Capítulo 39
The Life
El rubio miró a Kenzo, disimuladamente, observándolo
sonreír y coquetear con los clientes. No podía evitarlo luego
de lo sucedido la noche anterior.
– Hideyoshi-san... no me estás prestando atención...
– se quejó su propio cliente, haciéndolo sonreír instantáneamente.
– No digas eso, estaba pensando en lo que dijiste
antes... Es que yo nunca he salido del país... – se rió, alentándolo
a continuar, sin tener que hacer demasiado esfuerzo.
Tsubasa sonrió, pasando por detrás de él calculadoramente,
aunque dirigiéndose al bar. – ¿Ya llegó mi privado?
– Aún no, Tsubasa... – le contestó el moreno, que
limpiaba una de las copas, negando con la cabeza. – Estás extraño
hoy...
– ¿Tú crees? Yo lo veo espléndido…– Hayabusa se
rió, cogiendo una botella de champán de detrás de la barra del
bar, besándole una mejilla a Tatsuya para molestarlo. –Y tú también
lo estás Tatsuya-san…
–Eh… menos sobar… – Kai sujetó al moreno contra
él, aunque en realidad le habían dado ganas de empujar a Hayabusa,
pero no era recomendable enfadarlo. El otro host se rió, abriendo
la botella entre sus clientes.
Koya bajando unos pasos las escaleras del club,
con las manos en los bolsillos y mordisqueando la cadena que colgaba
por su cara. No sabía si estaba bien ir a buscarlo… o si se acordaría
siquiera, pero se acercó sin hacerse notar demasiado.
– Y tú, ayúdame a limpiar, no te tengo de guardián...
– protestó Tatsuya aunque en realidad, lo que estaba era rojo.
– Ah, el amor... – se rió Tsubasa, claramente bromeando
y acercándose a un grupo de chicos que llegaban, rodeando a uno
por los hombros. – Te habías olvidado de mí, me molestaré... –
se rió, dándole un beso en la mejilla.
– Koya-san... – Hideyoshi se percató de su presencia,
tomando su mano para que se sentase a su lado, de una manera claramente
contraria a la de Tsubasa. – No creí que vinieras tan temprano.
–Bueno… es que no sabía qué hacer…– se sentó, un
poco nervioso por estar ahí con otras personas y saludándolos
al notar que lo saludaban amablemente, casi extrañándose. Tal
vez muchos de ellos eran lo mismo que él… por el aspecto.
Kenzo se giró sonriendo, observando a Hideyoshi
Le iba muy bien últimamente, estaba seguro de que pronto subiría
de ranking. Se aproximó a ellos en parte escapándose un poco de
los someteos y el agobio de sus clientes.
– No tienes que hacer nada, no importa. Sólo siéntate
conmigo un rato... – miró a los demás, utilizando estratégicamente
su sonrisa esta vez. – ¿A ustedes no les molesta, verdad?
– No, no... Pero yo me puedo sentar a tu lado un
rato también, ¿verdad, Hide-san? – se acercó uno, ilusionado,
el rubio asintiendo, ya que no era un mal chico.
Kenzo le pasó las manos por los hombros a Hideyoshi
desde detrás del asiento, apoyándose un poco en el respaldar y
abrazándolo. – A Hide-san le gusta el helado… ¿verdad? Más aún
cuando es un regalo…– les contó como si fuese una confidencia.
– Yo ayer le regalé uno… y luego nos fuimos a dormir…– les dio
celos, riéndose por las protestas.
– ¿Vivís juntos?– preguntó Koya, directamente y
como siempre, dejando a un lado la poca educación que pudiera
tener.
– Sí, pero no es nada de eso... – negó Hideyoshi
con una mano, tanto por no espantar a los clientes como por no
ejercer ninguna presión. – A Kenzo le gusta bromear con eso...
El pelirrojo se rió y le tocó el cabello –Sólo somos
amigos… Menos mal ¿eh?...
–Kenzo-san… no tiene gracia… me había asustado…–
uno de los hombres que acompañaban al rubio se rió como sinceramente
aliviado. Kenzo riéndose también, la verdad es que le hacía mucha
gracia ahora eso.
–Hideyoshi… he pensado que podrías acompañarme a
ver una película… Hace siglos que voy solo… es deprimente…– Koya
se apoyó en su hombro, decidiendo ignorar a los presentes.
