Capítulo 35
Hosts for Life
Los ojos turquesa del chico examinaron su apariencia
en el espejo, haciéndolo sonreír un poco, mientras se acomodaba
cuidadosamente una mecha sobre su cabello. Se dio la vuelta, caminando
de forma sinuosa, y colocando sus manos sobre los hombros de Hayabusa.
– ¿Listo para no dormir?
– Claro…– sonrió y le tocó una mejilla, acariciándosela
con el pulgar. – ¿Has traído abrigo?– le preguntó para ir a buscárselo
en todo caso.
– No, no hace frío... – le sonrió de vuelta, enderezándose
y metiendo una mano en uno de los bolsillos del pantalón.
–No, yo tampoco tengo frío casi nunca…– lo sujetó
por la cintura, llevándolo con él hacia el ascensor. – ¿Quieres
ir a cenar algo? Yo hace siglos que no ceno, nunca tengo hambre
al salir en realidad…– se miró al espejo del ascensor y luego
miró al chico.
– Ni yo, con la cantidad de alcohol... – se rió,
mirándolo como distraído. – Pero supongo que no me vendría mal,
una cena...
– Como quieras…– le besó una mejilla y se rió con
suavidad, saliendo con él del ascensor. –Tsubasa-san… Menos mal
que no eres mi cliente.
– O al contrario querrás decir... Te haría pagarme
la langosta– se rió, sujetándose de su brazo de manera delicada.
– ¿Qué harías si fuera tu cliente?
– Tendría que dejar mi empleo… – se rió mirando
hacia delante, pensando a dónde llevarlo. –Y pagaría gustosamente
tu langosta… – sonrió, un poco maldito – ¿Prefieres ir en coche
o andando? Si estás cansado…
– En coche por supuesto. Hayabusa-san... ¿cómo pretendes
hacerme caminar? Qué desconsiderado... – bromeó, con una sonrisa
también algo maldita en el rostro.
–Tienes razón…– sonrió, mirándolo de soslayo y cogiéndolo
en brazos antes de llegar al coche. Le abrió la puerta y lo dejó
en sillón de este. –Olvidaba que trataba con una reina…
– Tú sí sabes tratarme bien. Lástima que seas un
host... – se rió nuevamente, colocándose el cinturón de seguridad
y acomodándolo para que no le arrugase la ropa, observándose luego
en el espejo retrovisor.
– ¿Lástima? No… yo creo que no… si no caería en
tus redes y sólo sería uno más, Tsubasa-san…– miró atrás para
desaparcar el coche y se lo llevó finalmente a un restaurante-marisquería,
en vista de los gustos del chico. – ¿Has vuelto a hablar con Murakami-san?
– No, aún no. Me dio su teléfono, pero... decidí
hacerlo esperar. Al menos un día. No me quiero ver desesperado.
– le aclaró, guiñándole un ojo. – Y tú nunca podrías ser sólo
uno más, Hayabusa-san.
–Conozco esa frase… Creo que tal vez la he escuchado
de tus labios antes… – se burló jugando y mirándolo de soslayo.
–Espero que el martes hable conmigo realmente… Estoy muy interesado
en saber qué me ofrece…– le explicó antes de aparcar el coche
frente al restaurante y salir para abrirle la puerta al otro.
–Aunque por una parte no deseo irme del Olimpo… ni de la ciudad…
– ¿No? No te creí del tipo sentimental, la verdad
– lo miró, como examinándolo y bajando del coche luego. Lo cierto
es que él también tenía sus dudas, muy, muy en el fondo. Pero
no era tan idiota como para hacerle caso a eso. – Definitivamente
pienso irme en ese viaje con Murakami-san.
–Es comprensible… además es un hombre atractivo…
No creo que el viaje sea algo horrible…– le rodeó la cintura,
subiendo con él por las escaleras del local hacia la planta de
arriba. –Si lo dudase, no sería por sentimentalismos… si no por
otros asuntos… – le apartó las silla para que se sentase y luego
se sentó frente a él.
– Entonces, ¿cuáles son tus motivos? – se apoyó
en la mesa, sonriendo un poco. Lo cierto es que apreciaba su inteligencia.
No era el número uno por gusto.
–Los clientes que dejamos aquí… me dan dinero suficiente
como para haberme retirado ya… No lo he hecho, porque me gusta
mi empleo y todo el dinero que gano con él… y si me gusta… lo
mejor es conseguir el mayor número de tiempo en él, porque mi
empleo es ser el número uno, no un host… y podría suceder que
al cambiar de local… perdiéramos estatus con otros hosts de Tokio…
O incluso que tuviera que verme forzado a retirarme…– lo miró
a los ojos, ahorrándose el mencionar el asunto de su edad. –Sé
que en el Olimpo estoy seguro… Ahora somos los reyes de la noche…
Tsubasa sonrió un poco más, negando con la cabeza.
– Tal vez, pero yo sé que vaya a donde vaya, estaré en el top
de los rankings. No llegué allí porque Tatsuya me quiera mucho.
