Capítulo 36
Too Cute Not to Care
Takara se paseaba nervioso por su habitación. Ya
hacía un rato que le había dejado aquella llamada perdida a Kenzo
y aún no llegaba. ¿Y si no la había recibido? Tomó su móvil, pensando
en dejarle otra, pero negándose por no verse desesperado, aunque
lo estaba.
El pelirrojo golpeó la puerta con los nudillos y
esperó, pensando que esta vez no les avisaría nadie… aún así…
lo había visto irse con Tsubasa…
– ¡Kenzo! – exclamó el chico, corriendo hacia la
puerta, abriéndola y besándolo en cuanto lo vio, cerrando los
ojos.
– ¿Qué pasa?...– lo calmó, acariciándole la espalda
–Hoy no nos avisará nadie… no puedo quedarme mucho rato…
– Es que... hoy conocí a mi madre. – le confesó,
sintiéndose un poco infantil. – Te necesitaba, por eso...
– Oh… ya veo… ¿y eso? ¿Te llamó de pronto o te la
encontraste?– preguntó sacándolo del piso y llevándolo en brazos
porque estaba descalzo, sentándose en las escaleras entre pisos
por si venía su padre.
– Me llamó... porque se encontró con mi padre anoche.
Me pregunto... Si no se hubiera encontrado con él, tal vez ni
se hubiera acordado de mí. – se quejó, recostándose contra su
pecho. – Pero no lo sé...
–Tal vez sí… pero tenía miedo… – le acarició el
rostro, pensando en su madre. – ¿Qué te dijo?
– Que pensaba en mí, que no se había olvidado...
Pero luego dijo algunas cosas de papá, y ya no pude escucharla...
No puedo... – cerró los ojos contra su abrazo, aferrándose de
su camisa. – No sé si fui muy duro, pero ¿por qué? Después de
todos estos años...
– Hay cosas que no se olvidan jamás… pasen los años
que pasen… y a veces no tienes fuerzas para tomar las decisiones
que deberías… pero lo importante es que te pidió perdón… – le
tocó la nuca con las puntas de los dedos, observándolo contra
su pecho. – ¿Qué te dijo de tu padre?
– Que la había llevado a la prostitución y que luego
quería que la dejara, pero él no dejaba su trabajo... Y que no
lo conocía cómo era cuando las cosas no salían a su gusto... Pero
yo sí conozco a mi padre. Y él nunca me ha abandonado... – frunció
el ceño de nuevo, sin poder controlarse.
El pelirrojo frunció el ceño ligeramente, evitando
que lo viese, apretándolo contra su pechó. –Takara… piensa sólo
en ti… en nadie más… ¿quieres una madre?
– No lo sé... no creo necesitarla, pero... – suspiró,
confundido. – Yo tampoco quiero alejarme de mi padre, Kenzo.
–Hay gente cuyos padres están divorciados… y comparten
su tiempo entre ambos… Si ella ha dado el gran paso… seguro dificilísimo
de acercarse a ti… tal vez tú deberías dar el paso de… darle una
oportunidad… No sabes si era cierto… Que tu padre sea un ángel
contigo… no quiere decir que no fuera un demonio con ella…
– Pero papá la amaba, lo sé. Ni siquiera habla mal
de ella, a pesar de todo... – lo miró, tímidamente. – Mi padre
no es una mala persona, Kenzo. No soporto que hablen mal de él.
– Entre una pareja suceden muchas cosas a lo largo
de su convivencia… cosas que los demás jamás podremos saber… cosas
que jamás se admitirán… cosas que prefieren olvidarse… Es normal…
no es lo mismo con un hijo… a tu hijo lo proteges de todo mal…
Es lo que se supone que hagan los padres… – le apartó el cabello
de la cara y sonrió levemente. – No digo que tu padre sea malo…
sólo que tal vez se llevaban mal… y sucedieron cosas malas… insuperables...
– Sí, supongo... aunque eso no justifica que me
abandonase... – refunfuñó, aún así, sintiéndose mal por cómo la
había tratado. – Sabía que eras el único que me comprendería.
– Claro… después de todo a mi madre y a mí nos abandonó
mi padre… Te comprendo… muy bien…– le apretó un poco una mejilla
con dos dedos, jugando un poco con lo suaves que eran. – Y aún
así a veces pienso… ojalá me mirase… como a un hijo…
– Sí, supongo... – le sonrió un poco aunque con
tristeza, por su parte acariciándole la mejilla al pelirrojo.
