.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 17- Adorable Creatures with Unacceptable Features

Sariel le sonrió al chico apoyado en el marco de la puerta, observando cómo se movía arreglándolo todo y se acercó abrazándolo por detrás, preguntándose cómo se sentiría sobre su cuerpo, y deslizando la mano sobre el sexo del moreno, acariciándolo.

El chico lo detuvo, aunque no enseguida, girándose para mirarlo a los ojos, aparentemente preocupado. Pero el ángel podía verlo, podía sentirlo, cómo lo deseaba. Definitivamente, incluso si lo dejaba ir ahora, no se iría a dormir de inmediato seguramente. - ¿Qué haces? ¿No dijiste que necesitabas un sitio para descansar?

Sariel sonrió asintiendo. – Sí, tu cama.... – le susurró, acercándose tan sólo un paso, e imaginando aquella misma mano que ahora detenía su muñeca, tocando su propio cuerpo, aquel sexo caliente, erguido, derramándose sobre sí mismo, los gemidos.... su voz atrapada en el éxtasis mientras pensaba en el chico de cabellos violeta. - ¿Cuál es el problema? ¿No me encuentras atractivo? – le preguntó, ahora no sólo imaginándolo, si no transmitiéndole aquellas imágenes a su mente, oliendo su cuello, sin llegar a tocarlo, intoxicado en aquel aroma a sudor y calor que sólo los humanos despedían.

- No es eso..... – murmuró el humano, con los ojos entrecerrados con mil ideas pasando por su cerebro a la vez que aquellas visiones hipnotizantes, sin poder negar que había pensado en eso desde el primer momento que se le acercó. Se preguntaba si se lo habría dado a entender de alguna manera.

El pálido ser apartó de él, sonriendo misteriosamente, y dejando caer la túnica a sus pies, quedándose totalmente desnudo. – Me deseas, ¿no es así? Si no lo es, dilo y me iré. No es mi intención obligar a nadie. Después de todo, no sería divertido si no lo quieres también. – comentó, esta vez completamente sincero. Si se le iba a poner como Miguel.... pues no tenía caso. Igual sonrió pensando que le hubiera encantado hacerlo con Miguel. Era una lástima.

- ¿Y cómo se supone que obligues a nadie con ese cuerpo? Tendría que estar loco para rechazarte... – le respondió el moreno, ahora divertido, y de paso riéndose internamente con los reclamos del chico. Se veía tan delicado y frágil..........

El ángel dejó escapar una risita, extendiendo un brazo hacia él, susurrando juguetonamente. – Y tú eres muy agradable... – lo besó profundamente, moviendo su lengua dentro de su boca y dio un ligero salto, amarrándose a su cintura con las piernas, permitiendo que lo llevase hasta la cama.

El moreno lo depositó en la misma, bajando por su cuerpo para lamer su sexo, succionándolo, provocando que el chico gimiese, aún riendo un poco, y llevándose la mano a la frente. No era la primera vez, ya llevaba un par de veces, pero nunca perdía la novedad. Cada uno era distinto, no comprendía cómo los demás ángeles podían vivir sin esto. Gimió de nuevo, irguiéndose un poco, para halarle la túnica al chico por encima de la cabeza, distrayéndolo y haciendo que parase, para desnudarse completamente, subiendo sobre el ángel.

Sariel cerró los ojos, sintiendo el calor de su sexo erguido contra el suyo propio, la necesidad de ser penetrado, aquellos aromas tan peculiares y particulares. Tomó la mano del moreno deslizándola por su blanca piel, estremeciéndose un poco al sentir cómo lamía uno de sus pezones y acariciando su propio sexo con aquella mano cálida y fuerte, abriendo más sus piernas.

........................

Hacía ya un rato que sólo se escuchaban gemidos en la pequeña habitación. Las ropas yacían regadas por el suelo y si no hubiese sido por la naturaleza de Sariel, ambos chicos hubieran estado cubiertos en sudor. El ángel cerró los ojos, gimiendo aún más fuerte, mientras su sexo liberaba el líquido blanquecino que señalaba el final del orgasmo, y gimió aún más al sentir el del moreno inundar su cuerpo.

Se giró de lado, permitiendo que el otro chico lo abrazase por la cintura, su sexo aún semi erguido contra sus nalgas. Sariel se echó a reír, pensando en voz alta, y pensando que era una lástima que no pudiese desplegar sus alas, seguro lo hubiera impresionado aún más. –No sé por qué le llaman pecado. Es.... es el paraíso....

El moreno se rió también, apretándolo contra sí, aún jadeando y aún algo excitado. Nunca había conocido alguien como él. – No lo sé, pero por mí, ya puedo vivir en el infierno, si está lleno de seres como tú....

- ¿De veras? Dime una cosa, ¿te gusta vivir aquí? – se giró de pronto intrigado, confundiéndolo.

- ¿Aquí? Pues.... nunca he viajado, pero creo que sí...

- No, en la Tierra.

- Y ¿donde más iba a vivir? – se rió de nuevo el moreno, pensando que estaría un poco desorientado.

- El cielo, o el infierno.... El cielo es un poco aburrido... Es hermoso, y todos son muy agradables pero nunca sucede nada.... Pero aún así, la vida aquí se ve difícil.

- ¿De qué estás hablado? – el chico se acostó boca arriba., ahora preguntándose si no habría metido un demente en su cama. Aunque demente o no, lo que había dicho antes era cierto. Le parecía demasiado hermoso como para rechazarlo.

Sariel le sonrió, recordando donde estaba, y subiéndose sobre él de nuevo, a horcajadas. – Nada, sólo estaba fantaseando.... Eso es todo – le susurró convenciéndolo y besándolo con suavidad en los labios. – Y ahora.... – sonrió traviesamente, por un momento entreteniendo la idea de mostrarle sus alas, pero seguramente eso causaría demasiado alboroto. No tendría manera de ocultarlo. En vez de eso se inclinó sobre su rostro, murmurando. -..... ahora sí voy a mostrarte el cielo... – y bajó por su cuerpo, buscando su sexo nuevamente, ahora con sus labios.

 
 

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