Capítulo 5
It’s Nice to Be Out of the Rain
Hideyoshi dejó caer el cigarrillo al piso, apagándolo con la suela
del zapato y echándose un poco hacia atrás la capucha de su camiseta.
No tenía idea de qué hacer, ni de donde iba a pasar la noche.
Todo era culpa de ese maldito jefe, jamás les pagaba a tiempo.
Y como si no fuera suficiente, el que le alquilaba la habitación
había resultado ser un impaciente. No le atraía mucho pasar la
noche en una banca del parque.
– ¿Quieres apartarte de mi coche?– el pelirrojo,
que llevaba unos segundos parado tras él, esperando a que se separase
de la puerta de su auto le dio con un dedo en el hombro. Aún por
encima llovía y se estaba empapando.
– No realmente, pero ¿qué se le va a hacer? – Lo
miró, pensando que seguro lo tomaba por un vagabundo, pero en
esos momentos, lo era, ¿no? Se separó del coche sin muchas ganas,
y aún sin saber a donde ir.
Kenzo se quedó mirándolo a los ojos, era muy guapo…
Demasiado para pasarlo por alto así como así. – Eh… ¿necesitas
donde pasar la noche?...
El rubio lo miró de nuevo, sonriendo un poco. ¿Se
había confundido aún más? – Sí, pero... no soy un prostituto,
si eso piensas. Así que no tengo cómo pagar.
– No es un problema… – Le abrió la puerta del coche
para que pasase. En realidad, lo cierto es que también le había
dado bastante lástima… Tenía esa cara de estar completamente solo…
que tan bien conocía, que tantas veces había visto en su reflejo.
Se subió al otro lado y se apartó el cabello hacia atrás un poco,
estaba mojado. – ¿Qué hacías ahí parado con esta lluvia?
– Esperándote... – Se rió, entrando en el coche,
y rogando por no estar cometiendo un error. – Espero que no seas
un asesino en serie. – Lo miró, bajándose la capucha. – Me llamo
Hideyoshi.
– Encantado… yo me llamo Kenzo… y no, no soy un
asesino ni en serie ni en edición limitada…– sonrió levemente
y lo miró de soslayo. –Es sólo que tengo debilidad por los solitarios…
El chico se rió sin poder evitarlo. – Mucho gusto,
Kenzo. Debo tener mucha suerte entonces. ¿Tan mal me veo?
–No… te ves solo… ¿me equivoco?– Lo miró de soslayo,
girando en la calle para dirigirse hacia un edificio cercano.
– ¿Necesitas un empleo?
– Ya tengo uno, es sólo que jamás me pagan a tiempo,
y para lo que me pagan... – Lo miró, preguntándose si pensaba
proponerle algo. No llevaba tanto tiempo en la calle como otros
chicos, pero tampoco era un inocente.
– Eres bastante guapo… con un poco de estilo… –
Aparcó el coche en el garaje del edificio y se giró hacia él,
subiendo la mano por el respaldo del asiento, observándolo ahora
mejor, a pesar de que estaba desarreglado y bastante despeinado.
–Bueno… ya veremos… vamos… hay que tomar el ascensor.
– Como no quieras que sea modelo... me pondré nervioso.
– Se rió de nuevo, sin poder evitar sentirse aliviado de tener
donde pasar la noche, siguiéndolo.
El pelirrojo tonó el ascensor y lo llevó de la cintura con él.
–No… en realidad estaba pensando en presentarte a mi jefe… trabajo
en el club Olimpo… ¿lo conoces? Estabas parado justo en frente
de la entrada del edificio…
– ¿Olimpo? – preguntó, pensando que no se había
fijado en el letrero, estaba demasiado ensimismado. Pero sí había
visto algo más. – Es... un club gay ¿no?