– ¿Alguna vez conociste a tu padre, Kenzo?
– No – el pelirrojo sentenció, cogiéndolo mejor
para que se sentase en sus piernas y sacándole el teléfono móvil
que aún cargaba en la mano. –Llama a papá… dile que sales con
un amigo… que vuelves en una hora…
Takara asintió, marcando, y sonriendo, aunque un
poco nervioso, porque ya sabía la de preguntas que le iban a caer.
– Dime…– el moreno cogió el teléfono a pesar de
que estaba conduciendo.
– Papá, es que... voy a salir con un amigo un rato...
Una hora, solo...
– ¿A estas horas? ¿A dónde vas a ir?– preguntó preocupado.
– ¿Has hablado con tu madre?
– Sí... ya la vi... Por eso necesito salir. No sé,
vamos a tomarnos algo... ¡Café! O algo así... – se explicó para
que no pensara que iba a emborracharse.
– Café… – murmuró el moreno frunciendo el ceño,
comprendiendo que necesitase salir después de la charla. En realidad,
tenía un poco de miedo de que lo hubiera puesto en su contra pero
se veía normal, como siempre. –Una hora… y luego a casa… ¿quieres
que vaya ya para casa?
– No... no es necesario, tú sigue en tu cita. Yo
sólo... voy a salir un rato y regreso. Seguro y hasta vuelvo antes
que tú. – se rió, nervioso aún, y no muy seguro de lo que decía.
– Bueno… – miró de soslayo a Tsubasa y de nuevo
a la carretera. – Pórtate bien… y pásalo bien– colgó guardándose
el teléfono de nuevo, algo nervioso, era la primera vez que le
pedía salir por la noche. Al menos se lo había pedido.
– ¿Tu hijo? – preguntó el chico que iba sentado
a su lado, viendo la cara de preocupación del moreno.
– Sí… nada importante… iba a salir con un amigo…
– le aclaró el moreno.
– Ya está... aunque da miedo mi papá a veces – se
rió Takara, cerrando su móvil, y sonriendo. – Voy a ponerme zapatos.
–Vale… y no salgas en pijama…– se rió, esperándolo
sentado en las escaleras y mirándose las manos, pensando en Hideyoshi,
no le había avisado de que saldría. De todos modos, no creía que
le importase.
– No me acordaba... – se rió el chico, enrojeciendo
y casi corriendo a su cuarto, sacándose la camiseta mientras entraba.
El pelirrojo se levantó encendiendo un cigarro y
recogiéndose el cabello en una coleta mientras lo esperaba, mirando
por la ventana, mejor sería no acompañarlo a casa después. No
tenía ganas de un encontronazo con su padre.
Poco después, el chico salía, ya vestido en jeans
y una camiseta negra sin mangas, el cabello alborotado por las
prisas. – Vamos... que sólo tengo una hora... – protestó como
si fuera muy poco.
– Vale… no nos persiguen…– se rió con suavidad,
sujetándolo por la cintura y llamando al ascensor. – ¿Te gustan
los helados?
– Claro... ¿a ti no? – lo miró, preguntándose a
qué venía eso, y sonriendo. – A todo el mundo le gustan.
– ¿Sí? A mí no…– se rió con suavidad. –Compraré
un poco antes de volver a casa… a ver si empiezan a gustarme…–
murmuró, pensando más bien en disculparse con Hideyoshi. No se
lo sacaba de la cabeza, ya fuera por amistad… o por lo que fuera…
no quería estar así con él. – ¿A dónde quieres ir?– le preguntó
mirándolo y tocándole las cruces que colgaban de su cuello.
– No lo sé... un lugar... cualquier lado supongo,
siempre y cuando pueda hablar contigo. Pero... no quiero que estemos
solos. Es que... – enrojeció de pronto, desviando la mirada. –
Quiero sentir que somos novios normales.
– Creí que los novios normales querían estar solos…–
se rió y lo miró a los ojos, deteniéndose y besándolo en mitad
de la calle, acariciándole el cabello con una mano. –Nuestro primer
beso de novios normales entonces… delante de todo el mundo…
El rostro de Takara enrojeció profundamente. Casi
le faltaba el aire, y su corazón más que latir, le retumbaba.
