.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 18- And Now Here Comes The Best of Hell

Camadai les llevó a un lugar recóndito y salvaje lejos de los poblados humanos, en una frondosa selva. Bajó entre los árboles y caminó por las hierbas sin ocultar su naturaleza demoníaca. De todos modos, allí solo habitaban series de las mismas cualidades que ellos.

Samael observó cómo algunas criaturas casi ínfimas en su tamaño se movían entre sus pies corriendo o incluso volando en torno a ellos, criaturas brillantes o translúcidas que se reían o hablaban colándose entre su cabello -¿Qué son?

-Seres… demoníacos… hijos de Lilith… y míos…- explicó el moreno sonriendo y cogiendo a uno de ellos en la mano –Pero hay muchos más… mucho más interesantes…

- Los encuentro adorables... – se rió Lucifer, extendiendo una mano y notando cómo uno se posaba en ella, mirándolo curioso. Miró a Samael, meneando la cabeza al ver su expresión, aunque no imaginaba cómo esos seres, podrían ayudarlos. Alzó la mano de nuevo, permitiendo que el diminuto ser echase a volar reuniéndose con otros de su especie, y rodeó al moreno con un brazo. – Continuemos, Camadai.
-Parecen inútiles… - espetó Samael quien se preguntaba lo mismo que Lucifer.

Camadai sonrió de medio lado –Tal vez sean pequeños pero no los subestimes… todos tienen algún poder…- continuó su camino hasta donde se encontraba la primera mujer creada, convertida en demonio y desterrada. Su cabello verdoso se extendía casi hasta el lago en donde estaba jugando con un extraño ser de apariencia femenina y a la vez de criatura marina –Es una sirena… y ya ha tentado a muchos hombres… que han perdido su vida tratando de alcanzarla…

La mujer salió de entre las aguas observándolos con la mirada un tanto altiva sin que le preocupase mucho al parecer caminar totalmente desnuda.

- Lilith.... – Lucifer le sonrió, extendiendo su mano hacia ella para que se acercase, y preguntándose si le obedecería a él, o sería tan altiva como lo había sido con Adán. - ¿Sabes quien soy?

-Lucifer…- la mujer se acercó y sujetó su mano llevándolo con ella hacia la frondosidad de la selva. Samael los siguió intrigado, además de que no se fiaba para nada de aquella mujer tan extraña –Dios no es el único que puede crear vida… como ves… y no me refiero a la simple vida humana… efímera… mis hijos… son inmortales… pero no son lo suficientemente perfectos… no son lo suficientemente… humanos…

- Humanos... te refieres a su apariencia. - comprendió, ya que no les serviría de nada procrear seres simples como aquellos. – Tengo entendido que Camadai ha estado trabajando contigo. Es muy poderoso además de atractivo. Pero tal vez necesites alguien menos... ¿distintivo? – le sugirió, pensando en los poderes del demonio y aquellas alas cortantes.

-En su apariencia real… no es muy válido para este cometido…- la mujer señaló al moreno que ahora se veía casi translucido y brillante casi como una de aquellas pequeñas criaturas que se habían encontrado en el camino –He probado con otros… pero tampoco ha habido un buen resultado…- sonrió de medio lado ante la mirada de Camadai –Soy tan promiscua…- se rió y luego se puso seria de nuevo –No son lo suficientemente buenos! Necesitamos… una apariencia humana… que pueda seducir hombres y mujeres… y sé que puedo hacerlo…

- No tengo dudas, si Camadai me ha traído aquí y confío en él con mi vida. – se rió, a sabiendas de que el demonio nunca intentaría matarlo. En todo caso, intentaría que él lo matase y aún así, era cierto que confiaba en su lealtad. – Y ¿qué sugieres tú? Camadai es capaz de entrar en el cuerpo de otros seres, ¿lo sabes? Aunque no sé si eso funcionaría. O tal vez, deba hacerlo yo... – la miró, no muy deseoso de aquello, pero haría lo que fuese por ganar.

-No me valen otros seres!… sólo demonios… - los miró a ambos cruzándose de brazos como indicándoles que estaba más claro que el agua que era lo necesario –Estamos perdiendo el tiempo.

-Camadai…- Samael lo miró de soslayo infundido por la idea que le había dado Lucifer y el demonio se metió en su cuerpo dibujando una sonrisa nunca antes vista en Samael.

-Eso!!- la mujer sonrió aplaudiendo.

