Capítulo 3
Caught on the Hook
Takara se recostó contra la barandilla de aquella calle, un poco
aburrido. Lo cierto es que no se sentía muy bien, luego de lo
ocurrido por la mañana con su padre. Le molestaba que se hubiera
puesto a reñirlo, que le ordenase las cosas de aquella manera
y que se hubiera ido de su cuarto. Seguían enfadado, y seguía
dolido.
– Espera…– Kenzo se separó de los demás acercándose
a aquel chico y observándolo bien antes de aproximarse y apoyarse
a su lado en la barandilla. – ¿Un mal día?– le sonrió levemente,
era él… se acordaba muy bien de esa cara.
– ¿Eh? – el chico lo miró sorprendido de que le
hablara. Lo miró de arriba abajo, sonriendo luego, era un host.
– Sí, algo así....
– ¿Qué pasa? ¿Me tomas las medidas para un traje?–
el pelirrojo sonrió abiertamente y se giró para verlo mejor, apartándole
el cabello de la cara. – ¿Por qué no vienes conmigo? Te tomas
una copa… y seguro que te cambia esa cara…
Takara dejó escapar una leve risa, cubriéndose la
boca después. – No, es que... es extraño que te acerques a mí.
Pero... no creo poder gastar el dinero, ya sé lo que cobran.
– No cobramos tanto, no seas así…merece la pena…
por pasar un buen rato. – el pelirrojo lo miró bien, la ropa que
llevaba era de marca, tampoco esperaba menos. –… haremos una cosa,
pero no se lo digas a nadie… yo te invito a la copa esta vez…
si tú me eliges a mí… ¿quieres? Venga…– le sujetó la cara con
suavidad para que lo mirase a los ojos. –No querrás que me pase
la tarde pensando que me has rechazado ¿no?
– No, pero es que... – el chico enrojeció violentamente
sin poder evitarlo, desviando la mirada de inmediato. Ya sabía
que sólo hacía su trabajo, era una tontería. Se preguntaba a cuantos
no le hablaría así su padre todos los días. Definitivamente, era
una tontería. – ... a mí no se me acercan así...
–Eso es porque saben que un chico tan guapo como
tú, no necesita la compañía de un host…– sonrió de nuevo y le
soltó la cara para tomarle la mano. –Pero a mí me gustas… así
que vale la pena intentarlo.
– No creo que sea por eso... – sonrió, sin alzar
la mirada. Dios, se estaba comportando como un chiquillo estúpido.
– Además, puede que no regrese y luego me pagaste la copa por
gusto y perdiste tu tiempo.
– Tomaré ese riesgo…– le dio un tironcito de la
mano para aproximarlo a él un poco más. –Vamos… ya quieres venir
¿a que sí? Lo pasaremos bien, te prometo que no te dejaré solo
ni un momento.
– ¿No? No, si no puedes... – se rió, nervioso, pero
extrañamente cediendo. Seguía repitiéndose que el chico sólo hacía
su trabajo, por más convincente que fuera, pero él necesitaba
aquello. Necesitaba un poco de atención suponía. No tenía nada
de malo, sólo por esa vez. – Está bien... por hoy.
– Claro que sí… vamos…– el pelirrojo lo sujetó por
la cintura, sonriendo, pensando en el mejor modo de meterlo en
el local. –Nunca has ido a un host club ¿verdad?
– No, mi padre... – sonrió, explicándole. – Mi padre
trabaja en uno, supongo que parte de la magia se fue...
– Bueno… pero eso no importa… yo no soy tu padre…
y que extraño, no conocía a ningún host que tuviera hijos… ¿Cuántos
años tienes?– preguntó mientras lo llevaba hacia el local.
– 18– le aseguró, mirándolo de soslayo. Era atractivo,
definitivamente. Pero si no hubiese sido así, no se hubiera ido
con él. – Pero mi padre no es viejo... – añadió, por si acaso.
Kenzo se rió. –Me has pillado, era lo que me estaba
preguntando… ¿cuantos años tiene?– sonrió levemente y lo miró
a los ojos. –Me llamo Kenzo… ¿y tú?
– Takara, mucho gusto... – se rió también, mirando
hacia otro lado. – No lo sé con exactitud, no me dice, pero está
en los treinta... – suspiró, preguntándose si ya con eso se molestaría
su padre.
