.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 30- You Will Never Be a Burden and My Love For You Will Never Die

Auriel desplegó sus blancas alas, estirándose, y sentándose frente a las puertas. Extrañamente, las cosas habían estado muy tranquilas desde que Sariel y Miguel se hubieron ido. Suspiró, preguntándose si Samael vendría a verlo hoy, ya le hacía falta. Extendió una mano ante sí, dejando escapar una luz cálida y sonriendo a medida que la veía danzar en su palma como si fuese una llamita viva, sin percatarse del moreno que lo observaba cerca de las verjas. Se aproximó apoyándose en ellas y aún mirando al ángel aunque sin decir nada. Últimamente había demasiada gente allí como para que pudiese hablar con él, o al menos, no en un ambiente que le agradase.

- Samael! – lo saludó el albino al verlo allí, la llamita creciendo por unos instantes, reflejando su alegría y extinguiéndose cuando se puso de pie para acercarse. – Me preocupabas.

-No va a ocurrirme nada en el infierno… ¿no crees? Lucifer me protegería… aunque dudo que lo necesitase…- murmuró orgulloso como siempre –Últimamente hay demasiada gente… prefiero no acercarme… me molesta su presencia… y mucho más su redención.

Auriel se rió como si hubiese dicho algo muy gracioso y eligiendo no aclararle mejor lo que le preocupaba, simplemente respondiendo. – Da igual, me preocupo porque te amo y lo haré, quieras o no.

-Eso ya lo sé… que no te importa lo que yo quiera o no…- observó su rostro escuchando su risa y encontrando aquel sonido hermoso a pesar de estar seguro de que lo apagaría con sus palabras más de mil veces antes de que no lo soportasen más.

- No digas esas cosas Samael – dejó de reír, suavizando su voz y mirándolo a los ojos. – Claro que me importa lo que quieras, pero eso no hará que deje de preocuparme o de amarte o de rezar por ti, por más que te enfurezca. Si dejo de hacer esas cosas, no sería yo y tampoco te gustaría.

-No, pero estoy cansado de no encontrarle un sentido real a esto… jamás estaremos juntos… no sirve de nada… el que pase el tiempo o el que nos veamos o no… tu Dios… y Lucifer sí lo están… a veces lo están… juntos…- le dio la espalda apoyando la parte superior de esta en las verjas –en más de un sentido… Lo sé… porque lo he sentido así cuando él vuelve… y porque siento el calor de Él después de que hablen…

- Nunca ha dejado de amarlo, ni por un momento, lo sabes. Pase lo que pase.... – se sujetó a los barrotes, ahora pensando en su propio caso. – Estaremos juntos, he hablado con Dios y Él me ha dicho que está bien permanecer a tu lado si te amo.... – murmuró pensando en las condiciones. – No le molestará, sólo entristecerá si lo traiciono, pero no lo voy a hacer.

Samael lo miró a los ojos acercándose a los barrotes –Sé que no lo traicionarás… ¿y cómo pretende tu Dios que estemos juntos? Dice que le parece bien porque sabe que no podemos estarlo…- apretó las mandíbulas frunciendo el ceño –No serviré a Dios… no importa lo que haga… abre la puerta y déjame salir

- Estás equivocado respecto a Él. Desea la felicidad para ambos.... – abrió la puerta a pesar de que lo había lastimado un poco la manera en la que le hablaba, pero así era Samael. – Hay muchas maneras de estar juntos.

-No para mí- lo miró a los ojos atravesando la puerta y cerrándola –Ni siquiera puedes apartarte de aquí… lo ha pensado todo muy bien… no vaya a ser que caigas en la tentación… que me ames a mí más que a Él…

-Me dio esta misión, porque confía en mí, y fue antes de que llegase a conocerte verdaderamente. – lo miró serio a los ojos, bajando la mirada luego. – Te amo. Sin importar lo que creas, te amo. Pero no le traicionaré, así como tú no traicionarás a Lucifer.

-Yo no me traicionaré a mí mismo…- susurró aproximándose a él –No tengo Dios y no tengo un líder… amo a Lucifer, es mi hermano, el único que acepto, eso es todo, lo ayudaré y defenderé siempre y cuando esté de acuerdo con él… pero tú sí te traicionas…

- No me traiciono, esto es lo que soy, lo sabías cuando te enamoraste de mí. – alzó la mirada de nuevo un poco más compuesto, y aún mirándolo serio, pero calmado. – Confío en Dios y en que cuando me pide algo, es para bien. Sé que no me haría daño y que al final, cada cosa que hace tiene sentido y una razón de ser. También sé que si lo obedezco, al final seremos felices. Eso es, si aún permaneces a mi lado.

