.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 31- On Wings of Angels

Sariel extendió sus alas, sobrevolando por encima del rubio riendo alegre ahora que estaba de vuelta en el cielo. Después de todo, no había sido tan pesado aunque casi Dios le había dado una lista de reglas específicas para él, pero no le importaba ahora. Bajó, dejándose deslizar entre los brazos de Miguel, jugando. – Ahora ya no tengo que esperar a que me vayas a ver.

-¿Ya te ha perdonado?- el rubio lo miró sonriendo abiertamente sorprendido por encontrárselo allí cuando menos lo esperaba –Me dijo sólo que lo pensaría…- protestó a medias preguntándose por qué nunca le contaban las cosas al completo cuando se trataba de Sariel. Lo abrazó contra él sin dejar de sonreír.

- No estaría aquí si no fuera así. Y sí, me estuvo dando un sermón casi eterno, pero al final me perdonó. – se rió el chico sacudiendo su cabello y abrazándolo feliz de no tener barrotes de por medio.

-Si lo hizo, fue para que no tengas dudas y no vuelvas a pecar… lo hace por tu bien y no digas sermón… suena como si te aburriera… - suspiró sacudiendo un poco la cabeza para recolocarse el cabello y se pasó la mano por él de cualquier manera después de todo –Sariel… ¿quieres que haga desaparecer mis alas? Así podrás imaginar que soy humano.

El chico se rió, acariciando sus alas y negando con la cabeza. – No digas tonterías Miguel, si eres perfecto como eres. Tú me gustas así.... – extendió sus propias alas, besándolo ligeramente en los labios.

-Bueno… como tú quieras- lo miró a los ojos y sonrió levemente -¿No quieres ir a la tierra? La echarás de menos…

- Sí, hay muchas cosas que me gustan allí, aparte de... eso – asintió, abrazándolo porque sí. – Supongo que me acompañarás.

-Claro, acabamos de reunirnos…- lo miró a los ojos pensando que obviamente no iba a separarse de él a poder ser hasta que no le quedase más remedio. Lo abrazó de vuelta besándole los labios con suavidad -¿A dónde quieres ir? ¿Qué quieres hacer?

- ¿Por qué no vamos a comer uno de esos postres que hacen? O tal vez alguna de sus bebidas.... pero no, eso seguramente es un pecado también ¿o no? – sonrió, pensando en las consecuencias de beber aquellas cosas. – Bueno, no importa, te tengo a ti para cuidarme, así que tendrás que ser mi guía, pero sin reñir. – le advirtió, riendo.

-No creo que sea un pecado beber… siempre y cuando no te excedas… es como… no es un pecado hacer lo que hiciste… pero si lo haces con la persona que amas… es lo mismo…- dedujo alzando el vuelo con el ángel entre los brazos soltándolo después hacia arriba para que echase a volar él mismo.

Sariel se movió en círculos a su alrededor, bajando de nuevo para estar a su lado. – Ya lo sé, lo voy a hacer contigo. Y mucho....

-Sh… no hay que decirlo así…- Miguel lo miró a los ojos enrojeciendo y dándole la espalda echando a volar rápidamente aunque sonriendo quisiera que no -¿Mucho?- se rió mirándolo desde un poco más lejos pensando que entonces esperaba que al menos le agradase hacerlo.

- Mucho, porque te amo mucho. Tendría que ser equivalente, ¿no? – bromeó el chico extendiendo sus alas completamente para alcanzarlo.

-No lo sé…- lo abrazó plegando las alas y haciendo fuerza para hacerlo caer en el aire. Sonrió, abriéndolas de nuevo y separándose para tomar su mano y bajar con él hacia la tierra.

Sariel se posó suavemente sobre el suelo, escondiendo las alas y observando a Miguel pensando aún que era una lástima que las ocultase, ya que lo que había dicho antes era cierto. Podían existir humanos muy atractivos, pero el rubio le parecía hermoso así como era.

-¿Vamos?- le tomó la mano sonriendo y bajando por la colina a su lado. Ahora había piedras donde antes sólo había existido hierba y se alzaban casas… puestos de comida por la calle…

- Miguel, mira esto....! –exclamó el chico asombrado y deleitado a la vez, al ver cómo había cambiado todo durante el tiempo que había estado apartado. - ¿Ya lo sabías? Todo es tan.... tan distinto....

