| Capítulo 96- Haciendo Manitas
Heizen se sentó como siempre en el lugar más oscuro
que pudo encontrar. Aún no sabía cómo debía
actuar ahora que Abel y él eran novios, o si debía
hacer algo diferente. Por lo menos, Yûhi no se separaba de
Sanji, pero....... ¿no era así normalmente?
El chico se tiró sobre la hierba, estirándose como
si estuviera en su propia cama, y sonriendo. – Qué
bien! Ya extrañaba venir acá. –
-De veras…- Sanji se sentó, apoyando la mano en una
de las piernas de Yûhi y le apretó el muslo –Qué
buena la cara de Nagisa cuando vino a decir lo de su hermano ¿no?-
se rió pensando que se le había quedado la fachada
de duro muy atrás en aquel momento.
-Es natural…- Kyler se apoyó en el árbol fumando
distraídamente y meditando sobre que ya imaginaba que Teki
querría quedarse con Kyo cuando lo llevasen a un cuarto y
así había sido.
Abel llegó con Kaiba comiéndose los caramelos que
llevaba en el bolsillo y desde luego se había agenciado robando
y sonrió al ver que ya estaban todos allí. Se sentó
como siempre al lado de Heizen y le puso un corazón aunque
probablemente era un melocotón de gominola encima de las
piernas. Sonrió cogiéndole la mano y Sanji los miró
reído.
-Taiga se ha despertado...
- ¿De veras?! – Kaiba exclamó, saltándole
encima como si el hecho de que fuese el que diera la noticia, lo
hiciera el causante de la misma. - ¿Cuándo podemos
ir a verlo?
- Aún no..... sigue en cuidados intensivos. – le explicó
Yûhi riendo un poco ante tal muestra de emoción.
Heizen apenas alzó el rostro, mirando luego la gominota
que tenía ahora en las piernas, y luego mirando al chico,
murmurando. – Gracias.... – y metiéndosela a
la boca casi en una especie de ritual, aunque no solía comer
dulces.
Abel le sonrió y luego le dio la risa al ver a Kaiba –Kaiba
estaba muy preocupado antes… yo ya sabía que no pasaba
nada- Sanji le sonrió porque eso es lo que se había
repetido él mismo una y otra vez –Seguro que se puede
ver mañana ¿no? Como con Kyo
-Tendrá que pasar el famoso día en observación
ese…- murmuró Kyler que lo dijera o no, estaba deseando
verlo también. El estar allí sin él no era
para nada lo mismo.
-Bueno, mañana por la mañana vamos todos a verlo..
. y si no nos dejan… ya se nos ocurrirá algo, aunque
sea le gritamos en la puerta hasta que se harten- Sanji se rió
mirando a su lado donde Taiga solía recostarse en la hierba.
- Creo que eso sólo conseguiría que nos saquen del
hospital – comentó Heizen, sintiéndose extraño
por ofrecer su opinión de aquella manera.
- No creo, quiero ver al valiente que se atreva a sacar a Sanji.
– sonrió Yûhi observando al moreno y luego a
su novio. – Y Sanji, no va a dejar que saquen a ninguno de
nosotros. Lo más que podrán hacer es molestarse.
- Y si eso sucede, yo me cuelo durante el alboroto. Seguro que
no me notan – sugirió Kaiba, convencido de su idea,
aunque con ese cabello azul eléctrico, seguro no era tan
efectiva como él pensaba.
- Seguro… porque como no eres llamativo- Abel se rió
comiéndose una gominola en forma de gusano –Heizen
tiene razón. Seguro y nos echan- se rió como si le
pareciese divertido –pero Taiga se enterará de que
estamos allí y es lo importante.
-De veras…- Sanji se rió apoyando la mano en la cabeza
de Yûhi –no creo que nos echen, como mucho nos invitaran
a salir del hospital, Taiga se ligara a una enfermera mientras tanto
y nos colarán por una puerta trasera…- bromeó
-En la furgoneta del equipo A…- el rubio murmuró apenas
aquello mirando al cielo –Si no nos dejan, hablaré
con el puto médico de nuevo, le debe algún favor a
mi viejo.
