Capítulo 51
Unspoken
Kenzo se sentó en la cama, abriéndose la camisa
poco a poco y mirando al rubio frente a él –Mañana salimos ¿no?
¿Te ha dado el día libre al final?
– Sí, aunque se quejó bastante... Dijo que tenía
que avisar a algunos clientes... – suspiró, sonriendo y sentándose
a su lado, finalmente. – Baka... debería vengarme...
– Véngate… a ver cómo… si eres un flojo… –lo empujó
a la cama y se le tiró encima, pegándole en las nalgas, lo había
echado de menos. El rubio lo apartó y rodó un poco por la cama,
reído. –Deja a Tatsuya… ¿Que no viste lo que sucedió? – Se rió
igualmente.
– Pero yo le pedí el día libre antes de eso... –
se tiró sobre él ahora, por molestar, riendo. – No deberías reírte
de esas cosas, Kenzo...
El pelirrojo le sujetó las nalgas y se las apretujó
con las manos. –Y tú deberías pensar un mejor modo de atacarme…
– Yo creo que este es bastante bueno ya... – le
sonrió de manera traviesa, besándolo de improviso y huyéndole
luego.
– Maldito…– le tiró de una pierna y lo arrastró
por la cama, subiéndose sobre su espalda y sujetándole las manos
atrás mientras se sentaba en sus nalgas. Le parecía bizarro estar
jugando a esas cosas de cuando era niño a esas alturas, pero lo
cierto es que no dejaba de reírse. – Te eché de menos…
– Yo más... creo que me salieron canas... – bromeó,
aunque enseriándose luego, dejando de luchar. – Realmente estaba
preocupado...
Kenzo se acostó sobre él, deseando poder creerle,
pero no era cierto. Hideyoshi quería que fuera como él deseaba
y no como era realmente. Le sujetó las manos con las suyas y se
apoyó en su cabeza con los labios. – ¿Por mí o por Takara?
– Por ti... – contestó, suspirando, observando las
sábanas. – No quería que hicieras algo que lamentases, y no sabía
si ibas a querer que siguiera aquí cuando regresaras.
El pelirrojo lo volteó en la cama y lo miró, aguantándose
con las manos y observando sus ojos. Siempre estaban en esa tensión
sexual insoportable, le hubiera gustado acabar con ella de una
vez pero no… porque le estaba mintiendo… Se acostó a su lado y
se volteó para mirar la lámpara del techo. – No haré nada… pero
debería… Debería hacer algo… Tú no lo entiendes…
– No, supongo que no... – suspiró, alzándose un
poco sobre sus brazos para mirarlo. Lo sentía extraño, a pesar
de todo. No sabía por qué. – Puedo entender tu soledad, tu furia...
aunque no lo creas... Sólo que no pienso que esta sea la manera.
– ¿Y cual es?– preguntó, deteniendo su tono escéptico
justo a tiempo.
– Déjalo ir... O dile la verdad... Grítale a Hayabusa,
insúltalo, haz lo que tengas que hacer, pero... no es justo destruir
a ese chico... Y no te hará bien. – le tocó un hombro, sonriendo
ligeramente. Aún no podía creer que Hayabusa hiciera algo así,
seguro habría una razón tras todo aquello, pero no era algo que
fuera a discutir con Kenzo. – Sé que piensas que soy un tonto...
–No… Sé que tienes razón… Simplemente debería dejarlo
ir… Él me abandonó… y yo debería simplemente ignorarlo…– dijo
justamente lo contrario a lo que pensaba, jugando con uno de los
anillos en su dedo. – Es lo que haré… Ya te lo dije… Es sólo que
necesito superarlo… es todo… En cuanto pueda, dejaré ese empleo…
– Y ¿qué voy a hacer sin mi sensei? – se rió, aliviado,
pasándole un brazo alrededor del pecho. – No estás solo, Kenzo.
Quiero que sepas eso. Aún si no me amas... no estás solo.
