.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 16- The True Nature of Pain

La música estaba demasiado alta, como cada noche, y el bullicio del local no ayudaba, si lo que querías era mantener una conversación civilizada. Pero no era para eso que la mayoría de los clientes entraban allí. Tampoco era algo de terrible importancia para el rubio encadenado sobre el pequeño escenario, ni para el moreno que parado detrás de él, parecía estar torturándolo, aunque el rostro del rubio decía todo lo contrario.

Teki gimió, bajando la cabeza, al sentir el siguiente golpe del látigo, sus extraños ojos brillando en la oscuridad, el sudor recorriendo su cuerpo, mientras su pecho desnudo subía y bajaba agitado por la excitación.

El moreno se pegó a su espalda, sujetándole la quijada y susurrando un tanto reído en su oído. – Contrólate Teki, es sólo un show.......

- ¿No lo es siempre? – le susurró de vuelta el chico, sonriendo de medio lado.

- Eres peligroso – el moreno bajó la mano por su cuello, sujetando la cadena que lo rodeaba, observando cómo el rubio sonreía un poco más.

- No, soy real..... – susurró el chico, entreabriendo los labios al sentir el jalón y permitiendo que lo besara profundamente, aunque sus ojos se desviaron hacia unos de los espectadores, que tampoco apartaba su mirada de él. Si no podía convencer a Hogo de encontrarse con él luego del show, seguramente lo podría convencer a él.

.................................

Hogo golpeó la puerta de los vestidores, porque sabía que estaría allí, aunque no tuviese la obligación de golpear, claro. – Teki? Venía a ver si estás bien, el tío se fue hace como media hora ya.

- Lo sé, le dije que se fuera. – le contestó el rubio semi desnudo, observándolo calmadamente desde su posición en el sofá. Ahora que la luz estaba encendida, era fácil apreciar las raíces oscuras de su cabello y que aquel efecto tan singular en sus ojos, no era otro que el de las lentillas azul-violeta que usaba. – No fue suficiente...... – explicó, mientras se hacía otra pequeña cortada en el brazo.

- Cielos! ¿Tienes que hacer eso aquí? – el moreno se sentó frente a él, observándolo. - Nunca es suficiente contigo ¿no?

- ¿Puedes lastimarme pero no puedes ver cómo me lo hago yo mismo, eh? ¿Es algo de control? Eres muy extraño, Hogo.... – se rió, pateándole suavemente una pierna, como si lo que él estuviera haciendo fuera de lo más normal. – Ya lo sabes. Vienen aquí buscando una fantasía, y cuando se dan cuenta de que no soy una fantasía, salen huyendo. No gracias, no tengo paciencia para juegos.

- Cualquiera lo diría. – se rió el moreno, observando ahora sus brazos fascinado, sin poder evitarlo.

- Por cierto.........

- ¿Qué? – Lo miró, saliendo de su ensimismamiento y comprendiendo tan sólo por cómo lo miraba. – Ah, no, Teki! No empieces con eso, ¿qué se supone que haga?

- Sólo que no te contengas, lo noto, ¿sabes? Y hemos esto este show por ¿cuánto tiempo? – meditó el chico pensativo, aún mirándolo a los ojos.

- No me estoy conteniendo! Ya no sé ni lo que quieres..... Es sólo un show, ya de por sí estamos yendo más allá. ¿No crees que exageras? De veras, Teki.....

El rubio suspiró, poniéndose de pie por fin, para terminar de vestirse. - ¿Qué crees que vienen a ver, eh? ?Crees que quieren ver un tío fingiendo? Aunque deseen una fantasía, cuando nos miran, quieren ver algo real. Justo como yo....... Quiero que sea real. – le sonrió apoyándose en los reposabrazos del sillón en el que estaba sentado el moreno, y acercando su rostro a él. – Está bien, eres dulce, Hogo. También me agradan los chicos dulces, aunque no lo creas, siempre y cuando sepan cómo hacerme sentir bien – le besó la punta de la nariz, riéndose y separándose de él, para guardar su navaja.

- Estás loco, Teki – el moreno lo siguió con la mirada, con una sonrisa de incredulidad en los labios. Era extraño cómo se movía de aquella forma brusca y delicada a la vez, casi como si estuviese representando un baile.

El chico se giró a mirarlo una vez hubo terminado. – Soy peligroso, ¿no? ¿Es eso? – le sonrió, recordándole su pequeña broma, y pasándose la mano por el cabello – Ya me voy a casa. Cuídate. – se despidió de manera totalmente casual y salió del vestidor haciendo un gesto la mano.

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