Kenzo lo miró de pronto, sonriendo aún, disimulando.
¿Lo trataba con esa familiaridad?
– ¿Una película? Yo tampoco he ido en mucho tiempo...
– le sonrió como aceptando sutilmente.
– ¡Hideyoshi-san! Yo también quiero llevarte al
cine... – le insistió otro, el rubio sonriendo.
– Uno a la vez, Hiyama-san. Ahora es el turno de
Koya... – insinuó, aunque no pensaba salir con los otros, la verdad.
Koya lo miró, percatándose de que lo había metido
en un aprieto, sin saber qué hacer de pronto. – Siempre dice lo
mismo, pero no es verdad, nunca viene conmigo…– mintió sonriendo.
Después de todo, se le daba bien también.
–Ah… Hiyama-san… puede estarse esperando toda una
vida entonces…– se rió otro de los chicos, incluso el pelirrojo
tranquilizándose un poco. No pensaba que Hideyoshi fuera de los
que prometen esas cosas sin cumplirlas pero… normal, estaba haciendo
su trabajo… Aún así… se giró al notar que lo abrazaban por detrás.
– ¿Piensas volver… Kenzo-san…?...
– Ah… sí, claro, disculpad…– sonrió acompañando
al chico, aún sintiéndose extraño.
– Claro... – Hideyoshi le sonrió, observándolo alejarse
y tratando de disimular en todo lo posible, mirando luego a Koya,
agradecido. – Pero no me dejes mal... Sabes que si no estuviera
ocupado, saldría contigo en un instante. Y lo mismo va para ti,
Hiyama-san. – le aseguró, tocándole la mano.
………
Kenzo se quedó mirando como los demás clientes parecían haberse
ido pero aquel chico moreno seguía allí, hablando con Hideyoshi
y riéndose mientras bebía vino. ¿Es que no pensaba irse nunca?
Hayabusa los miró y luego a Kenzo de soslayo, sonriendo
de medio lado y despidiéndose de Tatsuya y Kai. –¿Quieres que
te deje en casa?– le preguntó a Tsubasa mientras ya salía hacia
el ascensor.
– Si eres tan amable – sonrió el chico, acompañándolo.
No le molestaba para nada, odiaba conducir, así que jamás llevaba
su propio coche.
– ¿En serio me llevarás a ver una película? – le
preguntó Hideyoshi al moreno, sonriendo. – Perdona por lo de antes,
no podía ser más directo. Ya ves cómo se ponen...
– No, lo siento… no me di cuenta y casi te hago
quedar mal…– sonrió un poco, alzando una ceja y levantándose para
ponerse la chaqueta de piel sobre el jersey y las dos camisetas
que llevaba, como si hiciese frío. –Sí, quería ir a ver una película…
cenamos si quieres y luego te acompaño a casa…cuando te canses
de estar conmigo…– lo miró a los ojos sonriendo levemente.
– No hables así, cualquiera creería que me estás
obligando... – lo miró, negando con la cabeza, y buscando su propia
chaqueta, bastante liviana en realidad. No comprendía por qué
ese chico llevaba tanta ropa encima.
– Vale… no hablo así… – lo miró y luego a Kenzo,
había notado que los miraba a cada rato. – Oye… ¿es verdad que
sólo sois amigos el tío alto y tú?
Hideyoshi, miró a Kenzo de soslayo, suspirando.
– Sí... sólo amigos.
– No deja de mirar… – le explicó, cogiendo un cigarro
de la cajetilla y ofreciéndole al rubio.
– Me pregunto por qué... – sonrió el chico aceptando
y dejando que le diera fuego ya que estaban fuera de las horas
del trabajo.
– O no le gusto y te cuida o está celoso y se cuida…–
se rió. Sujetándolo por la cintura a mala leche y llevándolo con
él hacia fuera. – Has aceptado mi pitillo… eso es que estas rallado.
– ¿Tan pronto y ya empiezas a analizarme? – se rió, pensando que
tenía razón. – Dime una cosa, Koya... si no es muy personal...
¿alguna vez has pensado en Toru de esa manera?