– Aún no lo sé… No me agobies…– se quejó, sujetándole
el brazo con fuerza para que no fuera a separarse pese a todo.
–Pero no quiero estar sin ti… eso sí lo sé… – lo miró a los ojos
y desvió la mirada a la lámpara de nuevo. – Aunque seas un iracundo…
– No soy un iracundo. Es tu culpa... – le devolvió,
apretándose contra él. – Y no te presiono, sé que no es justo.
Kenzo lo miró a los ojos. – Tu sola mirada me hace
sentirme presionado… Sé que no eres tú… soy yo… el problema… como
siempre…– se aproximó más a él, rozando sus labios con los suyos
y besándolo con suavidad, respirando con fuerza, de inmediato
excitado por él.
– Kenzo... – susurró el chico, sintiendo un vago
dolor en el pecho. – Pensé... que tal vez debía irme un tiempo.
Dejarte pensar sin mi... presión, como dices. – sonrió, acomodándole
un mechón de cabello. No podía dejarlo solo, a pesar de todo.
Seguramente era algo egoísta.
–No quiero que te vayas…– lo miró a los ojos, como
asustado de pronto. Tal vez sí sería lo mejor… que se fuera y
lo dejase acabar con aquello de una vez, cuanto antes… pero no
podía… dejarlo ir…
– Yo tampoco quiero hacerlo– contestó, cerrando
los ojos, suspirando. – Creo que estoy siendo egoísta... No, lo
sé.
–Me da igual, no quiero que te vayas… te ataré a
la cama…soy capaz de hacerlo – lo miró serio, preguntándose si
bromeaba.
– Pero si me atas a la cama... pensaré que es otro
juego, completamente distinto –se rió, preguntándose si no estaba
sucumbiendo de nuevo.
–Baka…– se rió y le sujetó la cintura del pantalón,
bajándoselo y quitándole la camisa después, poco a poco, cuidadosamente,
observando cómo su sexo pulsaba un poco como previniendo. Sonrió,
quitándose la camisa y el pantalón. Acostándose sobre él y besándolo
de nuevo. –Deberíamos ponernos a dormir… Hoy hace calor para que
uses tu pijama… ¿no lo notas?… – rozó un poco su sexo contra el
del rubio y lo abrazo más, entrelazando sus piernas con las suyas.
– Kenzo... eres un tramposo... – susurró, con la
voz algo jadeante sin poder evitarlo. Sentía que podía dejarse
llevar, cometer otro error tal vez. – Debería irme... no se puede
vivir contigo... – sonrió, besándolo de nuevo con suavidad.
– No… No puedes irte…– lo besó también, lamiéndole
los labios y mordisqueándole el inferior un poco mientras se rozaba
un poco más contra él. –“Ya te dije que eres mío”…– sintió que
enrojecía violentamente y lo abrazó más, haciéndose el loco. En
realidad, había querido decir, “que te ataría” pero le había salido
ese sinsentido. –Ya estoy dormido… sh…
– Te escuché... Así que soy tuyo... – se rió en
voz baja, el corazón palpitándole rápido. ¿Qué demonios estaba
haciendo? Le pasó la mano por el cabello, susurrándole al oído.
– “¿Por qué no me haces tuyo entonces?”
Kenzo se movió un poco para mirarlo a los ojos.
– ¿Eso quieres?– lo besó profundamente sin dejarle tiempo para
dudar. Abrazándolo con más fuerza y sujetándole las nalgas para
rozarlo contra él. Deslizó las manos bajo su ropa interior, apretándolas
aún más y respirando acelerado contra su boca. Su sexo irguiéndose
y humedeciendo la tela al rozarse con el del rubio.
– “Kenzo...” – susurró contra sus labios, mirándolo
profundamente a los ojos. Sentía su cuerpo ardiendo, el sexo del
pelirrojo, caliente y erguido contra el suyo, enviándole espasmos
de placer, al rozarse. Le acarició la espalda, besándolo de nuevo.