-Yo siempre estaré a tu lado… tanto si quiero como si no… no puedo evitar amarte, ya lo he intentado- rozó sus labios contra los de Auriel cerrando los ojos a su tacto y su calor –Si me amas realmente… acabarás traicionándote… aunque no lo traiciones a Él…

- No sé a qué te refieres.... pero cumpliré mi misión hasta el final, y te amaré por toda la eternidad. Eso puedo saberlo, incluso si te alejases de mí... – murmuró, sintiendo un sabro muy dulce en la boca.

-Auriel…- lo miró a los ojos y apoyó una mano contra su mejilla rozándole los labios con el dedo pulgar y alzándosela un poco para verlo mejor mientras los entreabría para sentir su aliento contra los propios –Estoy seguro de que Él te ha prohibido que te entregues a mí…

El albino asintió, sus labios temblando al sentir los de Samael tan cerca. – Pero no me lo ha prohibido, me lo ha pedido. Nunca me obliga a nada.

-Ya sé cómo pide las cosas… no hagas esto… bueno, puedes hacerlo, pero yo no estaré de acuerdo…- sonrió con sarcasmo y se apartó de sus labios –Es tu elección… pero es su decisión…

- Es mi elección, así como tú elegiste, y Lucifer eligió, como Sariel está eligiendo ahora.... Y todos los demás. Deseo ayudarlo.... – respondió tranquilo, hablando con suavidad. – En lo único que no tengo elección es en lo que siento.

-Y si pudieras elegir… ¿elegirías no amarme? – se sentó sobre una de las piedras abriendo las alas un poco y plegándolas de nuevo, alzando la cara para observar su rostro.

- No, jamás elegiría eso. – extendió una mano para tocar su rostro, intentando transmitirle su calor con las puntas de los dedos. – Nadie debería elegir no amar, es lo más maravillosos que existe. Y para mí, tú eres maravilloso, no querría vivir sin que tú estuvieses en mi vida.

El moreno lo miró a los ojos y sonrió sin poder evitarlo. Le sujetó la mano para bajar el rostro serio de nuevo, notando cómo algunos mechones caían sobre su rostro. El corazón le latía de forma molesta, demasiado ruidosa y desenfrenada. Le apretó la mano sin decir nada.

Auriel se agachó a su lado, sonriéndole como siempre, sin soltar su mano. – Te amo, Samael. No voy a permitir que pase un momento sin que te sientas amado.

-No necesito sentirme amado, sólo que tú me ames, los demás no me importan en absoluto- lo cogió fuertemente para sentarlo en sus piernas haciendo que se apoyase contra su pecho –Se burlarán de ti… si te ven así… ¿no te levantarás?

- Por supuesto que no, te amo. – sonrió, sintiéndose muy contento en aquel abrazo a pesar de que sabía lo que estaba haciendo. – No me importa que sepan lo mucho que te amo. Además, los ángeles no suelen hacer esas cosas, y los demonios, ya vienen a hacer bastantes bromas de todas maneras. Sería aburrido si no fueran tan graciosos.

-N son graciosos… lo hacen para molestarte y burlarse de ti…- lo miró a los ojos y suspiró apartando la vista un tanto desesperado por su actitud. Lo envolvió con sus alas de cualquier manera, ocultándolo de la visión de los demás, reservando su luz, su calor… solo para él

- Sólo se están divirtiendo, y a mí no me molesta. – se rió, permitiendo que lo cubriese así. De todos modos, era muy consciente de que la manera en que recibía sus bromas, a veces los enviaba de vuelta frustrados, pero seguía sin tenerles rencor.

-Seguro que los desesperas…- respiró con fuerza como haciendo patente que a él también lo desesperaba a menudo. De hecho, comenzaba a sentirse frustrado con sólo observar su pecho al respirar –Auriel… ¿Qué vas a hacer? No podrás tenerme así por siempre… te deseo.

- Lo sé, pero no faltaré a mi palabra. Confiaré en que permanezcas conmigo hasta el día del Juicio. Y si no lo haces, tendré que amarte de lejos. – le sonrió, decidido, aunque aquello lo lastimaría por supuesto, pero debía mantenerse fuerte.

-¿Y si te traiciono? Si me desahogo con cualquier otro… - le mantuvo la mirada observando sus ojos aguamarina –Podría hacerlo…

- Sé que podrías, pero confío en que no lo harás. – le acarició la mejilla nuevamente, sintiendo la suavidad de sus cabellos contra el revés de su mano. – Pero si lo haces, seguiré amándote.

