| Capítulo 11- The Military's
Got Nothing on Me
-¿Dónde vas? Kyler, hijo… espera… pero
espera- lo sujetó de la manga de la camisa y el rubio dio
un tirón apartándose de ella de golpe, se giró
de cara a la mujer para verla a los ojos
-No me jodas…- alzó un dedo para que se callara, se
colgó la bolsa de tela negra en un hombro cruzándosela
en el pecho. Sacó un cigarro negro y lo encendió delante
de la cara de su madre –Métete en lo tuyo…- murmuró
echándole el humo casi encima y volteándose para salir
hacia la universidad.
La mujer lo vio irse y sacudió un poco la cabeza preocupada
por su actitud, lo estaría más si de hecho, no hubiera
sido así toda su vida en mayor o menor medida. Lo habían
mandado a una escuela militar porque su marido lo había propuesto,
el también era militar… aunque lejos de enfadarlo aquello
no había echo mucho efecto en Kyler, es más, parecía
bastante satisfecho con la decisión. Se suponía que
debía sentirse castigado, que dejaría esas compañías…
pero… seguía haciendo lo que le daba la gana, sólo
que ahora estaba entrenado. No podía negar que en ocasiones
le daba miedo, por no hablar de que no tenía el físico
de un chico de diecinueve años.
Se portaba casi como un adulto, bebía y fumaba como un carretero…
justo como su padre, como si fuera una maldición que la persiguiera,
lo había tenido con la ilusión de que fuese una luz,
algo que le diera ganas de vivir y en vez de eso…
Pero… ¿Qué podía ella protestar? ¿Acaso
no se vestía correctamente cada día? ¿Acaso
no sacaba unas notas maravillosas? Todo en él era adulto.
Le parecía como si no fuera su hijo… y jamás
le hablaba… mucho menos dejaba que lo tocase. Se pasaba el
día fuera de casa, a veces ni siquiera regresaba para dormir
y cuando lo hacía en vez de eso se dedicaba a leer…
o a entrenar con su padre.
…
La alarma sonó y Kyler se quitó las gafas pasándose
las manos por el pelo peinándoselo hacia atrás como
siempre, se levantó apartando la mesa con un pie y se colgó
la mochila al hombro de nuevo, alzó una ceja cuando se le
paró un tipo delante cerrándole el paso -¿Qué
coño quieres?- preguntó sin más echando la
cara un poco hacia atrás y guardándose las manos en
los bolsillos.
-¿No eres tú el que está con los de Kazama?
Los del bloque 42- preguntó inquieto y sudado, por lo visto
venía corriendo, aunque más impresionante era que
hubiera podido entrar en la academia siendo de otro colegio.
-¿Quién lo pregunta?- le metió un empujón
en el pecho apartándolo y echando a caminar lentamente entre
la gente.
El chico lo siguió por los pasillos –Kyler…
les están dando una paliza!- trató de hacerle llegar,
más que nada, porque si no se la iba a cargar el despues.
-Pff…- el rubio alzó una ceja y saltó por el
marco de la ventana del piso bajo echando a correr por el terreno
de tierra y entre profesores y alumnos. No se detuvo cuando cruzó
la verja ni cuando atravesó su lugar de reunión habitual,
entonces lo hizo, al llegar a la chanca de baloncesto. Se quedó
observando cómo tres tipos le daban una paliza a cinco de
los suyos, líder incluido.
Se aproximó lentamente y siguió observando, notó
la mirada de socorro del líder y sonrió de medio lado.
Siguió sonriendo mientras sacudía la ceniza del pitillo.
-Eh?! ¿De dónde sale este?- se volvió uno
de los chicos observándolo y dejando caer al molido líder
al suelo. Kyler no se movió pero dejo caer la mochila al
suelo a un lado de sus piernas.
-De la cama de tu madre- sonrió aún más sacándose
la corbata y abriéndose un poco la camisa y los puños
de la misma.
-Tío! Te voy a partir los dientes! Nadie habla así
de mi madre!- el pelirrojo se echó sobre él a lo bestia
y Kyler le sujetó del pelo alzando una rodilla y estampándosela
en la cara. Lo dejó caer al suelo sonriendo abiertamente
a los otros dos.
-Me encantaría…la verdad…- abrió los
brazos y se rió levemente moviendo los dedos para instarlos
a acercarse.
Uno de ellos bajó la vista a la insignia de su camisa, la
insignia de la escuela militar y agarró el brazo del otro
echando a correr a toda prisa.
Kyler se giró un poco decepcionado, observando al tipo que
había tumbado ¿Qué pretendía hacer un
simple macarra contra un tipo entrenado? –Tsk…- lo empujó
un poco con un pié volteándolo para verle la cara.
Y notó cómo el líder de su banda le sujetaba
el pantalón. Apartó el pie y se echó atrás
al notar que lo tocaban.
-Hijos de puta… ve tras ellos
-¿Qué dices?- sus ojos verdes se posaron en él
y se sacó el cigarro hablando con un toque de sarcasmo en
la voz –Que te jodan… - se agachó apretando la
colilla en una de sus mejillas lenta y fríamente mientras
la apagaba y el otro se la sacudió pegando un alarido mientras
el se colgaba la mochila al hombro de nuevo.
-Kyler! Hijo de puta, esto es una traición, mejor te será
mirar a tu espalda a partir de ahora! Me oyes!- le grito con voz
gastada y sin poder moverse del suelo.
El rubio se aproximó mirando su mano y apoyó la bota
militar sobre ella poco a poco presionando cada vez más y
arrancándole otro alarido -¿Duele?
-Hijo de puta!!!!!
-¿Duele?- preguntó de nuevo no muy satisfecho con
la respuesta.
-Sí! Joder! Duele!- gritó el otro un tanto arrepentido
de ponerse a farfullar en sus condiciones con un tipo como él,
claro que apenas lo conocían de hacía unos días.
El rubio sonrió de medio lado y alzó la bota sobre
su cara, la bajó de golpe y el chico pegó un grito,
Kyler dejó asomar una sonrisa leve con la bota a casi rozándole
la cara –Patético…- murmuró volteándose
ya para largarse, finalmente sin pisarsela. Ya se había enterado
con quien debía juntarse… De todos modos, sólo
se había unido a ellos para averiguarlo y desde luego…
sólo había ido hasta allí porque tenía
ganas de pelea.
Se observó el pantalón manchado de sangre de la cara
del otro y se apoyó en una muralla encendiendo otro cigarro,
no estaban en este barrio si no en el bloque 34, aún tenía
que andar un rato si quería encontrarlos hoy, seguro que
encontraba diversión con ellos.
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