Lucifer los observó, sonriendo también, y sacudiendo la cabeza. - Definitivamente tendrás lo mejor del infierno en ese paquete. Pero te agradecería que no me alzases la voz – la miró serio, sólo por ver cómo reaccionaba. Lo cierto es que no le importaba mucho.

-¿Por qué no?- lo miró hablando de nuevo en tono altivo y Camadai la sujetó del cuello alzándola contra el tronco del árbol y tomándose al pie de la letra el llevar a cabo aquella misión sin más preámbulo ni dilación sobre todo porque amaba aquella libertad que Lucifer le había brindado y no podía evitar serle fiel. Aún así, la mujer gimió sujetándose a su cuello y entrelazando los dedos entre su melena azabache mientras el demonio la cubría con las alas sonriendo a Lucifer y notando que parecía desagradarle la visión.

El demonio suspiró, sonriendo a pesar de aquello y girándose un poco aunque aún mirando de soslayo cómo se movía el cuerpo de Samael animado por la energía de Camadai. Seguía siendo algo sorprendente.

El moreno la dejó caer sobre la hierba lentamente. Sonreía aunque parecía agotada y se separó del cuerpo de Samael que la miró impasible aunque intrigado por lo que ocurría notando que su vientre se hinchaba terriblemente.

–Lo de ahora… es repulsivo… - aclaró Camadai riéndose un poco al ver cómo Samael observaba su propio cuerpo y caminaba hacia el lago sin mediar palabra –Sí, Samael… aún más… aunque no lo creas…- se rió aún más fuerte.

Lucifer siguió a Samael con la vista, cruzándose de brazos y girándose de nuevo para observar a la mujer, frunciendo u poco el ceño al ver cómo se retorcía, su vientre moviéndose como si tuviese vida propia.

-Repulsivo…- murmuró Samael saliendo de agua de nuevo sacudiendo las alas para deshacerse del agua y cubriéndose de nuevo, mirándola y notando cómo un ser salía de dentro de ella entre sangre y otros líquidos. Frunció el ceño viendo cómo Camadai lo sostenía y lo llevaba al agua.

El ser creció sobre sus manos hasta tomar el mismo tamaño que el mismo demonio, su piel pálida, su cabello negro, sin duda su aspecto era mucho más humano aunque seguía teniendo el aspecto de un ángel caído. Huyó del sol sintiendo que la piel le ardía y se cobijó bajo el árbol donde estaba su madre. Se agachó sobre ella en lo que parecía un beso y se separó con los labios empapados en sangre dejando caer sobre la hierba a Lilith muerta.

- Es asombroso – Lucifer se acercó observándolo, examinándolo a pesar de que parecía querer atacarlo. – Hermoso... ¿Puedes hablar? – le preguntó, mirándolo a los ojos, necesitando asegurarse de su utilidad.

-Sí…- sus ojos, de un dorado casi metálico, lo observaron atento y se pasó el brazo por los labios aún así sin poder evitar que la ferocidad y la desconfianza se marcase en su mirada.

Samael se acercó también y deslizó la mano por su melena negra y lacia observando sus ojos y percibiendo algo especial en él. Sus movimientos y su mirada resultaban atrayentes, incluso su voz –Eres mi hijo y vas a obedecer a Lucifer- decretó sin más.

- Y yo cuidaré de ti, te haré poderoso y procuraré que tu especie se propague por el mundo. – le sonrió el demonio, aunque no estaba seguro de si podría reproducirse de aquella manera, ahora que Lilith estaba muerta.

El moreno lo miró a los ojos como si comprendiera toda su naturaleza y todo lo sucedido antes de él con sólo nacer. Se levantó sin dejar de observarlos –Si salgo a la luz moriré…- explicó cogiendo las ropas que su madre había dejado en la hierba y apropiándoselas –Si bebo su sangre… Si beben la mía serán como yo…

-Pero no los obligues a hacerlo- Samael lo miró a los ojos –o serás castigado…

-No necesito obligarlos…- susurró precavido de aquellas tres presencias.

Lucifer dejó escapar una suave risa, complacido ante su naturaleza, así como su comportamiento. – Es perfecto. – se acercó, sonriendo más sereno. – Por ahora te refugiaremos del sol. Descansarás, y cuando caiga la noche saldrás a seducir, y les prometerás aquello que perdieron cuando pecaron por primera vez, la vida eterna. Es idóneo.


 
 

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