No quería pensar, no le importaba si Kenzo lo amaba o no. Realmente
quería ser suyo, al menos por una noche.
El pelirrojo se volteó sobre él sin soltar sus nalgas,
besándole el cuello y mordiéndoselo nervioso, lamiéndole el pecho
y oliendo su piel intensamente, su lengua deslizándose a lo largo
de él, rozando sus pezones. Estaba oscuro pero podía ver la piel
del rubio gracias a la luz que entraba por las cortinas. Sus manos
se deslizaron por sus piernas, tirando la ropa a un lado y empujando
las sábanas que colgaron de la cama.
Se arrodilló en el colchón, recogiéndose el cabello
y desnudándose, sin dejar de mirarlo a los ojos, respirando con
fuerza. Suponía que no tenía una expresión tranquilizadora precisamente
en aquellos momentos. – Abre las cortinas…
– ¿Por qué? – lo miró, sin comprender, pero sólo
era una curiosidad pasajera. Sólo quería sentir sus manos en su
piel de nuevo. Se puso de pie, para ir a abrir las cortinas, observando
la vista y girándose para mirar al pelirrojo, sus ojos recorriendo
la forma de su cuerpo.
El pelirrojo lo miró también, sujetándolo de la
nuca y besándolo, mientras lo atraía a la cama de nuevo, sujetando
su sexo y acariciándolo mientras se besaban. – Para que todo el
mundo lo sepa…
– Parece una declaración de algo... – se rió, contra
sus labios, besándolo de nuevo y gimiendo dentro de su boca, su
sexo creciendo dentro de la mano del pelirrojo, pulsando, sus
manos recorriendo su espalda de nuevo, apretándolo contra sí.
–De toma y posesión… – lo empujó a la cama, volteándolo
y alzando un poco sus nalgas, su lengua empujándose dentro de
él, empapada, mientras sus manos sujetaban sus nalgas con fuerza,
separándolas y apretando sus músculos. –A ver si te sigues riendo…
– deslizó la lengua contra su ano, empujándola de nuevo y penetrándolo
con ella, probando el interior de su cuerpo. Era suave y estaba
ardiendo. Su propia mano bajó a sujetarse el sexo, masajeándose
y haciéndolo penetrar su cuerpo con más ahínco.
– Baka... Kenzo... – gimió, sonriendo, moviéndose
un poco. La lengua del pelirrojo le parecía divina. No había duda
de que sabía utilizarla. Se sujetó de las sábanas, alzando un
poco las caderas como ofreciéndose aún más., su propio sexo rozando
contra el colchón.
El pelirrojo deslizó la mano desde su sexo al del
rubio, tocándolo tan sólo con la punta de dos dedos, sintiendo
cómo temblaba a su roce y lamiéndose el labio superior. Estaba
ardiendo. La forma en la que su piel pálida lucía azulada por
la luna, lo estaba volviendo loco. Le mordió una nalga, sus dedos
sustituyendo a la lengua que antes penetraba su cuerpo, retorciéndose
dentro del rubio y penetrándolo bruscamente, buscando en su interior
el modo de volverlo loco.
– Ah... Kenzo... – el chico giró el rostro contra
el colchón, sus ojos afiebrados observándolo como mejor podía,
pensando que se veía imponente así, poderoso incluso. – Bé...
same Kenzo... – le pidió, sin dejar de mirarlo.
En lugar de eso, el chico le alzó una pierna con
su mano, penetrándolo y subiendo la otra hasta su boca, sus dedos
jugando con su lengua, sus labios besándole la nuca y lamiéndosela.
–No…– sonrió levemente, sintiendo que se moría de placer dentro
de su cuerpo, era mejor que ningún otro…
– Mal...vado... – se rió, jadeando, hablando extraño
a causa de los dedos del pelirrojo. Sin embargo, succionándolos
con intensidad, lamiendo entre sus dedos, moviendo su lengua justo
como lo hubiera hecho en su boca, de haberlo besado.
