| Capítulo 19- Walking After You
Samael se acercó a las puertas del infierno observando a
Auriel –Ábreme… - susurró esperando sin
dejar de observarlo fijamente -¿Lo has notado?- preguntó
mirándolo de soslayo al pasar por su lado refiriéndose
a lo que había ocurrido en los últimos días,
cómo se habían multiplicado los demonios así
como las almas condenadas. Sonrió de medio lado entre su
cabello.
- Lo he notado – le respondió serio, sonriendo luego
como siempre. – Han estado trabajando mucho, ¿no es
así? Y te decidiste a bajar a la Tierra...
- Y se ha notado…- susurró pasando al otro lado y
empujando la puerta encerrándose él mismo sin soltar
las verjas aún pegado a ellas observándolo. Lo cierto
era que había anhelado verlo. Extendió las alas hacia
arriba abriéndolas y cerrándolas de nuevo con un ruido
de plumas al frotarse.
- Son hermosas, tus alas negras – observó el albino
sin ninguna preocupación por parecer incorrecto y dirigiendo
su mirada a los ojos del moreno luego. - ¿Por qué
tienes tanta prisa en encerrarte?
-Porque te amo- observó el cristalino color de sus ojos
completamente serio.
- ¿Me amas? – Auriel se le quedó mirando sin
saber si creérselo o si sería algún truco,
pero no le parecía que estuviese mintiendo. Por otro lado,
se sentía extraño ahora él. – Eso es
lo más agradable que me has dicho desde que te conozco –
le sonrió abierta y completamente ahora, acercándose
más a las rejas. – Pero entonces, sigo sin comprender.
¿No desearías estar conmigo si me amases?
-Lo que desee o no, no es importante en esto, tú no puedes
amarme y yo no debería amarte, eso es lo único que
importa- observó su sonrisa sin comprenderla y sin embargo
reconfortado por ella.
- ¿No puedo? ¿Quién dice? A mí me hace
feliz que me ames...... – ladeó la cabeza pensativo.
Lo cierto era que le agradaba hablar con el demonio a pesar de lo
mucho que le discutía, pero era estimulante. Y lo extrañaba
cuando no aparecía.
-El orgullo existe incluso para ti entonces… ¿te agrada
sentirte amado por mí? Aún a pesar de que no me amas-
entrecerró los ojos como examinándolo –No te
amo como TU señor… ¿comprendes eso? Auriel…
- No me subestimes, Samael. Comprendo de qué estás
hablando – respondió serio nuevamente. – Y no
es orgullo. No sé lo que siento exactamente pero la razón
por la que me alegra es clara. Seguirás viniendo a verme
y eso me hace feliz. Siempre me haces sonreír, Samael. –
le aclaró, acto seguido, empezando a dibujar una leve sonrisa.
– Y no tiene nada de malo que te agrade ser amado. No hay
ser en el mundo que pueda decir que esto no lo conmueve.
-Yo puedo decirlo, no me importa en absoluto quien me ame o no…
a no ser que seas tú quien lo haga…- el moreno se acercó
más a los barrotes –Acércate más…-
susurró como tentándolo aunque no con ese propósito,
pero no podía negar su naturaleza y tampoco lo pensaba hacer.
- A no ser que sea yo quien lo haga. Eso demuestra mi punto perfectamente
– el albino se acercó observando sus ojos. - ¿Qué
piensas hacer Samael? – le preguntó, preparado para
cualquier cosa, pero resistiéndose a mostrarle desconfianza.
-Tocarte- el moreno dejó salir los brazos entre los barrotes
sujetándole la cintura y atrayéndolo más cerca
-¿Conoces el deseo?- su rostro permaneció a pocos
centímetros del ángel y entreabrió los labios
dejándolo sentir su respiración –Estos barrotes…
son lo único que me detiene…
- Sé lo que es el deseo y también sé lo que
es la lujuria. – lo miró a los ojos a través
de los barrotes, sin poder evitar sentir algo parecido a una corriente
eléctrica, recorrer su espalda. – También sé
que si realmente me amas, hay algo más deteniéndote.
-Y eso ha sido lo que me ha hecho meterme tras los barrotes- siguió
mirándolo sin ser capaz de soltarlo de todos modos –Pero
estos barrotes no son lo único que nos estará separando
por toda la eternidad… no es lujuria lo que siento…-
subió una mano a su rostro acariciándolo con demasiada
fuerza y se apartó hacia atrás dejando que sus manos
se deslizasen de él para sujetar los barrotes de nuevo.
- No, no lo es.... – meditó, como estudiando su mirada
e introduciendo ahora una de sus manos para acariciar el rostro
del moreno delicadamente, hablándole con suavidad. –
Hay algo hermoso dentro de ti, puedo verlo...
El demonio tomó sus manos con las suyas cerrando los ojos
y dejándose acariciar por ellas girando el rostro para besarle
una. Entreabrió los ojos observándolo –No soporto
tu piedad…
- ¿Qué amas de mí entonces? – le sonrió,
encontrándolo adorable dijera lo que dijera y sin retirar
la mano. – No hago esto por lástima ni ninguna de esas
cosas.
