Capítulo 8- Alma de Obrero
El chico de cabello morado saltó por encima de los maderos
de la embarcación y se ató las mangas del mono de
trabajo por las caderas.
-Que no saltes por encima… ¿no puedes dar la vuelta
como los demás, Sanji?- un hombre calvo de manos grasientas
le reprendió rascándose el poco pelo que le quedaba
y llenándolo de grasa de motor.
-Es que me tengo que agachar demasiado si salgo por ahí…no
es mi culpa si esto está hecho para enanos… además
¿Qué más da? No es como que a alguien le moleste
que lo haga…- se pasó las manos por el pecho embadurnándose
la camiseta interior de grasa y sonrió pasándose el
antebrazo por debajo de la nariz limpiándose el sudor.
El hombre suspiró reído y su hermano, el otro hombre
que trabajaba en la empresa se levantó con un trapo sobre
la cabeza –será tu culpa! que eres demasiado grande!
Sanji se llevó la mano a la cabeza reído por el mal
genio de su compañero, siempre estaba de mal genio –Sí,
puede ser que sea verdad… pero de todos modos no te molesta
que salte por encima ¿a que no?
-Ah… tú tráeme las piezas que tengo que abrillantar
y listo… vamos… aun te quedan tres minutos de trabajo…
no te escapes… los jóvenes siempre estáis tratando
de escaparos de las responsabilidades y…
El chico se volteó sacudiendo un poco la cabeza y aún
sonriendo pasando de escuchar aquella charla que por otra parte
jamás variaba, siempre y cada día era la misma sin
la más mínima diferencia. Se cargó las cinco
piezas de una y las apoyó encima de la tabla donde trabajaba
el hombre provocando un estruendo de metales y madera –A mandar
viejo, ya me voy.
-Animal!- protestó el hombre que por poco moría del
infarto con el ruido –Que las traigas de una en una…
bestia…- refunfuñó –Te desgraciarás
la espalda… y deberías sacarte todos esos colgajos
que llevas en las orejas, se te caerán las orejas! Te dará
una infección y …
-Sí… sí… - Sanji suspiró acercándose
al jefe y se agachó un poco para hablarle –Ya me voy,
es hora y tengo hambre…
-Vete… o harás que Ginta me destroce los tímpanos
con sus gritos…- se quejó el otro hombre mayor.
-Abur Ginta…deberías quitarte ese trapo de la cabeza
se te caerá el pelo…- le levantó un poco el
trapo pasando de su cara de mal genio y se llevó la mano
a la boca dejándolo caer de nuevo en su cabeza –Ah!
Ya no tienes!!- se despidió riéndose del viejo solo
para hacerlo protestar una vez más riéndose entre
dientes y palmeándole la calva por encima del trapo.
-Maldito niño! Tú también te harás
viejo! Y al menos podías cambiarte… ¿A dónde
vas con esas pintas? Lleno de grasa… guarro! Y sudado! Que
te cambies!
Sanji se rió sin poder evitarlo –Pero no quiero ducharme
aquí que sé que me espías viejo… lo haré
cuando llegue a mi casa
-Ah!!! ¿me estás llamando maricón?! Te daré
una hostia que te pondré derecho de una! ¿Me estás
oyendo?! Así no vas a encontrar una mujer! – le grito
el hombre echo una furia, rojo y con una vena palpitando en la sien.
-Ya… ya cálmate Ginta…- el jefe lo calmó
observando a Sanji salir reído como si no le hubieran dicho
nada.
El moreno se estiró en el exterior de la nave de astilleros
donde trabajaba cargando maderas y aprendiendo a arreglar motores
de barcos, no es que fuera su pasión, pero bueno, era un
trabajo. Probablemente lo habían contratado porque era muy
grande y bastante fuerte, así acababa de transportar las
cosas antes, los dos hermanos que trabajaban allí estaban
muy viejos. De todos modos a él le daba igual el motivo,
la cosa es que no le pagaban mal y le agradaban aquellos viejitos
y sus historias de marinos.
-Ah… como si me importase encontrar novia o no…- suspiró
llevándose la mano al estómago –Pero lo que
sí querría es comer algo…ah…- bajó
la cabeza apesadumbrado y notó cómo una chica lo miraba
a la derecha. Giró un poco la cabeza mirándola de
soslayo y enderezándose un poco apesadumbrado ahora por no
haberse cambiado para una vez que se fijaban en él …
Claro, que probablemente era porque estaba lleno de mierda. Se rió
caminando hacia la casa sin darle más importancia , también
podía ser a causa de su altura, le pasaba a menudo –Joder,
qué hambre…- se quejó de nuevo y se volvió
para ver si lo seguía mirando.
Sonrió al confirmarlo y levantó la mano despidiéndose
de ella –Eh guapa! Cuando estoy limpio estoy aún más
bueno!- le guiñó un ojo riéndose al ver que
se volteaba roja y reída y se volteó también
continuando el camino al piso que compartía con Yûhi,
su compañero además de uno de sus mejores amigos,
la verdad es que no soportaba estar solo y mucho menos vivir solo…
No había vuelto a estar con nadie desde que dejara su primera
relación, no le había ido muy bien, por no decir que
le había ido fatal. Se quedó serio y se pasó
la mano por el pelo “supongo que es culpa mía”
meditó evaluando cómo habían ocurrido las cosas.
El caso es que nada lo había hecho sentirse tan feliz desde
hacía siglos como dejar esa relación … y apartarse
de todo lo relacionado con ella. No era su mundo. Estaba claro.
Apoyó la frente en la puerta del piso y se quedó
ahí por un buen rato con las llaves colgando de una mano,
se había arruinado “El mood” y eso que había
parecido un buen día –Necesito un abrazo…- murmuró
riéndose contra la madera.
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