Capítulo 17
As Easy as You Let it Be
Kai se giró un poco, entreabriendo los ojos y percatándose
que no estaba en su casa. Se levantó de golpe apoyado en una mano
y recordando que antes de quedarse dormido hablaba con Tatsuya
en su casa.
Apartó un poco la manta y se levantó del sofá para
irse, imaginando que aún dormía. La verdad es que quería verlo,
pero mejor se iba ya… Se volteó y lo vio pasar por la cocina.
–T atsuya… ¿Por qué no me despertaste?....
– ¿Estás loco? ¿Luego de cómo te dormiste sobre
mi hombro? Necesitabas descansar... – sonrió, acercándose. – Puedes
tomar una ducha si quieres... Pensaba hacer huevos...
–Vale… pero no puedo comer fritos tampoco…– sonrió
levemente. Había estado a punto de no decírselo para no ser una
lata. –Si me lo haces cocido… o me lo hago yo…De todos modos mejor
será que me vaya a mi casa porque no tengo ropa y debo cambiarme…
huelo a humo… y… no quiero ir así vestido si voy a ir contigo…
– Te lo hago cocido, ya puedes ir después de comer...
Y no veo qué tiene que ver tu vestimenta, pero vale... – suspiró,
halándolo un poco del brazo. – Al menos ven conmigo a la cocina.
–Vale… voy…– se dejó llevar, sonriendo levemente
de todos modos. – Y es que no quiero que la gente piense que estoy
contigo por dinero… por eso.
– ¿Desde cuando te importa lo que la gente piense?
Además, soy el dueño de un host club, no es como que me crean
muy respetable. – se rió, soltándolo y buscando los huevos en
la nevera.
–Ya… pero igual… ¿y si quiero que piensen que eres
mi novio? Así no puedo…– se rió un poco cortado pero igual haciéndose
el loco y mirando dentro de su nevera por molestar un poco. –
Qué sano eres, Tatsuya no veas mi nevera…
– Ahora tendré que revisarla. Tienes que comer bien
al menos. – lo miró, pasando por alto el otro comentario y sirviéndole
un vaso de leche. – Por si aún te sientes mal... – sacó una olla
pequeña prendiendo el fuego y empezando a preparar los huevos.
–Vale… aún no me sentía mal… es después de comer
o de beber alcohol…– le aclaró mirándolo y pensando que siempre
lo ignoraba cuando intentaba bromear sobre eso. Seguramente no
quería estropear lo que tenían, teniendo que tocar ese tema. –Tatsuya…
¿te gusta alguien?
– Kai, siempre con eso... – enrojeció el moreno,
mirando la olla como si la respuesta fuera a salir de allí. –
Hay alguien, sí...
–Hum…– el rubio se apartó un poco y se asomó por
la ventana para que no se le viera la cara que tenía. – ¿Qué pasa
con eso?... Es que nunca sales con nadie…– se disculpó preguntándose
si insistía tanto en ese tema realmente o era sólo porque a Tatsuya
le molestaba mucho que hablase de ello. –¿Alguien que yo conozca?
– Yo... diría que lo conoces bastante bien... –
comentó serio, mirando su espalda. – No salgo porque... el que
alguien me guste, no significa que yo le guste a él. Kai, ¿tienes
alguien tú?
–No…– miró abajo a la gente que pasaba sin ser capaz
de mirarlo a la cara. Por pequeña que fuera la oportunidad de
que le gustase, no quería meter la pata haciéndole creer que pudiera
gustarle otro. – ¿Te gusta Hayabusa?
– ¡No! – exclamó, girándose del todo, y suspirando
luego. No llevaba oportunidad así. – No niego que es atractivo,
pero... no es la persona que me gusta. De todos modos, no importa.
–Bueno…si no importa, es que no te gusta mucho…–
se rió malditamente aunque en realidad era porque se alegraba
de que no estuviera enamorado de nadie. –A lo mejor a mí sí me
gusta alguien…
– ¿Sí? ¿A lo mejor? Eso es que no te gusta mucho
tampoco, ¿no? – se rió, pensando que no tenía que ver con eso
en realidad.
