Capítulo 28
Friends, Lovers and High Hopes
– La ceremonia fue hermosa, ¿no creen? – preguntó
una de las mujeres a la que se sentaba a su lado asintiendo.
– Ella estaba bellísima... Me daban ganas de llorar...
– se fue a llevar la copa a la boca, notando que estaba vacía,
Hideyoshi sosteniendo su mano con delicadeza.
– Por favor, permíteme traerte otra. – le sonrió,
tomando la copa de sus manos, y sonriendo.
– Su novio es encantador… ¿verdad? ¿No es encantador?– preguntó
la mujer de un directivo que se sentaba con ellos.
–Sí… lo es… y muy apuesto… quisiera uno así para
mí…– se rió una chica que llevaba ya unas copas de más, sin prestar
atención al rostro de su pareja.
Hayabusa bailando con la mujer con la que se había
citado. – …no, tú sabes que estás más hermosa que nunca…
–No sé por qué te fuiste, Shingo… ya no es lo mismo
sin ti…
–Estoy seguro de que has encontrado a alguien…–
el moreno sonrió, dejando que le apartase un poco el cabello de
delante de los ojos y se abrazase a él.
–No digas eso… ¿a quien he llamado para esto?– preguntó
con voz de consentida.
–Sí… tienes razón… soy un desconsiderado…– se disculpó
jugando a estar celoso. –Todos te están mirando… aún más que a
la novia… es un honor acompañarte…
– Oh… calla…– se rió apoyándose en su pecho hasta
que acabó la canción y llevándolo de la mano a la mesa de nuevo.
Sentándose al lado de la otra chica que iba con Hideyoshi. – ¿Vamos?
Dejemos a los hombres que hablen de sus cosas…– se rió tirándole
de la mano y llamando a las otras para que fueran con ellas a…hablar,
o también conocido comúnmente por… “criticar a las demás.”
Hayabusa sonrió, apoyando las manos en los hombros
de Hideyoshi que de nuevo se había sentado y hablaba con otro
chico. –Disculpa… ¿quieres acompañarme? Hay alguien a quien quiero
presentarte– le explico, disculpándose con los demás.
– Sí, claro. Disculpa. – se puso de pie, caminando
junto a Shingo. – ¿Me vas a presentar a alguien en serio o es
para que conozca al señor Hayabusa? – bromeó, aliviado en realidad
de que lo rescatase.
– No me digas señor… por favor… – se rió aunque
alzando una ceja porque sabía que no lo había dicho por nada.
Aún así, le ponía la carne de gallina. –Pero sí… es para que lo
conozcas a él…– se guardó las manos en los bolsillos sujetándole
la cintura un momento para guiarlo hacia fuera de la casa, a los
enormes jardines donde los invitados se reducían a parejas y niños
jugando. –Era un poco agobiante ¿no? Tener que tratar de hablar
de esas cosas… No podía quitarme a Sonoda de encima… Me echaba
de menos… supongo…
– Cualquiera lo haría. Eres un excelente host, en
serio... – sonrió, dejándose guiar y observando el lugar. – Es
hermoso aquí... Y la verdad, sí, era agobiante. No sirvo para
las charlas casuales... No las de temas serios, o... ¿me comprendes?
– Claro… a nadie le interesa hablar de la bolsa
o de vestidos… Al menos no a mí…– se rió y le sujetó la cintura
de nuevo, llevándolo hacia una especie de laberinto de mirto.
–Ven… hay una fuente por aquí… al menos la había antes…
– ¿Shingo?– una mujer lo llamó desde atrás, dando
unos pasos que sonaron sobre la gravilla del jardín.
El moreno palideciendo sin voltearse.
–Shingo, eres tú ¿verdad?
Se volteó y la miró, no era como que pudiese huir
de eso así como así. – Cuanto tiempo… – sentenció serio. De todas
las personas y tras tantos años… tenía que ser ella…
Hideyoshi se volteó también, sonriendo para ser
cortés. Lo cierto es que era extraño, se le parecía a alguien.
La mujer se acercó lentamente, sonriendo como si
nada y besándole los labios, el moreno mirándola a los ojos, serio.
–No esperaba encontrarte aquí…
– ¿Y tu marido?– la cortó el moreno.
– Está… un poco enfermo y no puede levantarse de
la cama… – se explicó la mujer.