– Bueno… es un club de host… que seas gay o no,
no tiene mucha importancia, nadie te obliga a gustar de ellos
o a tener sexo con ellos…– El pelirrojo abrió la puerta del piso,
bastante moderno aunque un tanto desarreglado a causa de las pocas
horas que pasaba allí. –Puedes tomarte un baño… te dejaré un pijama…
y si me robas algo, te mataré…– sonrió y se volteó para mirarlo.
Entonces sí eres un asesino de edición limitada...
– Le sonrió de vuelta, observando el lugar, y suspirando. – Un
host, ¿eh? Ya sabía que no te veías como cualquiera. Este lugar
está muy bien...
– Gracias… cobrarías muy bien… tengo un coche… regalado
por un cliente… como ves… Es un trabajo rentable, sólo hay que
saber llevarlo… no cualquiera vale para ello, no llega con una
cara bonita… – Se aproximó a él con un pijama. – Usa esto… la
cara bonita la tienes…– Le alzó un poco la cara y le apartó el
cabello aproximándose un poco. – ¿Eres gay?
– Gracias... – Lo miró, sonriendo aún, aunque ligeramente
rojo por el nerviosismo, sujetando el pijama. – Sí, lo soy. Imagino
que con tu empleo, eso no te molesta.
– No, lo preguntaba porque sólo tengo una cama y
vas a tener que dormir conmigo si no quieres hacerlo en el sofá…
– Suspiró recogiéndose el cabello en una coleta sin dejar de mirarlo,
tenía los ojos violetas… muy bonitos… pero le recordaban a los
de otro… – Puedes estar tranquilo… por mi parte.
– Gracias, menos mal... – Suspiró el chico, relajándose
y sonriendo. – Y ¿esto es una costumbre tuya? No conozco a mucha
gente que recogería perfectos extraños sólo porque se apoyan en
su coche.
– Eres el primero… qué suerte ¿no?– Sonrió de medio
lado y se quitó la camisa dejándola por el sofá y entrando en
la cocina para beber un poco de agua y comer algo antes de acostarse.
– Es sólo que yo también sé lo que es dormir en la calle…
– ¿En serio? – Miró a su alrededor preguntándose
en dónde estaría el baño. – No lo imaginé, aunque supongo que
no está bien prejuzgar...
–Si te dedicas a esto… tampoco nadie creerá que
tú estuviste en la calle alguna vez… – Salió de la cocina y caminó
hacia el cuarto de baño, le abrió la puerta esperando a que entrase.
– ¿Buscabas esto?– Suspiró y se apartó de la puerta. –Ya hablaremos
mejor de ello… supongo que estás cansado… De todos modos, yo sí…
– Claro, no era mi intención mantenerte despierto.
– Se disculpó, pasando dentro y procediendo a cambiarse y observándose
en el espejo. Se veía cansado, eso seguro. Pero hasta hace poco,
no había ni podido pensar en dormir. Salió por fin, luego de lavarse
un poco el rostro.
El pelirrojo ya se había metido en la cama y se
apoyó un poco en los codos para observarlo, separándole las sábanas
a su lado. –Ven conmigo…
– Gracias... – Subió a la cama, observándolo por si acaso. Tampoco
tenía ganas de una sorpresa. Pero por algún motivo, no se sentía
en peligro. – ¿Siempre sales de trabajar a esta hora?
– Trabajo de siete a siete… pero algunas veces tengo
trabajo extra… ya sabes… Pero no los traigo a mi casa, nunca se
sabe si podrían estar pirados… No te imaginas cómo se ponen con
este asunto…– Se recostó de nuevo y se rió. – Tranquilo… no voy
a comerte y debajo de las sábanas aún llevo ropa…
– No, si te creo... – Se rió, recostándose. Se sentía
muy bien, dormir en un buen colchón. – Entonces, me estás recomendando
un empleo en el que se gana bien, pero hay muchos locos... Ya
he visto muchos locos de gratis. – Se rió también, aún observándolo.