Lo hice por mi talento, y puedo hacerlo de nuevo. De todas maneras...
tal vez pueda conseguir algo más de Murakami-san... o de otro
tipo de clientes... – se rió, abriendo el menú y revisando los
platos.
– ¿Algo como qué?– Hayabusa lo miró, sonriendo
levemente. Por supuesto que estaría en el top de los rankings,
Tsubasa era increíblemente guapo y hábil.
– No me hagas decirlo, Hayabusa-san, sabes que soy
tímido... – sonrió, tras la carta, jugando y enseriándose un poco
luego. – Sabes lo que quiero, alguien que cuide de mí, permanentemente.
Que no tenga que preocuparme por nada.
– Ya veo…– se rió, ordenando después y esperando
a que el rubio hiciera lo mismo. – No lo sabía… así que quieres
dejar esto ¿no es así?– le preguntó observándolo atentamente.
–Estoy seguro de que puedes conseguir todo lo que desees.
– Aún no, lo cierto es que me divierto mucho, pero
también sé que no es una carrera de por vida. – suspiró, pensativo.
– Debo esforzarme, ahora que puedo...
– Aún eres muy joven, no deberías estar preocupándote
por cosas como esa…– sonrió levemente, sirviéndole vino. – ¿Sigues
preocupado por Hideyoshi? Creo que sus clientes y los tuyos realmente
no son los mismos.
– Claro que no, ese chico... No podría competir
conmigo si me lo propusiera realmente. – le aseguró, el veneno
notándose demasiado en su voz, y bebiendo un poco, a pesar de
haber salido del trabajo ya. – Pero supongo que tendrá su éxito...
una vez que me vaya.
– Qué seguro estás de que te irás…– sonrió levemente
apartándose mientras les servían los platos y bebiendo un poco
de vino. –La verdad es que tengo otros asuntos también que me
hacen dudar de mis posibilidades de irme… – miró la copa pensando
en qué diría Takara. No, seguramente le daría igual, no tenía
amigos allí… salvo ese chico… Seguramente no querría irse…Siempre
lo había consentido en todo, obligarlo a hacer algo tan importante
a la fuerza… No estaba muy seguro de desear algo así y ahora que
su madre estaba disponible… menos aún.
– Y ¿son secretos o puedes contarme? – lo miró,
notando su rostro de lejanía en ese momento. – Estoy seguro de
que me iré, porque es lo que quiero y porque no voy a permitir
que me eche a un lado. A menos, que yo encuentre algún motivo
por el que quedarme, pero no lo veo muy posible.
– No me menosprecies, Tsubasa… – el moreno se rió,
jugando y como despertando de su ensimismamiento. –Puedo contarlo,
no es un secreto, aunque sí para los clientes… De cualquier modo,
sé que tú no me perjudicarías… Tengo un hijo…y no estoy nada convencido
de que él quisiera irse…
– ¿Un hijo? ¿Tú? – parpadeó sorprendido, echándose
a reír luego. – Dios, Hayabusa-san... Cualquiera lo diría... –
se calmó un poco, bebiendo algo más de vino, prefiriendo no imaginarse
algunas cosas. – Menos mal que no estaba comiendo, no lo esperaba.
Un hijo, ¿eh? ¿Cuántos años tiene?
–Menos que tú…– sonrió, devolviéndole “el piropo.”
La sonrisa se borró del rostro del chico enseguida,
mientras alzaba una ceja. – No te pongas a la defensiva, Hayabusa-san...
Sólo preguntaba por si se podía quedar solo. Tienes dinero para
pagarle un piso, ¿no?
–Sí… Pero no es la persona más responsable del mundo…
o más bien nada…– suspiró tocándose la mejilla. –Lo siento… estoy
un poco susceptible en cuanto a ese tema… últimamente– (En realidad
hacía años que lo estaba.) –Tiene dieciocho años… – bajó el dedo
meñique de la mano en la que estaba apoyado y se lo mordió un
poco.
– Bueno, pues no pareces el padre de un chico de
dieciocho, es todo... No me refería a nada más. – le aseguró,
aún serio, jugando un poco con su tenedor. – En todo caso, puedes
preguntarle y ver cómo responde. No vale la pena preocuparse por
cosas que a lo mejor no sean un problema. – contestó, por su parte,
agradecido de no tener ese tipo de responsabilidades. Aunque claro,
eso era imposible en su caso.
– Sí, tal vez lo haga… el problema es que ha conocido
a un chico… ya sabes…– se rió un poco, comiendo después, pensando
que le hacía gracia ahora, pero no creía que le hiciera ninguna
gracia cuando el chico ese tratase algo, porque ya sabía que su
hijo… No, eso era imposible. – Su madre… nos abandonó… No creo
que fuera una buena idea dejarlo solo… abandonarlo yo… Además…
no puedo estar sin él… en realidad… y no debería estar hablando
de esto… Parece que es la bomba que detona todas mis citas…
– Hayabusa-san, un padre abnegado... Realmente no
lo hubiera esperado. Interesante. – sonrió, suspirando luego.
