Capítulo 41
Happy Endings are Simple
– ¿Qué te pareció? No murió nadie... – se rió el
rubio, saliendo del cine, sujeto al brazo de Koya. Lo cierto es
que le agradaba ver ese tipo de películas, aunque lo llamaran
cursi. Pero al final, todo resultaba bien.
– No estuvo tan mal… sacando lo de la doña que se
me durmió en el hombro… y las niñas de detrás tratando de ligar
con nosotros… – se rió, negando con la cabeza y encendiendo un
cigarro según salían, apoyándose en su hombro y besándole la mejilla.
–Me gusta salir contigo… ¿Estás trabajando?...
– Debería... pero no, ahora estoy con un amigo,
¿no? – lo miró, pensando que era un blando. Habría subido de ranking
con facilidad, pero así mismo iba a bajar. – Me estoy divirtiendo
mucho, Koya.
– Yo también… en realidad hacía mucho que no lo
pasaba así… y teniendo en cuenta que hoy debería haber sido un
mal día… Pero se me ha pasado… contigo…– se guardó la mano en
el bolsillo de la chaqueta para sostener mejor el brazo del rubio.
– Eh… vamos allá…– le señaló unos columpios aunque con la hora
que era ya no había nadie claro.
– Sí, me gustan muchos estas cosas, ¿sabes? Supongo
que nunca he salido de la infancia... – se rió, apretándole algo
el brazo.
– Yo tampoco…– sonrió levemente y subió la vallita
de protección para que los niños no saliesen a la carretera, caminando
por el suelo acolchado y sentándose en uno de los columpios. –
Cuando era pequeño, se metían conmigo por delgado…– se rió sujetándole
un dedo y apoyando la cara contra una de las cadenas del columpio.
– Ve...en… a mis… pier…nas…– le canturreó sin despegarse de la
cadena.
– Eres un baka aprovechado. ¿Quieres demostrarme
que ya no eres tan delgado? – se rió, aunque sentándose sobre
sus piernas finalmente. – Yo no salía mucho a jugar, no me dejaban...
– ¿Quién?– preguntó extrañado, columpiándose y aunque
le ponía un poco nervioso que fuera a caerse por su culpa.
– Mi madre, la ponía nerviosa... – se rió, recostándose
contra él. – Era un tanto hiperactivo, por eso.
– Ah… asÍ que era tu culpa…– se rió y dejó caer
el cigarro, no fuera a quemarlo. – Yo tampoco salía mucho a jugar
si no era en el colegio… no me gustaba jugar con los niños…– sonrió
levemente, mirando adelante. –Eran muy brutos y me hacían daño…
– se rió.
– ¿A ti? Creí que serías uno de esos niños con los
que nadie se mete. No sé por qué. – se rió, sujetándose de las
cadenas también, y ayudándolo a mecerse con más fuerza.
– No…– se rió por los bríos que se daba. – Pero
un poco después sí… Hablaba de la escuelita y eso… después era
popular… ya sabes… esos críos insoportables…
– Oh, ¿eras un crío insoportable? Seguro no me hubieras
hablado en esa época. – sonrió, recordando un poco, y tratando
de imaginarse a Koya de aquella manera.
– No, les hablaba a todos… sobre todo a los niños
monos… y tú seguro que lo eras…– se rió. – Me refiero a que era
un pijo sonriente…
– Pero eso no tiene nada de malo. Igual... yo era
muy callado, no le hablaba a nadie por mi propia iniciativa. –
contestó, suspirando, divertido con la mecedera que llevaban.
– Acabaremos dando la vuelta al columpio… Yo vi
a una niña hacer eso y ahí se dejo los dientes…– se rió sólo de
acordarse y se fue deteniendo poco a poco, bajándose y dejando
que se sentase para columpiarlo él. –Cierra los ojos…
El rubio los cerró, sujetándose bien de las cadenas, aunque echando
la espalda un poco hacia atrás. El moreno empujándolo con suavidad
y sonriendo al mirar cómo se movía su cabello rubio, pensando
que todo el mundo estaba muy solo… pero ahora se sentía bien…
y extraño… como si sentirse así no fuera para él.