El pelirrojo se rió. Algo así imaginaba, aunque
le hubiera gustado saber la edad exacta… –No te lo dice… y eso
que eres su hijo… debe ser un poco duro tener un padre que se
dedique a esto… os veis poco ¿no es así?– se guardó las manos
en los bolsillos y lo observó. Indudablemente iba a ver a su padre
en el cartel… esa foto enorme que lo coronaba como número 1, esperaba
que no se echase atrás al hacerlo.
Takara se puso serio sin poder evitarlo. – No...
Casi no lo veo. La verdad. Sé que no es su culpa. – sonrió un
poco, intentando no verse muy estúpido.
Kenzo le pasó la mano por los hombros. –Siento
haber sacado el tema, pero bueno… así tienes más tiempo libre
¿no?– le tapó los ojos justo antes de llegar al local y bajó con
él varias escaleras, caminando detrás y sonriendo. –Veras… cómo
puede ser mágico de todos modos… – Le susurró al oído entrando
en aquella sala oscura con luces reflectantes. Bajó la mano hasta
rodearle los hombros y lo dejó ver de nuevo tras haber pasado
el cartel de la calle.
Estaba plagado de gente, en su mayoría jóvenes y
había varios hosts cantando con unos que habían bebido demasiado.
– ¿Qué te parece?
– Se ve... divertido... – se rió un poco por eso
de taparle los ojos, aunque había sido agradable. Aunque fuera
su trabajo, no significaba que la amabilidad fuera falsa. – ¿Podemos
sentarnos? Me siento un poco extraño aquí...
– Claro…– lo pegó a su pecho. –No tienes por qué
estar cohibido… ven…
– Kenzo-san… ¡hay unos chicos esperándote allá!–
Kai le advirtió, tratando de ver al chico que llevaba con él,
el pelirrojo sonriéndole. – Sí… bueno diles que esperen y tráeme
una carta ¿quieres?
– Sí… ahora voy…– Kai lo miró un poco extrañado,
pero fue donde Tatsuya de todos modos a pedirle una carta.
– Y ¿esa cara? – le preguntó el chico tras el bar,
al ver al rubio con esa expresión de pregunta.
Kai se encogió de hombros. –Kenzo… que llevaba
a un chico de forma muy amorosa así abrazado…como si no quisiera
que se lo quitasen…– le explico el rubio haciendo un gesto de
que lo llevaba contra el pecho. –Quiere una carta…– extendió la
mano esperando a que se la diera.
– Toma... – Tatsuya le dio con la carta en la cabeza,
aunque de manera suave. – No te preocupes por Kenzo y concéntrate
en tus clientes... – le riñó aunque sonriendo un poco. No tenía
remedio.
Takara se dejó llevar, más sonrojado porque lo sujetase
así, deseando verse maduro. –No suelo ir a sitios así, es que
no estoy acostumbrado ni nada.
– ¿Así que no sales? Voy a tener que enseñarte a
divertirte Takara–san…– el pelirrojo se rió y lo llevó a un grupo
de sofás que formaban una especie de cuadrado cerrado tras la
pared. Allí era donde solían estar algunos chicos y desde luego
nunca Hayabusa, él siempre estaba en el centro de la atención.
– No es que no salga, sí lo hago, pero suelo estar
solo. Por eso dejé de ir a discos además... – suspiró, frunciendo
el ceño. Aquello sólo lo hacía sentir más solo, si no es que terminaba
con alguna lapa espantosa.
–Eres un solitario…nadie lo diría…– le acarició
el cabello de nuevo, observando sus ojos. –Tienes unos ojos preciosos…
¿tienes novia o novio…?– se rió y le apoyó la mano en la pierna
de forma un tanto casual.
Kai regresó y le entregó la carta al chico, sentándose
al otro lado. –Hola… Soy Kai ¿quieres tomar algo?– lo giró hacia
él y sonrió. –Bueno… ahora ya sé por qué Kenzo se ponía tan secretivo
contigo… No querías que te quitasen a un chico tan guapo…
Kenzo se rió aunque estaba deseando que se largase.
– ¿Por qué no nos traes unas copas de wishkey?...
– No bebo... Bueno, sí, pero cerveza... Dios...
– se llevó la mano a la cabeza recordando donde estaba y enrojeciendo
por su comportamiento. – No, supongo que whiskey estará bien.
– Bueno… cerveza… hay cerveza…– Kai se rió y le
revolvió el cabello al ver lo rojo que se ponía. –Te traeré una
cerveza… si me das un beso…
– ¡No! – se negó el chico, más rojo aún. – No...
