.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 12- For Lust or Love

Miguel se sentó a las puertas del infierno. Allí nadie se acercaba, de hecho, se preguntaba cómo es que Samael lo había hecho sólo para hacer algo así… Él no le hubiera dejado salir, o al menos así lo creía, y de todos modos nunca se había enfrentado a la tentación de forma tan directa aunque esperaba poder ser digno de Dios con sus actos.

Se levantó apartando aquellas meditaciones al observar que un ángel llegaba, preguntándose cuales eran sus motivos para estar allí y si sería algún mensaje.

- Oh........ ¿Miguel? – Sariel sonrió, incluso riéndose un poco, internamente preguntándose por qué estaría allí, pero prefiriendo esperar a ver si decía algo que lo pudiese ayudar a excusarse.

-¿Buscabas a Auriel?- lo miró serio al notar quien era pero sólo porque lo ponía nervioso y eso lo hacía sentirse confundido.

- Claro! – exclamó alegre, poniendo su mejor cara de inocencia. – Es que.... me agradó mucho hablar con él y pensé que podría aconsejarme un poco más. ¿Dónde está?

-Samael le atacó y ahora está junto a Dios… le ha pedido que descanse, por eso ahora ocupo su lugar por un rato…- le sonrió levemente en parte feliz de que Auriel le hubiera ayudado.

- ¿Lo atacó? – Sariel miró hacia las rejas preguntándose cómo habría conseguido que le abriese y por qué no lo habría matado. No era que desease su muerte, claro, pero conociendo a Samael, era extraño. Suspiró con deseos de ir a preguntarle él mismo pero no sería posible con esa vigilancia. – Entonces me quedo a hablar contigo – sonrió, sentándose sin aceptar negativas.
-Bueno…- lo miró de soslayo y finalmente se sentó de nuevo –Lo engañó diciendo que deseaba hablar con Dios y redimirse… por eso Auriel le dejó salir…entonces le atacó, Auriel no me dejó atacarle… prefirió morir antes que matarlo…- susurró apretándose una mano con la otra y pensando de nuevo si sería capaz de tal sacrificio. –pero finalmente Samael volvió por su propio pie al infierno…

- Así que Samael no fue capaz de matar a Auriel.... – meditó sonriendo el chico y mirando luego a Miguel esperando no delatarse mucho. – Auriel es muy valiente sin duda, y muy seguro... Yo no confiaría en un demonio. No... me entregaría de esa manera.

-Confió en Dios… no en un demonio… eso creo yo… lo que no sé es por qué Samael le pidió salir sólo para matarlo y después no lo hizo… supongo que en realidad hay bien en él… espero que se arrepienta…- miró al ángel a los ojos y movió las alas un poco –Auriel me dijo que es pecado besar si no amas a esa persona.

- ¿De veras? Pero si no le haces daño a nadie, no lo comprendo... – murmuró, realmente pensativo. – Auriel fue quien venció a Samael aquella vez, ¿no lo recuerdas? Hum... cierto, tú estabas ocupado también – se rió nuevamente aunque no le agradaba pensar en eso. Por más que compartiese algunas de sus ideas, el derramamiento de sangre no era lo suyo.

-Sí… lo estaba… ¿es que tú no?- lo miró a los ojos como extrañado por su forma de hablar, como siempre, y aún comprendiendo menos por qué entonces, no había llevado a cabo su venganza –y no lo sé… me dijo que esa clase de besos deben reservarse para la persona de quien estás enamorado, así que no deberías ir besando a cualquiera sólo porque te parezca atractivo. Es un pecado.

- Pero también son una muestra de cariño, ¿o no? Y ¿cómo sabes si estás enamorado? – suspiró, mirándolo de soslayo, pensando que era una lástima que no fuese menos estricto. De veras era una lástima. – Sí, claro que estaba ocupado, aunque no tanto como tú.... no debió ser fácil, luchar contra Lucifer.

-No- sentenció alzando la mirada y pensando que además no lo había sido, porque no había podido dejar de pensar que estaba dañando a aquel ser que Dios tanto amaba –No lo sé… nunca he estado enamorado y tal vez lo sean, Dios me ha besado… pero de otras formas… Auriel dice que a lo mejor me gustas o que a lo mejor me pareces raro.

- Y ¿tú qué crees? ¿Cuál de las dos será? – se inclinó hacia él, sonriendo al ver una oportunidad.

-Yo no lo sé… por eso le pregunté- lo miró a los ojos de nuevo incomodado por su forma de aproximarse aunque sin moverse del lugar porque en cierto modo le parecía mal hacer eso –Aunque sí me pareces extraño…- sacudió las alas nervioso.

- No soy extraño, sólo soy distinto. Dios nos hizo así, cada uno es diferente del otro... – se aproximó un poco más, notando cómo movía sus alas. – Pero igual no te pregunté si lo sabes, te pregunté qué crees.... Pero puede ser que no te agrade. Si no te agrado, me iré – bajó el rostro esperando su respuesta.

