| Capítulo 21- School Sucks!
- Kaiba! Bajále al volumen!
- Ya voy, mamá! – el chico apagó la radio,
dejando escapar un suspiro. Lo cierto es que su madre gritaba más
alto que diez radios juntas, pero no había quien le dijera.
De todas maneras, ya estaba a punto de salir. Se observó
en el espejo, revisando que sus dientes estuviesen limpios y salió
casi corriendo de su cuarto, gritando un – Vengo luego! –
y tratando de escabullírsele sin mucha suerte.
Su madre lo sujetó por un hombro girándolo para mirarlo,
como inspeccionando y prácticamente intentando plancharle
la camiseta por encima, con cara de martirio, en especial al fijar
su mirada en el azul eléctrico de su cabello. - ¿A
dónde vas así? Y con tanta prisa. Parece que nunca
tienes tiempo y mira tu cabello. Honestamente, ¿qué
diría tu hermano? ......
- No le importa! Ya le escribí y le envié fotos.
– la interrumpió, previniendo el discurso que se le
venía encima. – De veras tengo que irme.....
- Pero hijo, ¿ya hiciste la tarea? Y.......
- Sí, sí! – la interrumpió de nuevo
poniéndose de puntillas para darle un beso en la mejilla,
antes de huir nuevamente.- te quiero, mamá! Volveré
temprano!
- Pero........ Kaiba!
Los gritos de la mujer se perdieron en la distancia, mientras el
chico se alejaba más y más de su casa, sólo
deteniéndose una vez que estuvo seguro de que su madre no
saldría por la puerta a llamarlo. – Uff......... –
suspiró, agobiado, aunque sonriendo. Todos los días
era el mismo drama. No le molestaba del todo, sabía que era
su forma de demostrarle que se preocupaba, pero era cansino, y mucho.
Bueno, fuera como fuera, ahora estaba libre, y lo que deseaba era
ver a sus amigos. Llevaba dos días encerrado estudiando por
culpa del profesor ese al que se le había ocurrido reunirse
con su madre. Tampoco le iba tan mal, estaban exagerando, como siempre.
Pero había accedido sólo porque al final, era menos
trabajo hacerlo que aguantarse el regaño. Además,
sabía que si su hermano estuviese allí, le insistiría
con lo mismo.
- El pesado serás tú – sonrió, como
si se lo estuviera diciendo a la cara, y se encaminó más
tranquilo a ver si encontraba a alguien. Después de todo,
se había ganado un tiempo libre.
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