| Capítulo 24- Stronger
Había pasado largo tiempo y Yavé apareció
tras Lucifer quien observaba los sucesos en la tierra, cómo
Jesucristo su hijo que había nacido de la Virgen María
se abría paso y preparaba para ayudar a redimirse a los hombres.
Aquel era su enviado para llevarlos por el buen camino.
Había realizado ya milagros que habían convencido
a muchos hombres y mujeres de que provenía de Él y
las cosas habían cambiado en la tierra. Sin embargo, los
creyentes no estaban a salvo pues muchos eran los que los odiaban
y perseguían, otros humanos… cuyo corazón había
sido pervertido por los demonios..
-Ha pasado mucho tiempo…- susurró el moreno para hacerse
presente tras el demonio apoyando las manos en sus hombros –De
nuevo siento esperanzas…
- ¿Has visto cómo lo persiguen? A su propio salvador.
– sonrió el chico, despreciando a los humanos más
que nunca, aunque claro, eso servía a sus propósitos.
– No importa lo que les digan, tienen el mal en su corazón.
Incluso aquellos que le siguen, estoy seguro de que lo hacen por
su propia conveniencia.
-Tal vez sí… pero no siempre es mal lo que hay en
todos los corazones Luzbel… no siempre ha de ser así…-
sonrió levemente ante su terquedad –Jesús ha
curado enfermos… incluso resucitado muertos… les ha
enseñado el bien y el mal… pero tienes razón,
no siempre se paga la bondad y el amor con la misma moneda…-
le pasó la mano por el cabello observando las casas que los
humanos habían construido.
- Eso definitivo. Aún recuerdo los días en los que
no permitías a los ángeles mostrar su verdadera naturaleza.
Deseabas que los humanos vinieran a ti por voluntad propia. –
lo miró de soslayo, siguiendo su mirada luego. – Ahora
mira lo que has tenido que hacer. Y aún así, la mayoría
sigue sin creer en ti. Debiste mostrarles cuando acababas de crearlos.
-Y lo hice pero los humanos no son seres eternos, se perdieron
aquellas enseñanzas… y tampoco tienen Fe suficiente…
Jesús se la devolverá… y vendrán a mí…-
se separó de él para colocarse a su lado –Aunque
tenga que sacrificarse en esta empresa…
- ¿Sacrificarías a tu propio hijo? ¿Lo harías
sufrir aún sin haber pecado contra ti? – giró
el rostro para mirarlo nuevamente suspirando. Definitivamente, las
cosas habían cambiado mucho. – Lo has hecho humano,
sufrirá aún más que si tuviese tu naturaleza.
Tal vez él mismo pierda la fe.
-No la perderá… y no lo sacrificaré. Él
se sacrificará por los hombres, porque los ama…, no
puedes comprender su fortaleza y su capacidad de amar…
- Puedo entender que está engañado. Se sacrificará
por ellos, que no le quieren ni les importa. Luego lo olvidarán
como suelen hacer los humanos. O lo recordarán como uno más
de sus mitos a lo sumo. – sonrió pensativo.- Casi me
la estás poniendo fácil.
-No seas cruel…- Yavé negó con la cabeza y
suspiró profundamente -¿Cómo se encuentra Sariel?
Ya debería haber vuelto conmigo…
- No te preocupes, lo estamos cuidando bien. – le sonrió
más ampliamente pensando en el chico y admitiendo. –
Sé muy bien que no pertenece con nosotros realmente, aunque
ayudó mucho a la causa....
-Estoy preocupado por Miguel… y también por él…
y por Auriel… y Samael…- cruzó los brazos y se
giró para observarlo en aquella oscuridad que les brindaba
el cielo nocturno. Realmente parecía resplandecer en aquellos
momentos, la noche parecía pertenecerle.
- Si tanto te preocupa, deberías hablar con Miguel. La última
vez que se vieron, Sariel regresó a mi lado bastante triste....
¿Estás seguro de que tus ángeles están
haciendo un buen trabajo? – lo cuestionó, aunque omitiendo
el hecho de que Camadai lo había reconfortado como siempre.
Claro, seguramente Él lo sabía de todos modos. –
En cuanto a Auriel y Samael... es algo más grave. ¿Por
qué te preocupan? ¿No se supone que tendrán
su momento?
-Porque sé que Samael se siente mal… y también
se que Auriel desearía verlo de nuevo… pero no puedo
hacer nada. Eso es algo que deben resolver ellos mismos, si Auriel
no ha venido a mí sin duda ha sido porque no lo sentía
de ese modo…- lo miró un poco molesto de que cuestionase
a sus ángeles –Miguel está decepcionado, es
normal y aunque ya he hablado con él, es su decisión
y no la mía…
- Lo único que puedo hacer es hablar con Samael, pero sigue
convencido de que debe mantenerse alejado. Aunque tal vez pueda
convencerlo de acompañarme a la Tierra, así tendría
que ver a Auriel. – pensó, sin tener los mismos impedimentos
que Yavé para influenciar a los suyos. Claro, que sólo
deseaba ver a Samael feliz.
-Tal vez no sea el mejor método… pero es tú
método…- suspiró mirándolo a los ojos
-¿Y cómo te encuentras tú?
- Tan bien como puedo estar, eso lo sabes. Me he vuelto más
fuerte – lo miró de frente ahora, reflejándose
en aquellos ojos azules. – Pero sigo deseando lo mismo.
-¿Más fuerte? ¿O más agresivo? Menos
dulce… más frío… pero yo no, yo sigo siendo
el mismo…
- ¿Eso qué quiere decir? – permaneció
mirándolo a los ojos, la sonrisa esfumándose de su
rostro. – Tengo que ser de esta manera para hacer lo que debo.
Las cosas se están moviendo más rápido, y ya
no puedo sentarme en mi trono lamentándome.
-No tienes que ser de ningún modo…- le alzó
el rostro sujetando su quijada con delicadeza mirando sus ojos y
deseando besarlo como siempre que se encontraban tan próximos
–Quiere decir que echo de menos tus caricias y tus muestras
de amor... Siempre con temor… siempre pensando lo peor Luzbel…
- Es quien soy.... ya lo sabes – murmuró en un tono
menos orgulloso, sin poder resistirse a esa mirada como siempre.
No importaba lo que hiciera, Él lograba llegarle a lo más
profundo. – No he dejado de amarte.
-Y yo no puedo evitar amarte cada vez más… a medida
que te comprendo…- admitió, besándole los labios
con suavidad y sonriendo levemente a medida que se desvanecía
–He de volver, me necesitan…
- Siempre te necesitan... –sonrió, pensando que escapaba
luego de haber admitido aquello y estirando un brazo entre la estela
de luz que dejaba, girándose luego, suspirando para observar
la noche nuevamente. El también debería regresar,
quisiera o no, algunos demonios necesitaban supervisión y
algunos humanos necesitaban una voz que susurrase en sus oídos.
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