-Bueno… había venido a veces… a cumplir con mis tareas… pero cambia demasiado rápido todo… de un momento a otro… ¿ves? Ahora hay estos templos… y estas deidades inventadas por los hombres…- le señaló una enorme estatua en un templo –No sé por qué las inventan…

- Y es por eso que pensaba que los ángeles deberían haberse mostrado antes. Así no habría dudas, ¿no lo crees? – le sonrió, encogiéndose de hombros. – Y no voy a hacer nada así que no te preocupes. Aunque a lo mejor... tal vez es su manera de ver a Dios, nunca lo han visto.

-No… porque persiguen a los cristianos… como persiguieron a Cristo hasta matarlo…- suspiró apartando la vista de aquel ser de piedra, grotesco –y ya sabes que Dios quiere que tengan fe en Él… que confíen… si hiciera esa clase de cosas no seria justo con Lucifer… ni con Él mismo…- tiró de su mano llevándolo al interior entre las callejas llenas de tiendas. Sentía cómo los observaban y que sus pieles y cabellos relucían entre los demás humanos de piel tostada y cabello áspero por el sol y la arena –Quiero probar todas esas cosas de las que me has hablado…

- ¿La comida o lo demás? – sonrió maliciosamente, acariciando la mano que lo sujetaba. – Tienes razón, no sería justo con Lucifer. ¿Ves por qué tienes que ser mi guía? Me confundo fácilmente..... – se quedó pensando, lamentando haberse perdido todo lo que había sucedido aunque igual no hubiera hecho ninguna diferencia claro.

-Mi guía tienes que ser tú… yo no sé mucho sobre la tierra… y quiero probarlo todo, la comida y lo demás…- sonrió mirándolo a los ojos y volviéndose de nuevo para seguir observando a su alrededor –pero no tenemos monedas… es lo que usan…

- Cierto... – suspiró el chico recordando que antes no solía pagar, pero claro, las cosas que hacía para convencer a los demás, serían consideradas pecado. – Podemos ver si alguien nos invita a algo.... no lo sé, nunca tuve este problema- se rió nervioso por lo que le diría Miguel y mirando hacia otro lado. – Y me refería en que me guíes ..... espiritualmente.

-Ah… sí, claro…- lo miró un momento y se lo llevó sujeto por la cintura preguntándose si realmente la gente invitaba a los demás así como así… entonces no debían ser tan innobles- el rubio señaló hacia lo lejos en mitad del prado –Allí parece que hay mucha gente.

- Parece un festival, ya los había visto antes. Parece que eso no ha cambiado- sonrió, mirando a la muchedumbre y dirigiéndose hacia allá, naturalmente sintiéndose tentado de echar a volar, pero deteniéndose en el último momento. Llevaba mucho tiempo sin ocultar su naturaleza.

-No vueles…- le susurró notando el pequeño impulso que había hecho. Lo rodeó con más fuerza por la cintura aproximándolo a él y notando que los miraban demasiado. Lo soltó un poco mirándolo a los ojos –Está mal… que los hombres se toquen tanto… eso me parece … ¿Qué es un festival?

- Es como una celebración. No sé, puede ser por cualquier cosa, el aniversario de un pueblo o... cualquier fiesta inventada por los humanos. Algunas incluso celebran a Dios, supuestamente – sonrió. – Pero hay comida y bebida gratis y música. Y no comprendo qué tiene de malo que nos toquemos, si te amo, y tú me amas.

-No lo sé… no tiene de malo, pero ellos nos están viendo extraño… ¿no lo ves? Tal vez es extraño para los humanos… es igual… vamos!- le sujetó la mano con más fuerza y echó a correr colina arriba donde se escuchaban tantas risas, intrigado por lo que los humanos estaban haciendo. Pasó entre la gente viendo que allí los hombres sí se abrazaban y besaban entre ellos tanto como a las mujeres.

- ¿Ves? No tiene nada de malo. – le aseguró el chico sonriendo y aprovechando para abrazarlo y besarlo apasionadamente, imitando a los humanos.