– A esa edad… es normal…– sonrió en lo que tanto
él como ella, sabían, no era amable.
–Verás… quiero… quiero ver a Takara…
–No – el hombre la miró serio. –No quiere verte.
– Hablaré con él… y querrá verme… ¡Es mi hijo!–
le gritó sujetándole el brazo.
El moreno le sujetó la muñeca con fuerza y la apartó
de su brazo. –Haberlo pensado antes… Y no hagas una escena… no
todos somos como tú, algunos tenemos principios.
– Quiero verlo… ¡Shingo! Quiero verlo y si no me
dejas… ¡ Buscaré el modo de que te arrepientas!
– ¡No! No me amenaces…– contestó avergonzado porque
aquello sucediera delante de Hideyoshi. –Hablaré con él… no te
prometo nada… – sujetó la cintura del rubio para llevárselo de
allí. La mujer aún quieta, observándolo con los ojos húmedos.
– Hayabusa-san... – el rubio murmuró algo incómodo
por haber visto aquello. No había sabido ni cómo reaccionar. Al
menos ahora estaba claro a quien se le parecía la mujer. O más
bien, a la inversa. – ¿... se siente bien? – le preguntó, sintiéndose
un tanto estúpido, pero no estaba seguro de cómo le respondería
el moreno si se atrevía a comentar algo. Además, era la primera
vez que lo veía alterado así.
–Sí… estoy bien… – lo miró y se detuvo entre las
paredes de mirto, respirando con fuerza y sonriendo levemente,
alzando la vista para mirar al cielo. –Yo sabía que esto sucedería
tarde o temprano… pero aún cuando lo sabes… Hay cosas que no se
pueden asimilar… que deseas que de todos modos no sucedan… Siento
que hayas tenido que presenciar eso…
– No, no pasa nada, es... normal. – negó con la
cabeza sonriendo levemente. – Creo que eres un buen padre. Aunque...
no debería entrometerme. Lo siento, nunca me quedo callado.
– Un buen host no lo hace…– sonrió levemente, sabía
que lo había puesto en un aprieto desagradable. – Bueno… ya me
han arruinado la noche… No era esto lo que deseaba que conocieras
de mí, la verdad…– se apartó del mirto, revolviéndose un poco
el cabello con la mano. Podía disimular lo que desease, pero lo
cierto es que estaba preocupado.
– No está arruinada. Sólo se conoce realmente a
las personas sabiendo lo que ellas no desean que sepas. – le aseguró,
observándolo. Así, se veía vulnerable incluso. – Y yo no he visto
nada que me haya parecido desagradable.
– Sí… eso que dices es cierto…y también conociendo
lo que ni siquiera tú mismo deseas saber de ellas…– caminó a su
lado por la gravilla, recorriendo el laberinto de hojitas verdes,
tratando de encontrar la fuente después de todo. –Pero volviendo
a lo que sí deseo saber… – sonrió mirándolo de soslayo – me preguntaba
si no hay algo entre Kenzo y tú… No quiero entrometerme… ni entrar
en una calle sin salida… Sé que es una pregunta personal… no tienes
por qué contestarme...
– No tengo por qué no hacerlo... – suspiró, pensado.
– Entre Kenzo y yo... No lo sé, yo mismo me lo pregunto, la verdad.
Kenzo es especial, y le debo mucho. Pero no sé si hay algo más,
o si sólo vamos a arruinar lo que tenemos... No te ofendas, pero
fue una de las razones por las que acepté salir contigo. Necesitaba
algo distinto, alejado...
– No me ofendo… No es como que nos hayamos jurado
amor eterno… Sólo nos estamos conociendo, me agradas, surja algo
o no, no veo por qué no conocernos mejor…– lo observó, estudiando
su expresión y sonriendo con suavidad, deteniéndose un instante.
– A veces no te das cuenta de que lo que quieres está justo delante
de tus narices hasta que lo pierdes… Y otras veces crees que lo
que quieres es lo que está accesible más fácilmente…porque no
quieres perder lo que tienes… y después no era así… ¿no es así?....–
bajó la mirada, para observar una piedrita en el suelo y luego
siguió caminando, con una sonrisa en los labios. –Yo soy un especialista
en cometer errores y en no saber lo que quiero…
– Hasta hoy, hubiera pensado que eras perfecto...
