| Capítulo 37- Misterious Ways
Yavé llamó a Lucifer a su presencia de pie en mitad
de aquella playa desierta. Se sentía destrozado a pesar de
que presentía que aquello ocurriría, necesitaba hablar
con Lucifer. Sabía que sólo junto a él podría
superar aquel momento.
- Yavé... – lo llamó suavemente. Tampoco le
hacía mucha gracia lo ocurrido a Samael. Mucho menos le agradaba
no tenerlo a su lado. - ¿Qué significa esto?
-Un… vampiro…- el moreno se giró aproximándose
a él con el gesto sereno a pesar de sentirse terriblemente
en su interior –El amo de Camadai…
Lucifer sonrió de manera agresiva considerando las implicaciones
y encontrándose incapaz de pensar demasiado bien. –
¿Cómo puedes estar así? ¿Acaso no te
importa? ¿No es Auriel el ángel en quien más
confías? Lo mataré.... – apretó los puños,
así como los dientes, extendiendo sus negras alas, todo su
cuerpo llenándose de furia.
-No! Respeta tu pacto…- lo miró a los ojos y bajó
las manos sujetando sus muñecas y alzándolas a la
altura de su rostro para que las observara –Abre tus manos…
no puedes matarlo… confío en Auriel y en Samael, sé
que ellos pueden superar esto, es tu creación… la suya
también, de Samael… - se aproximó más
a él sin soltar sus manos.
- No! Son los humanos! Tus humanos.... – lo miró igual
de rebelde que siempre, demasiado agitado aunque sin luchar por
liberarse. A pesar de lo alterado que estaba, no podía evitar
desear su consuelo también. Era desesperante. – ¿Me
pides que lo abandone?
-Te pido que confíes en él, no han sido mis humanos…
es un vampiro… un vampiro al que Camadai protege. Escúchame…
puedes culparme si lo deseas, si te sientes mejor…- lo abrazó
contra él sin importarle si lucharía por apartarse
o no –Confía en ellos… saldrán…
Tal y como había previsto, Lucifer se revolvió entre
sus brazos, tratando de salvaguardar su orgullo, por unos momentos,
antes de rendirse ante su abrazo. – Sé quien es...
– murmuró aún deseando vengarse, y cerrando
los ojos, suspirando. – No puedo dejar a Samael solo, él
nunca me ha abandonado a mí.
-Todos tus pasos allí cambiaran el curso de las cosas, si
matas al vampiro… cambiarán muchas cosas en los acontecimientos
futuros… Si respetas el pacto y lo dejas vivir, yo te aseguro
que Samael superará esto, aunque también espero que
comprenda lo que él mismo engendró… - el moreno
susurró las palabras pacientemente, observándolo –Tampoco
quiero que mates.
El moreno sonrió cínicamente, aunque sin separarse.
– Hasta parece que hablases con un ser inocente.... Y lo defiendes
a él, un vampiro. Uno de los nuestros ¿no? –
alzó la vista por fin, suavizando su sonrisa al encontrarse
con aquellos ojos, quisiera o no, aunque seguía sin mostrar
rastro de alegría. – Confiaré en ti... no romperé
el pacto, por su bien. Incluso el de Camadai. Pero espero que tengas
razón.....- dejó escapar un suspiro apoyando su frente
contra uno de sus hombros. – Samael me va a odiar....
-Samael no te odiará si le dices que confiabas en él,
si es verdad que lo hacías…- el moreno lo miró
y le pasó una mano por el cabello –Yo sé que
Auriel no me odiará, confío en su fe en mí
y no me defraudará… - enredó los dedos entre
los mechones negros tratando de calmarlo –¿Cómo
puedes dudar de si lo defiendo o no a pesar de ser uno de los vuestros?
¿Acaso no te amo a ti?
- Ya lo sé.... tanto, que me desesperas a veces. –
cerró los ojos nuevamente dejándose acariciar. –
Respetaré el pacto por ahora, pero seguiré vigilando.
Mientras sigan vivos y a salvo, me mantendré a la espera.
Pero si algo llegase a suceder..... no creo poder contenerme. No
lo permitiré.
