Capítulo 25
Life As Usual
Tsubasa entró en los privados de nuevo, recordando
que se había dejado su chaqueta, y saliendo al poco tiempo, acomodándosela
con cuidado. Tatsuya seguía mirándolo con desconfianza, a pesar
de que no había querido decirle nada, sólo que fue un buen cliente,
pero aquello le hacía gracia.
–Tsubasa-san…– Hayabusa, que acababa de salir del
baño, le sujetó el brazo con delicadeza. –¿Era ese Murakami–san?–
se aproximó a él sonriendo ligeramente y escondiéndolo un poco
de los otros hosts que estaban en el sillón cercano.
– El mismo en persona. Es encantador, ¿sabías? –
se rió, recostándose contra la pared. – Y probablemente no debería
decirte esto, pero vendrá el martes a hablar contigo.
–Qué bien…– sonrió abiertamente, observando cómo
se apoyaba en la pared. –Yo creo que sí deberías decírmelo, es
importante para mí… y tú y yo nos llevamos bien… ¿cierto?– le
acomodó el cabello, apartándoselo un poco de la cara. –¿Te ha
preguntado por alguien más?
– No... Bueno, sí. El chico nuevo, ya sabes... – desvió la mirada
con gesto de no estar muy complacido por eso. – Pero creo que
logré desviar su atención... Al menos contigo no tengo conflictos.
Va a necesitar ambos tipos de host.
–Naturalmente…– lo miró, sonriendo levemente por
su aspecto de diva ofendida y le sujetó la cara con suavidad para
que lo mirase de nuevo. –Ya te he dicho que no tienes de qué preocuparte…
eres mucho más llamativo que él y sabes muy bien cómo hacer tu
trabajo… ¿Estás pensando en ir con él?
– Claro... Sabes que voy a donde mejor me resulte.
Pero primero tengo que asegurarme de que lo que promete sea verdadero.
No iré persiguiendo nubes... – le sonrió, tocándole la quijada,
suspirando. – ¿Irás tú? Si te lo propone...
–Probablemente sí… no lo sé…– sonrió, mirándolo
a los ojos y sintiéndose seducido, no podía evitarlo con él. –¿Duermes
mucho, Tsubasa-san? Cuando sales del trabajo…
– Pues sí, en algún momento tengo que hacerlo. –
se rió, preguntándose a dónde quería llegar con eso. – Pero depende
de cuales sean las otras opciones.
El moreno le pasó la mano por el cuello de la camisa,
sonriendo levemente. –¿Qué te parece si ambos nos vamos a dormir
un poco más tarde mañana?... Hace mucho tiempo que nos conocemos…
y siempre me has parecido terriblemente atractivo…
– Y ¿vas a pagarme? ¿A darme un regalo?– se rió,
pasándole un dedo por la abertura de la camisa. – No veo por qué
no, pienso lo mismo... Y sólo bromeaba, por cierto.
–Lo sé… tú y yo estamos a la altura… no habría motivos
para eso…– sonrió observando su dedo recorrerle el pecho y se
rió con suavidad. –Tsubasa-san…– le besó los labios con suavidad
y después el cuello bajo la oreja. –Así… dejo a tus clientes un
poco más celosos antes de que vuelvas con ellos…– se separó lentamente
y le tocó la quijada antes de volver hacia los suyos.
El chico se rió, acomodándose el cabello, y exhalando,
antes de acercarse a los chicos que lo estaban esperando. – Ando-san...
no me demoré tanto ¿o sí? – estiró la mano hacia él sonriendo
encantadoramente.
Tatsuya mientras, limpiando la misma copa por la
cuarta vez, siguiéndolo con la mirada como si aquello fuese a
revelarle lo que estaba pensando.
–Tatsu…Tatsu…– Kai alzó una ceja y se le abrazó
por el cuello a ver si así le hacía caso. –Oye… hazme caso… que
te estoy hablando.
– Kai... – el moreno lo miró, completamente serio,
suspirando de nuevo, y dejando la copa sobre la barra. – Creo
que se va a ir...