– bromeó, acomodándose un mechón de cabello tras la oreja. – Por
un momento, incluso creí que me ibas a dar la respuesta. Pero
sí... es lo que me sucede. No quiero volver a estar solo, pero
tampoco quiero apresurarme y lastimar a alguien que no lo merece.
–Comprendo… – sonrió levemente, mirándolo y sintiendo
que le daba la risa. –No soy perfecto… eso desde luego… Aunque
me atrevería a decir que creo que lo que hay entre vosotros es
amistad… y puede que deseo… Tal vez esos celos… que se sienten
cuando tienes miedo de que alguien aparte “tu ancla” de ti… –
lo miró a los ojos y sonrió levemente. – Mi hijo es mi ancla…
es lo que mi paz… pero definitivamente no lo amo…– se rió guardándose
las manos en los bolsillos. –Sería distinto si fuera un amigo…
podría confundirme…
– Entonces, ¿qué harías en mi lugar? Kenzo... Creo
que se puso celoso porque vine contigo, aunque no lo admite ni
muerto. No admite nada – se rió, aunque pensando de pronto en
la soledad que veía en sus ojos.
– Ya has visto que mi vida sentimental no es un
éxito, no deberías pedirme consejo…– se rió y lo miró a los ojos.
–Supongo que dejaría que las cosas siguiesen su curso… sin cerrarle
las puertas a nadie… y menos a mí…– bromeó sentándose en el borde
de la fuente. –Y si realmente sucede… no habrá lugar para las
dudas… Cuando amas a alguien… no hay dudas…
– No hay dudas, ¿eh? – sonrió, tocando el agua con
la punta de los dedos. – Eres muy agradable, Hayabusa... mucho
más cuando no estás siendo host.
– Bueno… es mi trabajo… se hace lo que se tiene
que hacer… tampoco me desagrada… Sólo cuando llegan situaciones
límite… que yo mismo he creado y que no sé cómo aceptar realmente…–
lo miró de soslayo y luego su mano. – Te sucederá… lo más seguro…
– Me sucederá... Creo que no soy tan bueno como todos piensan.
– sonrió, observándolo de vuelta. – A mi primer cliente... creo
que le conté mi vida. Ya sé que no es recomendable.
–No…– negó con la cabeza, sonriendo levemente. –
¿Te refieres a Koya? Me preocupaba dejarte solo con él… estaba
a la defensiva… A veces llega ese tipo de clientes…
– No, en realidad, se relajó un poco luego. Los
dos estábamos nerviosos, creo que eso ayudó, aunque parezca raro.
– se rió, sentándose.
– Dijo que regresaría.
– A veces no regresan… es mejor si no te encariñas
demasiado… – lo miró y sonrió levemente. – Yo también me siento
un poco como tú con Kenzo… con alguien… Pero yo sé que él sí está
enamorado de mí… Al menos eso dice… Sin embargo… me recuerda a
ella… antes… de todo lo que sucedió…
– Puedo comprender tu temor, pero supongo que tampoco
es justo juzgarle por otra persona. No sé cómo reaccionaría yo
si me hubiese ocurrido algo así. – meditó, alzando la mirada al
cielo nocturno.
– No lo juzgo… No me he cerrado a él… No soy así…
Sé que no quiero estar solo y también que no quiero estar con
alguien por soledad… pero la verdad es que tengo miedo de salir
herido…– sonrió y lo miró. –Esto ha salido mal… hemos acabado
siendo amigos… ¿verdad?
– Yo no diría que ha salido mal... No colecciono
amigos precisamente. – le sonrió, mirándolo directamente ahora.
– No es algo para desechar, si así fuera, no estaría tan preocupado
por Kenzo.
–Lo sé… pero sabes de qué estoy hablando…– suspiró
levemente y se apoyó en el borde de la fuente con las manos, alzando
la cara.
–No importa lo duro que suene… los amigos… siempre
tienen a alguien más importante que tú… Incluso tu familia… Sólo
hay en el mundo una persona… que te puede querer más que a sí
mismo… y debes tener la suerte de toparte con ella… y quererla
tú también…
– Dios, todos son pesimistas a mi alrededor... –
se rió, jugando con el agua de nuevo. – Los amigos... son aquellas
personas que siempre están allí, pase lo que pase. Aún cuando
esa persona que considerabas importante te deje... Y yo no tengo
familia, así que has de haber ganado un premio.
