| Capítulo 15- The Simple Joys
of Being Alive
Sariel, se pasó la mano por el cabello, observando las vastas
tierras y el pueblo, ya más cercano, curioso como siempre
que bajaba allí. Lo cierto es que se sentía extraño
de tener que ocultar su naturaleza y no comprendía pro qué
los humanos no debían verlos así. Se giró al
sentir otra presencia parecida a la suya cerca y sonriendo al ver
al rubio que se acercaba.
-Sariel…- el rubio se sorprendió de encontrárselo,
aunque no tanto teniendo en cuenta que Dios les daba libertad para
pasear entre los humanos. En su opinión sus naturalezas saltaban
de todos modos a la vista. Se pasó las manos por el cabello
y las bajó de nuevo sintiendo que sus alas se hubieran agitado
de estar visibles. Se aproximó a él apresurando el
paso sin poder evitar sonreír -¿Por qué te
fuiste así aquel día?- se enserió de nuevo
observando sus ojos.
- ¿Qué día? Oh, ese........ no lo sé,
no quise quitarte más tiempo – mintió, haciéndose
un poco el olvidadizo, aunque lo recordaba muy bien. – Pero
ahora estás libre, ¿no querrías pasear conmigo
un rato? – se guindó de su brazo sonriendo aún
más, al notar cómo se ponía nervioso. –
O ¿es que te han enviado con alguna misión?
-No… sólo tenía curiosidad por comprender mejor
a los humanos…- se dejó llevar por Sariel hacia el
pueblo –pero es la primera vez… y de todos modos me
siento expuesto… creo que saben que no soy humano… y…
hubiera querido decirte que quería verte de nuevo…
te he buscado, pero nunca te encuentro…
- Siempre estoy por aquí..... los humanos, son muy interesantes.
– le contestó, lo que era cierto, claro, pero además
había estado temiendo que lo enviara a alguna otra charla
sobre el comportamiento apropiado de los ángeles o algo así.
– Y no tienes por qué preocuparte, no se dan cuenta....
Si alguien pregunta, sólo les digo que soy de otra región.
-¿Y qué es lo que haces aquí? ¿Hablar
con ellos?- lo miró notando que nadie tenía la piel
ni el cabello como ellos, tenían vello en la cara y arrugas,
había enfermos y ancianos decrépitos. Suponía
que era justo aquel castigo si Dios así lo había determinado
pero de todos modos era triste –Me gusta más el cielo-
susurró serio como siempre.
- Lo suponía. – se encogió de hombros mirando
a su alrededor. – No todo es así, algunos son bastante
hermosos e incluso inteligentes, aunque no lo sea la mayoría.
-Aún así, en el cielo todo es hermoso… no hay
dolor ni sufrimiento…- bajó un poco la cabeza pensando
entonces en todo lo acontecido –Sí lo hay… pero
no la misma clase de dolor… - bajó la mano tomando
la suya y mirándolo serio.
- Tampoco hay la misma clase de alegría. – le aseguró,
aunque mejor ni decía nada más. De todas maneras,
tampoco deseaba pasar el tiempo con humanos viejos o enfermos. –
Miguel, si Dios nos ha enviado aquí es para que aprendamos
de su creación, ¿o no? Para que les ayudemos a encontrar
el camino de vuelta al Eden.
-Así es… pero no sé cómo podemos ayudarlos
a ello sin que sepan de nuestra naturaleza ¿Qué clase
de alegría es esa? La que no puede sentirse en el cielo…-
lo miró curioso aunque por una parte receloso también
de que no estuviera hablando de algún pecado, ya que Sariel
siempre estaba haciendo aquello.
- Pues.... quiero decir que pueden lograr la felicidad sin estar
en el Cielo, Pueden ser felices aquí, a pesar de todas sus
penurias. Y... eso – le aseguró, aunque seguía
pensando en otra cosa. – Y no lo sé, tampoco lo comprendo,
muchas veces he deseado revelarles quien soy.
-Pero no puedes- el rubio lo miró a los ojos por si acaso
estaba pensando en hacerlo –Seguramente los hombres te alabarían
y te considerarían casi un Dios… eso podría
provocar orgullo y …llevarte al mal camino…- desvió
la mirada seguro de que Sariel siempre se incomodaba cuando hablaba
con él.
- Pero eso es estúpido, ¿no crees? Tú mismo
lo dijiste, ¿cómo ayudarlos si no saben nada? Algunos
incluso han empezado a dudar la existencia de Dios. – lo miró
de lado nuevamente. – No quiero que me consideren Dios de
todas maneras, es mucho trabajo – bromeó, riéndose
y permitiendo que su mirada se pasease por el camino.
-No creo que nada de lo que Dios diga sea estúpido, Sariel…
y si dudan de su existencia entonces no tienen fe en Él…
y si así es… merecerán el castigo que Dios les
imponga… Él les dijo que enviaría a un salvador
y ellos lo traicionaron- lo miró a los ojos cada vez más
preocupado y decidido a hablar de Él con el señor.
Quería ayudarlo, cuanto antes.
- No me refería a eso, me refería a que era estúpido
considerarme un Dios – lo miró contrariado porque ya
estaba con esas cosas de nuevo. – Aún así, encuentro
a los humanos fascinantes. No son como ninguna otra criatura que
se haya creado antes.
- Seguro que no…- lo abrazó contra él porque
se había dado perfecta cuenta de que de nuevo lo había
molestado –Siempre te molestas conmigo…
- No es eso, es que.... siempre me siento reñido contigo.
Dudas de mí a cada momento – se quejó, de manera
exagerada, porque claro que tenía razones para dudar.
- Siempre estás cuestionando la palabra de Dios y dudando
que es pecado y que no… no quiero que acabes en el infierno
Sariel… no quiero que sufras.
- No voy a sufrir... ¿Cómo esperas que aprenda si
no pregunto? – se excusó, aunque sabía muy bien
a qué se refería. – Te agrado de veras, ¿no
es así, Miguel?
-Sí, claro, yo no miento, nunca lo he hecho- lo miró
a los ojos y suspiró. Realmente hacía muchas preguntas
que no debía hacer de todos modos –Bueno… está
bien, olvídate de eso y enséñame esa alegría
de la que hablabas.
El chico se rió, pensando que por supuesto no podía
mostrarle eso, si no quería ni besarlo sin amor.... –
No, no es nada, es sólo la forma en la que viven, pero...
ah! No has probado su comida, ¿verdad? No sólo toman
la fruta del árbol, si no que la preparan de distintas maneras.
Seguro te encanta eso. No es pecado, ¿o sí? –
lo molestó, pegándose más a él e intentando
distraerlo con eso.
-Son animales muertos…- Miguel examinó la comida un
poco confundido preguntándose quién querría
comerse algo así y sujetándole la cintura. Claro que
el Señor los había dispuesto en la tierra para que
los hombres cazasen y se alimentasen, vistiesen… -Creo que
no quiero comerme un animal muerto…- se rió de todos
modos.
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