| Capítulo 13- To Be Close To
You, To Be A part of You, As I Believe in You, I Would Die For You
Los días habían transcurrido y los hombres habían
seguido su descendencia con la promesa de que Dios les enviaría
un salvador que los ayudaría a redimir su pecado si lo merecían
así. Les dio entonces a los demonios la libertad de pasar
del infierno a la tierra y tentar al hombre.
Y como cada día Samael se había limitado a permanecer
de pie frente a la puerta observando a Auriel e incluso a los demonios
que atravesaban aquellas puertas aconsejándolos y esperando
a ver cómo volvían de nuevo sin que él tuviese
intención alguna de abandonar aquel lugar. Tal era el interés
que el ángel había creado en él.
El albino lo observó, sonriendo desde su puesto, y preguntándose
por qué no iría con los demás. Nunca lo hacía,
a pesar de que se suponía que esa era su misión, pero
tampoco lo había vuelto a atacar. Se preguntaba si no estaría
teniendo un cambio de corazón, y alzó una mano, saludándolo
amistosamente.
:Samael lo miró a los ojos sin inmutarse y decidió
acercarse a las verjas una vez todos hubieron desaparecido de la
vista –Acércate…- murmuró sujetando las
verjas con los dedos.
Auriel se acercó, sin dejar de sonreír muy al contrario
de la expresión en el demonio. - ¿Deseas algo, Samael?
¿No quieres ir a reunirte con los demás?
-¿Por qué no me odias?- lo miró a los ojos.
Como ángel no debía odiarlo… claro que…
quería escuchar sus motivos.
- ¿Por qué debería odiarte? Así como
Dios no odia, los ángeles no odiamos. Nunca he sentido algo
ni parecido en mi corazón, y no deseo hacerlo. – lo
miró a los ojos aún sonriendo aunque ahora su mirada
tenía toda la seriedad del mundo. – Ustedes, los demonios,
son nuestros hermanos caídos. Tengo la esperanza de que regresen
a nuestro lado. Además Samael, tú particularmente,
me agradas.
-Te debe agradar que traten de matarte… no regresaría
jamás… puedes darme por perdido…- sonrió
levemente aunque de muy diferente modo que Auriel e inmediatamente
su rostro se fue poniendo serio -¿Es que no lo ves?- se acercó
más a las verjas susurrando -¿No ves lo que Dios ha
hecho? Ha creado esa raza inferior… y ahora vosotros servís
a esas criaturas viles… los humanos son inútiles…
- No vas a convencerme a mí de caer, tampoco- se rió
el chico como si estuviesen bromeando entre buenos amigos. –
El hecho es.... que como demonio, es normal que digas esas cosas,
pero no perderé la esperanza, como ese día, quu yo
no recuerdo como “el día en que trataste de matarme”,
si no, como “el día en el que tu corazón no
te permitió hacerlo”. En cuanto a los humanos, creo
que te sorprenderías si llegases a conocerlos mejor.
Samael frunció el ceño al escuchar sus palabras y
su forma de hablar. Por una parte le exasperaban pero por otra…
¿acaso no era aquello lo que él mismo había
pensado que un ángel debía ser? –Y tú
estás vigilando las puertas del infierno… con tu manera
de ver las cosas… si yo no merezco el infierno… entonces
la humanidad entera está salvada… si no salgo de aquí
es porque se que acabaré con ellos masivamente… hasta
que no quede ni uno solo…
- Entonces, será mejor que no salgas, pero Dios te ha dado
permiso. Si no estás encadenado en el fondo del infierno
como aquellos que muestran esos peligros... debe ser porque confía
en que no lo harás. ¿O acaso también traicionarías
el pacto con Lucifer? No lo creo... – le sonrió, nuevamente
estirando sus alas. – Yo cuido la puerta del infierno, precisamente
por mi manera de ver las cosas.
-Por tu manera de ver las cosas… los ángeles deberían
de ser como tú, pero no lo son…- susurró meditando
–y no… no lo haré… porque no voy a traicionar
a Lucifer… y de todos modos es mucho mejor esperar a que llegue
la hora en que Dios tenga que avergonzarse y reconocer su error
que darle una excusa para detener este pacto…
- Pues entonces, no veo ningún peligro en que conozcas a
los humanos, a lo mejor cambia tu manera de ver las cosas –
le sonrió nuevamente acercándose más a los
barrotes, y prefiriendo no discutir lo de si Dios estaba equivocado
o no, porque sería inútil, aunque por supuesto, consideraba
que no lo estaba. – Los demás ángeles tienen
los mismos sentimientos que yo hacia ustedes, pero.... algunos siguen
nerviosos por lo que sucedió. No significa que les odien
o los desprecien.
-No… los demás ángeles no son tan puros como
tú, ellos sí tienen dudas… sí odian…
aunque después se arrepientan- lo miró a los ojos
preguntándose si no le tenía miedo –No me interesa
conocerlos, son patéticos… no necesito saber nada más
y no necesito ir a un lugar inmundo plagado de ellos… deseando
matarlos, sabiendo que sería tan fácil… y sin
embargo sin poder hacerlo… prefiero quedarme aquí…
- Aquí, conmigo, un ángel... – le sonrió,
sentándose. – Ustedes los demonios están convencidos
de que la humanidad es mala, de que les será fácil
hacerlos caer. Y sin embargo, tú prefieres quedarte aquí,
junto a un ángel al que consideras puro. Me pregunto por
qué...