–Haz el amor y deja embarazada a la mujer inadecuada…–
se rió bromeando para no ponerse a pensar seriamente sobre lo
ocurrido antes y le apoyó la mano en el hombro. –No te engañes
con ese pensamiento infantil… Los amigos son… los que siempre
están allí pase lo que pase y siempre que esa persona importante
para él no esté en ese momento… Un amigo… siempre serás secundario
para él…
– Prefiero no pensar así... Aunque me estoy sintiendo
rechazado amistosamente... – bromeó, mirándolo a los ojos. – ¿Tienes
muchos amigos, Hayabusa-san?
–No, no tengo amigos… todos desaparecieron con el
tiempo… se fueron… con sus personas importantes… – se rió, pensando
que era un necio, no sabía lo que decía, pero podía seguir en
su mundo ideal si lo deseaba.
– Entonces, ¿me permites ser tu amigo? ¿O te niegas
rotundamente? – le preguntó, aún mirándolo a los ojos. – Bueno,
supongo que no puedes ser tan grosero, así que dirás que sí, aunque
no tengas intenciones de aceptar realmente...
–Si no deseara aceptar, te diría un no adornado…
No me estás pagando ¿verdad? Entonces sólo soy una persona normal…
que por cierto tiene muy mal genio…– sonrió levemente y lo miró
a los ojos. – No tengo motivos para negarte mi amistad a ti ni
a nadie… Es sólo que sé… será pasajero… pero dejemos de ser tan
necios…
– Bien, ya el tiempo dirá quien tenía la razón.
O si estamos equivocados los dos. No estás realmente decepcionado,
¿verdad? De cómo salió todo...
–No… bueno… preferiría no haberla visto, como ya
he dicho… me arruinó la noche, pero no tiene nada que ver con
tu compañía, aunque ya veo que Kenzo no debe preocuparse…– se
rió con suavidad y le tocó la pierna.
– ¿No debe preocuparse? ¿Por nosotros, dices? –
lo miró, un tanto intrigado. – Sabes... físicamente, me atraías
bastante...
– A mí también…– lo miró, riéndose con suavidad. – ¿Quieres decir
que el problema es que te caigo como un tiro?
– Claro que no, y además, no trates de decir que
el problema es mío. Fuiste tú el que declaró estado de amistad
primero.
– Puedo sentir cuando alguien no está atraído por
mí… después de todos estos años… Al menos eso… no me lo puede
discutir nadie…– sonrió, apartándose un poco el cabello con la
mano.
– Bueno, si quieres saberlo, la situación, es que
me agradas mucho, pero no de esa manera. Supongo que habrás escuchado
eso un millón de veces. – le sonrió, preguntándose si estaba ofendido
de alguna manera.
–La verdad es que no… supongo que tú sí…– se rió
y se inclinó un poco adelante. – Vale, era una broma… pero no,
la verdad es que no es algo que tenga que escuchar a menudo. De
todos modos… me siento de la misma manera… Aún así no me arrepiento…
es mejor que seguir teniéndote rondándome la cabeza y preguntándome
si funcionaría…
– Ya puedes tacharme de la lista – se rió, porque
así como hablaba, le parecía que eso haría. – Realmente yo también
pensé que esto iría diferente.
–Sí…– cruzó una pierna sobre la otra y lo miró a
los ojos. – Es mi culpa… la verdad… por lo que ha sucedido… Es
como cuando hablas con tus clientes… No debes contarles ciertas
cosas al principio… o se establece una confianza… que evoca a
la amistad… y no al deseo… y sin deseo… no hay atracción… Sé muy
bien lo que ha sucedido… las cosas habían sido diferentes en otra
situación… y me molesta… no creas que no…
– Sin embargo hay alguien más en el que piensas...
Me lo dijiste antes. Tal vez esto le hubiera cerrado la puerta
a alguien que realmente te quiere, ¿no lo piensas? – suspiró,
mirándolo de soslayo ahora. – Solía pensar que las cosas sucedían
cuando tenían que suceder. Ya no estoy tan seguro claro...