Miguel abrió los ojos, un tanto escandalizado de que pudiesen verlos de forma extraña, pero sin embargo todo el mundo parecía demasiado sumido en sus propios asuntos como para prestarles atención. Le devolvió el beso de forma intensa esperando que aquello no fuera un pecado por hacerlo delante de los hombres. Sonrió apartándose un poco de él y volvió junto a él sujetándolo por la cintura con fuerza porque no quería estar preocupado por lo que estuviera haciendo.

- Vamos, a buscar algo de comer – anunció Sariel, teniendo que reprimir sus deseos de volar nuevamente y llevándose al rubio consigo por entre el gentío hasta una mesa en la que se ofrecía un banquete y que probablemente había sido preparado por varias de las personas del pueblo. Tomó un pedazo de pastel ofreciéndoselo a Miguel, con una sonrisa y molestándolo por lo que le había dicho la última vez que estuvieron allí. – No te preocupes, no hay animales muertos en él.

-Claro… que no…- lo observó oliéndolo antes de cualquier modo no muy seguro, pero no olía a nada extraño y mucho menos a carne o algo así. Se lo llevó a la boca volviéndose de espaldas a Sariel por si le daba asco, aunque en realidad sabía realmente bien y se volvió a coger otro trozo sentándose en el campo como si las sillas no existieran.

El chico de cabellos violeta se rió, tomando un trozo para sí y mostrándole una silla cercana. – Los humanos utilizan eso para sentarse – le explicó, aunque a él no le molestaba si prefería sentarse así, y tomó una copa de madera, sirviéndose vino de un barril y sirviéndole un poco a Miguel. Si él decía que no era pecado...

El rubio tomó el vaso sentándose a su lado en la silla y lo olió tampoco muy seguro de si le gustaría o no, aunque tenía un color hermoso y olía bien. Se lo llevó a los labios bebiendo sólo un poco y después otro poco más, seguía prefiriendo los pasteles -¿A ti te gusta esto?- preguntó refiriéndose al vino –Está un poco amargo… ¿no?... agrio…

- Pero se siente muy bien luego de un rato... – le sonrió, prefiriendo no entrar en detalles y comiéndose otro trozo de pastel. – Casi nunca vienes a la Tierra, ¿o me equivoco?

-Sí que lo hago… pero sólo para cumplir con lo que Dios me pide… nunca estoy entre los humanos, no me presento de forma corpórea…- susurró bebiéndose lo que le quedaba en el vaso para ver si era cierto que luego se iba a sentir bien, aunque lo que se estaba sintiendo era un poco mareado.

- Pero no tiene nada de malo mezclarse entre ellos. Creo que los puedes ayudar mejor si los comprendes. – desvió la vista mirando a su alrededor, cómo se divertían y reían. – Siempre me pareció que algunos eran realmente hermosos... Aún cuando hice lo que hice, le dije la verdad a Dios. No lo hacía con malas intenciones. – volvió a mirarlo, sirviéndose otro vaso de vino.

-¿Más que yo?- preguntó apoyando un codo en la mesa y girándose para verlo mejor rascándose el cuello un poco y apoyando la cara en su mano. No lo preguntaba por orgullo si no más bien por preocupación. Cogió un dátil entre los dedos mirando abajo un poco rojo por haber preguntado, además de por los efectos del alcohol y se lo metió en la boca –No me gusta…- sentenció comiéndoselo de todos modos para no tirarlo.

- Pues no te lo comas. Creo que sólo te gustará el pastel – le sonrió, observando su sonrojo y acercándose un poco. – Y no, no más hermosos que tú. Más bien... la mayoría de las veces pensé en cómo me gustaría hacerlo contigo, pero creía que era imposible.

-Shh…- se giró hacia la mesa cambiando de posición un poco contrariado frunciendo el ceño y tomando otro trozo de pastel pero diferente, para distraer lo mucho que lo avergonzaba que dijera aquellas cosas a la ligera. Sonrió después de todos modos pensando que él era quien más hermoso le parecía. Igual se sentía orgulloso aunque tal vez aquello no estuviera muy bien –Creo que no me gusta beber…- apoyó el brazo en la mesa recostándose un poco sobre él –Me da la risa y no tengo ganas de reírme…- se rió suavemente y se tapó los labios contrariado girando la cara contra su brazo.

- Pero si tienes una rosa muy hermosa también – susurró de manera coqueta, el otro ángel, acercándose aún más y colocando una mano sobre su pierna, aún bebiendo un poco más de vino, ya que no sucumbía tan fácilmente a sus efectos. – Creo que si los humanos sólo hubieran inventado el pastel, habría valido la pena todo esto.