-No… sí que me agradas…- lo miró serio y preocupado por haberle hecho daño con su forma de comportarse y lo abrazó contra él acariciándole un brazo –Igual… creo que no lo sé… y de todos modos me pones nervioso.

- No tienes que ponerte nervioso, no soy un demonio – le sonrió, acariciándose contra él y extendiendo sus propias alas para rozar las suyas.

-No… lo siento…- Miguel suspiró avergonzado pero nervioso igualmente y plegó las alas de golpe al sentir que se rozaban, aunque no había un buen motivo y las dejó abrirse de nuevo para rozar las de Sariel. Sentía un calor extraño y miró cómo se acariciaba contra su cuerpo desviando la vista de inmediato. Quería decirle que aquello también le parecía un pecado pero sin embargo no lo veía pecaminoso si lo imaginaba con otro ángel

-¿Puedo jugar también?- Camadai se apoyó entre los barrotes con sus alas azules escondidas para que no lo reconocieran como el del suceso de la mañana y sonrió apoyando el rostro contra los barrotes deslizando la lengua por uno de ellos.

- Ca.... Casi me mata del susto! – se rió Sariel, cubriéndose la boca y ocultando que casi lo llamaba por su nombre con toda la familiaridad del mundo. – ¿Quieres arrepentirte? – bromeó claramente para el demonio, aunque aparentando decirlo en serio, claro.

Miguel se volteó avergonzado porque lo vieran de ese modo con Sariel y mucho más un demonio -¿Qué haces aquí?- preguntó tratando de verse serio y no alterado.

-Sí… estoy tan arrepentido…- Camadai se arrodilló en el suelo deslizando las manos por los barrotes aún sujetándose a ellos –Voy a rezar…- se rió entre dientes –rezaré por la pureza de Miguel…

Sariel tuvo dificultades para no reírse, y continuó cubriéndose la boca, contestando luego. – Pero es cierto, Miguel es muy puro. Mejor será que él rece por ti.

-¿Rezarás por mi? Miguel…- Camadai se rió.

-Yo siempre rezo por todos los ángeles caídos- el rubio se levantó porque no soportaba estar dándole la espalda a aquel demonio, por no hablar de que su forma de reír le daba escalofríos.

El moreno sacó las manos entre los barrotes y sujetó a Sariel pegándolo a ellos, deslizándolas por su cuerpo y alzando las telas que lo cubrían -¿Alguna vez habías visto algo así Miguel?- susurró acariciando su sexo, el rubio los miró prendido y demasiado alucinado para reaccionar de buenas a primeras. Por supuesto que nunca había visto algo así.

El chico de cabellos violeta, entreabrió los labios dejando escapar un gemido, excitado sin poder evitarlo, que no era de piedra para fingir tanto. Y bajó el rostro, en vez de resistirse, haciéndose el confundido, murmurando jadeante. – Miguel..... ¿no me ayudarás?

Miguel sujetó a Sariel abrazándolo contra sí, como si necesitase su protección realmente, y apartándolo de Camadai bruscamente sin asimilar muy bien lo que había ocurrido o por quçe no había reaccionado antes -No te acerques a él- sentenció serio apoyando una mano en el cabello de Sariel manteniéndolo contra su cuerpo.

Camadai sonrió mostrándole la humedad en sus dedos y lamiéndoselos mientras se levantaba rozándose contra los barrotes haciéndole notar su sexo marcado bajo las ropas entre ellos. El rubio apartó la mirada dándole la espalda sin soltar al chico de cabello violeta.

-¿Grotesco, Miguel?- Camadai se rió sin dejar de observarlos y ahora a Sariel sonriéndole y caminando hacia atrás mientras se alejaba de la entrada.

Sariel sonrió bajo el abrazo de Miguel, volviendo a ponerse serio luego para que no lo fuese a reír el rubio. – No me sueltes, Miguel, me asusté un poco.... – susurró, abrazándose más, a pesar de saber que su sexo seguía erguido.

-Lo siento… no sé qué me ha pasado…- susurró frunciendo el ceño enfadado consigo mismo más que con ninguna otra persona. Miró atrás de soslayo notando que se había ido y percatándose entonces de dónde provenía el calor y la firmeza que sentía contra su muslo, deseando soltarlo al notar su propio sexo pulsando, pero sin poder hacerlo por sus palabras y mucho menos tras haber tardado en reaccionar –Lo siento…- susurró de nuevo ahora por su sexo mirando a un lado y luego a Sariel -¿Por qué… no nos sentamos?- sugirió con la idea de apartarse.

- ¿No.... no es porque ya no te agrado, cierto? Porque viste eso...? – alzó sus ojos, para observarlo, con el rostro sonrojado, aún bastante excitado.

