Capítulo 29
The Monsters on the Walls
Takara se giró en la cama de nuevo. No sabía ni
para qué se acostaba si no pensaba dormir. Se levantó de nuevo,
encendiendo la luz. Si su padre llegaba, ya le diría que lo estaba
esperando, por lo de su cita. Pero lo que realmente quería hacer
era el mismo proceso que llevaba repitiendo desde que regresara
a su casa. En otras palabras, revisar el móvil, mirarse al espejo,
aunque le daba vergüenza, y asomarse por la ventana, como si Kenzo
fuese a aparecer mágicamente.
El timbre del portal sonó por fin, el pelirrojo
nervioso también de que Hideyoshi olvidase avisarlo. Después de
todo, le había dicho que le avisara sin explicarle, desde luego.
Podía olvidarse.
– ¡Ah! – el chico se apresuró a abrir, saliendo
al pasillo, a la carrera, casi tropezando. Sabía que era Kenzo,
lo había visto por la ventana.
– Soy yo…– el pelirrojo le habló al aire porque
el chico arriba simplemente le abrió a las prisas. Sonrió levemente
y se metió en el ascensor, mirándose al espejo y soltándose el
cabello, colocándose mejor la camisa abierta. Lo observó en el
marco de la puerta del piso y se apoyó un dedo en los labios para
que no fuera a hacer ruido. Sonriendo después. – Qué cute…
– No soy cute... – protestó, aunque sonriendo un
poco y saliendo a su encuentro, besándolo antes de que pudiera
controlarse.
El pelirrojo sintió que el corazón le retumbaba
en el pecho y le sujetó la nuca, besándolo profundamente y bajando
las manos por su espalda delicada, ardía. ¿Por qué? ¿Así sabía
la venganza? Apretó sus nalgas con las manos, besándolo más profundo
y alzándolo en brazos. Le besó el cuello, desatado, respirando
con fuerza, ardía…
– Kenzo... –jadeó el chico, estremeciéndose, abrazado
a él, con los ojos entrecerrados. No había esperado esa reacción,
pero tampoco sabía que lo iba a besar hasta que lo había hecho.
Sonrió, enrojeciendo, sintiendo que le encendía la piel el sólo
contacto con sus labios.
– “Te eché de menos…”– susurró, sus ojos azules
observando entonces los suyos. Lo dejó bajar de encima de él,
apoyándole la mano en la cabeza y pegándole la cara contra su
pecho, buscando calmarse. Se sacó el colgante que llevaba al cuello
con tres cruces pendiendo de este y se lo abrochó en la nuca.
–“Que no lo vea papá…”– susurró, sonriendo de pronto y aguantándose
la risa.
– Kenzo... baka... – refunfuñó el chico, sonriendo
luego y mirándose el colgante, atesorándolo con la mirada. – Gracias..
Yo también te extrañaba, mucho.
– ¿Baka? No me digas eso… fue un regalo de mi madre…
– pasó el dedo por las borlas rojas en su cuello y le alzó la
cara para que lo mirase a los ojos, besándolo de nuevo. Sería
como una droga… poco a poco… lo haría completamente suyo.
– ¿Tu madre? Kenzo... – lo tocó, mirándolo ilusionado
a los ojos. – ¿Seguro que me lo quieres dar a mí?
– Seguro… así dejarás de echarme la culpa cuando
no pueda venir a verte…– bromeó, mirando sus ojos e inclinando
un poco la cabeza.
–No puedes rechazarlo… yo decido a quien deseo entregárselo…
Además…– le pasó un dedo por el pecho sobre la tela. – Estás demasiado
mono en tu pijama…
Takara se sonrojó, sonriendo y bajando la mirada.
– Dices tonterías... Perdona por haber esperado tanto para verte,
me ponía nervioso. Pero estaba pensando en ti. Creo... Bueno,
ya sabes.