El rubio miró entre la mesa y su cuerpo hacia abajo, observando la mano de Sariel sobre su muslo, estirando la pierna y arrastrando la tierra con un pie un poco inquieto, doblándola de nuevo. Se acercó a él un poco más rodeándole la cintura con un brazo, besándole la mejilla y el cuello con los ojos cerrados -¿Por qué te gusta mucho el pastel? Me siento raro, Sariel…te quiero… ¿no tienes sueño?

- Me gusta porque es dulce, como tú. – le contestó, sonriendo y pensando que ya debía detenerlo, no quería caer en nada malo. Lo miró de soslayo, de veras que no aguantaba nada. – No tengo sueño, pero si quieres, podemos regresar. O ¿estás muy cansado para eso?

-No me canso, soy un ángel…- se apoyó en su hombro mirando a los humanos cantar cosas extrañas sobre vino y abundancia que no acababa de comprender muy bien, tampoco por qué todos se tocaban de modo tan obsceno y giró la mirada sintiendo que no debía ver eso porque además le estaba incomodando –pero mejor nos vamos… creo que esto sí es pecado…- sonrió de pronto después y se tapó la cara mientras se levantaba contrariado a más no poder y decidiendo no beber aquello jamás.

- Sí, es pecado... – confirmó Sariel, poniéndose de pie también y sujetándolo por la cintura. – Te preguntaba porque parece que te afectó el vino, más de lo que creía. Pero no te preocupes, no pensaba pecar, ¿eh? Sólo quería mostrarte...

-Confío en ti… y estoy bien…- le sonrió aunque se sentía extrañamente descontrolado, pero tampoco de alguna manera malvada a su parecer. Le sujetó la mano para correr con él colina arriba de nuevo sin ninguna intención que alzar el vuelo al llegar a la cima donde ya no pudieran distinguir su naturaleza.

Sariel se dejó llevar, riendo, ahora sí un poco afectado aunque él no lo creyera así, y desplegando sus alas apenas hubieron llegado a la cima, adelantándose para sonreírle una vez más, aún sin soltar su mano.

El rubio lo abrazó contra él, sonriendo ampliamente y observando sus ojos sin poder negarse el besarlo profundamente. Le pasó la mano por el cabello besándolo de nuevo aún con más fuerza cerrando los ojos para entregarse aún más a lo que estaba sintiendo. Lo soltó, empujándolo un poco por el pecho y sonrió adelantándose a él y deteniéndose de golpe para observarlo volar.

El ángel voló elevó el vuelo de manera fugaz, sonriendo al acercársele de nuevo y pasándole por delante, alborotándole el cabello y sus ropas con el viento que alzaban sus alas.

Miguel lo siguió hasta el cielo, sintiéndose demasiado sonriente a causa del vino y enseriándose mientras caminaba por entre el campo, observando a los otros ángeles. Alzó la vista buscando a Sariel y tratando de recordar el hablar con Dios sobre aquella bebida y asegurarse de si era o no un pecado bebérsela.

Pero justo en ese momento, Sariel descendió nuevamente, tomándolo de la mano, para llevarlo consigo, tan sólo deteniéndose cuando hubieron llegado a un lugar apartado de los demás, un poco escondido entre la vegetación. Se posó sonriendo frente al rubio, sujetando su rostro y besándolo profundamente, pegándose contra su cuerpo lo más que podía.

Miguel cerró los ojos aunque lo había sorprendido y los entreabrió de nuevo para observarlo. Le deslizó las manos por la espalda y las pasó por encima de sus nalgas de forma superficial, sujetándolas luego con fuerza y alzándolo en brazos contra él, notando cómo el cuerpo de Sariel se sentía contra el suyo.

- ¿Quieres.... hacerlo ahora? – jadeó excitado el chico, observando sus ojos y en realidad pensando en que por cómo lo notaba, si le decía que no, es que estaba mintiendo.

El rubio lo miró a los ojos sin ser capaz de contestar, bajando la vista y enrojeciendo. Le pasó los labios por el cuello besándoselo y aprovechando aquello para contestarle por fin –Sí…- se quedó mirando el enganche dorado en su hombro abriéndolo nerviosamente para dejar caer la parte de arriba de su ropa a un lado. Se agachó besándolo el pecho y lamiéndole los pezones con fuerza, sujetando de nuevo sus nalgas y pegándolo a él todo lo que podía.

