Capítulo 2
The Private Life of a Host
Hayabusa se pasó la mano por el cabello de nuevo
al bajarse del taxi que lo había llevado de vuelta al piso en
el que vivía. Era un edificio moderno y tenía todos los lujos
que deseaba, no por nada ganaba más de 6 millones de yenes al
mes… regalos aparte.
Dejó los caros zapatos en la entrada y se tambaleó levemente por
la cantidad de alcohol que llevaba encima, además del agotamiento
de las doce horas de trabajo, nada que alguien como él no pudiera
disimular. Miró el reloj. Eran las siete y media de la mañana,
sábado…
Suspiró con fuerza, sólo tenía ganas de acostarse
a dormir. Se apoyó en el marco de su habitación y dio unos pasos
atrás hasta la puerta entreabierta del cuarto de al lado, empujándola
con la mano lentamente, el chico que apenas dormía en la misma,
girándose un poco bajo las sábanas.
Siempre se despertaba cuando llegaba la hora de
que su padre saliera del trabajo. Le sucedía, quisiera o no. –
Apartó las sábanas, observándolo somnoliento. – Bienvenido a casa...
– ¿Te he despertado?...– entró en el cuarto. Siempre
se sentía extraño… hablar con él… aunque fuera su propio hijo…
Era al único al que no sabía cómo tratar, ni siquiera sus clientes
más duros eran tan inalcanzables para él.
– No... Siempre me despierto... a esta hora... –
se sentó en la cama, aún con movimientos lentos, perezosos. Pero
no podía ignorarlo y seguir durmiendo, o jamás vería a su padre.
Siempre estaba trabajando.
Hayabusa se sentó en el borde de la cama y se apoyó
en su hombro con la cara, cerrando los ojos, estaba cansado para
hablar ahora de aquello… aunque sabía que no habría otro momento
hasta su día libre. Eso era demasiado… sin duda.
– ¿No estás cansado? – le preguntó su hijo, un tanto
cohibido de pronto por la muestra de afecto. – Puedes quedarte
conmigo si quieres...
– “Huelo a alcohol…mañana te cambiaré las sábanas”–
se disculpó, de todos modos antes de recostarse en la cama de
su hijo. Le tocó la mano con la suya un tanto inseguro antes de
cubrírsela.
– “No importa, estoy acostumbrado al olor...” –
le respondió, no en plan de reprochárselo. Comprendía lo que le
exigía su trabajo, por más que lo extrañara.
Hayabusa suspiró mirándolo y revolviéndose un poco
el cabello delante de la cara para despeinarse. –Ayer por la mañana…
me llamó tu tutor…
Takara se quedó quieto, casi helado, imaginando
lo que le iba a decir y prefiriendo ni preguntar.
– ¿No vas a decir nada?– lo observó sin moverse
de donde estaba acostado.
– ¿Qué quieres que diga? – preguntó sin mirarlo,
nervioso. No tenía ganas de que lo riñera a esas horas, ni a ninguna.
–Porque no vas a clase…– el hombre trató de no enfadarse
pese a que no estaba de humor con el cansancio que tenía y frunció
el ceño. –He tenido que ir a hablar con él… y he estado muy cansado
hoy… apenas he podido dormir.
– No es que no vaya, sólo he faltado unos días...
Está exagerando. – intentó excusarse, sin moverse de su posición.
No podía evitar sentirse culpable por causar problemas, pero tampoco
le parecía algo tan importante.
– Me ha dicho que sacas malas notas y que no haces
tus tareas… – siguió observándolo y se apoyó en un codo para verlo
más de cerca. – ¿Qué te ocurre? Me ha costado calmarlo…
El chico exhaló, finalmente respondiendo. – No veo
por qué ir a la escuela... no me gusta y no me llevo bien con
los demás. Además... tú solo te fijas cuando hago algo mal...
Hayabusa permaneció en silencio, observándolo y
apretando las mandíbulas. Suponía que era su culpa, el chico tenía
todo lo que quería… pero tal vez no lo que necesitaba. De todos
modos, no podía soportar esa clase de conducta, suficiente tenía
de aguantar toda la noche. –No ves por qué ir a la escuela… ¿y
qué vas a hacer? ¿Vas a buscarte un empleo? En esta casa, o estudias
o trabajas.
– Pues a lo mejor me busco un trabajo... y ya. ¿Se
soluciona con eso? – lo miró de soslayo, molesto porque lo riñera
de todas maneras. Para lo mucho que se veían, y eso era lo que
le interesaba hablar con él.
– No, tienes que ir a clase, así que el lunes te
quiero en clase y voy a llamar para asegurarme, así que más te
vale ir…Sí no quieres que yo mismo te lleve de la mano el próximo
día– se levantó de la cama, caminando hacia su cuarto enfadado.
¿Es que no comprendía nada? No tenía ni idea de lo que estaba
hablando… al menos esperaba que con eso le hiciera caso.
Takara se giró en su cama, con el ceño fruncido,
abrazando la almohada. ¿Es que no comprendía nada? Detestaba la
escuela, era horrible. Y para colmo, se iba así.... No lo había
invitado a quedarse con él sólo por ser amable.
Hayabusa cerró la puerta a su espalda y entró en
su cuarto sin siquiera quitarse la ropa, simplemente envolviéndose
en las sábanas. Se sentía mal por haber discutido con él… pero
seguía sin saber cómo llegarle…

Continua leyendo!