Pero se sentía mucho mejor, contento, incluso. Lo besó de nuevo,
aunque nervioso, deseaba demostrarle que no le importaba que los
vieran. – “Te quiero, Kenzo.”
– “Lo sé…”– susurró, sonriendo contra sus labios
y llevándolo por la cintura después. – ¿Sabes? Estoy pensando
en montar un negocio… con el dinero que consiga, no me gasto mucho…
y no quiero dedicarme a esto de por vida…
– ¿No? Y ¿qué tipo de negocio? – le preguntó, interesado.
Le emocionaba que le contara esas cosas. – Si puedo ayudar...
– Aún no estoy seguro… tal vez algo de joyería…
conozco a unos cuantos comerciantes de joyas… Los extranjeros
compran muchas perlas a Japón… Algo en lo que pueda utilizar mis
contactos, eso desde luego…– lo llevó hacia el centro de la ciudad,
donde había más gente ya que quería que lo vieran con él. La única
persona que los conocía a ambos y la situación era Hideyoshi y
él no lo traicionaría así como así… Le daba igual si lo veía alguna
otra persona. –O tal vez una franquicia de alguna tienda de moda
de lux… – sonrió levemente, torciendo un poco los labios.
– Yo creo que se te daría bien... – sonrió, emocionado,
sujetándose de su brazo y pegándose a él. – A lo mejor te pueda
ayudar cuando me gradúe, aunque creo que mi padre va a querer
que vaya a la universidad.
– Puedes estudiar diseño y confección en la universidad…
o alguna carrera relacionada con las piedras preciosas… de la
cual ignoro el nombre, pero sé que existe…– se rió y lo miró,
apretujándolo un poco contra él, alzándole la cara para besarlo
de nuevo, cerrando los ojos él mismo. Ojalá Takara hubiera sido
un imbécil.
El chico cerró los ojos, dejándose llevar, abrazándose
a él, a pesar de que sus mejillas enrojecían un poco más. – “Kenzo...
haría cualquier cosa por ti...” – susurró mirándolo a los ojos,
completamente enamorado.
–¿Por qué eres tan cute?– le pasó las manos por
el cabello, abrazándolo contra él después y caminando de todos
modos sin soltarlo, parándose delante de una maquina de fotos,
seguro que le gustaba eso. –Ven… a sacarte unas fotos conmigo…
– Vale, pero no me digas cute – refunfuñó, aún rojo,
y dejándose guiar hacia la máquina, esperando mientras Kenzo depositaba
el dinero.
– No seas baka… ¿Qué hay de malo en ser así si a
mí me gusta?...– entró con él, cerrando la cortinita azul y sentándolo
en sus piernas antes de buscar el fondo que le gustaba y apretar
el botón, rodeándolo por la cintura. –No salgas con esa cara de
enfado…– se rió entre la primera y la segunda foto.
– No tengo cara de enfado. – lo miró, obteniendo
otra foto así, y sonriendo un poco porque le hacía gracia, besándolo
de improviso, y mirando a la cámara luego.
– “A ver qué salió…”– le susurró en la frente, saliendo
delante de él y esperando a que las fotos saliesen.
– Saliste todo movido... – se rió el chico, como
si no fuera su propia culpa y señalándole una en la que estaban
abrazados. – Quiero esa...
– Así puedes guardarla con tus posters creepys y
decir que soy un fantasma…– se rió mirando las fotos. –Yo me quedaré
con esta…– le cogió la primera, le hacía gracia su cara de cabreo.
–Diré que te estaba obligando a tomártela…
– ¡Baka! ¡Van a creer que es verdad! – protestó, empujándolo un
poco, y riendo luego. – Yo quiero ponerla en un porta retratos...
– murmuró, pensando que no era conveniente, pero le molestaba
un poco eso.
– ¡Eh! No hagas eso… – le pidió el pelirrojo que
primeramente se había alterado demasiado. – Guárdala en la cartera
o algo así… o tu padre me abrirá en canal…
– Ya lo sé.... no soy tonto... – le sonrió, con
algo de tristeza. – Sólo estaba soñando. Voy a llevarla conmigo
a todas partes. Así puedo verte cuando no estemos juntos.