- Kyler, no pensé que fueras tan útil cuando te conocí.
– comentó Yûhi, sólo por molestar, girándose
para quedar boca abajo, mientras jugaba con su trencita.
Kaiba se rió, porque estaba pensando en lo de Chrysler de
nuevo, tan sólo con que se mencionase un vehículo.
-¿Ah no? Yo creí que encontrabas una gran utilidad
en mi boca como reposa pollas…- el rubio lo miró con
una sonrisa “encantadora”
-Pues si quieres, a mí me pesa la mía que no veas…-
Sanji lo miró a los ojos y luego se rió sólo
porque el rubio lo hizo antes.
Abel se revolvió un poco el pelo pensando que de veras se
notaba la ausencia de Taiga. Se apoyó en el hombro de Heizen
pasándole los dedos por la mano
-Abel… no hagas manitas…
-Te callas!
Kaiba se rió de nuevo, pero esta vez sin decir nada, porque
Abel le estaba guardando su secreto además y se llevó
otra gominota a la boca.
- Pero si se quieren muuuuuuuucho – molestó Yûhi,
sin ninguna intención de cohibirse por su parte, abrazándose
a Sanji y cogiéndole la mano. – Anda, hagamos manitas
nosotros.
Heizen desvió la mirada nervioso, tan sólo apretándole
la mano a Abel para que supiera que no le molestaba.
-Es que a mí eso de las manitas…- Sanji se rió
inclinándose para besarlo y lo cogió sobre las piernas
sin dejar de hacerlo –Prefiero las lengüitas…
-Bah… no hagas caso…- Abel se rió sujetándole
la mano entre las suyas y se levantó con Heizen –Vamos
a dar un paseo…
-Y a hacer manitas en privado…- Sanji se rió y Abel
le echó un corte de mangas.
- No tienen que irse, que sólo bromeamos – Yùhi
sonrió, abrazado sobre Sanji, muy cómodo como para
quitarse. – Si no tiene nada de malo....
- Es sólo un paseo- aclaró Heizen, aunque no tenía
idea de lo que quería Abel. Y tampoco estaba muy seguro de
lo que significa eso de hacer manitas.
-Ustedes hagan lengüitas y ya…- Abel les echó
la lengua reído y se volteó sujetando mejor la mano
de Heizen -¿Crees que si eres gay te rechazan? Como dice
Kaiba
El moreno apartó la vista de Sanji y Yûhi que en definitiva
habían empezado a hacer lenguitas, aunque tal parecía
que el primer motivo de Yûhi era avergonzar, y continuó
caminando con Abel de la mano. – No creo que lo que hagas
en privado o tus preferencias sexuales, tengan nada que ver con
quien eres. Puede que haya gente a la que no le agrades, pero a
mí no me agradarían ellos tampoco – le contestó,
seguro de que no tendría ninguna necesidad de relacionarse
con personas así.
Abel lo miro a los ojos realmente emocionado y sonrió apretándole
más la mano y pensando que sí que era muy cool, pero
no dijo nada al respecto –Tienes razón… no sé
por qué se preocupa tanto por lo que la gente vaya a opinar…
tal vez a su hermano le paso algo malo por ser gay… bueno
no por eso, si no porque la gente es imbécil.
- Tal vez, o tal vez Kaiba sólo quiera protegerlo de lo
que le podría pasar. – lo miró, recordando algunas
noticias de chicos golpeados, uno o dos incluso asesinados, por
ser gays. Pero no era como que las personas anduviesen por allí
matando gays, eran casos aislados. Aún así, era bastante
obvio que Kaiba tenía tendencia a exagerar. – O tal
vez esté proyectando sus propios miedos en su hermano.
-No lo había pensado… claro que jamás habría
pensado algo así…- se quedó como meditando sobre
ello y que Heizen era muy inteligente –No debería tener
tanto miedo… además tampoco puedes dejar de ser lo
que eres por tener miedo… tal vez le afecta demasiado no tener
a su hermano protegiéndolo…
- Es probable. – contestó muy serio pensando en aquello
de no poder dejar de ser lo que eras. – De todos modos, no
puedes esperar que los demás te protejan todo el tiempo.
