
quitársela. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo… pero se
sentía muy bien… para variar… sentía algo cálido…
– Kenzo, estamos en un lugar público... – se rió
el rubio, preguntándose si le habría dado luz verde para abusarlo
desde la noche anterior. No estaba seguro, pero tampoco era como
que quisiera detenerlo. Se alejó un poco, sonriendo, y bajándose
los pantalones.
– ¿Y qué? Sólo somos dos amigos acompañándonos mientras
compramos ropa… es lo que hacen los amigos ¿no? Ya lo hicimos
una vez… – sonrió, observando su cuerpo y cómo se bajaba la ropa
para ponerse el speedo.
– Pero aquella vez no me ayudaste a quitármela...
– se rió, colocándose el speedo y mirándose al espejo, ladeando
un poco la cabeza. – ¿Crees que me queda bien?
El pelirrojo asintió con la cabeza, mirándolo y
apoyándose más contra la puerta. – ¿No te gusta?
– Sí, la verdad... tienes muy buen gusto – le sonrió,
con toda la intención, mirándose una vez más al espejo, antes
de vestirse de nuevo. Incluso conocía su talla ya.
– Espera… iré a pagártelo y te lo llevo para que
te lo pongas de nuevo… – le propuso. – ¿O pensabas hacer un strip
en la playa?
– No me iba a ir por la calle vestido en speedos,
por más fantasías que tengas... – se rió, alborotándose un poco
el cabello. – Y ya te deberé algo más...
– Es igual…
– ¿El precio o la fantasía? – lo miró, pensando
que no era igual para él.
– Si fueras así por la calle tendría que matarte…
– le pagó el bañador y se lo puso en la cabeza, cerrándolo en
el probador y sujetando la puerta. –Vístete…
– Ya lo haré... pareces un ogro... – refunfuñó,
aunque sonriendo. Le hacía gracia esa actitud.

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