Capítulo 33
A Really Bad Host
Hideyoshi estaba riendo junto a uno de los clientes
que había conseguido atraer en la calle. Cómo lo había convencido,
le parecía casi un misterio, con el humor del que había estado.
– En serio, eso es imposible, Takeda-san... – le llenó su trago
de nuevo, girándose al sentir la mano de otro de los chicos en
su brazo, llamando su atención.
– Yo puedo mostrarte algo más sorprendente... –
el chico puso su mano en la mesa, doblando los dedos casi por
completo hacia atrás, deseando impresionarlo, Hideyoshi sirviéndole
otra copa también.
– Impresionante, Kasane-san...
Koya entró en el local y se quitó la chaqueta, sujetándola
contra él mientras se acercaba a la barra. No quería ni pensar
en ir con Hideyoshi ahora que estaba con tanta gente, seguro se
quedaba a un lado sin poder abrir la boca. Se acercó a Tatsuya
y lo miró. – ¿Cómo puedo tener un privado con alguien?
Tatsuya lo observó, recordándolo por la cara de
no querer hablar realmente que tenía, y le sonrió un poco. – Bueno,
normalmente se reserva con anterioridad, pero no tengo la costumbre
de rechazar clientes. ¿Con quien quieres tener un privado?
– Con Hideyoshi… puedo volver mañana…– dio unos
pasos hacia atrás aunque sin irse del todo, bastante le había
costado llegar.
– No, no, sólo firma aquí. – le mostró el libro
en donde apuntaba los privados. – Serás su primer privado... Kai,
dile a Hideyoshi que tiene un privado.
– Claro…– el rubio sonrió, pensando que seguro se
alegraba luego de lo sucedido afuera. Observó un momento cómo
el chico firmaba y se acercó a Hideyoshi para susurrarle, ya sabría
él qué excusa les daba a sus clientes. – “Ha venido un chico muy
guapo a verte en privado”– le apretó un poco el hombro y volvió
con sus clientes llevando la botella de champán a por la que había
ido, seguro que le mataba bebérsela.
Hideyoshi miró hacia la barra, sonriendo al ver
de quien se trataba y bebiendo un poco más para no parecer muy
abrupto. – Chicos, voy a tener que disculparme... No me estoy
sintiendo muy bien y...
– Hideyoshi-san... no nos vas a dejar solos. Yo
te cuido... – se ofreció el moreno que se sentaba a su lado, sonriendo
y tocándole el cabello. El rubio sujetó su mano, besándola, y
negando.
– Sería el cielo, pero lo mejor es que descanse
un poco. No querrán que tenga una recaída, y luego no pueda volver
en semanas ¿no? – fingió, aunque pensando en un resfriado que
había tenido hacía años. Así, no era mentir del todo.
– ¿Estuviste enfermo?
– No fue nada, no se preocupen. – negó con la cabeza,
poniéndose de pie, para que no le protestasen más. – Pero no tienen
que irse. Yoji-san puede quedarse con ustedes, ¿no es así? – le
ofreció a otro de los chicos que aún no entraba en el ranking
y que asintió, acercándose más que contento, el rubio casi huyendo
y tomando a Koya por la mano apenas llegó a la barra. – Vamos...
les dije que no me sentía bien... – se rió, como haciendo una
travesura y llevándolo con él.
– Vale…– el moreno sonrió, dejándose llevar y esperando
para entrar en uno de esos privados. Le había puesto un poco nervioso
pedirlo, no estaba muy seguro si no se estaba pasando… No quería
obsesionarse con él o algo así. –Estabas con mucha gente…– le
explicó sus motivos. Uno de los chicos llamando antes de entrar
la botella de vino y dos copas, marchándose con la misma discreción.
– Lo sé, ahora estoy en el ranking, de número diez,
pero algo es algo. – sonrió, sentándose bien a su lado. – Pero
prefiero estar contigo. Lo intento, ¿sabes? Pero fingir no es
mi fuerte, así que si no me agradan... se me hace difícil. Aunque
no me han tocado pesados aún.
Koya se rió y lo miró a los ojos, dejando la chaqueta
a un lado y colocándose el jersey. – Pesados… supongo que debe
haberlos también…– abrió la botella y sirvió en las dos copas.
–Ya sé… pero no quiero estar con un host… Sólo… quiero estar aquí
contigo y hablar un rato… – bebió un poco y luego lo miró entre
el cabello. – La verdad es que siempre bebo de la botella directamente.