– Sí…– admitió serio, bajando la cara y enrojeciendo
ligeramente, dándole una calada al cigarro. – Pero sé que no va
a pasar… lo sé desde hace mucho…
– ¿Cómo lo sabes? ¿Por Hayabusa-san? – lo miró,
exhalando el humo, y volviendo a darle otra calada al cigarrillo.
– No era mi intención molestar...
– No… no molestas… es sólo que… no estoy muy acostumbrado
a hablar de mis cosas con alguien que no sea él… es todo…Pero
quiero hablar contigo, de lo que sea… – lo miró entre el cabello,
sin molestarse en apartárselo y dejándose caer un poco contra
la pared del interior del ascensor. – No es sólo por Hayabusa…
aunque Toru sólo sabe pensar en él… – sonrió. En realidad le hacía
gracia eso, lo encontraba dulce. – Es porque somos demasiado amigos…
No hay nada que descubrir, supongo… sabemos lo mejor y lo peor…
el uno del otro… cuando hay tanta amistad… parece que nunca hay
lugar para darte cuenta de pronto de que lo amas… eso no funciona…
tampoco tengo nada que ofrecerle…
– Te tienes a ti, eso es suficiente para la mayoría.
– sonrió un poco, observándolo. – Ya eres la segunda persona que
me dice algo así en esta semana. Me pregunto... ¿dónde queda el
límite ese de la amistad?
– No lo sé… Había escuchado decir que las mejores
parejas son las que nacían de la amistad…– sonrió levemente, sujetando
el cigarro en los dientes. – Supongo que tal vez a la gente no
nos gusta que las cosas sean demasiado fáciles… ¿no crees?
– Puede ser... En realidad, yo sólo quiero que las
cosas sean sencillas. Estoy un poco harto de complicaciones. Lo
miró, sonriendo levemente. – O tal vez sólo soy un vago.
Koya salió del ascensor y lo arrastró de la mano
con él. –Cuando las cosas son demasiado fáciles no las aprecias
del mismo modo… supongo… pero yo también querría que fueran más
fáciles… – lo miro de soslayo y suspiró un poco. – Puede que también
influya… que cuando tienes mucha amistad con alguien… no te das
cuenta de que podría acabarse…
– Otro pesimista, ¿eh? – le movió la mano sin soltársela.
– ¿Sabes una cosa? La otra noche estuve insistiéndole a alguien
acerca de la amistad. Y en cierta manera, aún creo todo lo que
le dije, pero la verdad es que... estoy demasiado consciente de
que te puedes quedar solo en cualquier momento, sin importar lo
que tú desees... – sacudió la cabeza, mirándolo. – Lo siento,
no salimos para eso, ¿verdad?
– Salimos para hablar de lo que fuera y estar juntos…
Sí, salimos para esto…– se encogió de hombros. – Y no lo decía
pesimistamente… me refería a que si tienes un amigo… piensas…
es mi amigo y tengo todo esto con él… Por ejemplo: dormir juntos,
acostarnos a veces, estar juntos siempre que lo necesite…Pero
si de pronto él encuentra un novio… esas cosas seguramente se
terminen… y entonces te darás cuenta de que no estabas haciendo
todo eso como amigo… y la cagues…
– Pero dijiste que te ibas a divertir, y yo quiero
que te diviertas... – le sonrió, mirándolo a los ojos. Realmente
le agradaba verlo sonreír. – No te vas a divertir conmigo y mis
traumas... De todos modos, ya eso no queda en mis manos...
– No seas baka… claro que me voy a divertir de todos
modos… Toru y yo somos unos depresivos y aún así me divierto con
él… así no me siento tan solo en mis traumas…– se rió con suavidad,
tirando la colilla al suelo. –Mira… Toru…– lo señaló a lo lejos,
hablando con un hombre muy alto que vestía de negro. – Está con
un cliente…vamos por otro lado…– tiró de él un poco, cambiándose
de calle. – ¿Te gustan las películas de terror?
El rubio se dejó llevar, aunque distraído un momento
por la silueta del chico, pensando en la noche en la que Kenzo
lo encontró. Podría haber terminado así, suponía. – ¿De terror?
No tanto... me gustan más las románticas. Seguro te ríes de mí–
se rió él mismo, observándolo directamente ahora.
Koya se rió y lo miró. –No me extraña entonces que
no te guste que las cosas se compliquen. Bueno, veremos algo romántico…
pero que no se muera nadie… y que no acabe mal…– se quejó como
si en todas ocurriese eso. – ¿Y entonces por qué me gustan las
de terror?
