| Capítulo 14- The Way You Love
Makes Me Fall Apart
Yavé se recostó al margen de la marea en una de las
playas del Edén, en aquella soledad y silencio completos,
aquellas eran la clase de sensaciones que le hacían pensar
aún más en Lucifer y por lo tanto a sentirse aún
más solo. Se giró sobre la arena mirando al cielo
y llamándolo a su lado con su corazón, había
esperado a que acudiese a él pero suponía que era
el momento de que Él cediese al menos una vez a llamarlo
en primer lugar. Conocía su orgullo demasiado bien.
- Yavé.... – susurró el chico, poco después
acercándose por detrás de Él, para sentarse
a su lado. - ¿Por qué has decidido llamarme? No he
incumplido nuestro pacto.
- Deseaba verte…- permaneció recostado en la arena
y desvió la mirada observando los suyos -¿No me echas
de menos? ¿No te sientes solo sin mí?
- Ya sabes la respuesta a esas preguntas.... – le contestó
orgulloso, aunque por supuesto, pensaba más en Él
que en ninguna otra cosa. El moreno bajó sus ojos, ahora
él observando la arena, y hundiendo sus dedos en ella. –
No me digas que me has llamado para intentar convencerme de nuevo.
-Sólo alguien como tú pensaría de forma tan
enrevesada… ¿Por qué piensas eso? ¿Acaso
te sientes tentado a hacerlo por mis palabras?- sonrió incorporándose
sentado en la arena –Sólo quería verte…
te echo de menos y al contrario que tú ,no me importa reconocer
cuanto te amo…
Lucifer sonrió, observándolo de soslayo, como siempre,
a sabiendas de que si lo miraba a los ojos por mucho tiempo, no
podría mantener aquella actitud. – Olvidas que te conozco
mejor que nadie. Sé cómo actúas, las cosas
que dices.... Y también sé que sabes lo que siento
por ti.
-No lo olvido…jamás olvido y mucho menos algo que
venga de ti… puedo recordar incluso el día en que tú
naciste… cuando sólo éramos tú y yo-
aún sonrió acercándolo con un brazo y rodeándolo
para que se recostase sobre su pecho. Le alzó el rostro para
poder ver sus ojos directamente y sintió que se arañaba
el pecho con uno de sus cuernos.
El moreno le sostuvo la mirada aunque un poco menos decidido. –
Y me acusas a mí de no jugar limpio. Ahora, me recuerdas
esas cosas... – susurró, colocando la mano sobre su
pecho, en donde se había arañado.
-No puedes negarme que tú también recuerdas lo feliz
que eras entonces…- lo miró serio y un poco dolido,
melancólico -¿Por qué han pasado tantos días
sin que me hayas llamado? ¿Te alejas de mí?
- ¿Acaso me quieres a tu lado? ¿A sabiendas de lo
que hago? – subió su mano, acariciando ahora su mejilla.
– He estado ocupado y he.... tenido miedo de llamarte –
confesó, aunque no deseaba hacerlo, pero le era imposible
mentir fácilmente en su presencia.
-Tú nunca me has temido… ¿Por qué ahora?
Recuerda lo que te dije aquel día en que pactamos este trato…
“no dejes que pasen los días sin venir a verme”
pero no me has hablado ni una sola vez… no voy a permitir
que te alejes de ese modo… sabes que te quiero a mi lado …
los induces al pecado pero la decisión en suya… no
los obligas… no tienes de qué avergonzarte… aunque
ese no sea ni haya sido nunca tu cometido… te ayudará
a comprender… Sólo respeta nuestro pacto como yo lo
hago.
- Ya lo sé, sé lo que pactamos y también sé
la razón por la que hago todo esto... – sonrió
pensativo, atreviéndose a confesar. – No es ese tipo
de temor, temía... no ver esa mirada en tus ojos ya.
-Mi amor es eterno… lo sabes… te lo repetiré
mil veces…- lo miró a los ojos y se recostó
en la arena a su lado sin dejar de hacerlo observando cómo
había cambiado el color de sus ojos e incluso sus facciones
se habían endurecido. Permaneció serio -¿Crees
que podría obligarte a abandonar esta idea?
- Creo que podrías intentarlo, pero no sucederá,
no a menos que me mates. – le contestó ahora serio,
seguro de que podría utilizar sus poderes con él,
pero eso también sería como matarlo. – Sigo
sintiendo lo mismo por ti, y sigo sintiendo lo mismo respecto a
la situación.... Ahora más que nunca.