-No lo haré- le mantuvo la mirada –Te deseo a ti- deshizo el trenzado dorado de las telas blancas que lo cubrían sin dejar de observar sus ojos –Pero puedo verte… no puedes negarme eso…

- Supongo que no – sonrió al pensar que era algo inútil negárselo luego de que hubiera hecho eso, y de todos modos, Yavé no le había pedido aquello. Dejó resbalar las telas por sus hombros sin poner cuidado.

-No tiene nada de malo… los humanos estaban desnudos hasta su pecado…- lo observó respirando un tanto más agitado sintiéndose ardiendo. Alzó la vista a sus ojos y le acarició el pecho bajando la mano hasta sus caderas, le apretó una y bajó la mano de nuevo esta vez acariciando sus muslos sin apartar sus ojos dorados de los del ángel, observando su rostro.

El albino suspiró, excitado sin poder negarlo, pero eso no significaba que fuera a entregarse, le rodeó los hombros con las manos, sin apartar su mirada, extendiendo las alas nuevamente. – Te amo, Samael.

-Yo también te amo, Auriel…- lo besó profundamente aunque de forma suave acariciándole las piernas y violentando más aquel beso sin poder contener la pasión que le despertaba el ángel. Deslizó la mano entre sus piernas y los dedos por sus ingles acariciando la piel tan suave y caliente entre ellas. Rozando sus testículos.

Auriel gimió con suavidad, apartándose un poco, y mirándolo serio a pesar del calor que emanaba de ambos. – Creo que debemos detenernos aquí – le sugirió más bien, por no ofenderlo, pero decidido a no fallar a su promesa.

-No he hecho nada, Auriel- lo miró igual de serio y le apretó el muslo reteniéndolo contra él, aunque un poco alterado –Me dices… ¿Qué ni siquiera puedo acariciarte?

- Sabes a donde nos llevará eso, Samael, y no podemos dejarnos llevar. – le explicó calmadamente a pesar de notar la alteración en el moreno.- Esto sólo significa que yo también te deseo.

-Cúbrete… - lo miró a los ojos esperando para irse y soltándolo, sintiéndose demasiado furioso como para contenerlo un minuto más frente a él.

El albino se puso de pie, cubriéndose tal y como se lo pedía, preguntándose si el amor de Samael realmente sería tan fuerte como para sobrepasar aquello y sintiéndose triste. Se apartó silencioso, casi sin hacer ruido al moverse.

- Auriel… no confías en mí- el moreno lo miró a los ojos y abrió las verjas volviendo a encerrarse tras ellas –Entonces este es el único modo!... en una jaula… - apretó las barras y los chispazos eléctricos recorrieron el metal. Se separó de golpe dándole la espalda para volver a la oscuridad.

- No es verdad... – murmuró el chico abriendo las puertas nuevamente para entrar a su lado quisiera o no. – Samael.... Confío en ti, y también sé que no lo haces por maldad. Pero sé que te será difícil... aún más que a mí.

Samael se quedó parado y lo miró a los ojos bajando el rostro y besándolo profundamente sin apartar la mirada de él, mientras lo abrazaba con fuerza alzándolo en brazos y llevándolo afuera sin dejar de besarlo quisiera o no –Pues confía más… más aún… - lo dejó parado en el suelo frente a él sin dejar de mirarlo –No entres… te he dicho que no lo hagas, no es tu lugar… un día te atacarán y me harás matar…

Auriel le sonrió enternecido. – No se supone que me ataquen y puedo defenderme. Sabes que cuidaré de ti y de tu alma hasta las últimas consecuencias. Y sí, a pesar de tus protestas.

-Déjame ir Auriel… estoy furioso…- cerró la puerta entre ellos sin apartar la mirada de él. –Te amo… - le susurró volteándose de nuevo aunque maldiciendo incluso el que lo hubiera tranquilizado.

- Te dejaré ir, pero mientras estés allí dentro, maldiciendo, recuerda que te amo, y te estaré esperando. – le susurró, insistente y dejó salir aquella llamita de nuevo soplándola a través de los barrotes y enviándola dentro de su cuerpo para que sintiese lo que él sentía.

El moreno se volvió de golpe, observándolo, sintiendo su amor ardiéndole en el pecho –Lo recordaré…- desplegó las doce alas alzándose y volando presto hacia la oscuridad tratando de librarse de aquel trato desesperante que tanto le hacía amarlo y odiarlo a un tiempo

 
 

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