– ¿Malvado? Si te estoy haciendo sentir tan bien…
– lo volteó, sujetándole las piernas por los gemelos y abriéndoselas,
observando su sexo goteando húmedo, una línea de líquido gelatinoso
bajando hasta el abdomen del rubio. – Ah… me gusta…
– Te gustaría más su sabor... – bromeó el chico,
su pecho subiendo y bajando, agitado por la excitación. Bajó la
mano a su sexo, acariciándoselo, mostrándole al pelirrojo cómo
se tocaba, cada vez más caliente, los gemidos escapando de sus
labios sin mucho control.
– Prefiero follarte…– lo penetró aún más rápidamente,
golpeándose contra él con fuerza, y observando cómo se tocaba,
inclinándose sobre él y besándole los labios profundamente, cerrando
los ojos y frunciendo el ceño. Sus dedos acariciando sus pezones
y retorciéndolos entre ellos. – No quiero que esta noche acabe…
– “Ni yo...” – susurró, sujetándolo por la nuca,
con la mano libre, para que lo besase de nuevo, sus piernas abrazándose
a su espalda con firmeza, haciéndolo penetrarlo aún más profundamente.
Lo estaba volviendo loco por la manera como lo tocaba. Empezó
a masajear su propio sexo con más fuerza, sus pezones completamente
duros y sensibles.
– Mmm… ¡Hide!… – apoyó la frente contra la suya,
empujando sus caderas y dejándose llevar por la pasión por completo,
sus dedos penetrando de nuevo la boca del rubio, observando cómo
los lamía y la saliva resbalaba por su mejilla. Sujetó, sus muñecas
de pronto, apartándole las manos para poder abrazarse a él, besándolo
y resbalando contra su sudor, jadeando abandonado por completo
al placer. Sus mejillas enrojecidas de tanto moverse dentro de
su cuerpo. Su pelvis frotándose contra el sexo del rubio para
sentirlo mejor.
– Mhmmm... mhmmm... ah... – el rubio alzó la mirada
a los ojos del chico, sintiendo las sacudidas del orgasmo, su
cuerpo entero encendido por la pasión, la manera en la que Kenzo
se frotaba contra su cuerpo, cómo se movía dentro de él. Su sexo,
completamente erguido contra el abdomen del pelirrojo, derramando
el semen entre ambos. Sentía el líquido cálido, aumentar aún más
la fricción, haciéndolo estremecerse y gemir con fuerza.
– ¡Agh!…– el pelirrojo se apartó de sus labios,
apretando las mandíbulas y aguantándose en los brazos mientras
lo penetraba a golpes, derramándose dentro de él y empujándose
profundamente en su interior, manteniéndose allí, dentro de su
cuerpo, mientras su semen fluía con demasiada fuerza como para
permitirle hacer algo más que soportar sus propios gemidos.
Las manos de Hideyoshi se alzaron para sujetar su
rostro, sonriendo en medio de aquello. No podía evitarlo. Le parecía
lo mejor que hubiese visto en su vida. Espero a que se calmara
un poco, besándolo de nuevo, esta vez con suavidad. No podía estar
más enamorado, porque le haría falta otro corazón.
Kenzo se dejó caer sobre él, despacio, besándolo
profundamente de todos modos aunque ahora ya estaba calmado… aún
respirando con fuerza. Le besó la mejilla, apoyando una mano sobre
su cabeza y permaneciendo allí, sobre él, sentía fresco ahora
en su espalda mojada y no sabía qué decir. Sólo quería permanecer
allí.
“Te amo” Era lo que quería decir Hideyoshi, pero
el rubio también permaneció en silencio. Esto había sido maravilloso,
aún lo era. Pero aún así, era consciente de que tal vez Kenzo
no sintiese lo que él sentía. No iba a presionarlo. Cerró los
ojos, abrazado a su cuerpo, sonriendo ligeramente. No valía la
pena pensar en eso ahora.

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