–No, ¡sí que me gusta mucho!… Baka… ¿tú que sabes?–
se rió, sentándose en el marco de la ventana y observándolo. –
¿Dónde vamos a ir? Son las tres… vaya horas para desayunar…
– La mayoría de la gente no trabaja a las mismas
horas que nosotros... – sonrió, apagando el fuego, y sacando los
huevos del agua. – Siéntate a la mesa. Y no lo sé, hace siglos
que no tengo un día libre. Aunque me hiciste pensar en que debo
ir al supermercado a arreglar el estado de tu nevera... – bromeó,
sentándose él.
– ¿Por qué eres tan bueno conmigo?– se sentó a la
mesa y lo observó mientras se sentaba. – ¿Sabes? Yo los huevos
cocidos me los como con aceite y pimentón picante…– se rió preguntándose
si le pegaría con algo.
– Te los hice cocidos porque no puedes comer ese
tipo de cosas, así que hoy no. – lo miró serio, rompiendo el cascarón
de los huevos con una cucharilla, y pasándole el suyo. – Y ¿por
qué no puedo ser bueno contigo? Tú eres extra malo ya...
–Yo no soy malo…– protestó pelando el huevo y preguntándose
si tenía que comérselo con una cucharita en serio… porque no pensaba
hacerlo. –Siempre me porto bien… con todo el mundo… contigo más
porque te quiero… – se rió sacándole la piel que estaba pegada
a la clara, –Podemos ir a mi casa si quieres… a que mires mi nevera…
– Sí, a tu casa... – contestó como automático, enrojeciendo
y terminando de pelar su huevo, partiéndolo a la mitad para echarle
algo de sal. – Kai... ¿por qué te fuiste a buscar clientes cuando
te pedí que me ayudaras en el bar? – preguntó de pronto, mirándolo
disimuladamente.
El rubio lo miró, preguntándose por qué. – No lo
sé, no me acuerdo, supongo que no me di cuenta de que me habías
pedido que me quedara o se me fue la olla con otra cosa… no sé…
¿Por qué? ¿Te molestaste? ¿Necesitabas a alguien para mandarle
cortar limones?– se rió jugando con él.
– Claro que no me molesté, sólo me lo preguntaba.
– suspiró, partiendo un trozo de huevo y llevándoselo a la boca.
– Sólo quería saberlo, porque dijiste que no querías ir, y luego
fuiste... es todo.
–No me acuerdo de nada… – se metió el huevo en la
boca, mirando a un lado y pensando en ello. –Ah… creo que fue
porque llovía y no quería ir, pero después pensé que no debía
ser así…
– No sé si pensar que eres muy trabajador, o qué...
– sonrió sinceramente. Lo cierto es que traía muchos clientes,
pero luego se la pasaba revoloteando por todos lados. Bueno, suponía
que era su manera.
– Es sólo que tú me sacaste de la prostitución…
y aunque no sea muy bueno en esto… pues tengo que hacer lo posible…así
lo veo…– bebió un poco de agua y lo miró fijamente. –Hayabusa
siempre me está diciendo que no debería ser tan fácil… que por
eso me quedo sin clientes tan pronto…
– ¿Fácil? ¿A qué se refiere, Kai? – lo miró, sin
saber si ponerse serio o no. – Yo no necesito que me pagues de
ninguna manera, no lo hice por eso... Y no creo que seas malo,
tus clientes siempre están sonriendo, ¿no es así?
–A que me acuesto con casi todos los clientes que
me lo piden… – lo miró dudando un poco mientras hablaba, le daba
la impresión de que estaba entregando unas notas muy malas a su
padre.
– Pues tiene razón Hayabusa, pero no sólo eso...
– lo miró intentando no sonar muy severo. No sabía cómo hablarle
de esas cosas, nunca lo había sabido. – ¿Por qué lo haces, Kai?
No es necesario, ya no te pagan por eso...
–No sé… porque no me caen mal… y están bien… No
sé por qué no… Si les hace ilusión hacerlo conmigo y a mí no me
molesta… Si luego sólo querían eso… bueno, tampoco me importa,
ya vendrán otros…– giró un poco el vaso en la mesa, pensando que
sólo hacían buenos regalos y demás, los clientes habituales y
de esos no tenía muchos que digamos.
Tatsuya bajó la mirada, aún con ese rostro de seriedad.