– Se siente bien... como si volara... – se rió con
suavidad el rubio, entregándose completamente a aquel movimiento
y elevando un poco los pies.
– Supongo que sólo voy a ser un idiota más a la
lista… pero creo…que me gustas demasiado… Lo siento… No quiero
que digas nada al respecto…– lo siguió columpiando, serio, deseando
que no abriera los ojos.
Pero la sonrisa del rubio desapareció de su rostro.
¿Cómo se suponía que respondiera a eso ahora? Se sentía horrible
súbitamente, como si hubiera estado jugando. ¿Habría hecho sentir
así a Kenzo? Abrió los ojos, mirando el cielo nocturno, sin saber
qué pensar, ni qué sentir ya.
El moreno se detuvo y lo sujetó por los hombros,
apretándoselos un poco. –… tranquilo… me llega con esto… No tienes
que sentirte mal por no corresponder a alguien… Eres un host desastroso…–
se rió tratando de levantarle el ánimo.
– Ya lo sé, pero no soy un host ahora... – se recostó
contra él alzando la vista, para mirarlo así. – No voy a negar
que me gustas, quiero que sepas que no eres uno más en la lista
de idiotas. Ni siquiera tengo una lista así.
– Lo sé… Tú no eres así…– lo miró a los ojos y
le sonrió, besándole la frente. – No pasa nada… ¿ves? Soy un enamoradizo…
Es sólo que me has tratado tan bien… y lo he pasado tan bien después
de siglos…
– Yo también, lo he pasado muy bien, Koya. Pero
tal vez sólo sea eso, ¿no crees? Cómo te he tratado... Aunque
no veo por qué alguien te trataría mal. – le sonrió un poco, no
deseando verlo triste.
– A lo mejor…– lo consoló preguntándose por qué
hacía eso y sonriendo, acuclillándose delante de él y sujetando
las cadenas del columpio. – Tranquilo, estoy bien… – le apretó
la barriga con un dedo y lo miró a los ojos. –Te acompañaré a
casa… ¿quieres? Seguro que tu nov… amigo… está preocupado…
– No es mi novio... Es alguien más bien parecido
a mí ahora, supongo... – sonrió, sujetándole la mano. – ¿Seguro
que quieres acompañarme?
– Claro… no seas baka… Que me gustes no quiere decir
que no podamos ser amigos ¿no? ¿O es que ya estás incómodo conmigo?
Sé quedarme al margen… Creí que ya habíamos hablado de eso…– se
rió sujetándolo por la cintura. –Repetiremos esto ¿no?
– Me gustaría mucho... – asintió, poniéndose de
pie. – Pero creí que tal vez ya no querrías verme...
– Yo no soy así…– se encogió de hombros y lo miró.
– Bueno, no hay que hacer una montaña de un grano de arena… es
lo que suelo pensar…
Hideyoshi lo miró de soslayo, sonriendo un poco.
– Realmente me agradas, ¿lo sabes, Koya? Desearía que las cosas
fueran simples.
– Lo sé… y nunca lo son…– cogió otro cigarro, prendiéndolo
y apoyándolo en los labios del rubio. – Toma… que te hace falta–
bromeó.
– Baka... – se rió un poco sacándoselo de los labios,
y exhalando. Lo cierto es que sí le hacía falta.
El moreno lo acompañó hasta el portal donde vivía
y se rió. – Los host no dejan que los acompañen a casa ¿sabes
por qué? Porque puede que yo sea un stalker malvado…
– Ya te dije que ahora no soy un host. Y si tú eres
malvado, yo soy el diablo... – se rió, abriendo el portal y girándose.
– Me divertí mucho.
–Yo también…– se despidió de él con la mano como
si fuera un crío, sonriendo y dando unos pasos de espaldas antes
de voltearse y seguir su camino hacia el parque para buscar clientes.
Había que volver a la realidad.
Hideyoshi suspiró, girándose y entrando en el edificio.
Se preguntaba si estaba cometiendo un error. Giró la llave en
la puerta del piso, entrando en la oscuridad y quitándose la chaqueta.

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