Capítulo 27
Surrounded by Shadows
El chico se apoyó contra la vitrina de la tienda
aquella, mirando el cielo, y luego la calle, y luego al otro lado,
por si venía desde un camino distinto, aunque no tuviera sentido.
Era estúpido, estaba nervioso y no tenía por qué. Kenzo no lo
iba a dejar plantado y su padre no iba a regresar en horas...
seguro.
–¿Esto?– preguntó un chico girando el papelito para
mirarlo.
–Deja de mirarlo y mueve… vamos… dáselo de una vez…–
el pelirrojo lo empujó afuera de la calle y el chico se metió
la mano en el bolsillo, tocando los billetes que le había dado.
El pelirrojo observó desde la callejuela oscura
a Takara que esperaba tan sólo desde hacía unos minutos en el
escaparate de aquella tienda de trajes donde se habían encontrado.
El joven de la gorra le dio el volante, casualmente, como si llevase
repartiéndolos largo rato.
–Toma, tío– le soltó entregándole otro a un chico
que pasaba y continuando el camino con las manos en los pantalones
flojos.
– ¿Eh? – Takara miró el volante, enrojeciendo inmediatamente,
y mirando al chico que se lo acababa de dar, preguntándose si
eso es lo que parecía. A lo mejor por estar parado allí, haciendo
nada. Se enderezó, carraspeando como si alguien le fuese a decir
algo.
Kenzo lo miró, observando su reacción y apoyándose
contra la tapa de un contenedor, vigilándolo sin moverse de aquel
lugar. Dejaría pasar un rato más…
.......................
Al cabo de 15 minutos el chico seguía allí apoyado.
Llamó a su teléfono móvil y esperó un rato para contestar. –Takara…
– ¡Kenzo! Te estoy esperando, ¿sucede algo? – preguntó,
preocupado de que le dijese que no iría. Incluso se giró de frente
al escaparate para poder hablar en privado.
–Lo siento… he intentado sacarme de encima al cliente
pero es imposible… Es demasiado dinero el que me paga y mi jefe
no está muy de acuerdo en que lo eche a perder… No podré ir, lo
siento… – se rascó la mandíbula mirando a un gato que lo observaba
desde el balcón de un cuarto piso, poniendo voz de lamentarlo
muchísimo pese a que su expresión dictaba todo lo contrario.
– Pero... te he estado esperando. Creí que querías
verme, Kenzo... – protestó el chico aunque más que de enfado,
su voz era de tristeza. Miró a un chico que pasaba, girándose
de nuevo, como si fuera un espía. – ¿Cuánto tardas? Puedo esperar...
–No lo sé… ¿Qué quieres que haga? Es mi empleo,
me pagan por pasar mi tiempo con otros, no es mi día libre… He
hecho lo posible por vernos… – suspiró en el teléfono –… espérame
en casa, no quiero que te ocurra nada. Si acabo antes de que vuelvan…
te llamaré y nos veremos, aunque sea en los pasillos del edificio
donde vives.
– ¿Seguro? – insistió, animándose un poco.– Voy
a esperarte Kenzo... No... No te olvides de mí... – le pidió,
bajando un poco la voz luego. – ¿Sabes dónde vivo?
–Sí… lo vi en la ficha de tu padre…– caminó alejándose
más del chico a paso ligero. –No digas bobadas, no voy a olvidarme
de ti… ¿quieres seguir hablando hasta que llegues a casa? Así
estaré seguro de que llegas bien… y no te ocurre nada…
– Sí... – carraspeó, seguro de que le había salido
estúpida la voz. – Eso si... ¿No se va a molestar tu cliente?
– preguntó, echando a caminar hacia su casa.
–No… ahora está en el baño, arreglándose…– le explicó
mintiendo y mirando la hora en su reloj de muñeca. –Tenía una
cosa para ti…
– ¿Qué cosa? No tienes que darme nada... – negó, aunque lo había
emocionado porque pensase en él.
–Ya sé que no… lo hago porque quiero… para que pienses
en mí…Y no puedes evitar que te lo dé…– se rió, actuando y camuflándose
entre los callejones, observándolo pasar a lo lejos –Es una pena
que no tengas dinero como otros chicos de los que me visitan,
así podríamos vernos a menudo.
– Lo sé... Es muy caro ver a un host – se rió, aunque
no le hacía mucha gracia. De todos modos, no consideraba que lo
estuviera viendo en calidad de host, por más que tuviera que pagar.
Pero ya conocía esa vida, su padre jamás tenía tiempo para nada,
siempre estaba cansado cuando llegaba a casa. – ¿No podemos vernos
en tu día libre?
–Esta semana no, a lo mejor la siguiente… Ya te
dije… esta semana tengo una cita en mi día libre, había quedado
hacía días con un chico, no puedo cancelarlo…– se apoyó contra
la pared, observando cómo entraba en el edificio y escondiéndose
mejor. –Ponte el pijama cuando llegues… que no se vaya a dar cuenta
tu padre…
– Pero vendrás, ¿verdad? Por favor... – le pidió,
entrando y quedándose en el pasillo un momento, aún sin decirle
que había llegado.
–Lo intentaré… ¿ya estás en casa?– preguntó “inocentemente.”
– Sí... – contestó, casi refunfuñando. – Voy a estarte
esperando. Que lo sepas.
–Más te vale… y espero que sea un pijama mono…–
se rió y le echó un beso por teléfono. –No te duermas…
– No, baka... – se rió a su vez, dudando un poco
y enviándole un beso también aunque cualquiera lo diría por el
ceño fruncido y lo rojo de su rostro. Apagó el móvil, suspirando
y recostándose contra la pared, antes de subir a su piso, pensando.
Si tan sólo no tuvieran que verse así.
Kenzo colgó y se guardó el teléfono en el bolsillo,
caminando hacia el centro comercial.

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