.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 25- There is No Fear, There is Only Love

Auriel aún estaba frente a las puertas como siempre. Era su misión y no la había abandonado excepto en casos aislados y sólo con el permiso de Dios, por supuesto. De todas maneras, no era una misión que le desagradase. Lograba mantener la paz y de paso, tener contacto con varios demonios y la oportunidad de ayudarlos a encontrar el camino, aunque no podía negar que algunos le simpatizaban incluso si no escuchaban sus consejos. Lo único que lo entristecía era que no había vuelto a ver a Samael desde aquel beso. Extrañaba sus pláticas y le preocupaba el moreno.

El moreno salió de entre la oscuridad sin dejar de observar a donde siempre estaba Auriel. Avanzó lentamente hacia él, tras estar recluido tanto tiempo… Lucifer había tenido razón, no había servido de nada más que para echarlo de menos y exacerbar sus deseos hacia él. Sujetó los barrotes observándolo entre el cabello que se derramaba sobre su rostro –Auriel, no he podido olvidarte...

El albino le sonrió, su rostro entero iluminándose al verlo. – Samael! Yo tampoco me he olvidado de ti. Pensaba en eso en este preciso momento. ¿Por qué no has regresado?

-No quiero amarte- lo miró y observó su sonrisa, luego sus ojos y su sonrisa de nuevo sintiéndose mejor sólo con aquello, casi algo cálido.

- Eso es un poco triste.... – susurró, sin dejar de sonreír. – Creo que si dejases de amarme, me dolería.

-No puedo dejar de amarte aunque no tiene por qué dolerte… ¿Por qué siempre sonríes. Auriel?

- La mayor parte del tiempo porque soy feliz, y también porque deseo traerles felicidad a otros. ¿No te agrada? – se acercó un poco más, observando sus ojos dorados. – Y ahora sonrío porque me hace feliz el verte. Te he extrañado, ¿sabes?

-No, supongo que le dirías eso amablemente a cualquier otro- lo miró a los ojos notando su mirada fija en los propios –Te amo… - le repitió de nuevo.

Auriel se le quedó mirando sin comprender su actitud, era extraño de veras, pero igual volvió a sonreírle negando con la cabeza. – No, te extrañé a ti particularmente. ¿Por qué eres tan necio?

-¿Por qué eres tan… desesperante?- frunció el ceño apartándose de los barrotes y caminando un poco deteniéndose frente a él de nuevo -¿Soy especial para ti?

- Sí, lo eres. – le aseguró, suspirando e intentando explicarse, aunque jamás había tenido dificultades para eso antes. – Mira, todo siempre ha sido muy claro para mí, y tú no lo eres. No es que vaya a caer ni que esté confundido en ese respecto, eso sí está claro. Pero me agrada estar contigo más que con ningún otro. Por eso me pondría triste si dejases de venir a verme definitivamente.

-Ojalá pudiera arrastrarte conmigo al pecado…- se pegó contra los barrotes de nuevo y le acarició el rostro con la mano bajándola por su cuello y su pecho hasta sus caderas. Apretó las mandíbulas sujetándolo por las nalgas y atrayéndolo más para besarlo entre el metal. Entreabrió los labios lamiendo los del ángel de forma ansiosa y se apartó de él rodeado de relámpagos de su propia energía que le recorrían el cuerpo.

Auriel se apartó de los barrotes, sintiéndose aún más extraño, como si su energía recorriese todo su cuerpo. – Samael... no pecaré por más que me gustes. Y si realmente me amas, no desearás eso para mí.

El moreno lo miró a los ojos respirando agitado aunque ya estaba calmándose poco a poco –No lo haría! Yo nunca te haría pecar… por más que lo deseo… por más que he imaginado el poder arrastrarte a ello… ¿y después qué? Todo carecería de sentido… no puedo acabar con lo que amo de ti… por eso te odio Auriel… por eso no puedo simplemente amarte….- sujetó los barrotes con fuerza –Estos barrotes siempre están ente nosotros, incluso cuando ambos estamos al mismo lado.

- Y yo desearía poder redimirte, pero no es tan fácil... – se acercó de nuevo colocando sus manos sobre las del moreno. – No tiene por qué ser así.... Estoy seguro de que hay alguna manera.

-¿Una manera de qué? No la hay… jamás me redimiré, no estoy arrepentido de mis pecados y no deseo perdón alguno- lo miró a los ojos observando después de soslayo cómo cubría sus manos con las suyas –Renuncia a Dios… ven a mi lado… ayúdame…

- Sabes que no puedo hacer eso.. – sonrió suavemente observando la unión de sus manos también. - Pero podemos estar juntos así, de esta manera. Por ahora.

-¿De esta manera? ¿Separados por unas verjas? ¿Cuánto tiempo podremos estar así? Ni siquiera puedo abrazarte… sólo será ansiedad… el amor cederá y dará paso a otras sensaciones… Auriel- lo miró a los ojos apretando las mandíbulas –Tú me amas, si no me amaras no estarías permitiendo esto… ven conmigo…. Puedes hacerlo, al igual que otros pudimos…

- No, no puedo, tú mismo lo dijiste. ¿Qué quedaría de mí, Samael? Es quien soy – le sonrió con dulzura acariciando su piel.- Puedo abrir la puerta para ti, te está permitido salir y a mí me está permitido entrar en el infierno, aunque no deba adentrarme mucho.

