| Capítulo 8- Lead Us Not into
Temptation
- ¿Aún sigues preocupado? – Auriel le sonrió
a Miguel, una vez el otro chico se hubo marchado. – No sabes
en dónde se metió ese demonio ¿o sÍ?
Es extraño....
-No lo sé… no quería salir de mi puesto y de
todos modos, otros fueron a buscarlo… sin embargo creo que
aún no lo han encontrado, tal vez sólo fuera un espía…-
Miguel se cruzó de brazos apoyando la espalda en un tronco
reflexionando en la primera pregunta –No estoy preocupado
realmente… no lo sé… es sólo que siento
que no es como los demás ángeles… hace cosas
extrañas.
- Sólo es juguetón, es natural que sienta curiosidad
por ciertas cosas... – se sentó frente a él,
sin dejar de observarlo. – Tal vez sea porque es más
joven, tal vez por todo lo que está sucediendo. Nunca hemos
tenido que lidiar con algo así. Antes de esto, todo era paz...
– se quedó pensativo con la mirada melancólica.
-Lo sé… - susurró pensativo –pero debe
haber un motivo para su existencia… si Dios les ha perdonado
la vida… o tal vez… tal vez su misericordia es tal que
no puede matar ni siquiera a quien lo desea muerto… seguramente
tenga esperanzas de que se arrepientan… tal vez lo hagan ¿no
crees?- lo miró a los ojos confiando en su juicio como siempre.
Auriel lo miró serio, pensativo aún, pero sonriendo
finalmente. – Claro que sí, mientras estén vivos,
siempre hay esperanzas. – asintió, pensando en aquel
demonio al que había desterrado por su propia mano.
Miguel se quedó en silencio por largos minutos tan sólo
pensando también y finalmente recordó por qué
había querido hablarle -Auriel… quería preguntarte
algo…- lo miró a los ojos y se acercó un poco
a él -¿Crees que besarnos sería un pecado?
- ¿Quieres besarme, Miguel? – le preguntó sosteniéndole
la mirada. – No creo que Dios se enfadaría por algo
tan pequeño, aunque si lo hiciera, me disculparía
ante Él y no volvería a caer en ese error. Aún
así, creo que el tipo de besos al que te refieres, debe ser
reservado para cuando existe el verdadero amor, ¿no piensas
como yo? El mismo Dios jamás ha besado a nadie de la manera
en la que besaba a Luzbel... – le recordó, sintiendo
un pinchazo de dolor y por ende, bajando un poco la voz. –
Deberíamos seguir su ejemplo.
El rubio se quedó mirándolo atentamente pensando
en que estaba de acuerdo con él por completo, como siempre
–No, en realidad Sariel quiso besarme pero pensé que
debía de ser un pecado si no nos amábamos… no
tengo dudas ahora… y sin embargo…
- Y sin embargo... – Auriel inclinó la cabeza, prestándole
toda la atención en esos momentos, porque intuía que
la necesitaba.
-Y sin embargo me sentí extraño cuando me besó
los dedos- sus ojos plateados se quedaron observando los de Auriel
sin sufrir ninguna vergüenza al exponerle sus dudas, sabía
que él sería respetuoso con su desconocimiento del
tema –y me temblaba la mano cuando trataba de curar sus heridas…
- Entonces tal vez te gusta.... Quizás lo encontraste más
atractivo que a los demás ángeles, o más atrayente.
O quizás fuera el hecho de que él te encontrase atractivo
a ti. Todos tenemos algo de vanidad, sólo un poco..... –
extendió sus manos, sujetando la suya ya trayéndola
hacia sí, aunque mirándolo a los ojos. - ¿Estás
nervioso ahora?
-No lo sé…- sentenció serio -Sí…pero
no del mismo modo- sonrió suavemente observando sus ojos
–pero tal vez sea por hablar de ello… no me gusta sentirme
confundido y… me dijo que era atractivo… Claro, que
él también lo es…- medito serio de nuevo –De
todos modos no me sentí halagado… y me puse nervioso
antes de que me halagase él a mí…
- Pues entonces, será por la primera razón o lo más
probable, puede que sea por lo que dijiste hace un momento. No actúa
como los demás ángeles. Es natural, que a veces, lo
que no comprendemos, nos ponga nerviosos. – le soltó
la mano, suspirando. – Pero Dios lo hizo, tan seguro como
que te hizo a ti y a mí.
-Lo sé… - miró al suelo como meditando de nuevo
y preguntándose si volvería a verlo ya que le había
dejado tan confundido.
Gabriel apareció volando sobre ellos con el rostro disgustado
–Los hombres han defraudado al señor… un demonio
se coló en el Edén y cayeron en la tentación
de probar la fruta prohibida… el señor los ha desterrado
y los ha hecho mortales… ha dicho que acudamos todos, algunas
de nuestras funciones cambiarán ahora.
Auriel bajó el rostro, acongojado, negando con la cabeza
y emitiendo una plegaria por los humanos, antes de desplegar sus
alas. – Vamos....
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