–No… a veces suceden simplemente y estropean otras
cosas…– lo miró y sonrió levemente. – Tú también podrías haber
llegado a quererme realmente… ¿no lo piensas?– le devolvió por
cabezonería y necedad, aproximándose a él un poco. – ¿No será
que te sientes aliviado? Si se te cierran puertas no tienes que
torturarte tanto respecto a tu ancla… cuantas mas se cierren más
fácil será aferrarte…
El rubio se quedó mirándolo serio, sujetando su rostro de pronto
y besándolo profundamente, antes de que pudiera decir nada más.
Hayabusa lo sujetó por la cintura con fuerza, devolviéndole el
beso de forma intensa y sujetándole el cabello en la nuca, le
mordió el labio inferior y lo miró a los ojos.
– Te me has adelantado…
– Creí que alguien debía callarte.... – se rió,
devolviéndole la mirada. – Y quería saber si te hacía sentir algo...
–Así que me has besado para callarme… podías habérmelo
dicho directamente– sonrió levemente, mirando hacia la enorme
casa llena de gente, se había alterado de inmediato. Su orgullo
no era algo que se hiriese indemnemente.
– Estaba bromeando... – se rió, observándolo. –
¿Crees que soy tan grosero? El segundo motivo es el verdadero...
¿Por qué me devolviste el beso, Hayabusa-san?
– No sé si estabas bromeando… Ser grosero o no…
Ser sincero o no… Depende de lo hábil que sea la persona para
ocultar lo que piensa… – lo miró a los ojos, apoyando un pie en
la fuente. – Te lo devolví porque quería hacerte sentir.
– Yo no oculto lo que pienso, tal vez en el trabajo
un poco, pero no tengo por qué hacerlo contigo. – lo miró, un
poco más serio. – Yo no sé lo que siento ahora mismo, es confuso.
Y creo que quieres respuestas instantáneas. Hayabusa-san, estoy
empezando a preguntarme si te gusto o si te ofende que tal vez
no surja nada.
El moreno se rió y lo miró a los ojos. – No quiero
respuestas instantáneas, sólo quería conocerte… es todo, el que
surja o no surja algo… no depende sólo de esta noche… Es sólo
que estoy alterado y por más que haya podido conseguir que parezca
que me he olvidado… no es así… Ya te he dicho que tengo muy mal
genio… Además sí me ofendió tu broma… y tarda en pasárseme… lo
siento… Decías que no te gustaban las personas perfectas… pues
ya ves que no lo soy… lamentablemente.
– Lo siento, no quise ofenderte... Yo disto mucho
de ser perfecto. – sonrió, pasándose la mano por el cabello en
gesto de agobio, pero más por sus propios modales que por lo que
dijese Hayabusa.– Supongo que esta cita ha estado plagada de mala
suerte.
– Supongo… bueno… – lo miró a los ojos y le sujetó
la mano para que se levantase con él. – Es imposible para mí descansar
si esto acaba así… Huyamos… – se rió arrastrándolo un poco con
él hacia las verjas de afuera.
– No nos pagarán... – se rió, pero dejándose llevar.
– ¿A dónde me llevas?
–No lo sé – abrió las verjas de la casa para salir,
sin soltarle la mano. Realmente no sabía a dónde se lo llevaba,
pero incluso él necesitaba salir de ese lugar. – Necesitaba salir
de allí…– lo sujetó por la cintura y se sacó un sobre del bolsillo,
contando el dinero y entregándole la mitad. –Me pagó mientras
bailábamos…– se rió guardándoselo en el bolsillo.
Hideyoshi se rió, sin creérselo, negando con la
cabeza. – No hubiera creído que tenías este lado... Me pregunto
qué dirán. Se supone que yo era su novio, ¿sabes?
– Dirán que vieron a su novio escaparse con el novio
de otra… y que somos homosexuales… y lo hombres homosexuales que
había en el banquete… quedarán prendados…– se rió, jugando e inventando
por completo. – A veces cuando me encierro en una situación… no
hay modo de sacarme de allí…
– ¿A qué te refieres? – le preguntó curioso, dejándose
llevar. – Vayamos a un lugar poco característico, ¿quieres? –
le pidió, aflojándose la corbata y desabotonándose los primeros
botones.
– En realidad estaba pensando en subir a ese templo…–
miró hacia arriba del montecito y lo señaló. Luego miró al rubio
a su lado. –Me refiero a que a veces algo me cabrea… y entonces
yo me cabreo con todos los que me rodean… y cosas que me habrían
parecido bien estando normal… me cabrean aún más… hasta que me
doy cuenta de que quien me ha cabreado, no lo está pasando tan
mal como yo… lo siento…– lo acercó un poco más y le besó una mejilla.