-Ya, pero creo que no se trata de algo físico… yo
me sentía terrible antes, sobre todo porque me sentía
solo, pero después Teki me protegió… y ahora
sé que os tengo a ambos… y aunque no pretendo que nadie
me defienda… sentirse apoyado y saber que hay alguien a quien
le importas tanto… es importante… y los padres muchas
veces no ofrecen esa sensación precisamente… - sonrió
un poco.
- No... – murmuró, bajando la cabeza, serio y apretándole
la mano al chico. – Pero tú querías a tu madre,
¿no? – le preguntó de pronto, recordando la
razón de casi todas sus peleas escolares.
-Sí, claro que la quería…- susurró apenas
audible porque no le gustaba mucho el tema –pero… bueno,
no me gusta mucho hablar de eso…- carraspeó sentándose
en el banquito al que solían ir a hablar –Yo sabía
muchas cosas…cosas que me parecían egoístas,
pero prefería hacer como si no existieran…- se pasó
la mano por el pelo –Tampoco me preguntaba nada, ni hablaba
conmigo…
- Está bien, a mí tampoco me gusta hablar de esas
cosas. Tú tampoco tienes que hacerlo. – le aseguró,
sentándose a su lado, y moviendo un brazo tras él,
sin estar seguro de si debía abrazarlo o no, finalmente rodeándole
los hombros en su acostumbrada manera incómoda. – Mi
madre tampoco me prestaba mucha atención. – añadió,
porque no le parecía justo que Abel se expusiera y él
no, por poco que le gustase.
Abel se apoyó contra él rodeándole la cintura
con un brazo -¿Y tu padre?
- Mi padre....... – el moreno bajó el rostro, algo
nervioso, tentado a retirar su brazo por un momento. – No
me gusta hablar de mi padre.
El moreno le sujetó la mano con la suya al notar que iba
a apartar el brazo de Él y se aproximó más
besándole el cuello y apoyando la frente contra él
después –Pues no hables de él- entrelazó
los dedos con los suyos mirando abajo –Creo que me voy a buscar
un trabajo repartiendo papeles…
- Lo siento, sé que debería decirte, pero aún
es difícil – le aclaró, todavía sin querer
mirarlo, aunque sin apartarse tampoco. – Aún... ¿darás
clases conmigo, verdad?
-No tienes por qué sentirlo ni disculparte, ya me lo dirás
cuando lo sientas así… y sí, aún daré
clases, solo será por las mañanas, he visto un recorte
en un periódico…- alzó la mirada hacia él
y sonrió pensando en que se preocupaba por él –Querría
ayudar a Teki con los gastos aunque sea poco…
- Me parece bien que pienses así. De todas maneras, tienes
que ocuparte de ti también. –le explicó, para
que no pensase que lo estaba obligando a nada. Sólo no quería
que Abel perdiese oportunidades por asuntos que no eran su culpa.
-Claro… pero tampoco puedo hacer mucho más que tratar
de buscar un trabajo… y eso- se encogió de hombros
–Cuando sea mayor de edad ya no habrá problema y podré
estudiar de todos modos aunque vaya atrasado…tampoco pasa
nada… veré como me las arreglo.
Heizen alzó el rostro observándolo y pasándole
una mano insegura luego por la mejilla, sonriendo apenas un poco,
sin decir nada.
Abel sonrió besándole los labios superficialmente
–Me gusta cuando me sonríes… me hace sentir especial…-
bajó la vista un tanto rojo y cerró los ojos a la
caricia.
- Lo eres. – respondió automáticamente, enrojeciendo
un poco, y deseando que Abel mantuviese los ojos cerrados. –
Tú me haces sonreír, no puedo evitarlo.
-Y no quiero que lo evites- lo miró notando que estaba un
poco rojo y bajó la vista porque él también
lo estaba, además de que pensaba que sí hacían
manitas o lo que fuera al final, pero no era lo mismo que ellos.
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