| Capítulo 9- Got To Make An Offer
That Cannot Be Ignored
Lucifer se rió complacido, observando a Samael y extendiendo
sus grandes alas estirándolas. – Así que funcionó,
¿eh? Son patéticos, ni siquiera necesitaron una razón
de peso para ceder. No lo comprenden.... ni comprenden nada de lo
que está sucediendo, sólo piensan en su propia satisfacción.
Y esa es la nueva raza de Dios – se giró pensativo.
- ¿Sabes qué castigo les ha impuesto?
-Son mortales ahora, tan débiles como cualquier animal…
expuestos a enfermedades… y a la vejez que acortará
su vida día a día… incluso sienten cansancio
con las mínimas labores…- Samael se sentó en
las piedras observando al moreno y sonriendo levemente contento
por aquel triunfo.
-Tan sólo le dije a la mujer que si probaba la fruta sería
igual a Dios… tan poco me costó convencerla…
y ella… a ella le costó aún menos convencer
a Adán tras mis consejos… - se sentó en el suelo
a los pies de Samael apoyando el rostro contra sus piernas y sonriendo
pensando que más bien se había metido en su cuerpo
para que no cometiese error alguno.
-Les ha prohibido la entrada al cielo… en eso… nos
han juzgado a la misma altura…- Samael observó a Lucifer
a los ojos como indicándole qué debía ser lo
siguiente a conseguir.
El moreno se cruzó de brazos, aún sonriendo aunque
un poco más amargo. – Iguales a Dios, ¿eh? -
sonrió un poco más, considerando que sus razones eran
más merecedoras de castigo que las suyas y las de los demás
demonios. – Ahora, debemos conseguir que los envíe
aquí, aunque preferiría que desapareciesen completamente,
me ofenden. De todos modos, no parecen poder hacer nada por su propia
cuenta....
-Siempre es mejor tenerlos aquí que hacerlos desaparecer…
suena como a diversión…- Camadai sonrió de medio
lado.
-Pero los humanos están rogando su perdón…
nosotros no- Samael miró a Lucifer aún pendiente de
sus reacciones –Pero son traidores… sus almas pertenecen
a tu reino… ¿o no?- se levantó para aproximarse
a él extendiendo las alas.
- Por supuesto.... Y será nuestra mayor victoria, reinar
sobre ellos.... – lo miró de soslayo, sonriendo. Realmente
estaba agradecido por su apoyo. Si no hubiera sido por él,
era posible que se hubiese desmoronado bajo el peso de su castigo.
Desvió la mirada hacia Camadai, que parecía estarse
divirtiendo mucho, definitivamente. – Sólo claman por
su perdón porque no tienen fuerza de voluntad. Pero apenas
tengan otra tentación delante, volverán a caer....
Y nosotros nos encargaremos de que así sea.
-Pero primero necesitamos libertad… necesitamos poder salir
de este encierro…- Samael frunció el ceño mirando
a su alrededor cómo las llamas cerraban cualquier paso posible
o salida del infierno –Proponle un pacto a Dios, Lucifer…
dile que nosotros podemos ayudarlo a ver quienes de los hombres
realmente son dignos de Él y quienes débiles a la
tentación…- apoyó las manos en los reposa brazos
de aquel trono donde Lucifer se hallaba sentado.
–Nos multiplicaremos… y seremos más… Engáñalo…
dile que quieres colaborar…- sugirió el demonio azulado
que parecía ahora inquieto.
El moreno alzó sus ojos rojos con dorado, serio, meditando
aquello, y bajándolos de nuevo porque no deseaba que lo vieran
débil. Por no podía evitarlo, el sólo pensar
en estar ante su presencia, fuera por el motivo que fuera.... –
Es un buen plan... – murmuró, intentando separar aquellos
sentimientos de lo que les debía a todos los que lo habían
seguido.
-Nosotros no te abandonaremos…- Samael lo miró a los
ojos bajando el rostro –Lo que hiciste fue correcto…
no tenemos por qué vivir bajo su yugo… como animales…
Te dejaré solo… para que reflexiones….- susurró
aún mientras se separaba, sintiendo su dolor y apartándose.
Camadai se levantó por el contrario, acercándose
a él dejándose caer arrodillado frente al trono apoyando
la mejilla sobre sus piernas desnudas.
Lucifer sonrió, tristemente, colocando una mano sobre su
cabeza y acariciando su cabello azulado, alzando la mirada para
observar a Samael. – Gracias.... no les defraudaré.
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