No creo que deba... – de pronto se preguntaba para qué había aceptado.
– Lárgate… no lo asustes…– Kenzo lo empujó suavemente,
sonriendo aunque internamente era muy distinto y lo acercó a su
pecho de nuevo, abrazándolo. –Tráele una cerveza o te besaré yo…
– Preferiría que no…– el rubio se rió sin afectarse
para nada y se inclinó para besarle una mejilla al chico de todos
modos, que se encendió como un farol, exhalando, tratando de mantenerse
calmado.
– Lo siento, no estoy acostumbrado... – aclaró,
una vez se hubo marchado Kai. – ¿En serio está bien? Beber cerveza
en un lugar como este...
–Está bien… este lugar es para que tú te sientas
bien… ¿de acuerdo? Intenta relajarte… te prometo que ya no nos
van a molestar más… ¿quieres ver la carta?– la movió en su mano
aún cerrada. –O… quedarte conmigo directamente… porque yo quiero
que te quedes conmigo y si abres esto… tal vez prefieras a otro…–
le rozó la cara con el borde de la carta haciendo que lo mirase.
– No... Prefiero quedarme contigo. No vine para
eso... – sonrió, cohibido de nuevo, y sujetando el borde de la
carta para que se detuviera. En cierta forma era extraño, pensar
que a su padre lo escogieran así.
El pelirrojo se levantó y cogió la cerveza y el
whiskey que traía uno de los otros chicos ahora, Kai arrastrado
por dos chicos para que fuera a cantar con ellos. Se sentó sonriendo
y le dio al chico la carta. – Asignarme a mí… habla con el jefe.
– Vale…– el chico saludó al cliente y se volteó
para ocuparse de aquello, siempre le tocaba hacer lo que los más
populares decían, pero no se quejaba, peor era cuando le mandaban
limpiar los váteres. –Kenzo–san… hay unos clientes esperándole
desde hace un rato.
– Que esperen un poco más, ya iré luego. ¿Por qué
no les acompañas tú?– sonrió como si le hiciese un favor.
–Ah… gracias…– sonrió retirándose de nuevo. Kenzo
mirando al chico otra vez y ofreciéndole la cerveza.
–Dime… aún no me has contestado a mi pregunta de
antes…supongo que estás estudiando ¿no? ¿O trabajas?
– Aún voy a la escuela, aunque no me gusta. Falto
bastante – confesó, aceptando la cerveza. – Gracias... Y no, no
tengo novia, ni novio. Pero creí que sabías que era gay.
– No, no lo sabía… – se rió y bebió un poco, apenas
nada, dejando el vaso en la mesa. –Todo el mundo es gay para mí
hasta que se demuestre lo contrario… – se apartó el flequillo
de la cara y sonrió, cogiendo la cerveza del chico. Le separó
los labios con suavidad, pasando el brazo por sus hombros y levantándole
el rostro desde atrás para que no fuera a mojarse, sujetando su
quijada y derramó la cerveza dentro de su boca, haciéndolo beber
y observando su garganta al tragar. Estaba rojo y suponía que
sería peor cuando lo hiciera beber más… Apartó el vaso medio vacío
y sonrió. – ¿Así sabe mejor? “Me gusta ver como bebes…”
Takara desvió la mirada nervioso pero sin apartarse
de aquel abrazo. – Estás loco... – sonrió ahora como si con no
mirarlo, Kenzo no lo fuera a ver a él.
– ¿Tú crees?– se rió y lo hizo mirarlo de todos
modos, sujetándole la cara. – ¿Por qué no me quieres mirar? Hum…
debiste escoger a otro si yo te parezco tan feo… ¿es eso? ¿O es
que eres tímido?...
– No. Ya te dije que no estoy acostumbrado... ¿Tratas
a todos tus clientes así? No me vas a contestar eso... – se respondió
él mismo, observándolo.
– No…no los trato a todos así…– sonrió levemente
y lo hizo girarse hacia atrás, apoyándose en el respaldo y aproximándose
a él. –“¿Ves aquella mesa donde está de pie ese chico rubio? Hay
unos… trece chicos… y sólo es por la tarde… me están esperando…En
realidad… cuesta unos 5000 yenes estar una hora a solas conmigo…”
Los ojos azules de Takara se agrandaron, observándolo
confundidos. – Y... ¿qué haces conmigo? No lo comprendo. No estás...
más bien... ¿perdiendo dinero?