–¿Y qué?– Kai le quitó la copa de las manos, apartándola
un poco más lejos y sacándole el trapo. –Si se quiere ir que se
vaya… tenemos a Hideyoshi… ya ha entrado en el ranking… de décimo…
en dos días… Podemos prescindir de quien sea… Iré a buscar a chicos
nuevos… deja de preocuparte…
– Sabes que no puedo. No es tan fácil. El que vengan
nuevos siempre es bueno. Y Hideyoshi va teniendo éxito, pero...
– negó con la cabeza. – Sabes que no quiero perder a ninguno.
Y sabes lo demás.
El rubio lo giró hacia él y lo miró a los ojos.
–Si se va… era porque no se merecía estar aquí… Si quiere volver
algún día y tú quieres reaceptarlo… también esta bien… No podemos
hacer nada para retenerlo y no debemos tampoco, cada uno debe
seguir su camino… Sé que lo que está haciendo ese tío… es avanzar
como un tiburón… llevándose lo mejor y dejando las sobras… Pero
si ellos creen que pueden confiar en alguien así… están equivocados…
y sé que no todos son tan estúpidos precisamente… Y también sé
que no puede contratar a todos los host buenos que hay… Si se
va alguno de aquí… estoy seguro de que los chicos de otros clubes
estarán encantados de venir a sustituirlos…
– ¿Lo crees? Y ¿por qué no se van a quedar en sus
propios clubes? Si se lleva a los número uno, los otros tendrían
más posibilidades de avanzar. – lo miró, sonriendo ligeramente
por cómo le daba ánimos. – Ya sabes cómo es Tsubasa, ese es el
problema... Me pregunto qué decidiría Hayabusa.
–No lo sé… pero seguro que tenemos la ocasión de
averiguarlo… No creo que ese tipo lo deje pasar… la oportunidad
de llevárselo… – el rubio bajó un poco la vista al chaleco de
Tatsuya y la subió a sus ojos de nuevo. –Los chicos preferirán
venirse al Olimpo si tienen oportunidad, hablo con ellos… Me han
dicho varias veces la suerte que tenemos… ellos trabajan más horas
y ni siquiera tienen un día libre… Si todos estos chicos están
aquí… es porque les gusta trabajar para ti… No seas baka… te digo
que todo va a ir bien…– le sujetó la cintura y sonrió. –Además…
estoy yo aquí… y te dije que iba a hacerte feliz… ¿no?– se acercó
un poco y le besó los labios con suavidad aunque sin dejar de
hacerlo.
–De lo que se entera uno…– Kenzo se apoyó en la
barra con un brazo, observándolos descaradamente. –Pásame una
botella de champagne, anda… Kai…– se rió aplaudiéndole ligeramente.
–Kenzo... – lo miró enrojecido su jefe, y carraspeando
luego. – Bueno, sí... Kai y yo somos pareja ahora... Eso no significa
nada, que lo sepas. Nada con el negocio – comenzó a explicar sin
ninguna necesidad realmente.
–Vale, vale… yo no he dicho nada… me alegro por
vosotros… Y por Kai sobre todo… que ya me tenía frito con hablarme
de ti…
–Larga… calla… vamos…– el rubio le apoyó la botella
contra el pecho y lo empujó un poco para apartarlo de la barra.
–Ya me callo…ya…– se rió el pelirrojo acercándose
a Hideyoshi. – ¡La primera botella de Hideyoshi! ¡Que acaba de
entrar en el ranking! Se la pago yo…– se rió haciendo que el rubio
se levantase para bebérsela. – ¡Vamos! ¡Bebe!– dijo armando un
jaleo y haciendo que Hayabusa y la mayoría de los otros host se
acercasen a ayudarlo.
– ¡Está bien! ¡Yo le pediré la segunda!– uno de
los hombres alzó la mano.
Kai mirando a Tatsuya y sonriendo un poco rojo por
lo de antes. –¿Ves? Todo irá bien…
– Sí, supongo que sí... – se alborotó un poco el
cabello, como tratando de librarse de sus preocupaciones, mientras
el rubio bebía, riendo un poco, Tsubasa sujetando el rostro de
su cliente para que le prestase atención sólo a él.
..................
Fuera del local, el chico de cabellos negros se
debatía en si entrar o no entrar. No aguantaba más, quería verlo,
pero sabía la que se iba a armar si su padre lo veía. Por otro
lado... no le quedaba mucho dinero ya. Finalmente se deslizó dentro
del local, casi pegado a la pared y vigilando que no lo fueran
a ver.