–Pues hazlo, es un descuido mío... – se rió, tomando
la botella y colocándola contra sus labios, con suavidad. – Claro,
no sé si te molesta, esto lo hace un host, pero... también lo
puede hacer un amigo... ¿no?
– No tengo ningún amigo que lo haya hecho…no lo
hagas conmigo… Sólo… sé tú mismo, como cuando estás afuera… vendré
a verte igual – le sujetó la mano y se apoyó contra el respaldo
del sillón. – Quería venir ayer ya… pero no me atreví… – le explicó,
cogiendo un cigarro del paquete que llevaba en el bolsillo del
pantalón y encendiéndolo. – Y hoy tu jefe casi me hace irme…–
se rió porque sabía que era baka hacer eso.
– ¿Por qué? No me parece propio de Tatsuya-san,
aunque no lo conozco mucho, pero... – lo observó, sacando uno
de sus propios cigarrillos. – No te molesta ¿verdad? Ya que no
soy tu host, técnicamente...
– No, no me molesta…– lo miró encender el cigarro
y se apartó un poco el cabello de la cara. –No… es sólo que me
dijo que los privados había que pedirlos previamente…
– Bueno, sí, pero no puede esperar que todo el mundo
sepa eso. Estoy seguro de que la mayoría no los reserva con anterioridad.
– exhaló el humo, sonriendo. – “Entre tú y yo, creo que dice eso
para darle status al club...” – susurró como confiando un secreto.
– Malo…– se rió de forma apenas audible, echándose
hacia atrás en el asiento y escurriéndose un poco para apoyarse
en su hombro. – Me gustaría estar en otro lado… ¿no haces citas
afuera? Te pagaría de todos modos… para que me hicieses compañía…
– Pues... Nunca he hecho una... – le sonrió, un
tanto nervioso, no por salir con él, si no, porque en serio no
quería cobrarle. Le agradaba y se notaba que no tenía mucho dinero.
Por otro lado... No era algo muy digno de un host. – Bien, te
diré qué, voy a salir contigo, y si no estás satisfecho al final
de la cita, no tienes que pagarme, ¿vale?
– Eso no es posible… Yo ya sé que me agradas…– se
rió y se apoyó mejor en su hombro. – Gracias… aunque no deberías
ir aceptando las citas de tus clientes creo… ¿al menos no si no
puedes pegarles? Ya… pero a mí sí puedes, que soy flojo.
– Lo sé, pero no puedo evitarlo... – se rió por
su broma, dándole una calada al cigarrillo, y observándolo. –
Tú me haces cometer errores y ya cometo bastantes solo...
– No será para tanto… todos cometemos errores, Hideyoshi…–
lo miró también porque notaba que lo había mirado. – ¿Mañana?
¿Pasado? ¿Cuándo?– se rió con suavidad a causa de su urgencia.
– Creo que voy a pasármelo bien… y hace mucho que no lo hago…
– Mañana... ¿sabes a donde te gustaría ir? – le
sonrió, pensando que tenía una risa agradable.
– No lo sé… cualquier lado estará bien…siempre que
sea lejos… de mi casa… de mi empleo y del tuyo… – se sentó bien
y le dio un trago a la botella. –Antes era suficiente con sentarte
en un banco con un amigo… y ya podías pasarte la tarde entera
en eso… ¿verdad? Cuando ibas al instituto y eso…
– Pareces recordar mucho cuando ibas al instituto...
¿Te gustaba mucho? – sonrió, pensando que era dulce. – Iremos
a un lugar tranquilo... alejado de todo.
– Sí… bueno… no ir a clase… lo demás… Después comenzó
todo, supongo que es por eso que siempre estoy pensando en esa
época…– se tocó con un dedo la cadenita que colgaba desde su labio
a la oreja. –Había un chico en mi clase que se prostituía…
– ¿Empezaste por él? Lo siento, es muy privado,
¿no? – se disculpó, sirviendo algo más de vino, aunque sin tocar
su copa.
– No te preocupes… estoy… intentando que seamos
amigos ¿no? Va de eso… de contarse las cosas privadas y confiar
en el otro… – giró la botella en la mano cuando el chico la soltó,
haciendo un poco de ruido contra la mesa de cristal. –Me dijo
que sería una buena manera de ganar dinero rápido y de sobra para
comprarme lo que quisiera… y así fue… pero luego alguien me acusó
a la dirección y me echaron… Al otro chico no…
– Es terrible... ¿Y tu familia? – observó cómo giraba
la botella, apenado por él.