– Bueno, en todo caso, sabes que no diré nada. Ahora, si el tal
Hideyoshi tuviera un hijo... Pero ¿qué se le va a hacer?
– Sí… porque no lo tiene…– se rió pensando en Hideyoshi
y en la noche tan rara que habían tenido ambos. –Vive con Kenzo
¿lo sabías? En realidad dice que no… pero yo creo que tienen una
relación…
– Kenzo... ¿eh? Yo creo que es incluso más peligroso
que yo... –sonrió, tocándose con un dedo la cruz que pendía de
su oreja izquierda. – Voy a tener que reclamarle el que vaya trayendo
niños nuevos al Olimpo...
Hayabusa se rió apoyándose mejor en el respaldo.
–Pero a mí no me da ningún miedo Kenzo… En realidad no lo veo
como un rival, desgraciadamente para él, supongo… Lo veo observarme…
con odio diría… no en pocas ocasiones…– suspiró pasándose la mano
por el cabello. –En realidad… lo único que me molesta es que se
parece a mí… físicamente… Me refiero… Me lo han dicho varios clientes…
de los habituales…
– Pues sí, puedo ver el parecido... – asintió, observándolo
con detenimiento. – Pero creo que tú eres más... caballeroso,
mientras que él, suele ser más agresivo con sus clientes. Y lo
digo en el buen sentido. Sus estilos son distintos...
–Ya lo sé…– sonrió levemente y lo miró a los ojos.
– ¿Te gusta?
– ¿Kenzo? Es atractivo, no lo niego. Creo que podría
divertirme con él... – meditó, sonriendo de medio lado. – Pero
tengo el presentimiento de que tarde o temprano chocaríamos.
– Todos chocamos tarde o temprano, no existe la
relación perfecta, Tsubasa…– bebió un poco más, aunque lo cierto
era que ya se sentía un poco borracho al salir. Al fin y al cabo,
estaba acostumbrado a disimularlo. –Me pregunto qué opina él de
ti… después de haber sido tan duro con su amigo…
– ¿Su amigo... o su amante? Eso es lo que yo quisiera
saber... – Se rió, negando con la cabeza. – No lo sé. Por eso
te digo que chocaríamos, no sería algo para tomar a la ligera.
– No… tienes razón, pero no son amantes, al menos
por el momento…– sonrió levemente y lo miró a los ojos, ¿a quien
estaba engañando? Saliendo con esos chicos… a los que debía llevar
al menos diez años. Bebió un poco más. Todas sus citas terminaban
en Kenzo. No le había temido hasta ahora… y de pronto… se daba
cuenta… Él ya sólo era un objeto decorativo más en la estantería.
Había otros nuevos delante de él, mucho más brillantes. Aún si
les interesaba… ya no era el primero de la lista…
– ¿Qué tanto piensas? – le preguntó el chico, bebiendo
un poco más él mismo. – ¿No me digas que te preocupa?...
– ¿El qué?– lo miró echándose un mechoncito de cabello
hacia atrás.
– Kenzo... – se rió con suavidad. – Creí que eras
lo más seguro del mundo...
– No me preocupa Kenzo… sólo he dicho que no son
amantes… nada más– bebió un poco de nuevo, pensando que se iba
a caer en la cama como un lirón si seguía bebiendo así.
– Y a mí no me preocupa Hideyoshi... – murmuró,
dándole a entender que lo comprendía, aunque ahora se preguntaba
si no sería otra cosa. – Tú y yo... No somos muy distintos, ¿lo
sabes?
–Yo creo que sí lo somos… ¿en qué crees que nos
parecemos, Tsubasa-san?– jugó con la copa de vino en la mano,
moviéndola un poco entre sus dedos.
– En eso... nos gustan estos juegos, ¿no es verdad?
– sonrió, bromeando un poco. – Y nos preocupamos por cosas que
a los demás no les parecen importantes. Salimos del trabajo, y
aquí estamos bebiendo como si nos hiciera falta más alcohol en
la sangre.
– A mí me hace falta… hoy…– se rió y se llevó la
mano a los labios, suspirando cansado en realidad. – Estos juegos…
ya forman parte de nosotros… Somos host… y lo seremos siempre…
– No puedo ser otra cosa... de todos modos. – se
terminó su copa, suspirando, y partiendo otro trozo de su comida.
– No… yo tampoco podría…– suspiró con fuerza y sonrió
levemente. –Haz el favor de no deprimirte cuando quedas conmigo…
Empiezo a pensar que soy deprimente…
– Piensas mal. Haz el favor de no pensar que yo
me deprimo alguna vez. – le sonrió, sirviéndose más vino y bebiendo.
– ¿No quieres ir a otro lado?
– Sí… en cuanto el camarero deje de charlar con
esa mujer y venga de una vez…– sonrió levemente, seguro de que
sí se deprimía y mucho, preguntándose si debería ser sincero con
él, respecto a lo que sentía con Kenzo. Tal vez él lo comprendiese.
–Vayamos a donde podamos estar más tranquilos…
– Tranquilos... ya sé lo que eso significa– se rió,
bromeando y terminándose esa copa también mientras esperaban.

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