–Tal vez… pero hay otras cosas además de eso…ya
soy el número tres y hace poco que he comenzado en esto… no tengo
prisa… – le pasó la mano por la mejilla, acercándolo un poco más
y besándole la frente. –Qué pena que no vayas a poder visitarme
de nuevo…
– No lo sé, tal vez sí venga alguna otra vez...
No lo sé... – murmuró aún confundido. No comprendía por qué prefería
pasar tiempo con él. Incluso de aquella manera. – Kenzo, ¿tienes
novio? No lo pregunto por nada. Es que mi padre trabaja todo el
tiempo y... ya sabes.
– No… no tengo… ¿Por qué? ¿Tiene tu padre? Hay muchos
host que lo tienen… ¿o es que tú quieres ser el mío?– sonrió.
Bebió un poco de nuevo, apenas mojándose los labios y ofreciéndoselo.
El chico debía tener dinero siendo el hijo de quien era… seguro
que podía conseguir visitarlo de nuevo…
– ¡No era por eso! – exclamó, negando con la cabeza,
rojo de nuevo. – Es que me preguntaba si no te hace sentir solo,
este trabajo. O tal vez no, tal vez estoy asumiendo cosas... –
bajó la mirada.
Kenzo se rió por el grito que le había pegado. –Qué
enérgico eres…– cruzó las piernas y miró a la gente a su alrededor.
–En realidad con este empleo… lo que deseas es estar solo de vez
en cuando… no rodeado de gente… – se tocó el labio inferior con
aspecto de estar pensativo. –Aunque a veces sí me gustaría… sentir
confianza con alguien… conocer a alguien especial… pero es casi
imposible…
– Puedo entender eso... pero aún puedes conocer
a alguien ¿no? Incluso aquí... – Lo miró, bebiendo un poco más
de cerveza, serio. Después de todo, eran los hosts los que se
supone que fingían, no sus clientes. – No debía preguntarte eso,
¿verdad?
–No… puedes preguntarme lo que quieras…– le sonrió
y lo miró de nuevo, tocándole el cabello con la mano que rodeaba
sus hombros. –Tal vez conozca a alguien… pero es difícil… creerse
una palabra de lo que dicen la mayoría…– se rió y le tocó la mandíbula
con el dedo, acariciándolo. – ¿Sólo bebes cerveza?
– Sí... es que no sé beber muy bien. Y tampoco tengo
deseos de comprar licor, mi padre no tiene en la casa, ya sabes...
– se rió un poco, avergonzado de ser tan chiquillo a su edad.
– Me agradas, Kenzo. Y no sólo como host... creo...
– ¿Crees?– se rió con suavidad y le apoyó la mano
en la pierna, acariciándole la rodilla. – A mí me agradas tú…
la mayoría de los chicos… sólo quieren acostarse con nosotros…–
sonrió aproximándose un poco más a él. –Pero a mí no me parece
que tú seas así… Tu madre... ¿a ella no le importa que tu padre
se dedique a esto?
– No vive con nosotros... Siempre he estado con
mi padre. – suspiró, bajando la mirada de nuevo. – No dije “creo”
porque no lo sepa. Pero es que eres un host, y no sé... si sólo
haces tu trabajo. Yo no te miento – lo miró de pronto como si
fuera absolutamente necesario aclarar eso.
– ¿No? No… Yo creo que no lo haces– el pelirrojo
le sonrió y se apoyó un poco mejor en el respaldo, manteniéndose
apoyado de lado para verlo bien. –Pero tú lo has dicho, soy un
host… este es mi modo de ser… Si te gusta lo que ves… entonces
es que yo te gusto… no me trasformo cuando salgo de aquí…– se
rió y le tocó la camiseta con la mano. – ¿Es que tu padre es un
ogro o algo así?
– Claro que no... – se rió, sin poder evitarlo,
en su mente poniéndole cuernos y un gran mazo en una mano. – No,
es bastante agradable, pero no hablamos mucho... Llega cuando
yo ya estoy en la cama.
– En algunos locales tan sólo pueden dormir dos
horas… y bebemos mucho alcohol… acabas agotado… – sonrió y le
sujetó la mano. –Creo que tú y yo…nos parecemos bastante en realidad…
– ¿En serio? – lo miró a los ojos, dejándose llevar por aquello.
Él también lo creía. Apretó su mano, sonriendo un poco.