– No lo sé... – se rió, sinceramente. – Puedo ver
una de terror si quieres, pero que no haya ninguna historia triste
detrás... Aunque igual no dormiré.
– No… que veremos una romántica… hace siglos que
no veo una y para eso seguro que me arrastraban… Tal vez tampoco
esté tan mal… No vamos a saber si pasan esas cosas o no… aun no
vemos la película– se rió pensando que eran bakas y sujetando
su mano mejor. – ¿Sales con tu amigo?
– ¿Con Kenzo? Me invitó a salir el sábado... Pero
es la primera vez, en realidad, no nos conocemos de hace mucho...
Es una de esas cosas. – le explicó, un tanto pensativo. – ¿Desde
cuando conoces a Toru?
–No lo sé… hace años…como 5 o así…Nos conocimos
en la calle…no fue antes de esto…– se tocó el cabello, apartándoselo
un poco de la cara. –A veces puedes pensar que es más divertida
otra persona o que te llevas mejor porque sales con ella… te diviertes…
y tu amigo del alma… es sólo esa otra persona que está en casa
siempre y a veces ni siquiera tienes que contarle…– le explicó
porque le había preguntado. – Supongo que es como cuando tienes
un matrimonio feliz y aún así eres infiel… porque es divertido…
Hideyoshi se echó a reír ante la aseveración del
chico. – Recuérdame no casarme contigo, o al menos hacerte infeliz
cada cierto tiempo... Dios. – se enserió un poco, jadeando por
la risa.
– ¡No hablaba de mí!– se rió y le dio un empujoncito.
– Estaba pensando en los tipos que me follo… Uno se puso a llamar
a su mujer mientras me lo tiraba… y luego a llorar… O tíos con
novios…lo hacen conmigo porque lo otro… es demasiado fácil, ya
saben que pueden hacerlo… ¿entiendes? No sé… te estoy mareando…–
sonrió, negando con la cabeza.
– No, creo que comprendo, pero eso no es amor, ¿o
sí? Yo no creo poder serle infiel a alguien a quien amo... – lo
miró de soslayo, examinando su rostro. – ¿Tú lo harías? Ser infiel...
– Hum… no lo sé… el sexo ahora mismo… es como para
otros beberse un vaso de leche… simplemente no tiene ninguna importancia…
Parece que todo el mundo es infiel y quien no lo es… es porque
no se atreve… no lo sé… ¿sabes desde cuando no tengo novio? Desde…
el instituto…– se rió aunque no estaba feliz en realidad. – Y
¿Qué haría? Tener novio y morirme de hambre… sí, sería infiel
imagino… no tengo otra tampoco…
– Sí, supongo que nuestras situaciones son distintas...
– suspiró, sonriendo de aquella manera un tanto melancólica. –
Supongo que tu novio comprendería... Pero si es tu trabajo, no
sé si lo llame ser infiel, realmente. Es algo confuso.
–Ya… pues a mi no me gustaría que mi novio me fuera
infiel… aunque le pagasen por eso…– suspiró levemente y se pasó
la mano por el cabello. – ¿Qué me diría mi novio? Me acosté con
otro… pero no te enfades, luego le pedí dinero así que… como tú,
no soy infiel… eso le diría yo…– se rió negando con la cabeza.
– Debería salir de esto… Ven, comámonos un helado antes…
– Sí, eso me gustaría... – le sonrió, pensando que
se acordaba. – A mí tampoco la verdad, pero es un poco injusto,
pedirle algo que no estás dispuesto a darle. Yo siempre intento
ponerme en el lugar de los demás. No es que me haya funcionado
muy bien eso, claro... – se rió, pensando que lo que no le funcionaba
era mantener la calma.
–Pero a veces es muy difícil hacerlo, decimos… lo
comprendo… cada dos por tres y no comprendemos nada… No se puede
comprender la situación de otro… sólo porque te la cuenten…– entró
en la heladería y se sentó, mirando la carta y pensando que quería
una de esas copas con muchas bolas. –Luego iré a coger la entrada…
así esperamos mientras nos comemos esto…
– Vale... quiero uno de vainilla, con sirope de
fresa... – le pidió, sonriendo con suavidad. – Hace mucho tiempo
que no salía de esta manera. Me alegro que me hayas invitado.
