.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 41- Abandonment

Abel se caló las manos en los bolsillos un tanto aburrido de darse paseos solo por la azotea de la iglesia, se fue caminando despacio hasta la cruz de metal y se agarró trepándose un poco en ella y mirando hacia el barrio desde allí. Se trepó sólo un poquito más para poder sentarse en la parte de arriba, daba vértigo pero no tenía miedo.

Apoyó una mejilla en el metal mirándose los deportivos moviendo los pies de adelante a atrás y preguntándose porque su madre lo había mandado salir a dar una vuelta cuando le había dicho que por las tardes los sábados no tenía con quien estar, además… había ido a las nueve de la noche y no le abría la puerta. Tenía las llaves pero no le servían de nada porque había corrido la cadena. La verdad es que sí que era muy rara… no le extrañaba que la gente comentase tantas cosas de ella.

Suspiró más decaído que aburrido y saltó al techo de la iglesia de nuevo, echó a correr a través de él y saltó por el aire, rodando sobre la hierba. Se levantó sonriendo porque le encantaba hacer eso aunque se quedara magullado.

Se caló un poco más el pucho negro y echó a correr hacia la casa, llamó al timbre de nuevo varias veces seguidas –Mako abre ya!! Que tengo hambre! Abre!!- la sacudió acabando por abrir con su llave pero la cadena seguía corrida –Pesada!- la emprendió a patadas con la puerta desde luego sin conseguir nada y se dejó caer al suelo sentado con los brazos cruzados.

-Coño…- murmuró notando que la barriga le hacía ruido, se levantó una vez más y paseando por el portalillo y se quedó mirando la puerta de la vecina, llamó y la mujer le abrió casi al instante. Abel la miró a los ojos con una cara que gritaba “COTILLA!!!” pero sin embargo sonrió con cara de angelito -¿Podría dejarme pasar por su casa a la mía? porque creo que mi hermana se quedó dormida y no me abre…

-Sí claro… pasa… ¿pero cómo vas a entrar?- la anciana lo siguió mientras el chico caminaba decidido y con cara de pocos amigos hacia el salón

-Por la ventana…- le señaló a la mujer que la ventana de su cuarto estaba abierta.

-Ay hijo! Cuidado no te caigas!- la mujer se asomó viendo cómo salía aunque sin impedirle hacer aquel “invento” más intrigada en ver aquello que poco menos que era lo más emocionante que le ocurría en todo el mes que en salvarle de la posible caída.

-No señora… que soy un profesional…- se rió por lo que había dicho y se sujetó al alfeizar de la ventana acuclillándose y amarrándose al tendal descolgándose y pasando hacia su ventana a pesar de escuchar que los hilos de tanza se partían. Sintió que le corría un sudor frío pero llegó al otro lado sin que se partiesen –Jeje…- le hizo una señal de victoria a la mujer que lo miraba pálida como la cal y cerró la ventana girándose en su cuarto –Parece que no hay nadie…- susurró rascándose un brazo de pronto asustado aún así caminando por el pasillo aliviado al ver la luz del baño prendida –Mako! Me colé por la ventana! Así que te jod… - se quedó callado con el corazón resonando en sus sienes respirando con la boca abierta de una cuarta y aún así sintiendo que se ahogaba, apoyó la mano en el marco de la puerta del baño mareado.

La chica rubia giró los ojos dentro de la bañera observándolo –Lo…si…ento….- susurró casi imperceptiblemente, lívida como la misma muerte, la sangre tiñendo el agua. Quiso mover la mano pero ya no le respondía, una lágrima resbaló por su rostro pero tampoco lo sintió.

Abel siguió el movimiento de sus ojos y observó la carta en la mesa, la carta, ¿una carta? Se levantó temblando y la cogió casi sin saber lo que hacía, la leyó en el más absoluto de los silencios escuchando aquella respiración que se apagaba y sus propios latidos creciendo cada vez más rápido en su pecho, apretó la carta en la mano guardándosela en el bolsillo y la miró observando después el cuchillo que había dejado al lado del papel.

-NO! Te odio!! Te odio!!- Se giró a mirarla con autentica furia y se metió de un salto en la bañera clavándoselo una y otra vez sin dejar de gritarle lo mucho que la odiaba -¿Me oyes?!- la sacudió por los hombros como si no fuera consciente de que ya no era más que un cuerpo -¿Me oyes?! Te digo que te odio…- se tiró contra ella abrazándose en el agua, sujetándose a su cabello y empapándose más en sangre llorando desesperado.

Escuchó el sonido de la puerta, estaban llamando… ¿Quién era? ¿El animal? ¿La vecina? –No…- susurró sacando el cuchillo ensangrentado del cuerpo de su madre como si aquello fuera a desaparecer de ese modo. –No, no, no- corrió hacia su cuarto, ya sabía, sí, tenía que huir, eso, tenía que huir, estaba asustado, estaba increíblemente asustado. Guardó ropa en la mochila y dinero, eso, necesitaba dinero y huir… huir lejos…. Se agarró al marco de la ventana para saltar y se detuvo de nuevo cayendo de rodillas y llorando, no, ahora no era el momento… No, no quería ir a aquel sitio de nuevo… no… aquel sitio no… un sitio peor… la había matado… se quedó mirando al vacío sin reaccionar.

El timbre de nuevo.

Se puso de pie tambaleante y se vistió rápidamente, cambiándose, tenía que lavarse… lavarse....Pasó al lado del baño y cerró la puerta de golpe, volvían a llamar… el corazón le pegó un bote en el pecho. Caminó a la cocina y se limpió la cara, las manos… ya estaba… estaba limpio, sí, se miró al espejo de la entraba y se limpió una mancha de sangre aguada de la cara restregándosela con fuerza, la mirilla… era la vecina. Abrió la puerta y sonrió ¿estaba sonriendo?

-¿Sí?- preguntó con voz tenue, casi inexistente.

-¿Estáis bien? He oído gritos…

-Era la tele… una película…- sonrió de nuevo.

-Ah ya… otra vez viendo películas de esas… - la mujer mayor sonrió revolviéndole el pelo.

“No me toques el pelo vieja de mierda…” se pasó la mano por el pelo y se la miró, no… no tenía sangre, se había ido con el agua… “vete ya, vieja de mierda…cotilla…” el corazón le latía con fuerza mientras la miraba.

-Bueno… buenas noches Abel- la mujer sonrió.

-Buenas noches…- una sonrisa de vuelta, cerró la puerta, la cocina… se apoyó en el fregadero vomitando con violencia y tosiendo.

Y ahora… ¿qué? ¿Ahora qué?

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