– En serio…– le apretó la mano de vuelta y se la
llevó a los labios para besársela, dejándola después sobre sus
piernas. –Ven…– le apoyó la mano en la cara y lo atrajo hacia
él para abrazarlo.
– ¿Por qué haces esto? – le preguntó, enrojeciendo
de nuevo, pero sintiéndose bien en aquel abrazo. Dejó escapar
un suspiro, cerrando los ojos. No sabía lo mucho que necesitaba
aquel tipo de contacto.
– ¿El qué? ¿Abrazarte? Me gusta… – se recostó un
poco en el asiento y cerró los ojos sin soltarlo, entreabriéndolos
para mirar la hora en el reloj de su muñeca disimuladamente.
– Vendré a verte de nuevo, lo he decidido. – sonrió
el chico, sin abrir los ojos. Seguro la próxima vez tendría que
cobrarle pero no le importaba, tenía para una visita más al menos.
– Gracias…– sonrió y le acarició el rostro con la
mano, pensando muy bien antes de decir nada. –Los lunes… no suele
venir mucha gente así que es más probable que podamos estar a
solas sin necesidad de que pagues más…
– Está bien, será el lunes entonces. – sonrió más,
pensando que realmente era sincero o no le habría dado esa información.
Eso lo alegraba.
– ¿Vives por aquí cerca?– preguntó el pelirrojo,
acariciándole los labios con un dedo para dibujar su sonrisa.
– Sí, sólo salí a dar un paseo, no quería quedarme
en casa. – Se sonrojó, bajando un poco la mirada a los labios
del host.
Kenzo sonrió levemente. –Estabas enfadado… pero
a mí me parecías triste…
– No me gusta quedarme solo... – murmuró, bajando
la mirada para que no viera lo afectado que lo habían dejado sus
palabras.
– Mi madre se murió cuando yo tenía dieciséis años…
he estado siempre solo… De hecho, creo que desde que empecé a
dedicarme a esto me siento menos solo…– le alzó la cara con suavidad
y lo miró a los ojos. –Ahora no estaremos tan solos…
Takara le devolvió la mirada, sonriendo luego, y
negando suavemente con la cabeza, sin decir nada.
Uno de los chicos se acercó a ellos y llamó la atención
de Kenzo, señalándole el reloj y hablándole al oído. – “Harada-san
se está impacientando, dice que tenías una cita con él… y hay
un chico al fondo que quiere conocerte…”
El pelirrojo esperó a que se retirase y le pasó
la mano por el cabello al moreno. –Tengo que ir a trabajar…
– Está bien, comprendo. Nos veremos el lunes entonces...
– sonrió, asintiendo y poniéndose de pie, aunque no tenía tantos
deseos de irse.
– Te acompaño afuera… ¿quieres?– se levantó y le
ofreció su mano. –Lo siento mucho… pero mi jefe no perdona…– se
rió con suavidad.
– No, es comprensible, estoy en tu trabajo, y...
– se rió, un poco nervioso, y sacudiendo la cabeza. Aceptó su
mano, dejándose guiar por la multitud de chicos, al parecer divirtiéndose.
– Lo he pasado muy bien… de verdad… No quería que
te fueras… En realidad ya sabía que me iban a reñir tarde o temprano…–
lo llevó hacia fuera, parándose estratégicamente delante del cartel
mientras esperaban al ascensor.
– No quería que te riñeran. Si me lo hubieras dicho,
me habría ido antes... – se disculpó, sin prestarle atención al
cartel de todas maneras. – Hazme una cita para la próxima vez,
así no te reñirán...
– Claro… lo haré…– sonrió y entró con él en el ascensor.
–No me importa que me riñan… no van a echarme… soy rentable…–
se rió y le pasó la mano por el cabello. –Va a ser realmente tedioso
regresar ahora…
– Sí, ya sé que eres el número tres... – se rió
también, pensando que comprendía por qué. Le sujetó la mano, apretándola
y mirándolo a los ojos, algo rojo. – Gracias...
– Gracias a ti…– le sonrió y se inclinó un poco
para besarle los labios superficialmente, separándose lentamente
porque sabía que el ascensor se detendría en ese momento y lo
miró a los ojos sonriendo un poco. –Regresa…
– Lo... Lo haré... – se despidió, tocándose los
labios, más rojo, y apresurándose en salir. Ya no sabía si estaba
confundido, o si estaba nervioso, o qué, pero lo que sí sabía
es que no se había sentido así nunca. Y no era algo desagradable.

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