-Yo tampoco lo haré… pero eso no será necesario…
conseguirán salir por sus medios y eso ayudará a más
de uno… - lo miró a los ojos alzándole un poco
el rostro –Incluso al ser que están creando…
¿lo has visto?- tal y como tenía la mano apoyada en
su rostro le dejo ver la imagen de un ángel de alas negras
–Es Aziel… lo han creado a partir de ambos…
- ¿Aziel? Buena elección de nombre... – sonrió
pensando en el verdadero, aún así fijándose
más interesado en el chico. – Es asombroso.... Ni siquiera
lo sabe, ¿no es así? Su naturaleza...
-No… pero es hermoso… aún así no creo
que jamás comprenda totalmente su propia naturaleza, un ángel
y un demonio a la vez… estará confundido…
- Y ¿no piensas aclarárselo? Apuesto a que yo podría
convencerlo... – meditó aunque no muy en serio, más
bien sólo planteándoselo. – A esto hemos llegado.
Dentro de poco, los únicos que recordaremos el por qué
de todo esto, seremos nosotros dos.
-El por qué… porque eres un ángel mimado…
y yo un permisivo…- sonrió ante su intención
de llevarlo hacia el mal –Aziel nunca será tuyo ni
mío… Auriel y Samael son sus padres y les pertenece
a ellos, así que jamás será un ángel
o un demonio… hay mucha bondad en él… aunque
lo intentes, no puedes convertirlo en un ser malvado…
- Yo estoy en desacuerdo, pero.... de todos modos, la decisión
es de Samael y Auriel como tú has dicho. No haría
nada en su contra. – le aseguró, más bien por
Samael, pero sabía que ir contra Auriel era lo mismo que
atacar al demonio. – Y no estoy mimado, tengo razón...
– le sonrió, siguiéndole el juego. – Un
ser malvado.... ¿me consideras malvado, Yavé?
-Sí…- lo miró sonriendo levemente con un rostro
que parecía decirle que Él lo sabía perfectamente
–pero también sé que existe el bien en ti…
- apoyó la mano sobre su cabeza para que alzase más
la mirada -Si no sintieses maldad, no odiarías tanto….
- Y tú no deberías dejar pasar tantas cosas. No sufrirías
tanto – le devolvió, consciente de que se estaba metiendo
en problemas con esa línea de discusión. - ¿Sabes
que Sachiel y Zelel también se encuentran allí? ¿Qué
crees que sentirá Auriel al saber que no ha cumplido con
su misión?
-¿Quién dice que no la cumplirá? Lo hará,
los salvará a ambos y los redimirá- lo miró
a los ojos y suspiró –Mi mayor sufrimiento fue tu traición
y mi sufrimiento ahora es estar lejos de ti, pero yo no originé
eso… así que no hablemos de mi sufrimiento…
- Shhhhhhhhhh........ – le colocó un dedo sobre los
labios, dibujándolos en una caricia suave. – No empieces
con eso ahora. Tú mismo lo dices, las cosas saldrán
bien. Y sabes que te amo aún más.
-Aún más…- el moreno sonrió como lo
habría hecho cualquier enamorado y le sujetó la mano
apoyándola en su pecho –Tú has empezado con
ello… pero está bien, dejemos el tema… - lo cogió
en brazos sentándose en la arena con el moreno entre sus
piernas. Lo abrazó tras acariciar sus alas –Quédate
conmigo un poco más…
- Nunca me voy si no es necesario..... – le sonrió,
recostándose contra Él. – No comprendo cómo
haces estos, me relajas completamente pase lo que pase. Y luego
sólo puedo sentir tu amor....
-Será porque te amo tanto que no puedo expresar otra cosa
cuando estamos juntos…- lo miró sonriendo y acariciándole
el cabello apartándoselo del rostro. Observando sus alas
negras, lo volteó y tiró de Él bajo sus axilas
recostándose con el moreno encima –Extiende las alas
Luzbel…- susurró rodeándole la cintura y entrecerrando
los ojos.
El demonio hizo lo que le pedía, creando una sombra sobre
ambos y sonriendo bajo la misma. - ¿Te agradan?
-Sí… - sonrió observándolo y cerró
los ojos acariciando el interior de estas con una mano –Estoy
cansado…- susurró rodeándolo de nuevo. Aunque
más bien estaba preocupado y también triste.
- ¿Dios? ¿Cansado? – le preguntó medio
en broma, suavizando su voz luego, y enseriándose al recostarse
sobre su pecho. - ¿Qué sucede? ¿En verdad estarán
bien?
