.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 34- Feelings Are Intense, Words are Trivial

Samael había estado largo rato en las puertas del infierno esperando la vuelta de Auriel pero aquel otro ángel seguía allí sin novedad alguna. Se sentó en una piedra pegado a los hierros de las barandillas molesto porque se hubiera ido sin notificarle nada.

El albino llegó presuroso, observando cómo lo miraba el demonio e imaginando lo que le sucedía. Le sonrió, acercándose antes al otro ángel, para decirle que podía continuar con sus demás labores, y caminando tranquilamente hacia el moreno. – Te amo, Samael.
-Te amo…- el moreno se levantó aún sin apartar aquel gesto molesto de su rostro pero sin poder evitar responder a aquello con sinceridad. Se sujetó a las barandillas y lo miró a los ojos -¿Por qué no has estado?

- Yavé me llamó a su lado para darme una nueva misión. – suspiró, porque sabía que sería difícil, pero eso no lo persuadía. De todos modos, seguro que a Samael no le molestaría, al contrario.

-¿Qué misión es esa?- lo miró sin moverse del lugar y dejó salir una mano para posarla sobre una de sus mejillas atrayéndolo cerca de él.

El albino ladeó la cabeza apoyándose en aquella caricia. – Dios enviará a Zelel a la tierra, como humano, para que comprenda lo que ha hecho y tenga una oportunidad de redimirse. Y Sachiel.... ha decidido acompañarlo en las mismas condiciones. Ya sabes lo cercanos que son. – lo miró, preguntándose qué opinaría de todo aquello, pero no, ya lo sabía. – Y yo iré a la Tierra también, para cuidarlos y asegurarme de que Sachiel no pierda las esperanzas.

-Debería… si Dios los castiga a ser… animales… qué amable para con sus hijos… sólo por matar a unos humanos… ¿por eso lo castiga de ese modo? Debe preferirlos a nosotros… no, eso está claro… - el moreno frunció el ceño.

- Por supuesto que no. Dios ama a todos sus hijos por igual, Samael. Incluso me pidió que fuese paciente contigo y te comprendiese – le sonrió, pasando ahora su mano por entre las rejas para acariciar la otra mejilla del moreno. – Y Sachiel ha elegido esto por sí mismo, por el cariño que le tiene a Zelel.

Samael lo siguió mirando a los ojos –No necesito su comprensión… odio su comprensión, no me hará sentir nada… sólo odio… no es posible que sea igual con todos… - sonrió de medio lado -Sólo pregúntate qué habría ocurrido de haber sido otro quien se hubiera levantado contra Él… pregúntatelo… ¿y si hubiera sido yo?...

- No es justo que utilices eso.... Sabes lo que siente por Luzbel – le sonrió, sin dejar de acariciarlo. – Y probablemente hubiera encontrado la manera de solucionarlo, como lo está haciendo ahora. No hubiese sido igual, claro, pero te hubiera seguido queriendo, justo como lo hace ahora, lo reconozcas o no. Además, yo te amo. Te daré mi comprensión y la suya de todas maneras. No hay nada que puedas hacer al respecto. – sonrió un poco más.

-Auriel…- el moreno apretó las mandíbulas apartando la cara de su rostro molesto por su comprensión y amándola –Maldito seas… - apretó las mandíbulas apoyando la frente contra las barras metálicas –Quiero salir… déjame salir…

Auriel abrió la puerta, haciéndose a un lado para dejarlo pasar. – Y yo te amo aún más – le respondió, comprendiéndolo como le había advertido.

Samael lo miró de soslayo mientras salía -¿Te iras a la tierra?- preguntó sacudiendo las alas aunque su primera intención había sido abrazarlo –Aún no me lo has dicho…

- Por supuesto que te lo dije. Si Dios me ha encomendado esa misión, no habría otra opción para mí más que aceptar. Sabes que deseo ayudarlo, y también deseo ayudar a Sachiel y Zelel. – lo miró a los ojos, un poco serio. – Pensé que te alegraría. No habrá barrotes que nos separen.

-Me alegra… aunque no me alegra que vayas a estar ayudando a humanos todo el tiempo, no servirá de nada- lo miró entre los mechones de cabello negro que se derramaban sobre su rostro observando el rictus serio en sus labios y sonrió de medio lado pensando que había logrado molestarlo. Lo cierto es que no se había sentido tan contento hasta que el mismo Auriel había dicho que no habría más barrotes, pero por algún motivo algo no le dejaba compartir su felicidad con un ángel. De haber sido Lucifer lo habría mostrado enseguida.

- Por supuesto que servirá. Les hará saber que no están solos – le sonrió nuevamente, contagiado ahora por la sonrisa del demonio, y rodeando su cuello con sus brazos. – No ocultes tus verdaderos sentimientos. Eso... no servirá de nada.

Samael lo miró muy serio ahora porque lo descubriera de ese modo, y aún así le rodeó la cintura besándolo profundamente e inclinándose un poco sobre él, observando su rostro y acariciándolo con las manos, apretando las telas de sus ropas con fuerza conteniendo todo el amor que sentía por él y lo intensos que eran sus sentimientos.