Kenzo se rió, bebiéndose el resto del champagne
del chico para no hacerlo emborracharse y pasándole la botella
a sus clientes para que bebiesen también. Desvió la mirada hacia
sus clientes por si se estaban impacientando, pero estaban entretenidos
con uno de los chicos. Apartó la mirada y volvió la vista de nuevo
a aquella zona, fijándose en el moreno que estaba pegado en la
pared y susurrándole a Hideyoshi. – “Ahora vengo...”– al oído.
Se fue hasta allí sin darse mucha prisa para no
hacerse obvio y lo sujetó por los hombros, llevándoselo con él
a los bancos de atrás. –Debiste llamarme antes de venir…– le riñó,
frunciendo el ceño. Era arriesgado que los vieran y mucho. Suspiró
sonriendo levemente. –Pero estoy muy contento de que hayas venido…
Creí que ya te habías olvidado de mí…
– No, claro que no. Quería verte... ¿No estás enfadado
de veras, verdad? Es que no puedo esperar toda una semana. – lo
miró, nervioso, sus ojos iluminándose sólo con poder apreciar
sus facciones de nuevo.
–No estoy enfadado… pero llámame antes de venir
la próxima vez… Tu padre podría habernos visto… Está ahí mismo
y si yo te vi, él también podría haberlo hecho…– le señaló al
corrillo de gente que aún estaba formado alrededor del rubio y
lo giró hacia allí para que mirase. Entrecerrando un poco los
ojos mientras pensaba, girándolo hacia él para que nadie pudiera
verlo y abrazándolo, deslizando los dedos por su cabello. Había
esperado más de lo que le hubiera gustado para ir a verlo de nuevo.
–De todos modos pensaba llamarte al salir… tengo una sorpresa
para ti… Esta noche tu padre irá a casa a cambiarse con Hideyoshi…
y después irá a una boda con él… Cuando se vaya… quiero que bajes
a la calle y me esperes en la entrada de la tienda de la otra
vez…Yo le diré a mi amigo que me avise de cuando van a volver…
¿quieres?
– ¡Sí! – exclamó sonriendo y asintiendo aún en aquel
abrazo. No estaba equivocado, Kenzo mismo quería reunirse con
él y fuera de aquel lugar. – Mi papá tiene una cita – se rió en
bajito, porque igual estaba contento por eso.
–Sí…– murmuró el pelirrojo que seguía sin estar
nada conforme con que se viera con Hideyoshi, pero no era el momento
para hacerlo ver –En realidad no es una cita…cada cual irá con
una mujer, de acompañantes…
– Bueno, sí, pero igual... salen juntos. – insistió,
preguntándose si al final serviría de cita eso, o no. – Pero no
tengo que irme aún ¿verdad?
–Sería lo mejor, no podemos arriesgarnos ¿eh? ¿O
es que tienes un privado?– preguntó el pelirrojo que sabía perfectamente
que no.
– No, no lo tengo... No me queda dinero para eso
ya... – casi se disculpó, mirándolo apenas desde aquel abrazo.
– Pero quería estar contigo.
–Lo sé… y yo también, pero si tu padre nos ve… seguro
me despiden… Por no hablar de que no creo que pudiéramos volver
a vernos de nuevo… – le alzó la cara un poco para mirarlo a los
ojos.
Los ojos azules del chico se reflejaron en los de
Kenzo, en una mirada de melancolía, como si hubiese mencionado
lo peor que podía pasarle en el mundo. – Está bien, me iré...
pero no me dejes plantado. – se alzó un poco para besarlo levemente
en los labios, riendo y separándose de él. – Te espero.
–Vale… no falles…– lo observó marcharse y salió
corriendo por el pasillo, sujetándole la mano y atrayéndolo de
golpe para besarlo profundamente. Le sonrió, mirándolo a los ojos.
–Vamos…
– Sí... – asintió el chico, completamente rojo,
nervioso, tocándose los labios con un dedo, y echando a correr
después. Sentía que se le iba a salir el corazón de lo fuerte
que palpitaba.

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