Sariel gimió, entrecerrando los ojos y acariciando sus rubios cabellos, pensando que brillaban como el mismo sol, y bajó el rostro, apretándolo contra él, sintiendo su calor. De pronto se sentía emocionado, lo había deseado por tanto tiempo....

-Sariel…- lo miró a los ojos de nuevo enderezándose para besarlo profundamente y bajando la mano entre ellos para acariciar su sexo sobre las finas telas blancas. Se aproximó para rozar el propio contra la pierna del ángel.


- Te amo, Miguel... – le susurró el ángel, jadeando suavemente, acalorado, y dejando resbalar sus ropas un poco más, aún mirándolo a los ojos sin desear despegarse de aquella mirada.

-Te amo…- el rubio lo besó una vez más bajando la mirada después mientras lo desnudaba de forma algo trabajosa. Le temblaban las manos y sentía demasiado calor –Eres…estás muy caliente …- se quedó mirando cómo sus dedos acariciaban el sexo de Sariel. Era la primera vez que tocaba un sexo que no fuera el propio y tampoco se había tocado de aquella manera jamás. Lo sujetó con la mano sintiendo lo caliente que estaba y lo suave que era su piel allí, lo sentía pulsar… inflamándose -¿Puedo hacer lo que quiera?- lo miró a los ojos nervioso.

- Puedes hacer lo que quieras.... – le sonrió el chico, acariciando su rostro, respirando agitado por la manera tan cuidadosa en la que lo acariciaba. – Alzó una mano para rozarle la mejilla, lamiéndole los labios antes de susurrar. – No tengas miedo....

-No tengo miedo, sólo estoy un poco nervioso…- entreabrió los labios observándolo y asegurándose de no parecer asustado, preguntándose si los humanos lo habrían estado e imaginando que no, por lo que había visto en aquella fiesta. Le besó el cuello y el pecho finalmente levantándolo en brazos y sentándose en la hierba con él a horcajadas para poder acariciarlo mejor.

- Está bien......... – le sonrió nuevamente, rodeando su cuello con las manos y suspirando, mirándolo a los ojos. E inclinándose para rozar sus labios con los suyos, cerrando los ojos. – Te deseo, Miguel.... ¿estás excitado? ... Sí, lo estás... – se respondió a sí mismo, sonriendo aún más al rozar con el sexo erguido del rubio.

-Sí…- se apartó la tela blanca que lo cubría y rozó ambos sexos con su mano observando cómo su sexo rozaba con el de Sariel y apretándolos dentro de su mano para acariciarlos con más intensidad. Cerró los ojos apoyando los labios en el cuello de Sariel y los entreabrió casi al instante lamiéndolo y atrayéndolo más próximo a él con la otra mano –Nunca he hecho nada de esto…- susurró escudándose en aquello por si algo le salía mal o extraño.

- Ya lo sé.... – jadeó, acalorado y echando la cabeza hacia atrás, moviéndose un poco, inquieto por lo que estaba sintiendo, casi ansioso. – Así es mejor.... mucho mejor....

Miguel lo miró a los ojos un momento pensando de nuevo en que le había dicho que podía hacer lo que desease y lo recostó en la hierba subiéndose sobre él y besándolo de nuevo rozando su sexo contra el de Sariel. Deslizó la lengua por su pecho lamiendo sus pezones y bajó por su abdomen y sus caderas hasta llegar a su sexo. En realidad había estado ansioso por llegar a él pero no deseaba que aquello se notara demasiado. Lo besó repetidas veces sintiendo el tacto de aquella piel tan caliente y suave contra sus labios y lo hizo pasar dentro de su boca acostándose entre sus piernas y sujetándole las caderas para moverlo dentro de ella.

- Ah... – Sariel gimió, llevándose una mano a la cabeza para apartarse el cabello,, estremeciéndose por el placer y sonriendo a la vez Arqueó la espalda, enterrando los dedos de su otra mano entre la hierba. Finalmente mirando al rubio de nuevo, el deseo estaba reflejado en su rostro y aquello sólo lo excitaba más. – Miguel... – jadeó de manera seductora.