–Y yo de que vinieras…– sonrió levemente y lo miró,
pegándole con la carta en la cabeza suavemente aunque no tenía
un motivo. Levantándose después para ordenar y coqueteando un
poco con el camarero porque le salía solo. Se sentó en la silla
de nuevo y se inclinó hacia delante para verlo mejor. –Estos tíos
que trabajan aquí… supongo que están estudiando claro… no van
a estar de dependientes toda la vida… no se gana suficiente…
– Qué amable, eres, Koya-san, te preocupas hasta
de los dependientes... – bromeó, jugando con una servilleta. –
¿Por qué piensas en eso?
–No sé… para ver si puedo trabajar de algo así…
para eso no hace falta tener estudios… no quiero estar siempre
en esto… Bueno… además me siento solo… y soy infeliz… y quiero
un novio…– se rió con lo último, mirando la mesa. –Y no sólo fantasear…
tampoco quiero que pasen los años y de pronto me dé cuenta de
que es demasiado tarde para detener la marcha… no se puede dar
marcha atrás… pero si puedes detenerte…
– Hazlo... No tienes que esperar más si es lo que
deseas. Ya sé... que seguro no ganarás lo mismo. Pero te hará
sentir mejor, ¿no? – le sonrió, tocándole la mano de nuevo. –
Y te sentaría bien el uniforme, conocerías a muchos chicos con
gusto por lo dulce, como yo...
El moreno se rió. –No, es que hay un cartel ahí
que pone que buscan a alguien… pero no puedo… me da vergüenza…
– le sujetó un dedo con los suyos, jugando con él y apoyándose
en la otra mano. – Puedo probar… de todos modos para volver a
la calle siempre hay tiempo… pero aquí no… Seguro que no me cogen
luego de haber flirteado con el dependiente…
– O a lo mejor sí, y te sacas un novio... –se rió,
observándolo. – No seas baka, hazlo. Yo creo que hay que aprovechar
las oportunidades. Además, a mí me convendría que trabajes aquí.
– No, que no es mi tipo, está viejo para mí– sonrió
porque debía tener como mucho veinti tantos. –… seguro que no
me cogen… voy si me acompañas…– se rió tapándose la cara. – Pensarás
que soy idiota…
– No lo pienso, vamos... – le apretó la mano, poniéndose
de pie para que no pudiera negarse. – Si lo consigues, yo pago
tu helado.
– Jo… que no quiero… que me da vergüenza que me
digan que no… y no sé qué decir… – se giró abrazándose a él reído.
–Espera… espera… ¿Qué dirías tú?
– Que vi el letrero y que precisamente estoy buscando
trabajo. Luego preguntas por el horario, y el sueldo... – se rió,
pensando que con tanto juego, ya los debían estar mirando. – Y
si te preguntan en donde trabajaste antes, di que en servicio
al cliente...
– Qué romántico suena así… Bueno vale… voy… pero
tú siéntate…– lo echó atrás sentándolo. – No quiero que me veas
hacer el idiota… aún me respetas…– se rió nervioso, poniéndose
todo serio sólo por pensar en acercarse y hablando con el hombre
que le dijo que lo acompañase para hablar en privado.
Hideyoshi se sentó, nervioso como si estuvieran
hablando de él, en realidad, y aceptando cuando les llevaron el
helado, empezando a comer el suyo, y mirando de reojo al otro
chico. Lo vio regresar con aquel rostro... seguro era su culpa.
– Vámonos… – lo miró a los ojos y luego desvió la
vista. – No quiero quedarme… y tampoco pagarles… llámame infantil
si quieres…
– No voy a llamarte nada.– se puso de pie, saliendo
con él, antes de que pudiesen decirles nada. – Lo siento, no debí
empujarte... ¿Quieres comer otra cosa? Yo pago.
– No tengo hambre… ya sabes… me dijeron que no
era adecuado para ese empleo… Pero igual… siempre me dicen lo
mismo, no soy adecuado para nada resulta… Será por cómo visto…o
el cabello o yo qué sé… – respiró con fuerza y lo miró de soslayo
tratando de no alterarse como siempre que se frustraba. De haber
estado con Toru, seguro de ponía desagradable con él. Se quedó
pensando en ello y se sintió un cabrón de pronto.