– Sí… bueno… se obsesionan… – Se giró de frente
y apagó la luz, estaba muy cansado. –Tendrás que beber mucho…
y acabarás vomitando para soportarlo… Tendrás que decirles mentiras
a todos… y superar el hecho de que a lo mejor se dejen todo lo
que ganan al mes en ti… o que incluso se prostituyan por ti… No
es un trabajo que cualquiera pueda hacer…
– No, supongo que no... – Suspiró, preguntándose
si sería capaz de beber así. – Pero no te ves ebrio, aunque sí
hueles a alcohol... – Murmuró, casi susurrando ya. – Sólo una
pregunta más... ¿Cómo lo haces tú, todo eso...?
El pelirrojo lo miró, girándose de medio lado y
sonriendo. –Yo… quiero ser el mejor… así que haré lo que sea para
conseguirlo. Sé que te estoy ayudando… pero tú y yo no jugamos
en la misma liga… – Se apartó un poco el cabello hacia atrás,
observándolo. –No estoy borracho… He ido al baño a vomitar cada
dos por tres… Tengo la garganta destrozada… pero no estoy borracho…
eso sería bastante desgraciado para un host…
– Sería bastante desgraciado... – Sonrió en la penumbra,
pensando que era atractivo. Pero tenía un aura de amargura tras
aquella sonrisa. Ahora comprendía lo que le había dicho antes.
– No te preocupes, de todas maneras, no me interesaría quitarte
el puesto...
– Te interesará cuando empieces a ver la cantidad
de dinero que gana el número uno… o en tu caso el dos… verás…–
Se apoyó en un codo para verlo mejor. Hacía tiempo que no tenía
una conversación sincera con alguien agradable. – El número uno…
es… es igual…– Frunció el ceño un poco. – El número dos es quien
debe importarte a ti… es muy guapo… y sabe cómo manejar a los
hombres… El número tres soy yo y el cuatro también es… activo…
– Se rió suavemente. –Bueno… acuden más chicos pasivos a estas
cosas y buscan otra clase de hombre… De todos modos… lo más seguro
es que Tatsuya-san te coloque para que acompañes a uno de los
“veteranos.”
– Tatsuya-san... ¿tu jefe? ¿No es mejor si te acompaño
a ti? No... seguro te estorbo. – Se rió, girándose del todo, para
mirarlo. – Te estoy manteniendo despierto.
– No… No me estorbarías… pero estoy seguro de que
los que llevan más tiempo podrán introducirte mejor…De todos modos,
sí irás conmigo cuando haya que salir a conseguir clientes… –
Se recostó en la almohada y lo miró a los ojos. – Seguro que tienes
que limpiar letrinas al principio…– Sonrió de pronto levemente.
– No me importa hablar un rato, es agradable…
– He hecho cosas peores... o no... Pero seguro esas
letrinas son más limpias que las demás. – Se rió, exhalando con
suavidad. – Para mí también, hace tiempo que no hablo con nadie...
no de verdad.
– Lo mismo digo… pero cuando a principio de cada
mes te dicen que estás en el ranking de los mejores… sientes que
merece la pena…Algún día seré el número uno… – Se giró un poco
mejor en la cama. – Mañana… no me despiertes si te levantas pronto…
hasta las 6 de la tarde no me levanto…
– No te levantaré... tal vez no me levante yo tampoco.
– se rió, en bajito, cerrando un poco los ojos. – Yo creo que
lo lograrás, te ves como esas personas... a las que no detiene
nadie.
Kenzo sonrió levemente, deseando que tuviese razón.
– Duerme…– Le apoyó la mano en la cara cubriéndosela por completo
y girándose de espaldas después. –Mañana iremos a comprar ropa…
mejor…– Ajustó la hora en el despertador para las 4 y media de
la tarde. –Habrá que despertarse antes…
Hideyoshi abrió los ojos en la oscuridad observando
su espalda confundido. ¿Pensaba comprarle ropa? Eso no se lo había
esperado. Pero ahora, no quería molestarlo, se notaba que necesitaba
dormir.

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