El rubio lo miró a los ojos sintiendo que se le prendían las mejillas y bajó la cara dedicándose a su sexo de nuevo sin poder evitar buscar su mirada una vez más a pesar de la vergüenza. Se quedó observándolo un momento preguntándose si debía pedirle permiso y en vez de eso, alzándole las piernas contra el pecho. Deslizó la lengua por sus testículos deseando ver todo su cuerpo, acariciarlo y explorarlo por completó. Lamió su entrada observándola nervioso y apretando su propio sexo contra la hierba mientras empujaba la lengua dentro de ella.

- Mhm! – El chico jadeó con más fuerza aún, terriblemente excitado, la lengua cálida de Miguel acariciándolo por dentro, mientras Sariel se movía al ritmo de sus lamidas, su cabello alborotándose contra la hierba, su pecho subiendo y bajando agitado. Bajó la mano hasta su sexo acariciándolo, sus ojos entreabiertos, aún mirando en la dirección de Miguel aunque no conseguía ver su rostro, claro.

Miguel se arrodillo y deslizó la lengua por uno de sus muslos respirando pesadamente. Lo observó extasiado viendo cómo se masturbaba y rozó su entrada con los dedos besándole la pierna de nuevo sin poder dejar de mirarlo mientras deslizaba los dedos dentro de él, sintiendo la presión y empujándolos con más fuerza.

Subió una de las piernas de Sariel a su hombro pegándose a su cuerpo mientras jugaba con los dedos dentro de él cada vez de forma más intensa -¿Te gusta?....- preguntó notando cómo se movía y jadeaba, observándolo, cuando en realidad estaba deseando tomarlo.

- Me encanta... –Sariel sonrió, alzando una mano para acariciar su rostro, introduciendo dos dedos entre sus labios sólo por jugar un poco y luego sacándolos con lentitud como intentando atraerlo hacia los suyos, sus propios dedos trazando el camino hacia su boca. – Quiero sentirte todo.... – susurró, aún con los dedos sobre sus labios, lamiéndolos luego sin apartar la mirada.

El rubio lo miró a los ojos sintiéndose inquieto y nervioso por sus palabras, además de excitado terriblemente. Se aproximó a él lamiéndole los labios aún sin dejar de acariciarlo por dentro, demasiado enganchado a aquella sensación. Lo besó profundamente y se apartó un poco de nuevo alzándole las piernas y sacando los dedos de dentro de él para sujetar su sexo apoyándolo contra su entrada, sintiendo que estaba muy caliente y empujando un poco, de forma lenta, sintiendo como si no fuera posible entrar en él, notando sin embargo cómo iba internándose poco a poco. Se recostó sobre su cuerpo de nuevo, ansioso por sentirse envuelto por completo por su cuerpo y se empujó contra él una vez más notando su sexo presionado por el cuerpo del ángel y envuelto en calor –Sariel…- lo besó, temblando por la sensación, sintiendo como su propio sexo palpitaba.

Sariel le devolvió el beso, rodeándolo con sus piernas y apretándolo contra sí, extasiado por cómo su sexo lo llenaba, ayudándolo a moverse aún sin dejar de besarlo, tan sólo susurrando a escasos centímetros de sus labios cuando el beso se interrumpió por unos pocos segundos.- Te amo...

-Te… amo…- le repitió el rubio demasiado excitado por lo que sentía, moviéndose dentro de su cuerpo con fuerza y pegándose en todo lo posible contra él con cada una de las embestidas, sintiéndose mejor de lo que jamás antes hubiera sido posible. Bajó la mano acariciando el sexo de Sariel con ella y preguntándose si debía hacerlo, lo miró a los ojos mientras se arrodillaba de nuevo, separándose de él para girarlo de lado penetrándolo de aquel modo y sujetándole una pierna. Cerró los ojos dejándose llevar sólo por lo que sentía y se abrazó un poco más con el brazo libre a su pierna, mordiéndole el muslo ligeramente y lamiéndolo después.

- Miguel.... Miguel... ah... – jadeó el ángel, casi sujetándose con una mano a la hierba y subió la otra hasta la del rubio, estremeciéndose, sonrojado por el placer, y llevándola hacia su sexo de nuevo. Claro, que podía acariciarse él mismo, pero prefería sentir la piel de Miguel contra la suya. Su sexo pulsando entre sus dedos.

