| Capítulo 25- What Would Milkyboy
Do?
-Eh Abel! ¿Sabías que tu hermana estuvo ayer en mi
casa? Se la folló mi padre…- un chico de catorce años
y pelo negro se puso a hacer gestos obscenos como si estuviera haciéndolo
mientras azotaba al aire –Y gritaba como una perra!
Abel se giró, era uno de los chicos de su clase. Ni siquiera
lo pensó, sólo saltó sobre él emprendiéndola
a puñetazos en la cara. Le sujetó el cuello con una
mano para seguir golpeándolo con la otra y notó cómo
lo alzaban en el aire pataleando –Imbécil! Hijo de
puta! Te voy a matar!- siguió aún así tratando
de seguir con la paliza, aunque él también se había
llevado lo suyo –Suéltame!! Que me sueltes joder!-
siguió retorciéndose mientras lo llevaban adentro
del colegio.
-Siéntate Abel…- le mandó el director que por
otra parte era quien los había separado. El chico de cabello
castaño se sentó sacándose el pucho negro de
la cabeza revolviéndose aun mas el pelo –De nuevo,
otra pelea… tienes el ojo morado…- sacudió la
cabeza, ya ni sabía qué hacer con él. Cierto
era que el niño siempre iba a clase, estudiaba mucho y se
comportaba bien. Bueno… mejor dicho no molestaba… claro…
a no ser que lo molestasen primero, ya ni comprendía por
qué lo hacían.
-Pero él empezó! Dijo que mi hermana era una puta!-
protestó enérgicamente inclinándose adelante
en la silla –Usted también lo haría si dijeran
que su hermana es puta!
El hombre se quedó un poco ensimismado al escuchar eso,
no había sido la mejor forma de decirlo, pero era de esperar,
tenía a muchos niños con problemas en su colegio,
además tenía razón, él también
se habría enfadado, claro.
Abel no tenía padres, su madre lo había tenido ya
muy mayor y su hermana, que era su tutora legal, al parecer trabajaba
limpiando en la casa de unos vecinos, no llegaba hasta la noche,
con lo que Abel permanecía todo el día solo y era
bastante salvaje, se había criado en la calle.
-Pero no puedes pelearte con todo el que diga bobadas de ella…
tú sabes que no es verdad…y debería ser suficiente
-¿Y qué? Claro que puedo!. No les dejaré que
la insulten asi! Si la insultan les pegaré de nuevo…-
miró a sus piernas estrujando el pucho y mirando las chapitas
en él.
El director sonrió un poco, claro, era un niño…
-Ve para casa… pero no vuelvas a hacerlo- le mandó,
a pesar de que sabía que no había caso en mandárselo
–O tendré que hablar con tu hermana.
Abel se levantó cargando la mochila y se caló el
pucho en la cabeza de nuevo, no quería que hablasen con ella
y le dijeran lo que los niños decían de ella. Pero
tampoco podía dejar que la insultasen.
Salió caminando cabizbajo pensando en ello y en qué
podía hacer al respecto cuando lo empujaron entre las calles
entre tres niños, al que le había pegado y dos más,
lo empotraron contra la pared gritándole.
–Dejadme en paz! Cabrones!- se revolvió como pudo,
separándose a patadas y golpes y echó a correr en
sentido contrario a ellos. Los tres lo siguieron insultándolo
y riéndose.
Tenía miedo, claro que tenía miedo, le parecía
que no pisaba el suelo de lo rápido que estaba corriendo.
Se le doblaban las piernas solas de lo que le temblaban, miró
atrás y se cayó al suelo de bruces –joder…-
murmuró maldiciendo mientras se levantaba y echando a correr
una vez más sólo que ahora con menos ventaja –Oh
mierda!- era una calle cortada.
Los otros se pararon reídos y Abel entrecerró los
ojos corriendo un trozo por encima de la pared y se agarró
de la barandilla de aquel primer piso del comercial abandonado.
Saltó arriba y los miró reído desde allí
–Imbéciles!- se rió aún más sacándose
la polla por encima del pantalón y meándoles en lo
alto. Lo había visto en sus mangas, cómo Milkyboy
se subía por las paredes y saltaba amarrándose en
las barandillas. Él también podía, estaba entrenándose
en ello. Milkyboy era la polla… -Soy la polla!- se gritó
convencido haciendo señas de victoria corriendo por el comercial.
Feliz a pesar de su ojo morado y de las rodillas magulladas.
Los otros tres chicos empezaron a insultarlo deseando ir tras él
y pegarle, pero decidiendo mejor irse a sus casas a cambiarse despues
de la mojadura, ya le darían otro día ya… ya
lo cogerían.
Bajó con cuidado por el otro extremo de la calle, asegurándose
de que no hubiera niños meados tratando de pegarle de nuevo
y echó a correr hacia su casa con la bolsa de libros zarandeándose
contra su pierna, subió corriendo por las escaleras.
No podía llegar tarde… porque si no… el animal
lo encontraría por el camino…
Abrió la cocina en silencio preparándose la comida
y dejando un poco de sobra para que cenase su madre, él ya
sabía que no era su hermana, era su madre… seguramente
se había quedado embarazada cuando era muy joven y por eso
lo había criado su abuela como si fuera su hijo, se lo había
oído comentar a las otras madres. Pero ella aún no
le decía nada, asi que se hacía el loco en parte para
contrariarla. Solía decirle “Tú no mandas en
mí! No eres mi madre!” para que se lo confesase…
pero nada. Y eso que era obvio…
Se tiró en un sofá esperando a que se hiciese la
comida y se dejó caer a un lado en los cojines soñando
con que realmente existieran los chicos como Hansa, el novio de
Milkyboy… claro… era su favorito. Porque era…
se puso rojo y se abrazó a los cojines. Bueno, esos chicos
no existían, sólo era un manga…
Estiró la mano cogiendo a su gata albina, le había
llamado Hansa, le había costado lo suyo atraparla, pero su
madre le había dejado quedársela sólo con ver
la de mordeduras y arañazos con los que había llegado
muy feliz de haber encontrado “a su Hansa” –Eh!
Guarra!- la dejó bajar de nuevo al notar que no dejaba de
morderle los dedos salvajemente y frunció el ceño
observando como se marchaba victoriosa con aquel paso orgulloso
de quien se sale con la suya –Guarra…- protestó
viendo cómo salía por la ventana para escaparse.
Ayer había visto la película por la noche, oponiéndose
a su madre, desde luego después no había tenido miedo,
según ella había predicado, a él no le daban
miedo ellos. Le daban miedo otras cosas…
-Abre!! Abre puta! Zorra de mierda!!!!- un gran estruendo.
………el animal……….
El hombre afuera golpeó la puerta violentamente como casi
cada día a pesar de la orden de alejamiento de su madre.
Se levantó corriendo y corrió los siete candados de
la puerta. Su padre sí que daba miedo… -hijo…
ábreme la puerta…- susurró notando el sonido
de los candados y hablando con suavidad.
-Una mierda!- le gritó desde dentro pateando la puerta.
-Cabrón!! Ábreme la maldita puerta!- le grito sacudiéndola.
Abel cogió su comida encogiéndose un poco y prendió
la tele subiendo el volumen hasta límites insospechados para
no escucharlo, daba mucho miedo.
-Ojalá pudiese matarlo…- susurró tocándose
el morado en la mejilla, bajó la vista. Se había roto
los pantalones en la caída… seguro que le reñían.
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