Samael apoyó la frente en los barrotes bajando la cara y apretando las manos contra el metal sin poder evitar alimentar más su odio, desear alzar el vuelo y descargar su ira en cualquier otro lugar… lejos de él –Si te toco no sé lo que haré... ojalá pudiera matarlo…

- No lo harías, porque eso me lastimaría a mí. Y yo sí sé lo que harías, Samael. He visto dentro de ti – le sonrió, alzando su rostro con la punta de los dedos. – Te conozco.

Los ojos dorados del moreno lo miraron con una nada disimulada furia a pesar de que no era a él contra quien iba dirigida –Ábreme entonces…

El albino lo observó serio, preguntándose qué intentaba lograr, si realmente desconfiaba tanto, y le abrió las puertas, quedándose en el medio de la entrada. No le temería hiciera lo que hiciera.

Samael salió del infierno lentamente y cerró la puerta a su espalda sin dejar de observar sus ojos notando que ahora no sonreía -¿Tienes miedo?- se paró delante de él a la misma distancia que solían estar entre las rejas, pero sin ellas sus cuerpos se rozaban, sentía mucho más su calor y el aroma de su piel. Bajó el rostro oliendo su cuello.

- No, no te temo, Samael. Si no sonrío, es porque deseo demostrarte que esto no es un juego para mí, ni te tomo a la ligera. Confío en que no me harás daño, porque dices la verdad. – le respondió en aquel tono de voz decidido y sin rastro de dudas.

-Yo nunca te haría daño- le pasó las manos por los brazos sintiendo el tacto de su piel y alzó la mirada a sus ojos de nuevo acercándose para besarlo todo lo controladamente que podía. Extendió las alas rodeándolo con ellas y abrazándolo con fuerza sin detener aquel beso como si respirar no fuera necesario tan siquiera.

Auriel le devolvió el beso esta vez, sintiendo aquella electricidad recorrer su cuerpo nuevamente, y cerró los ojos, dejándose abrazar, rindiéndose a sus emociones. No era malo lo que sentía, eso estaba claro por más confundido que estuviese y de todos modos, no podía negárselo a sí mismo.

El demonio lo miró a los ojos sintiendo cómo le devolvía el beso y se acercó aún más a su cuerpo apartándose de sus labios para besar su cuello –Te amo, Auriel- arrastró la lengua por él subiendo las manos por su pecho y acariciándolo y le tomó las manos apoyándolas en el suyo –Tócame…- las subió por su rostro entre los mechones de cabello.

El albino subió las manos por su pecho, sintiendo la forma de su cuerpo, su cuello, y su pecho de nuevo, le temblaban las manos y alzó la mirada buscando sus ojos dorados sin ser capaz de pronunciar palabra ante lo que estaba sintiendo.

Samael lo miró a los ojos sintiendo lo mucho que había deseado sus caricias -¿Te gusta cómo se siente mi cuerpo?- sonrió levemente y lo besó de nuevo bajando las manos por sus piernas y acariciando sus muslos acercando las caderas contra las suyas dejándolo sentir su sexo y sujetando el de Auriel con la mano.

- Samael... – el aliento del chico tembló entre sus labios, ahora sintiendo un calor muy distinto al de Dios, pero tampoco creía que así fuese el infierno. – Samael... – sujetó su mano, deteniéndolo y separándose un poco. – No debemos hacer esto. Aún no comprendo........

El moreno lo miró a los ojos y se soltó de su mano aproximándose de nuevo y abrazándolo –No hay nada que comprender…- susurró contra sus labios –Sólo que te amo, hago esto porque te amo… Tú también me deseas, puedo sentirlo Auriel…- lo besó de nuevo y subió las manos a sus alas acariciando aquellas plumas blancas que parecían brillar entre las suyas.

Auriel cerró los ojos, suspirando y recostándose contra su pecho cuando el beso cesó. – Hay cosas que debo meditar. Te amo, Samael. Al menos eso creo, siento algo muy especial por ti. Pero no me arrojaré a ciegas, no cuando tantos han cometido errores.

-Tú no los cometerás… tú eres puro… siento que peco con cada beso, pero no es así- frunció el ceño acariciándolo y cerrando los ojos apoyando los labios sobre su cabello –Sé que seremos muy infelices, esto es un abismo y ninguno renunciará… pero tampoco renunciaré a amarte…

- No tenemos por qué ser infelices... Me haces sonreír Samael, más que nadie – sonrió efectivamente, contra su pecho, sintiendo su calor, y rodeándolo con sus brazos. – Y yo te haré sonreír a ti.

Samael entreabrió los ojos suspirando, pensando en que sí lo serían, incluso dudando de poder contener aquello por mucho tiempo. Lo estrechó aún más entre sus brazos ahorrándose esas palabras con él.

 
 

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