-Todo…- lo siguió mirando a los ojos preguntándose
si comprendería el sentido de sus palabras –Debería
irme… esto no tiene sentido… no tiene sentido amar a
quien ya ama a alguien- se apartó de él y le dio la
espalda sin poder frenar el vuelo, odiando a Dios más que
nunca.
- Samael! – el albino lo llamó, aferrándose
a los barrotes, finalmente decidiéndose a cruzar la puerta
para ir tras él, aunque no se podía alejar mucho de
su puesto. – Samael! – lo llamó de nuevo, deteniéndose
y esperando.
El demonio giró el rostro al escucharlo alzar la voz y volvió
a el rápidamente al ver que había atravesado las puertas
-¿Qué haces?! No debes pasar!- lo rodeó con
los brazos cubriéndolo con sus alas temiendo que pudieran
atacarlo pero su corazón pareció retumbar en todo
su cuerpo y lo estrechó con más fuerza arrebatándole
un beso desesperado. Quisiera o no, no podía evitar amarlo.
Auriel se estremeció, al sentir aquella nueva sensación
en su cuerpo, en su alma. Pero había algo decididamente bueno
en ese beso, no era un acto sucio o innoble. Lo miró a los
ojos, separando sus labios lentamente de los del moreno. –
No te preocupes, deben honrar el pacto... – le susurró
sin hacer ningún esfuerzo por liberarse de aquel abrazo.
-No todos los demonios están interesados en ese pacto…
por eso muchos están encadenados en el infierno… pero
cualquiera de los que dicen estarlo podrían cambiar de opinión…
incluso por rencor… al igual que los ángeles caen…
sin previo aviso… No creas que todos los seres de este mundo
son tan nobles como tú cuando ni siquiera Dios lo es…-
Samael acarició su rostro contra el del ángel aflojando
aquel abrazo y lo miró a los ojos de nuevo a escasos centímetros
de él –Te amo Auriel… más de lo que Él
te amará jamás.
- No es el mismo tipo de amor y no es justo que hables así
de Él. Ha sufrido mucho por ustedes.... – le sonrió,
suponiendo que siendo un demonio, era natural que dijese esas cosas.
– En todo caso, Samael, tampoco creas que no sabré
defenderme. Dios no me hubiese dado este cargo si no lo creyese.
-¿Contra cuantos? Y no me digas que sabrás defenderte
cuando dejaste que te matara ¿te sacrificarías por
ellos también? Sé que sí!...- abrió
las alas apartándose de él, notando que le había
alzado la voz ¿Pero qué había estado imaginando?
Apretó las mandíbulas llevándolo hacia la puerta
por la muñeca –Y yo los mataría… yo no
soy Miguel… tampoco Dios… soy un demonio… y te
puedo asegurar que mataré a quien sea que te haga daño…
si no te mato a ti antes.
- ¿Me matarás para evitar que me hagan daño?
– le sonrió como si acabase de decir una broma. –
Tienes razón, daría mi vida por salvar una sola alma,
pero fue distinto contigo. Me tomaste por sorpresa, y además,
confiaba en que te detendrías.
-No me digas que sacrificarías tu vida por mí porque
te tomé por sorpresa…- el demonio se rió aunque
no estaba feliz en absoluto –Te mataría para evitar
sentirme así… aunque después muriese…
al menos no serías suyo ya.
- Siempre seré suyo, Samael. Así fue creada mi alma,
y es parte de lo que me hace ser como soy. Si dices amarme, debes
comprender eso. – le explicó pacientemente, desplegando
las alas y colocándose frente a él. – Y no fue
así. Lo que quise decir es que no estaba preparado para la
lucha. Ya sé que eso no habla muy bien de mí, pero
estaba seguro de que no me harías daño. Y cuando lo
intentaste, quise aferrarme a eso que sentía emanar de ti,
aún más cuando pude verte por dentro......
Samael siguió observándolo sin moverse del lugar
–Vete Auriel… y déjame ir, esto es imposible…
y no creas que me estás ayudando mediante esperanzas…
la esperanza no lleva a ninguna parte, sólo crea angustia
y decepción…
- Esas palabras sólo pueden ser pronunciadas por alguien
que ha perdido las esperanzas. – le tocó la nariz como
si de un juego se tratase. – Nunca pensé que me echaran
del infierno. Está bien, Samael, regresaré a mi lado
de la puerta, pero no creas que te abandono. – desplegó
sus alas nuevamente echando a volar, y deteniéndose justo
antes de pasar al otro lado. – Te estaré esperando.
- Este es nuestro reino, tampoco aceptamos a cualquiera en él-
el moreno se volteó alzando el vuelo de nuevo torturado por
lo que sentía sin poder contestarle pues de poder evitarlo,
no volvería allí de nuevo. Ni siquiera sabía
qué pensar acerca de nada salvo de su odio a Dios cada vez
más profundo.
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