-Sí… estarán bien, yo no miento, tampoco me
equivoco…- sonrió entreabriendo los ojos y observando
la sombra que provocaban las alas de diablo –Sólo estoy
un poco cansado… como ya te he dicho…
- Sí te equivocas.... – protestó necio, y sin
creerle. – Olvidas que te conozco... aunque no tenga tu ventaja
sobre mí, y no te haya creado, puedo sentir cuando algo te
preocupa.
-No me equivoco…- repitió aún sonriendo pero
cerrando los ojos de nuevo –Tú tampoco… - se
rió con suavidad –sólo estoy un poco triste…
aunque sepa que va a estar bien… desearía que no hubiera
sucedido de ese modo… y Auriel…
- Auriel... si no fuese por Samael, tal vez me pondría celoso.
– le sonrió con suavidad. – Eres Dios, pudiste
haberlo detenido, cambiado las cosas. ¿Por qué tenía
que suceder algo así? Comprendes que cuando Samael despierte,
no podré controlarlo
-Tal vez tú no puedas, pero Auriel sí… - susurró
aún sonriendo –Soy Dios pero como ya te he dicho…
el que las cosas sucedan de este modo ayudará a muchas personas,
a ángeles y humanos… - suspiró abriendo los
ojos para observarlo –Yo jamás amaré a nadie
de este modo que te amo a ti.
- Eso espero.... – cerró los ojos, sonriendo. –
Aún no me agrada tu manera de hacer las cosas. Ni que Samael
tenga que sufrir para ayudar a humanos...
-Pero es que este es mi modo de hacer las cosas… no el tuyo…-
cerró los ojos consciente de que lo molestaría con
esas palabras –A mí no me agrada que tú tengas
que herirme a mí y a tus hermanos para ayudar… - suspiró
–para ayudarnos… supongo…
- No tendría que hacerlo, si me comprendieras – le
contestó, frunciendo el ceño sin poder evitarlo.
El moreno apoyó un dedo contra la piel en su ceño
y sonrió –No tendría que permitir que sucediesen
esas cosas… si comprendieran… todos ellos… Luzbel…
¿lo estás viendo ahora?… comprendes el sacrificio,
el dolor, el amor…necesario… y la paciencia, para cuidar
de todos ellos…
- No digas esas cosas, no es lo mismo. – se sentó
de golpe quitándosele de encima y rehuyendo su mirada. –
Yo no haría estos planes..... no tienen por qué pasar
por esto, estaban bien y por mí, podrían haber seguido
bien.
Yavé suspiró sentándose también y apoyando
la mano en su cabello -¿Quiénes estaban bien?
- Samael.... y Auriel.... – respondió casi en un susurro.
– Haces planes para ayudar a tus humanos, y lastimas a tus
verdaderos hijos....
-Kan y Sachiel son mis hijos… los humanos también…
y Auriel me demostrará que es mi verdadero legado…
que puedo confiar en él bajo cualquier circunstancia, su
sacrificio tendrá un pago que merecerá la pena, él
no me lo recrimina, lo comprende… Auriel me comprende…
- Auriel.... Entonces ¿sí debo estar celoso? –
lo miró resentido, poniéndose de pie. – Es todo
lo que no soy, y hará todo lo que no hago. Es perfecto, ¿no?
Yavé lo miró sin levantarse de la arena, observándolo
en silencio –Sólo deberías estar celoso si quisieras
ser mi ángel… si me admirases, pero no siendo así
no comprendo porque él podría parecerte mejor que
tú… Es un ángel perfecto, sí, sé
que jamás me traicionará… y tú eres Luzbel,
te amo, pero no eres ya un ángel- se levantó parándose
frente a Él –Sí, él es todo lo que siempre
he esperado en un hijo mío.
- Realmente.... no me comprendes en nada – el demonio lo
miró a los ojos, aún a sabiendas de que era una mala
idea por lo alterado que estaba, y volvió a desviar la mirada.
– Creo que será mejor que me vaya.
-Si no te comprendo, tal vez lo mejor sea que te quedes para tratar
de hacerte comprender… si te vas, seguiré sin comprenderte,
Luzbel- le sujetó el rostro para que de nuevo lo mirase a
los ojos, a pesar de ver dolor y furia en ellos, lo siguió
mirando fijamente
- No eres justo, sabes lo que me haces así – protestó,
a pesar de eso sosteniendo su mirada. – Nadie puede amarte
más que yo. Quiero ser el primero en todo, siempre lo quise.
Lo más importante en tus ojos... – dejó escapar
un suspiro, sintiendo que le faltaba el aire. – Ya sé
lo que piensas, pero aún así..... sólo hago
lo que creo correcto, y duele......