-¿Por qué más que nunca? ¿Qué
sientes por mí, Luzbel?- lo miró a los ojos aún
apoyando el rostro en su mano y acariciándole con la otra
una mejilla –Sabes que yo jamás te mataría.
- Si utilizas tus poderes para controlarme, sería lo mismo
que matarme. Y siempre me haces decir las cosas a pesar de saberlo
ya.... – bajó su mano hasta su cuello con suavidad.
– Nadie te amará jamás como te amo yo. Por más
que me enfade y me rebele contra ti, por más que me diga
que te odio, te sigo amando.... Y a pesar de eso, creo más
que nunca en lo que hago, porque tengo la oportunidad de demostrártelo,
y porque tengo el apoyo de los demás. No me rendiré
y no les dejaré solos.
-Estás arrastrando a tantos a tu rebelión…
están sufriendo y sufrirán tantos por ella…
y yo te lo consiento… estoy seguro de que la culpa es más
mía que tuya por consentirte… o tal vez realmente esto
sirva para que ambos nos demos cuenta de ciertas cosas… y
sea para bien… todo lo que ocurre en este mundo es por un
motivo…- acercó su rostro al del demonio besándole
la frente –No creas que yo no estoy pagando también
por mis pecados y errores…
- Como en todo lo demás, los que me han seguido no han sido
obligados, lo hacen porque así lo desean, porque algo no
les satisface con tu manera de hacer las cosas.... – se abrazó
contra Él, un poco culpable sólo por lo que acababa
de decir y él seguía insistiendo. – Esto es
por una razón, es cierto... Y no todos están sufriendo.
-Yo lo hago… cada día… no sólo por mí…
aunque mi soledad es enorme sin ti…- lo rodeó contra
Él observando sus alas negras y añorando aquellas
plumas blancas y brillantes, aquel cabello dorado y de nuevo su
risa.
Lucifer cerró los ojos, reacio a dejarse lleva por sus sentimientos,
aunque también lo extrañaba terriblemente. –
Volveremos a estar juntos de una forma u otra, pero no sin que el
pacto haya terminado, porque no creo que vayas a ceder. Y yo tampoco
lo haré, pero eso no significa que no desee estar a tu lado.
Yavé sonrió ante su necedad aunque desde un primer
momento había tenido claro que no se rendiría tan
fácilmente. Le dejó sentir su calor envolviéndolo
en Él y se apartó levantándose para observar
el mar a lo lejos hasta donde la vista alcanzaba –Cuídate
de lo que hagas Luzbel…
- Tenemos un pacto, no lo traicionaré. – lo observó,
sin poder evitar que se le estremeciera el corazón al escuchar
de nuevo cómo lo solía llamar.
-Pero sobre todo no me traiciones más… te echo de
menos Luzbel… aún cuando estás a mi lado- sintió
que las telas blancas enroscadas en sus caderas se agitaban con
el viento en aquel Edén donde no existían las estaciones
ni el tiempo aciago.
- Yo también, Yavé.... – murmuró el
moreno paseando la mirada por su cuerpo, y recordando aquellos tiempos
en los que compartía su lecho con él, y se acercó,
tomándose el atrevimiento de abrazarlo. – No tengo
la necesidad de hacer algo así. Incluso si fallo, aceptaré
mi derrota, pero sé que no fallaré.
Yavé bajó su rostro besando su frente y apoyando
la mano en su cabello negro atrayéndolo después contra
su pecho mientras cerraba los ojos impotente ante sus propios deseos
de postergar el momento de la despedida –Hay poco que decir
cuando las sendas que tomamos difieren tanto… cuando uno hace
cosas a espaldas del otro.
- Y sin embargo, tú sabes todo lo que hago, lo que hacen
mis hermanos.... – suspiró el demonio, extendiendo
sus negras alas. – No pasará tanto tiempo la próxima
vez.
-¿Crees que eso es una ventaja? Sólo es más
dolor… - aflojó el abrazo dejándolo ir –No
volveré a pedirte que te reúnas conmigo… no
merece la pena si no deseas el encuentro…
- Entonces te llamaré yo... – bajó la mirada
algo dolido de que pudiese creer que no quería verlo. –
Ahora regresaré al infierno.....
El moreno lo miró a los ojos extendiendo los brazos y observándolo
tan brillante y maravilloso como había sido cuando era fiel
a Él. Desapareció ante sus ojos demasiado dolido por
la visión que Él mismo había provocado.
Lucifer suspiró, una vez más apreciando aquel lugar
y deseando no haberlo visto tan triste antes de regresar a su reino.
Echó a volar para salir de aquel lugar rápidamente
en medio de aquel vuelo frenético por alejarse del dolor.
|