El rubio lo miró a los ojos y bajó la mirada a sus labios besándolo con suavidad de forma superficial y sintiendo como una corriente en sus labios, recorriendo su cuerpo hasta su sexo. Lo rodeó con más fuerza deseando besarlo profundamente y separó los labios nervioso, sin atreverse ¿acaso aquello no era lujuria? No podía evitar sentirse bien a pesar de estar sintiéndose preocupado y culpable a un tiempo –Me sigues agradando…- susurró excitado también –pero esto… esto no está bien... – se separó un poco sentándose sin dejar de mirarlo.

- Pero me besaste, ¿crees que me ames? – preguntó aparentemente con inocencia y sentándose también, una vez más lamentando que Miguel fuese tan... angelical. No veía nada de malo en eso, la verdad.

-No lo sé… tú dejaste que te besara… ¿me amas tú a mí?- lo miró a los ojos un tanto confundido –Yo no quiero que nada malo te suceda… y me agrada tu compañía… y también besarte… pero creo que amar es diferente… y no creo que besarte tras haber visto eso haya sido un buen motivo…

- Hum..... pero yo no hice nada. Fue... él. – comentó, por poco llamándolo por su nombre de nuevo. - ¿Estás molesto conmigo? ¿Crees que lo que sucedió fue un pecado?

-Desde luego que sí lo fue- lo miró a los ojos sorprendido de que no tuviese claro aquello –Aunque no tuyo, claro… - desvió la mirada pensando que siempre huía de contestarle a lo que quería y le daba vergüenza preguntar de nuevo. Se cubrió un poco con las alas los hombros apoyándose en las rodillas pensativo –Deberías volver al cielo y mejor cuando quieras hablar con Auriel espera a que él suba.

- Pero si su misión será custodiar estas puertas, no subirá.... – le respondió, como acongojado, aunque sí lo estaba un poco,. O más bien, contrariado de no poder salir libremente como antes. – Pero aún no tengo claras algunas cosas, ¿es un pecado porque lo hizo un demonio, o porque simplemente lo es? Y si lo es... ¿Por qué? ¿Por qué son pecados las cosas que no le hacen daño verdadero a nadie? – le preguntó, esta vez con auténtica curiosidad.

-Es pecado porque son cosas que se hacen por amor… Si nos dejásemos llevar por los bajos instintos no seríamos más que animales Sariel… y si, supongo que también lo es porque ha sido con un demonio… si él te amase… se redimiría para estar a tu lado… y de todos modos, si te amase no se comportaría de ese modo…- murmuró contrariado totalmente además de mareado con tanta explicación.

- Pero él podría decir lo mismo, ¿no crees? Si yo lo amase, me dejaría caer....... – continuó, sin estar satisfecho con aquellas respuestas y de paso, sólo por confundir más.

-Sariel… estábamos hablando de pecado… ¿Cómo crees que si te amase podría pedirte que sufrieras la condena con él? Si te ama… querrá sin duda el bien para ti y no el dolor o el encierro… es egoísta y el amor jamás puede ser de ese modo- lo miró a los ojos pensando que realmente Sariel necesitaba ayuda y le sujetó una mano con la suya.

- Pero tal vez un demonio no lo vería así. Creen que tienen razón en lo que hacen..... si no, no hubiesen luchado – lo miró a los ojos, sonriendo por ese gesto, enternecido a pesar de todo. – Y ¿qué pensarías si yo cayera? ¿Me odiarías entonces? ¿Odias a los demonios? No.... claro que no, pero.... ¿los deprecias? –se corrigió, seguro de que el odio no cabría en el corazón de un ángel, y menos de alguien como Miguel.

-No los desprecio, pero están equivocados y no dejan de pecar…- suspiró mirando sus ojos –No importa si ellos creen que actúan bien, están actuando en contra de lo que Dios nos ha enseñado y no es como que sean desconocedores de que lo que hacen es pecar…- le apretó un poco la mano preocupado –Tú no caerás Sariel, sólo tienes dudas… eres demasiado inocente… los demonios merecen nuestra ayuda y la redención, pero no debes dejar que te engañen… tal vez deberías hablar con Dios… Él resolvería tus dudas mucho mejor que yo.

- No, estoy bien, sólo quería saber qué pensabas tú. – le sonrió, poniéndose de pie, sintiéndose un poco alertado. La verdad es que aún le hubiese gustado quedarse más, pero no podía exponerse así. – Dale mis saludos a Auriel cuando lo veas, y dile que tenga más cuidado la próxima vez – desplegó sus alas, volando a gran velocidad, por lo menos entreteniéndose en cortar el viento de aquella manera.

-Sariel!- Miguel se levantó lamentando que se hubiera ido de ese modo y encima tan rápido, ni siquiera le había dado tiempo a pedirle que se reuniese con él de nuevo

 
 

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