-Me agrada tu pureza, mataría a cualquier otro ángel…
sin dudarlo…y sin embargo no soporto que sirvas a Dios…
y por ello te odio…por ser tan patético de servirle…-
se agachó para estar a su altura ahora que estaba sentado
sin dejar de observarlo –Los humanos han nacido del pecado…
reniega de ellos…
- Los humanos nacieron del bien, fueron ustedes quienes les mostraron
el pecado – contestó, apoyándose en sus manos.
– Y no me odias, no podrías esta aquí si así
fuera. Y me habrías matado en aquella ocasión.
-Tal vez Adán y Eva nacieron del bien… pero no el
resto de los humanos…- lo siguió mirando serio y se
sentó en el suelo apoyándose contra las verjas –Te
odio Auriel… - le repitió de nuevo apoyando una mano
contra los barrotes cerca de él.
El albino bajó la cabeza, sacudiéndola, y sonriendo
ahora para sí. – Eres muy necio, Samael. Y lo mismo
podría decir de ustedes los demonios, nacieron del bien,
pero cayeron ante el pecado. – volvió a alzar la cabeza,
sonriéndole ahora completamente. – Te quiero, Samael.
-Dios no es el bien… Dios es todo, el bien y el mal…
simplemente nacimos… pecado… - sonrió amargamente
–el pecado es un medio de dominación… sólo
eso…- se sujetó con la mano a las verjas acercándose
más a él percibiendo su calor e incluso su olor, tan
puro… -Habrías muerto por mí.
- Por supuesto que lo hubiera hecho, pero confiaba en que no harías
algo así, deseaba salvarte aunque fuese tan sólo una
parte de tu alma. – le respondió más serio,
casi anhelante. – Dios es.... lo es todo, tienes razón.
No intenta dominarnos, intenta que comprendamos el por qué
de ciertas cosas, y que seamos capaces de diferenciar y de elegir
por nosotros mismos. Si quisiera sólo dominarnos, no hubiese
accedido a este pacto, podría haber acabado la rebelión
con una sola palabra. Más no lo hizo, les permite continuar....
para que ustedes mismos se den cuenta. Y si eso piensas realmente,
no podrás aplicar tu lógica a los humanos, no podrás
decir que nacieron del pecado como si fuese algo malo, si tan sólo
es un método de dominación, entonces....
Samael sonrió cubierto por su cabello negro -¿Alguna
vez has pecado, Auriel?
- No, nunca he sentido la necesidad. – le respondió
sinceramente, preguntándose si pensaba tentarlo, y sin siquiera
ponerse a la defensiva. Después de todo, no sucumbiría.
-Entonces… ¿Cómo puedes hablar de lo que desconoces?
Ni siquiera sabes lo que se siente al pecar… al obrar por
tus propios deseos en lugar de los deseos de Dios…
- Estos son mis deseos, deseo servirle, creo en lo que hace...
– le sonrió nuevamente. Para él era algo tan
claro, que no comprendía ni cómo se lo preguntaba.
-¿Morirías por salvar la vida de un humano? Te sacrificarías
por cualquiera… ¿tan poco vale tu vida para Èl?
Te aseguro que a Lucifer sí le importa mi vida…
- Por mi propia voluntad, daría mi vida, si con eso puedo
salvar a alguien.... Y Èl respetaría mis deseos, así
como lo hizo en aquel día. Envió a Miguel a socorrerme,
y sin embargo, él no te atacó, porque yo se lo pedí....
– le sonrió, recordándoselo, y poniéndose
de pie para abrir la puerta e ir a sentarse a su lado. – Y
de esta manera, por mi propia decisión, confío en
que no harás nada malo y confío en que Él me
protegerá.
El demonio lo miró de soslayo –Estar aquí es
peligroso para ti… podrían atacarte, salir… sublevarse
y acabar con cientos de vidas… - se giró para verlo
a los ojos –aunque lo más probable es que yo los matase
a todos para protegerte… así que vete…
Auriel se inclinó para besarle la mejilla, susurrando. -
Eres muy dulce Samael. – y se puso de pie nuevamente. –
Sigo confiando en Dios y sigo convencido de que no me sucedería
nada. Sólo hago esto para no meterte en problemas con tus
hermanos... Y no deberías querer matarlos. Si de veras van
a mantener esta lucha, por lo menos deberían mantenerse juntos.
-El único demonio que me interesa es Lucifer…- se
levantó tras él, empujándole el pecho para
echarlo del infierno –No hay lugar para ti aquí…
ni siquiera si es para estar a mi lado…- se giró de
espaldas extendiendo las alas y alejándose de la entrada
por primera vez en días.
- Pero siempre habrá un lugar para ti aquí... –
murmuró Auriel, haciéndole llegar su pensamiento tan
lejos como podía, esperando que lo escuchase.
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