– Claro… siempre puedes colocar esta…– le señaló
la que estaba movido. – El novio fantasma…– se rió, tratando de
animarlo y ni sabía por qué… Era lo que debía hacer… pero no del
modo que lo estaba haciendo. Lo hacía porque deseaba verlo sonreír…
Esto se estaba volviendo demasiado peligroso. –Algún día dejará
de ser así…– le sonrió, tratando de decir algo útil para ambos.
– Sí, lo sé... – lo miró, sonriendo de nuevo, y
besándolo. Seguro Kenzo estaba harto de que lo besara tanto, pero
no se podía contener. – No quiero regresar a casa...
– Pues no va a haber otro remedio…– sonrió levemente
y le revolvió el cabello hacia atrás. – No te acompañaré al portal…
para que no me vean… Te dejaré cerca… y cuando subas, si aún no
ha vuelto tu padre, hazme una llamada perdida y te llamaré para
que hablemos hasta que yo llegue a la mía… ¿vale?– se rió pensando
que eso eran cosas de críos… Lo que su madre le mandaba hacer
cuando tenía que ir de camino a clase solo.
– Sí... Yo tampoco quiero preocuparme... – se rió,
sin soltarse de él. – Quisiera dormirme hablando contigo. Kenzo...
– le señaló el colgante que él mismo le había dado el día anterior.
– También lo llevaba cuando hablé con mi madre.
– No te lo quites nunca…– lo tocó con dos dedos
y luego le rozó el pecho, abrazándolo un poco contra él. –Dile
a tu padre que se eche un novio ya y se vaya a dormir a su casa…
– se rió pensando que seguro no dejaba a su “queridito hijo” solo.
– ¡No! Que me preocupo... – se rió, negando con
la cabeza. – Además, yo tengo que aprobar a su novio primero.
– Oh… no sabía eso… pero no tienes de qué preocuparte…
– lo tranquilizó a medias, caminando con él de vuelta. –Seguro
que tu padre se acuesta con muchos clientes de todos modos…
¡Claro que no! No digas eso, Kenzo... Mi papá no
es así... – negó, con el ceño fruncido, y algo golpeado porque
fuese él quien le dijera algo así. – Tú... tampoco, ¿verdad?
– No, yo no– negó tranquilamente, lo que distaba
bastante de la realidad. No es que lo hiciera con cualquiera ni
mucho menos, sólo con quien le convenía. –Somos novios ¿no? Yo
no te haría algo así…
– No, claro que no – sonrió, confiado, y mirando
hacia delante después. – Yo sé que hay algunos host que lo hacen,
pero... mi papá no es de esos tampoco.
– Yo creo que tampoco es tan malo… teniendo en cuenta
su edad y que está solo sentimentalmente hablando…– se disculpó
por haber hablado así.
– No, supongo que no, pero mi papá no está viejo.
Y puede conseguir a alguien... Sé que lo hará. Le gustaban tres
pero creo que ya eliminó a uno de la lista... – se rió, un poco,
pensando que era un necio.
– ¿Ah sí?– sonrió y aún más al imaginarse quien
era el eliminado. – ¿Y se puede saber quienes? ¿Alguien que yo
conozca?... – le preguntó mientras caminan de vuelta.
– Yo creo que sí, pero no sé si deba decirte...
– se rió, maldito, negando con la cabeza.
– ¿Por qué? No es como que yo vaya a quitarle el
novio…– se rió, deslizando la mano por su espalda. – No seas malo…
ahora tengo curiosidad…
– Y ¿si te digo la próxima vez que nos veamos? –
jugó con él, queriendo convencerlo para que fuera pronto.
– Malo…– le reprendió reído pensando de nuevo que
era cute y deteniéndose entre las calles. – Aquí me quedo… – le
tiró de la camiseta para aproximarlo. –Pero antes mi beso…
Takara se detuvo también rodeando su cuello y preguntándole.
– “¿Cuándo nos vemos de nuevo?”
– Cuando podamos…– le medio reprendió, aunque sonreía,
sonreía demasiado para su gusto en realidad. – “Dile a tu padre
que tenga más citas…”– susurró contra sus labios, besándoselos
y luego uno de sus hombros.
– Eres malo... – se rió, besándolo de nuevo, no
dispuesto a irse hasta que no tuviera más remedio.

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