– No importa... a mí me agrada cómo te vistes, y
tu cabello... Yo creo que atraerían a más personas si tuvieran
a alguien como tú. – sonrió, tratando de animarlo, aunque no le
mentía. – Ya encontrarás otra cosa.
–No sé si tengo fuerzas para tratar de nuevo… Me
doy por vencido fácilmente… – admitió. Guardándose las manos en
los bolsillos. – ¿Aún quieres ver algo conmigo? Te puedo comprar
un helado en otro sitio… se me pasa… rápido…
– No te preocupes. Y claro que quiero ver algo contigo,
estaba emocionado, ¿sabes? Esta no era una cita para conseguirte
empleo. – le aseguró, por si creía haber fallado o algo. – A mí
me gustaría que siguieras intentándolo. Si sigues, en algún momento
conseguirás algo. Y será un comienzo.
– No sé… pero la próxima vez no lo intento en persona…
Les mando un currículo…– suspiró levemente y lo miró. –Trabajé
de dependiente en una tienda de música… hace años… igual puedo
preguntar ahí de nuevo… yo qué sé…
– Sí, puedes hacer eso. Eso... parece un lugar para
ti – asintió, pensativo de nuevo. – Te daré el número de mi móvil.
Y así, si sientes ganas de rendirte o si recibes una buena noticia,
puedes llamarme. ¿Quieres?
–Vale…– sonrió levemente y le dio su móvil para
que le pusiera el número. –Mañana preguntaré ahí… y si no… tengo
dinero ahorrado… Se gana mucho en esto… aunque la gente crea que
no… Lo que pasa es que muchos se lo gastan en a saber qué… en
host... – se rió.
– Koya-san... me harás sentir culpable... – se rió,
aunque lo cierto es que sí se sentía así. No sabía si iba a poder
cobrarle luego de esta salida.
–No seas memo… yo no me gasto tanto dinero… Me refiero
a Toru… que ve a Hayabusa cada dos por tres… le hace esos regalos
tan caros… y esas cosas…– le sujetó la mano y lo llevó a una tienda
de caramelos. – Ven… cojamos algo… para la película…
– Pero eso lo hace feliz, ¿no? Tal vez si estás
enamorado, no te importa nada más... – se rió, dejándose llevar,
y pensando que no lo estaba ayudando con sus adicciones.
– Probablemente… pero algún día se dará cuenta de
que se ha gastado todo eso… en un tipo que no piensa en él del
mismo modo… para nada…– suspiró con fuerza y lo miró a los ojos.
– Porque yo no creo que piense en Toru de ese modo…
– No lo sé, Hayabusa-san... No es tan simple como
pensarías. Creo que las personas a veces olvidan que los host
son personas. – lo miró a los ojos, recordando cómo le había hablado
aquella noche.
– Lo siento… no quería decir eso… estoy un poco…
frustrado… y me pongo desagradable…– suspiró levemente cogiendo
caramelos y metiéndolos en una bolsita mientras hablaban. – Es
sólo que ese… Hayabusa – se corrigió antes de decirle tipo ya
que parecía que se llevaban bien. – Parece alguien… alguien a
quien sólo imaginas con alguien como Tsubasa o un tipo así al
lado…
– Tsubasa... – sonrió, pensando en los dos juntos.
Sí, suponía que se veían bien como pareja. – No lo sé... creo
que Hayabusa-san podría sorprenderte. Pero supongo que no debería
estar diciendo estas cosas. – se rió, encogiéndose de hombros
y ayudándolo a guardar caramelos.
– ¿Sabes algo? ¿Te ha dicho algo de Toru?– le habló
al oído mientras pagaba a la dependienta, tratando de sonsacarlo.
– No, nada de Toru en específico, así que no inventes.
– le sonrió, notando lo que hacía. Claro que Hayabusa había hablado
acerca de un cliente, pero no recordaba que hubiera mencionado
un nombre. No quería alentar a nadie por gusto. – Lo que quise
decir es que es una persona bastante sensible y amable, no como
host, sino como ser humano, ¿entiendes?
– Supongo…– se encogió de hombros pensando que una
persona tan sensible no se la pasaría mintiendo todas las noches.
– Es igual… no voy a meterme en los asuntos de Toru… no es mi
estilo…

Continua leyendo!