– No podía dejar de pensar en que estabas viendo lo peor de mí
en un sólo día… y eso… me hace ponerme a la defensiva…
– Es comprensible – hizo un gesto como de quitarle
importancia. – Y no debí tomarme esas libertades, no sé tratar
con gente como tú, lo siento. Tienes que comprender que soy un
chico de la calle... Aún así, te repito que no me pareció ver
algo desagradable. Un tanto necio, sí.
–Sí… creo que soy un cabeza dura…– se rió quitándose
la corbata y guardándosela en el bolsillo, abriéndose la camisa
mientras subían por el estrecho camino entre los árboles. – Yo
creo que eres muy agradable… fue mi culpa… no hay por qué negarlo…
son cosas que pasan… y no creas que yo fui siempre así… o que
provengo de una familia fina… o algo así…
– Bueno... creo que tienes una imagen de alguien
muy fino. No te podría imaginar comiendo hamburguesas y bebiendo
cerveza... O sí, pero no igual que los demás. – se rió, metiéndose
un poco con él en realidad, aunque no lo veía mal. – No me has
dicho si sentiste algo cuando te besé, o sólo furia...
–Iba a besarte yo…– sonrió levemente. –Sí sentí...
aún más por hacer lo que yo estaba pensando… – lo miró de soslayo
mientras caminaban y se pasó la mano por el cabello. – Y no sentí
furia… después me sentí herido en el orgullo… estúpidamente, porque
estaba alterado… eso es todo…
– Bueno, eres muy bueno besando, ahora sí me atrevo
a decírtelo... – sonrió, mirándolo y luego hacia arriba, mientras
caminaban por el camino hacia el templo. – Suelo hacer bromas,
no era por mala intención.
–Ya sé… ahora… De todos modos no me habría molestado
si no hubiera ocurrido eso antes…– le acarició la espalda con
la mano y lo miró de soslayo. –De todos modos, después de haber
visto todo esto de mí sin haberme querido matar… Ahora sí que
siento que podemos ser amigos…
– Oh, amigos... siento que camino sobre minas...
– bromeó, suspirando luego. – Pero yo seguiré con mis ideas ingenuas,
y tú seguirás agradándome.
–Sí… eres un ingenuo…– se rió, aunque realmente
lo pensaba. – Realmente me pregunto si tan siquiera has estado
con un hombre antes… nN es que tenga algo de malo… –anticipó.
– No, pero sí he estado... Sólo han sido cosas casuales.
– lo miró de soslayo, aún sonriendo. – ¿Sabes? Pensaba que en
esta situación, la gente normal trae una botella de vino o algo...
pero yo no quiero ni pensar en beber.
–No… yo no bebo fuera del trabajo… y tampoco como
hamburguesas por cierto…– se rió, guardándose las manos en los
bolsillos. – Cosas casuales… Realmente bromeaba antes, pero eso
sí me ha sorprendido…
– ¿Por qué? ¿Parezco tan inocente? – lo miró, riendo
un poco luego. – No te confundas, no es que me acueste con cualquiera.
Es sólo que... Supongo que ha sido por soledad. Tal vez esperaba
algo más.
–Comprendo… de todos modos no estaba juzgándote
ni colgándote ninguna etiqueta… Cada uno debe vivir como juzgue…–
se paró un poco en la explanada, mirando al templo. – Está abandonado…
desde abajo tenía buen aspecto…– se acercó despacio de todos modos.
– Sí, pareces inocente… y con ese modo de pensar que tienes… Creo
que casi todos me parecen inocentes… incluso alguien como Tsubasa…
No lo tomes a mal… creo que esto… su trabajo… es lo único que
tiene…
– ¿Tsubasa? Bueno, no he podido conocerlo, me odia...
– se encogió de hombros, observándolo. – Pero supongo que lo comprendo
si es como dices... Todos parecen muy solitarios ahora...