– ¿Crees? ¿Así que no estás seguro de si piensas
en mí o no? Yo no he hecho otra cosa… Todas estas noches cuando
vuelvo a mi casa… Sólo puedo pensar en ti… es lo que compartimos…–
le sujetó la mano y le besó la palma, apoyándosela después contra
su pecho, acariciándole el cabello y apartándoselo del rostro.
–Takara… estoy enamorado de ti…
Los ojos del chico se agrandaron sorprendidos, sus
mejillas cubriéndose de un rojo más profundo aún. – Kenzo... eso...
Yo... yo también... de ti... – se abrazó a él, ocultando su rostro,
casi temblando. No podía creerlo, que fuera cierto, que se lo
hubiera dicho así.
– ¿En serio?– preguntó emocionado, abrazándolo contra
él con fuerza, sonriendo de medio lado. – Gracias…
– ¿Por qué... me agradeces? Yo soy el que te debe
agradecer... – le acarició la espalda, sonriendo, contento. –
Yo creí que me veías como a un chiquillo.
– ¿Y quien ha dicho que me agraden los adultos?–
le pasó la mano por el cabello, era frágil, sentía que podría
partirlo con sólo desearlo. –Eres perfecto… – le alzó un poco
el elástico del pantalón, mirándole las nalgas por dentro y soltándosela,
reído.
– ¡Baka! No hagas eso... – protestó, enrojeciendo
más y sujetándose el pantalón como si se lo fuera a quitar. Él
pensaba que el perfecto era Kenzo, no él. – Estás loco...
– Sólo un poco…– sonrió y lo apartó un poco de
él para mirarlo a los ojos de nuevo, riéndose al ver cómo se sujetaba
el pantalón. –Tranquilo… no te lo quitaré…– le subió un poco la
camiseta aprovechando que se sujetaba el pantalón. Reído.
– ¡Tampoco eso! – le riñó, sujetándose la camiseta
con la otra mano, riendo, aunque rojo.
– No me dejas ver nada…– se rió revolviéndole el
cabello con la mano. –Me gustan las cruces…– tocó las que le había
colgado del cuello. –En ti se ven mejor… ¿en qué colegio estudias?
– Ya no voy al colegio, ahora viene un tutor a la
casa... – le explicó, sonriendo y tocándose las cruces también.
– las atesoraré.
– Vale…– le sonrió y le sujetó las manos sin saber
por qué. – “Quiero ver tu cuarto…” – Era peligroso… lo sabía.
– Vale, vamos... – lo condujo hacia su habitación,
la luz ya estaba encendida. Era bastante espaciosa, y más que
nada, tenía posters de películas de terror en las paredes, aunque
bien colocados.
– Creepy… ¿te gustan estas cosas?– se rió, guardándose
las manos en los bolsillos y observando a su alrededor, los posters
en las paredes. – No sé cómo puedes conciliar el sueño mirando
esa cara… – señaló a Toshio en un poster frente a la cama. – ¿No
tienes miedo que te observe mientras duermes?
– No, es sólo un poster... ¿te asusta? – le preguntó
con voz creepy, riendo luego y sentándose en la cama. – Me agradan...
esa clase de criaturas, puedo comprenderlas.
– ¿Por qué?– lo miró, de pie frente a él ahora,
observándolo curioso.
– Porque están solos, olvidados... invisibles. Bueno,
excepto cuando se vengan... – se rió de nuevo, un poco nervioso.
– Tal vez sí soy un chiquillo.
– ¿Venganza?– preguntó mirándolo a los ojos y acuclillándose
poco a poco en el suelo. – ¿De quien tienes que vengarte tú?
– Yo no quiero vengarme de nadie... – negó con la
cabeza, como si esa conclusión fuera tan sorprendente. – Me refería
a lo otro... Bueno, también comprendo por qué se vengan, pero
a mí nadie me ha matado.
–Baka…– le empujó la cara y lo tumbó en la cama,
levantándose de nuevo y mirando por la ventana. – ¿Me espiabas?–
preguntó al notar que estaba la cortina entreabierta estratégicamente.