-Yo hago lo mismo y sin embargo tú me juzgas y me culpas
constantemente…- lo miró a los ojos –Tampoco
tú me comprendes a mí, tal vez Samael te comprende…
¿verdad? Pero no lo amas como a mí… a pesar
de que lo ames y confías en él… si no estas
conmigo te sientes solo… de nada te sirve la aprobación
de los demás si no obtienes la mía… ¿es
así?- sus ojos azules bajaron a sus labios esperando la respuesta.
- No estaría haciendo todo esto si no fuera así –
le contestó, sin mirarlo, molesto porque lo hiciera confesar.
– Pero no es lo mismo, Samael jamás fue un Dios.
-No tiene importancia… aquí eso no importa…-
le apoyó la mano sobre el pecho –Tú estas aquí…-
apoyó la mano de Lucifer sobre su pecho aunque el moreno
no lo mirase –y tu lugar no puede ser sustituido por nadie…
Sabes que no es lo mismo, pero ya no puedes ser el mejor de mis
ángeles, porque no eres un ángel ya…
- Dijiste que aún nos considerabas ángeles... –
sonrió sin alegría, el gesto desapareciendo de su
rostro luego. – Lo sé, pero de cualquier manera, duele.
Escucharte hablar así de otro.
-Ángeles… caídos…- el moreno lo miró
suspirando y observando más allá hacia el mar en calma
–Duele que abandonases el lugar que él ocupa ahora…
aún si es porque tratas de demostrarme algo, seguro que habría
habido un mejor modo… si hubieras tenido paciencia…
si no hubieras llenado tu corazón de odio… ya no podemos
volver atrás, esto es lo que debemos vivir… volverás
a estar a mi lado y serás lo único…
- Y diré lo que siempre he dicho. Tú me hiciste de
esta manera, parece que no me otorgaste paciencia – siguió
su mirada, un poco más tranquilo aunque seguía doliéndole.
– Y tú dirás que fue mi decisión el no
tenerla. Sea como sea, sentí que no tenía otra opción.
-Sintieras lo que sintieras, te precipitaste…- lo miró
a los ojos observándolo fijamente –Te hice colmado
de paciencia, de todos los ángeles no hay uno que sea más
similar a mí… y tú te hiciste a ti mismo, yo
te creé inocente, calmado y juicioso… tu corazón
te dictó lo demás, eso es lo que significa el libre
albedrío que os otorgué, no deseaba seres que no pensasen
y decidiesen por sí mismos… no culpes a los demás
de tus fallos… Luzbel…- se inclinó un poco y
le sonrió –Siempre discutimos… y estoy cansado…
no tiene sentido discutir y enfocar las mismas cosas una y otra
vez de cien formas diferentes…
- Ya lo sé, pero siempre tienes que responderme y reñirme
como si fuese un niño pequeño – protestó
como si él no le discutiese también. – También
estoy cansado. Prefiero... escucharte decir otras cosas. –
cedió, suspirando y abrazándose a Él.
-Debería mentir entonces o callarme lo que pienso para hacerte
feliz…- suspiró también aunque abrazándolo
–Eres mi hijo… jamás te veré como a un
igual, no importa lo que hagas, seguirás siendo mi hijo.
No te trato como a un niño, pero no puedo evitar haber vivido
todo lo que he vivido y actuar de esta manera… y pese a todo,
jamás he amado a nadie más que a ti… tú
siempre estás presente piense en lo que piense y haga lo
que haga…
Lucifer volvió a suspirar ruidosamente, esta vez contrariado
por sus palabras. – No sé por qué insistes en
que me quede, si lo único que haces es continuar con esto.
Sabes lo que pienso y lo que me causan tus palabras. Debería
irme, esto no va a terminar bien.
El moreno lo soltó observando sus ojos pensando que jamás
se comprendían y que no podía verlo de otra manera,
nada conseguiría que eso cambiase. Podría admitir
que se había equivocado con los hombres, concederle lo que
le había pedido… pero seguiría viéndolo
como a su hijo –Puedes irte si es lo que quieres, si piensas
que el hecho de que no te comprenda te separa de mí…
yo ya no sé cómo retenerte.