– Es peligroso, lo sabes. Y además... Hayabusa tiene razón, podrías
hacer más dinero. – continuó, desviando el tema, seguro no le
haría caso. No se le olvidaba lo que le había dicho la noche anterior.
– No me parece mal que los ayudes, o que seas amable. Pero esto
es casi lo mismo que antes, y... no tienes idea de quienes son
esos clientes realmente.
–Bueno… pero tomo mis precauciones, no es como antes… Además antes
tenía que conformarme con lo que fuera… aún y si me daban náuseas
hacerlo con ellos… o si no me gustaba su modo de hacer las cosas…
Tenía que hacerlo igual… – bajó la mirada un poco. Tocando la
mesa con la mano. – ¿A ti te molesta?
– No, no puedo decirte cómo... – empezó, negando
con la cabeza, y mirándolo disimuladamente de nuevo. – Sabes que
sí... pero me dirás lo mismo que anoche. No es como que importe
si me molesta o no, ¿verdad?
– ¿Qué te dije anoche?– lo miró nervioso porque
nunca sabía cuando metía la pata, eso estaba claro, y aún así,
parecía un especialista en la materia.
– Bueno, no fue lo que dijiste exactamente... –
suspiró, dejando la cucharita sobre la mesa por fin, aunque sólo
la había estado sujetando. – Fue cuando te hablé de dejar el empleo.
Creo que dejaste bastante claro que no quieres que me meta en
lo que hagas...
–No... Es sólo que no quiero dejar el empleo… y
no quiero que me insistas en que lo haga… sólo eso…No seguiré
comportándome de ese modo… si tanto te molesta… pero tal vez me
quede sin clientes… ¿y si estaban conmigo porque soy fácil de
obtener? Porque si no estarían con Kenzo o con Hayabusa… bueno…
no es algo que me esté inventando… lo he escuchado… alguna vez…
– ¿De quien, eh? ¿Quién dijo eso? – frunció el ceño,
antes de que pudiese controlarse. – No es cierto, eres simpático,
por eso regresan contigo. Además, no te acuestas con todos ¿o
sí? ¿No has pensado que tal vez estés espantando a alguno?
– ¿Por qué? Yo nunca les sugiero que lo hagan conmigo…
sólo lo hago si me lo piden… No es como que yo tenga ningún interés
en ellos…– protestó defendiéndose con eso de que los espantaba.
–Y da igual quien lo haya dicho… muchos… es igual…
– No me da igual, no admito de clase de comentarios
en mi negocio. Mucho menos acerca de ti. – negó, aún con el ceño
fruncido. – Pero piénsalo, si tienes esa fama, los que sólo busquen
cariño, no irán contigo... Probablemente se sentirían intimidados.
–Vale… – bajó la vista un poco, sintiéndose regañado.
–Ya he dicho que no lo haré más… – sonrió levemente y lo miró
a los ojos. –Tú me quieres ¿a que sí?– preguntó reído, tocándole
la nariz con el dedo. –Eso, o es que estás celoso…
– No digas tonterías... – enrojeció, sujetándole
el dedo. – En serio, no lo hagas, Kai. Y dime quien dijo eso...
no seas necio.
–No te lo diré… no quiero darle más importancia
a eso ¿vale? En serio… me importa un carajo…– se levantó de la
mesa y le tocó la cabeza con la mano. –Vamos a mi casa… miras
mi nevera y luego vamos a comprar comestibles… ¿sí? … Deja ya
eso… si lo dejas te doy un besito… – se rió seguro de que le pegaría
con algo.
– No seas baka– se levantó, dándole él en la cabeza
con suavidad, y suspirando luego. – Vale, lo dejo ir, pero tú
también...
El rubio le dio un beso en los labios y se apartó
reído, escapándose literalmente hasta la puerta. – ¡No me pegues!
Recuerda que estoy mal de la tripita…
– ¡No lo estás! Ya se te pasó, ¿no? Baka... – protestó,
completamente rojo y pasando a su lado en vez de golpearlo, para
ir a buscar su cazadora.
Kai se rió, mirándolo de todos modos y notando lo
rojo que estaba, preguntándose si le gustaba y por eso se ponía
nervioso, porque si era así.... lo iba a molestar más....

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