El albino sonrió, acariciando sus mejillas, perdiéndose casi en esos ojos dorados tan intensos. – Así está mejor... – susurró, apenas rozando sus labios.

-No te creo… tú deseas que me contenga… si no lo hiciera…- susurró contra sus labios bajando las manos a sus nalgas y alzándolo un poco, haciéndolo sentir su sexo erguido y observando las alas blancas entre sus brazos –y aún así… creo que nunca me siento más feliz como cuando te escucho reír…

- Es porque te amo, y eso sientes cuando me río. Supongo que yo sería feliz si tú rieras también, pero.... te conozco lo suficiente, como para no necesitarlo. – continuó sonriendo y conteniendo su propia pasión a la vez. – Deseo que te contengas, pero no tienes que fingir tampoco. Me gusta que seas sincero conmigo.

-Soy sincero, pero tus rechazos me duelen lo suficiente como para contenerme yo mismo- lo miró a los ojos consciente de lo doloroso de sus palabras –Aún así, sonreiré cuando estés conmigo… noche y día… te amo… ahora por fin estaremos juntos…

- Te amo... – se abrazó a él, bajando un poco la mirada, ante aquella frase “tus rechazos...” , pero no había nada que pudiese hacer. – De veras te amo, y por más difícil que sea esta misión, reconozco que también me hace feliz el hecho de estar contigo.

-Auriel…- Samael le pasó las manos por el rostro despeinando su cabello y observando cómo las brillantes hebras caían de nuevo sobre su rostro. Le besó el cuello sabiendo que sería terrible contenerse –Te amo…- le sujetó el rostro observando sus ojos aguamarina –No comprendes lo que significaría unirnos de ese modo…

- Sí lo comprendo, pero también comprendo lo que significa esperar. Ya lo verás, todo será para bien – le sonrió con suavidad, sin apartar su mirada. – Y siempre tendrás mi amor, todo el tiempo, sin que se reduzca ni se extinga jamás. Es más.... seguro que crece – se rió, seguro de que Samael no lo encontraría gracioso.

-Seguro que tu amor está demasiado compartido y disperso… - el moreno lo miró a los ojos suspirando y apartando la mirada de nuevo.

Auriel le alzó el rostro con una mano para que lo mirase de nuevo, colocando la otra sobre su corazón, un brillo dorado resplandeciendo bajo la misma. - ¿Puedes sentirlo? ¿Cuánto te amo? Ni siquiera esto te lo demuestra lo suficiente. El amor no es algo que tenga un límite, Samael. No tengo una cantidad limitada para repartir entre todos.

-Ya lo sé- Samael sujetó su mano y la levantó de su pecho sobrecogido y aún así molesto –Vámonos… puedes irte ya ¿no es así? Entonces vámonos…

- Aún no, debo hablar con Sachiel antes de que baje a la Tierra. Además, no puedo dejar las puertas solas – le sonrió, encantado con su ansiedad. – Puedes esperar tan sólo un poco más ¿no es así?

-No es así ¿por qué no vas de una vez entonces?- se sentó en la roca de nuevo y cruzó las manos mirando al suelo, alzando la vista tan sólo un poco junto con una de sus manos haciendo que el cielo se cubriera de nubes y que la lluvia cayese sobre ellos. Se quedó observando cómo su cabello se mojaba y las finas ropas blancas se transparentaban, dibujando una sonrisa aún observando su rostro.

- Samael – lo riñó en tono reprobatorio, aunque su sonrisa contradecía a su voz. Sacudió su cabello y sus alas, a pesar de que no dejaba de llover y se elevó un poco. – Iré ahora, espérame entonces. – le pidió, enviándole un beso y echando a volar. Lo que le esperaba ahora no era precisamente alegre, pero por el momento, no podía dejar de sonreír.

Samael se levantó contradictoriamente molesto por que hubiera hecho lo que le había pedido y alzó el vuelo tras él, sujetándolo por la cintura desde la espalda –Aún no te vayas….

- ¿Por qué no? –el albino lo miró confundido y sorprendido, a pesar de seguir sonriendo. - ¿No deseabas que me apresurase? La conversación con Sachiel.... me temo que no será corta – le aclaró, su sonrisa disminuyendo apenas un poco.

-Porque no- lo miró aún sujetándolo entre los brazos como si fuera a escaparse al liberarlo del abrazo –He estado esperando mucho tiempo… - siguió mirando sus ojos sintiendo que estaba triste y lo abrazó con fuerza sólo para soltarlo de nuevo y levantar viento con sus alas hacia él alborotándole el cabello y las ropas –Los ángeles son tan estúpidos que ni siquiera si los castigasen a ser humanos odiarían a Dios… aún así seguirían amándolo como patéticos corderos…- le dio la espalda dejándolo irse y frunciendo el ceño consciente de que Auriel comprendería aquello por más que hubiera dado vueltas a las frases.

El albino sonrió, agradecido a pesar de la manera en la que lo decía, pero incluso así, le parecía más valioso aún. – Gracias.... – susurró, antes de darse la vuelta y echar a volar de nuevo.


 
 

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