Capítulo 31
A Lack of Professionalism
–Tsubasa, quiero hablar contigo. – lo llamó el moreno,
aprovechando que Kai estaba fuera, buscando clientes.
– Sí, jefe... – el chico se acercó, con aquella
sonrisa semi burlesca en el rostro, apoyándose en la barra del
bar. Ya sabía acerca de qué se trataba.
– Tsubasa, es acerca de Murakami-san, lo sabes...
¿Piensas...?
– ¿Qué? Si sólo es un cliente. Uno muy bueno, debo
decir... – los ojos del chico examinaron la cara de Tatsuya, observando
muy bien su reacción. Casi no se notaba, pero tenía el ceño levemente
fruncido.
– No juegues conmigo, Tsubasa. Sabes que no es sólo
un cliente. – el barman se apoyó también en la barra, suspirando
y suavizando su voz. Sabía que no lograría nada de aquella manera,
mucho menos con alguien como él. – ¿Realmente vas a dejar el Olimpo?
– No he dicho que vaya a hacerlo, estás saltando
a conclusiones. Pero ya me conoces, iré a donde me convenga. No
es nada personal, así que no te alteres...
– ¿A dónde te convenga? Ni siquiera lo conoces,
podría estarte mintiendo. – Tatsuya lo sujetó del brazo, obligándolo
a mirarlo a los ojos, lo desesperaba. – No puedo ofrecerte esa
clase de dinero, ni esa clase de clientes, pero aquí estás seguro...
– Y ¿cómo sabes que no estaré seguro con él? De
nuevo saltando a conclusiones... – se quejó el chico sacudiendo
su brazo, con gesto de estar ofendido, aunque por supuesto, no
lo estaba.
– Alguien que crea su negocio así, buscando a los
hosts de otros lugares, no puedes confiar en él. Podrías...
– Tatsuya-san – el chico alzó un poco la voz, sonriendo.
– ¿Has pensado que tal vez lo que quiero no es ser un host?
El moreno negó con la cabeza, dándolo por imposible,
no tenía deseos de jugar a sus juegos. – No tengo idea de lo que
dices, Tsubasa. Sé que eres más inteligente que esto...
Tsubasa se rió, pasándose un dedo por uno de los
mechones rubios de su cabello. – Las alabanzas te llevarán lejos,
Tatsuya-san... Pero no me moriré por un hígado dañado, ni me quedaré
hasta que los clientes se den el lujo de rechazarme. No pienso
volverme patético. – su sonrisa se heló por unos momentos, en
un gesto amargo. – Tal vez la mejor manera de cuidar de uno mismo,
es buscar a alguien que cuide de ti. No soy ingenuo...
–Tsubasa... – exhaló el moreno con fuerza, frustrado.
En realidad, le parecía demasiado cínico para su edad, pero solían
ser las consecuencias del empleo. – Mira... – se detuvo al ver
cómo el chico alzaba la mano, tapándole la boca, lo que en cualquier
otro negocio hubiese resultado un irrespeto enorme ante el jefe.
–Tatsuya-san... si me voy o no... ya veremos. Pero
mientras tanto, debo prepararme para trabajar. – sonrió de nuevo,
bajando su mano y alejándose un poco. – No te preocupes, no me
va a matar.
– “No, pero tal vez yo sí...” –refunfuñó el chico
tras la barra, apretando el trapo de limpieza, y soltándolo luego.
Seguro era él quien se veía patético. Pero no podía evitarlo.

Continua leyendo!