– No te espiaba, te estaba esperando... – le sonrió,
un poco rojo de nuevo, y sin poder evitar observar su cuerpo.
–Ya… ya…– bromeó, mirándolo después y sonriendo.
– Debería irme de aquí… es peligroso…
– No quisiera que te fueras... – lo miró, entristeciendo
un poco. – ¿Cuándo voy a verte de nuevo?
–Baka… sólo voy a irme del cuarto… volvamos afuera…
Me gusta estar aquí… pero es arriesgado, esperaremos a que tu
padre tenga una cita… o algo así… como hoy… Averigua por mí… ¿lo
harás?– se aproximó a él, apoyándole las manos en los hombros
mientras aún estaba sentado en la cama.
– Sí... pero mi padre nunca tiene citas... – suspiró,
pensando que iba a estar difícil, y mirándolo a los ojos.
– ¿No?... Pero hoy tuvo una… tal vez le fue bien…–
lo miró a los ojos también, apretándole un poco los hombros. –
Pregúntale… sonsácale algo que pueda servirnos…
– De todas maneras iba a hacerlo... – se rió. Para
nada iba a permitir que su padre no le contase cómo le había ido.
– Hideyoshi parece agradable, lo es, ¿verdad?
– Sí… mucho… – lo miró sin decir nada por un momento,
sin poder pensar algo útil. – Además es guapo… hacen buena pareja
¿no crees?
– Creo que sí... – asintió el chico, sin percatarse
de nada. No lo conocía tan bien, pero si hacía feliz a su padre,
era suficiente.
El pelirrojo se irguió al sentir el ruido del teléfono,
contestando y escuchando la voz del rubio al otro lado. – Sí…
yo estoy dando una vuelta… pero ya volvía también, esperaba a
que me llamases...
– Bueno, estaré llegando dentro de unos minutos,
espero que me tengas el té preparado... – se rió Hideyoshi al
otro lado del teléfono, aunque todavía no comprendía para qué
había pedido que le avisase.
– ¿Quién era? No... no importa... – murmuró Takara,
medio celoso de pronto, y enrojeciendo.
– Hideyoshi…– el pelirrojo lo miró a los ojos, notando
sus celos y sonriendo. –Baka… ¿no te dije que me avisaría para
que no nos pillaran?– le apoyó una mano en el hombro y lo empujó
en la cama, acostándolo, subiéndose con una rodilla a cuatro patas
y besándolo profundamente. – “Tengo que irme…”– susurró sin dejar
de besarlo, alzándole un poco la cintura con una mano.
– “Voy a extrañarte...” – susurró también el chico,
los ojos completamente embebidos en el pelirrojo. – ¿Cuándo te
volveré a ver?
– Pronto… en cuanto sea posible…– lo tapó con las
sábanas y lo besó de nuevo. Pasándole la mano por el pecho. –
“Me voy…”– se levantó y le guiñó un ojo antes de salir del cuarto.
– Kenzo... – el chico se giró en la cama, mirando
la puerta y saltando del colchón, corriendo tras él, para detenerlo.
– Kenzo... “bésame de nuevo” – le pidió, a pesar de que eso acababa
de hacer.
El pelirrojo se volteó y lo abrazó, besándolo profundamente
y oliendo su piel sin percatarse de que lo hacía, su mano arrastrando
la camiseta del pijama hacia arriba mientras acariciaba su espalda,
los dedos hundiéndose un poco en su piel pálida por la pasión.
Su corazón retumbó de pronto al escuchar el ascensor y lo besó
fugazmente de nuevo, empujándolo un poco adentro y cerrando la
puerta de la casa. Corriendo escaleras arriba para esperar escondido.
Takara sonrió, apresurándose a su habitación y apagando
la luz antes de meterse en la cama, pero no podía dejar de sonreír
como tonto.

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