– Me echaron de casa… Bueno, mi padre… pero mi madre
tampoco hizo nada por detenerlo… La gente del trabajo se enteró
por otros chicos de mi clase… Le creé muchos problemas… no he
vuelto a hablar con ellos… Tampoco tienen modo de contactarme
y esta ciudad es demasiado grande… – bebió un poco más y lo miró.
– Es igual… tampoco me llevaba bien con ellos antes de eso.
– ¿No los extrañas? – alzó la mirada a su rostro,
apagando el cigarrillo en el cenicero. – Debes sentirte solo.
¿Nunca pensaste en volver a la escuela?
– No…no podría hacerlo – se rió negando con una
mano. – Era malo… en los estudios… Sólo… usaba chuletas para todas
las asignaturas… y así iba aprobando… Los demás me ayudaban… Me
llevaba bien con la gente y eso…– se rascó un poco un brazo, suspirando.
–A mi hermano pequeño… y a mi madre… A mi padre no… ¿sabes? Creo
que todos los padres son una mierda… con respecto a sus hijos…
no los quieren…
– No todos lo son, esta semana conocí a uno que...
bueno, me hubiera gustado tener un padre así – sonrió, hablando
sólo por el sentimiento. No podría ver a Hayabusa como su padre,
claro, dijera lo que dijera Kenzo. Frunció el ceño ligeramente,
bebiendo un poco, y sonriendo de nuevo. – ¿Y has vuelto a ver
a tu hermano?
– De lejos… pero no le hablo… no quiero avergonzarlo
delante de sus amigos… y bueno… seguro que mis padres le han llenado
la cabeza de mierda… Pensará que soy lo peor…– sonrió levemente
aunque no feliz desde luego. –Supongo que hay padres… que sí quieren
a sus hijos… Me hubiera gustado que alguien me hubiera obligado
a hacer algo de mi vida… que a alguien le hubiera preocupado el
luchar un mínimo por mí… Es igual ya....
– No, no es igual ya, ni que tuvieras 60 años...
Bueno, aunque tuvieras 60– se rió, tomándole una mano. – Siempre
puedes hacer algo con tu vida. Debe haber algo que te guste, ¿no?
Y... tal vez deberías intentar hablarle a tu hermano, tal vez
te extraña, ¿no crees?
– No sé… tiene cara de pijo y sus amigos… son… No
creo que sea buena idea… mejor no…– hizo una mueca con el labio
y bebió de nuevo de la botella. –No hay nada que me guste…– se
rió sin ganas y lo miró. – ¿Qué te gusta a ti?
–Comer helado... – se rió, tocándole un brazo. –
Y dar paseos, no mentía... En cuanto a trabajo, no lo sé, nunca
he sido de esforzarme demasiado, ¿sabes? Por eso estoy donde estoy.
Supongo... que me gusta ayudar a las personas, pero no te pagan
por eso.
–Sí… si eres psicólogo… o doctor… o… cura…– se rió
con lo último, bajando un poco la cabeza y cruzando las manos
entre las piernas abiertas. –Me gusta hablar con niños monos…
– se rió y lo miró se soslayo. –Cuando a veces, me siento por
ahí… esperando a que abran el lugar donde trabajo… o buscando
clientes por la calle… y los escucho decir que soy cool… o que
estoy bueno… Me levanto y voy a hablar con ellos, no les digo
lo que soy, claro…– se rió de nuevo, y volvió a apoyarse en el
respaldo. – Supongo que no te lo parecerá… pero soy un fresco
cuando estoy de buen humor…
– Pero tú me pareces mono... – se rió, porque bromeaba
obviamente. – Pero en serio, a mí eso me parece muy dulce. Tal
vez le hayas robado el corazón a alguno...
– No…– le dio un trago a la botella y la dejó entre
sus piernas. – Sólo me meto un poco con ellos… nunca intento ligarme
a nadie… – se llevó el cigarro a los labios de nuevo, mirando
a la tele apagada. –Te doy permiso para pellizcarme los cachetes…
– se rió, burlándose por que le dijera que era mono, el rubio
alargando la mano y pellizcándole un cachete, con suavidad.