El rubio lo tomó de nuevo sintiendo un escalofrío al notar la piel tan caliente de su miembro y lo miró a los ojos –Te quiero…- le susurró de nuevo antes de salir de él y girarlo de cara a la hierba. Le pasó las manos por la espalda hasta las caderas y se las sujetó, entrando de nuevo en su cuerpo y temblando una vez más al sentir cómo lo penetraba, era maravilloso. Bajó la mano al sexo de Sariel una vez más y se movió sobre él todo lo suavemente que podía, temiendo dañarlo e inclinándose hacia su espalda besándola y jadeando contra ella.

Sariel dejó escapar un gemido agudo, sin preocuparse de si alguien podía escucharlo, cerrando los ojos nuevamente y sintiendo la respiración caliente del rubio contra su espalda, su sexo penetrándolo con más pasión de la que hubiese sentido nunca y se estremeció una vez más, con fuerza, derramándose sin poder ni querer aguantarse más, el líquido blanquecino, resbalando cálido por entre los dedos de Miguel, mojando la verde hierba bajo ellos.

Miguel sintió la sustancia entre sus dedos y cómo el cuerpo de Sariel se convulsionaba. Jadeó un poco más fuerte excitado por aquello y por los gemidos del ángel. Se acostó sobre él totalmente sin pensar demasiado en nada que no fuera lo que estaba sintiendo por primera vez -Sa… Sariel…ah…- apoyó el rostro entre sus alas y extendió las propias sintiendo como si fuera a volverse loco si contenía más aquello, por más que no desease que se acabara. Su sexo se agitó dentro del ángel y el semen manó de él con fuerza haciéndolo sentirse extrañamente extenuado.

- Miguel... – jadeó el chico aún agitado y sonriendo al sentir cómo se corría, y sin moverse de su posición, permitiéndole tomarse su tiempo. Dejó escapar un gemido de satisfacción, sintiéndose más feliz que nunca, y por fin recostándose completamente contra la hierba, el peso del rubio sobre su espalda y sus alas cobijándolo.

El rubio sonrió contra su piel y salió de su cuerpo echándose a su lado para no molestarlo con su peso. Lo miró a los ojos un tanto avergonzado por lo que habían hecho aunque no podía evitar sentirse terriblemente feliz. Lo rodeó con un brazo besándole los labios con suavidad.

- ¿Te gustó? – le preguntó curioso el ángel, aunque se le notaba en el rostro, y se giró contra él, susurrando. - ¿Quieres que te diga un secreto? – se rió bajito, jugando con un dedo en su pecho.

-Dímelo…- susurró mirando el dedo de Sariel como si fuera realmente interesante –Sí me gustó… mucho…- murmuró carraspeando un poco.

El chico volvió a reírse como si se tratase de una travesura. – Que.... nunca me había sentido así antes. Fue increíble. Te amo, Miguel...

-Yo también te amo…- sonrió abrazándolo más contra él y sacudió un poco las alas plegándolas de nuevo en su espalda –Lo haremos siempre que quieras…- le susurró como si se tratase también de un secreto.

- Y siempre que tú quieras, o ¿no vas a querer? – le preguntó, aunque claro, bromeando, y pegándose más a su pecho, por su parte dejando sus alas así como estaban.

Miguel se sintió avergonzado de nuevo pero aún así sonrió –Claro que querré… aún quiero tocarte mucho más… - susurró después más bajito pasando los dedos por sus pezones.

- Mhmmm... – gimió, cerrando los ojos, sin dejar de sonreír. – Nadie podría tocarme como tú....

-Nadie podría tocarte…- lo miró a los ojos y lo besó con fuerza a pesar de que estaba completamente satisfecho. Lo abrazó después un poco arrepentido por el arranque de genio –Sólo yo… de este modo…

- No te preocupes.... – sonrió Sariel encantado con la actitud celosa del rubio. – Sólo soy tuyo ahora. No pensaba pecar tampoco. Además......... no lo necesito. – susurró entreabriendo los ojos.

- No….- Miguel lo abrazó besándolo suavemente –Te quiero.

- Te quiero... – le respondió el chico aún sonriendo y volviendo a besarlo suavemente en los labios.

 
 

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