- No tienes por qué decir esas cosas! Ambos sabemos por
qué estamos así, ¿o no? No es necesario seguir
repitiéndolo, seguir lastimándonos... – se detuvo,
girándose porque sus ojos ya no reflejaban la misma fuerza,
se sentía débil, adolorido. Y todo lo que quería
era correr a esconderse. Ni siquiera podía hablar con Samael
ahora.
-Luzbel… has sido tú, quien a querido tergiversar
las cosas hasta llegar a este tema, quien ha querido dudar de mi
amor y me ha dicho que sí debería estar celoso…
- se pasó la mano por el cabello y le la apoyó en
uno de sus hombros –Creo que nos sentimos enfadados y preocupados
por lo ocurrido en la tierra y eso nos está poniendo nerviosos…
Samael es tu mejor amigo… ¿es así?
El moreno asintió aún sin mirarlo, murmurando apenas.
– Lo extraño.
-¿Le cuentas cuando tienes problemas conmigo?- preguntó
mirando su espalda.
- Siempre se da cuenta... – sonrió, girando un poco
la cabeza para verlo de soslayo.
-Pero no creo que él te apoye con respecto a mí o
a estar a mi lado… ¿o sí?- pasó un dedo
por el margen de una de sus alas como dibujándola.
- No le agradas, para nada, pero sabe que te amo.... Y ahora más
que nunca, puede comprenderlo – bajó la cabeza dejándose
acariciar sin resistencia. – Fue él quien sugirió
el pacto.
- … también fue él quien sugirió otras
cosas si no me equivoco…- se llevó la mano al cuello
apretándose un poco con las yemas de los dedos –Tal
vez si yo pudiera hablar con alguien que no fueras tú de
mis problemas contigo, no te lo estaría diciendo a ti cuando
nos vemos, pero no es así…
- ¿Por qué no? ¿Nunca hablaste con Auriel?
O tal vez......... con el maravilloso Miguel – lo miró
sonriendo un poco aunque no le haría mucha gracia eso, claro.
-No es muy gracioso que te burles de Miguel por ser bueno…
pero pasando eso por alto, Miguel no me comprendería y Auriel…
no, no lo he hablado con nadie jamás… sólo hablo
contigo de lo que me preocupa- se volvió caminando hacia
la orilla y pensando.
- No me burlo porque sea bueno, pero comprenderás que no
soy precisamente su admirador... – se giró completamente
siguiéndolo y apoyando su rostro contra su espalda, más
serio. – Lo siento, sé que no es fácil.
-No importa…- sonrió al sentirlo contra su piel –No
estoy enfadado… creo que me siento solo…- volvió
a mirar hacia el mar mucho más serio. De todos modos no había
mucho que hacer, se preguntaba si no habría sido mejor haberlo
dejado ir.
- Ya lo sé..... deberías confiar en alguien. –
lo abrazó aún más pegándose a Él.
– Por más que te ame, y te quiera sólo para
mí, sé que es imposible, y sé que no es justo....
Confías en la bondad de tus ángeles ¿o no?
No sé por qué no puedes hablar con ninguno.
-No quiero hablarles de mis problemas contigo, ni de tu forma de
ver las cosas, sé que no la aprueban y o bien no dirán
nada… o me aconsejarán cosas de las que no seguiré
consejo alguno… tal vez Auriel me comprendiese… pero
tampoco quiero que él me vea sufrir...
- Ya.......... no es malo buscar el apoyo de los demás.
Y Auriel está enamorado de un demonio, de Samael, nada menos.
– suspiró, pero lo cierto era que él tampoco
le contaba absolutamente todo a Samael. – Está bien,
no discutiré tanto contigo aunque esté en desacuerdo.
Tú lo sabes, y yo lo sé, no es necesario repetirlo
todo el tiempo. Incluso si me causa daño, prefiero concentrarme
en lo mucho que te amo y en lo mucho que sé que me amas.
-No lo creo…- se volvió sonriendo y mirándolo
a los ojos –Con ese genio que tienes…- lo sujetó
por la cintura pegándolo a Él y haciéndolo
apoyar el rostro contra su pecho acariciándole el cabello
y caminando hacia atrás adentrándose en la marea.
Le alzó el rostro mirándolo a los ojos y sintiendo
el agua fría contra el estómago –No quiero pensar…
cuando estoy contigo…- bajó el rostro para besarlo
–Sólo quiero sentir…
- Siente entonces.... – le sonrió, por el momento
ignorando su comentario acerca de su mal genio, y se acercó
más, besándolo nuevamente, las puntas de sus alas
extendidas, tocando el agua.
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