– Pues gracias, me siento realizado... – bromeó
de nuevo. Se divertía mucho con él. – Pero puedes robarle el corazón
a alguien sin intentarlo, ¿lo sabías? A lo mejor tienes un séquito
de niños monos, suspirando por ti. Y tú ni te enteras.
– Seguro… y todos son tan tímidos que nunca me dicen…–
se rió un poco borracho aunque no demasiado, apoyándose en su
hombro y rodeándole la cintura con un brazo. –Hum… ¿puedo abusar
así?
– Sí, puedes abusar así... – se rió, sujetándole
la mano. – Tal vez eres demasiado cool para que se te acerquen
por sí solos...
– No… no se me acercan porque siempre me acaban
viendo entrar en ese lugar… o caminar al lado de un salary-man…
meterme en un hotel… o en los baños públicos… Por eso…– apretó
el cuello de la botella, deslizando la mano por él. – ¿Sabes mi
amigo? Creo que ese host… le está tomando el pelo…
– ¿Por qué crees eso? Está haciendo su trabajo solamente...
Seguro que tu amigo comprende, ¿no? – lo miró, preguntándose si
no pensaría que él le estaba tomando el pelo también.
–Ya… pero el otro día Toru estaba muy emocionado…
Decía que lo había besado y que quedarían un día… Espero que no
esté haciéndolo… Yo qué sé por qué… Pero no quiero que le hagan
daño… Más daño…
–Lo quieres mucho, ¿no? – suspiró, acariciándole
la mano casi sin darse cuenta. – Bueno, eso suele pasar, es la
verdad. Los clientes pueden hacerse ilusiones que no son ciertas,
pero... habría que ver si es una cita con pago o no. Si eso te
ayuda en algo.
–No lo sé… no le pregunté… no estaba muy seguro
de querer arruinarle la sonrisa. – observó cómo acariciaba su
mano sin moverla y cerró un poco los ojos bajo la cortina de cabello
violeta. – Sí lo quiero… como a un hermano…
– Un hermano, eso suena bien... – sonrió de nuevo,
observándolo. – Yo te aconsejaría que hables con él y le preguntes.
Tal vez esté consciente... y aún así sea feliz con eso, ¿no? Estaba
con Hayabusa-san, ¿cierto?
– No sé… algo así… no me acuerdo… con el tipo alto
de los ojos violeta…– lo miró a los ojos y se rió. – Tú también
los tienes así… ¿no me vas a contar nada de tus cosas hoy?
– No tengo mucho que contarte, si te conté toda
mi vida la primera vez... – se rió, sirviéndole más vino, preguntándose
interiormente si ese chico sería la persona de la que Hayabusa
le había hablado. – Y ya me advirtieron bastante sobre hacer eso...
– Eso era para los clientes… A mí me gusta escuchar
tus cosas raras… No me interesa hablar con super perfecto… o habría
ido con la víbora…– se rió, apartándose de él un poco y mirando
la hora. –Pasan cinco minutos… y no me dices nada…
– No soy una columna de chismes, ¿sabías? – sonrió
de nuevo, suspirando. – No estoy del mejor humor hoy, tuve una
discusión con alguien que me importa. Por eso... quería olvidarlo
un poco.
– Comprendo… ¿pero sabes? Yo me refería a que ya
pasan cinco minutos de la hora en la que debías haberme despedido
y no me avisabas…– sonrió levemente y lo abrazó con delicadeza.
– Dios, lo siento... – se rió con suavidad, abrazándolo
de vuelta. – Supongo que me gusta hablar contigo. Soy un pésimo
host. Y más pésimo por decírtelo.
–No… a mí me gustas así… creo que eres muy divertido
y cariñoso… – le besó la mejilla, separándose de él con suavidad
y abriendo la cortina. – Oye… si necesitas hablar o lo que sea…
tu jefe tiene mi teléfono… no te ralles mucho…
–Gracias... Ahora siento que debería pagarte a ti.
– bromeó, poniéndose de pie. – Eres bienvenido de volver si quieres...
– Claro… lo haré…– le sonrió, despidiéndose con
una mano y riéndose al notar que se llevaba la botella vacía en
la otra. – Toma… esto no lo necesitare…– se volteó marchándose.
Hideyoshi sonrió, moviendo un poco la botella,
seguro de que eso no lo necesitaba nadie. Pero al menos, se había
ido sonriendo.

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