–Creo que todos lo somos… no te quedes mucho tiempo
con nosotros…– se sentó en las escaleras de madera del templo
y lo miró, extendiendo una mano para que se aproximase. –Cuando
creas que has encontrado a la persona… no lo dudes y no la dejes
escapar, no importa lo que estés ganando… ni lo que hayas conseguido…
Tu empleo no va a acompañarte por las noches… o cuando estés enfermo…
solo…
– Hablas como si fueran almas en pena... – intentó
bromear aunque no con muchos deseos. – Yo ya estaba solo, en realidad...
ahora me siento menos solo, con ustedes. Y tú... ¿estás haciendo
esto por encontrar a alguien, no?
–No realmente… es sólo que mi hijo me ha hecho
pensar… que lo único que hago todos los días es levantarme cansado…
ir a trabajar… volver cansado… hablar con él cuatro cosas hasta
que me quedo dormido… y de nuevo a repetir la operación… Lo cierto
es que sea como sea… desde que hablé con él, comencé a desear
que sucediese algo en mi vida… aunque hubiera preferido que encontrarme
con ella no fuera parte de ese algo… Algo bueno… Era lo que esperaba…
Pero las cosas nunca salen como te lo imaginabas…
– No, pero aún puede suceder algo, por lo menos
estás buscando. Tu hijo te quiere mucho, se le nota... Así que
no tienes excusas para rendirte. – le sonrió, recostándose en
las escaleras. – Me agrada este sitio, así de derruido como está.
–Sí… eso estaba pensando antes… y es un alivio…
el silencio y este olor a hierba en lugar de a humo, colonia y
alcohol… Con todo lo que ha sucedido… volveré a casa con una sensación
muy extraña… ¿tú no? No sabré qué decirle a mi hijo cuando me
pregunte si fue bien…– se rió cruzando los dedos de las manos
y mirando una araña que pasaba por entre las hierbas. –Aunque
me atraes… siento que eres una de esas personas… con las que te
sientes tan cómodo que no es que no puedas… es que ni siquiera
quieres enamorarte… ¿sabes a qué me refiero?
– Lo sé, pero espero que no todos piensen como tú...
– se rió, suspirando. – Mientras no le digas a tu hijo que soy
un pesado... – lo miró un poco más serio. – ¿Vas a decirle lo...
que sucedió?
– No eres un pesado…– apoyó las manos tras su propio
cuerpo, mirando adelante, a los árboles. –Se lo diré… No tengo
derecho a ocultárselo…
El rubio sonrió, exhalando. – Tu hijo es muy afortunado,
Hayabusa-san... En lo que a mí respecta, esta noche ha sido extraña
pero... si alguien me pregunta, le diré que fue bien.
–Sí, no me dejes quedar mal… O te pondré laxante
en el champán…– lo miró de soslayo y sonrió levemente. – ¿Quieres
volver andando?
– Eres malo, Hayabusa-san... – se rió el rubio enderezándose.
– Sí, hagamos eso, hace una noche agradable.
–Vale… –se levantó pensando que eran unos desgraciados
por dejar allí a aquellas chicas, pero no tenía fuerzas para encontrarse
con ella de nuevo. Le sujetó la mano y lo hizo sujetarse de su
brazo. – ¿Quieres un consejo?
– Oh, ¿ahora sí das consejos? – bromeó, mirándolo
y sujetándose de su brazo como si fueran una pareja. – Por supuesto...
dime.
–No le digas a Kenzo que no salió como esperabas…–
se rió con algo de maldad y lo miró a los ojos. – No lo dejes
tranquilizarse, es un error…
– ¿Por qué? – lo miró realmente extrañado. – ¿Es
una manera de averiguar si le importo? O ¿sólo deseas torturarlo?
–No… – se rió y lo miró a los ojos. –No tengo ningún
interés en torturarlo… Pero pensé que os ayudaría… a daros cuenta
de lo que sucede entre vosotros… ¿Qué pensarías si ahora mismo
él estuviese con alguien atractivo? ¿Te preocuparía?
– No lo sé, supongo que depende de la situación...
– meditó serio, tratando de imaginarlo, pero le era difícil. Fuera
del trabajo, sólo podía imaginarlo a su lado. – Creo... que sí.
– sonrió, admitiéndolo.
–Bueno… pues deja que se preocupe… Si no se preocupa…
o disimula muy bien… que puede ser…– sonrió y lo miró. – O tiene
miedo de que te aparten de él…
– Creo que los dos tenemos miedo entonces... – se
rió con suavidad, preguntándose si estaría molesto.

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